Casi la mitad está en Palermo. Tienen menos de 20 habitaciones, ofrecen diseño y confort, privacidad y atención personalizada. Una habitación cuesta entre 150 y 330 dólares diarios. Y este año está previsto que inauguren tres más.
Aunque boutique es una palabra francesa que significa tienda de ropa o de productos selectos, la voz se ha transformado hasta convertirse en un adjetivo calificativo. Sin una legislación que le otorgue una categorización oficial -la última ordenanza respecto a las instalaciones de los hoteles se redactó en 1980, durante la gestión de Osvaldo Cacciatore, y está tan desactualizada que considera al télex un lujo de los hoteles cinco estrellas-, el hotel boutique debe cumplir al menos con estas reglas: tener pocas habitaciones, 20 o menos, mobiliario con firma de autor, diseño interior vanguardista, temático o poco convencional, servicios de excelencia -impensados en un hotel cinco estrellas con 500 habitaciones, como llamadas internacionales gratuitas-, una propuesta gourmet de alto nivel, y dueños con cierto aire mundano, cosmopolitas y viajados.
«La mayoría de los propietarios son jóvenes que han sido exitosos en sus propias carreras o negocios y que luego buscaron invertir en otro rubro que conocen muy bien, pero como viajeros. Son hoteles que ellos hubieran querido conocer en las ciudades que visitaron», describe Agustina Trucco, la creadora de un club de calidad que mide los estándares de servicios de los hoteles boutique del país, The Best Boutique Hotel (TheBBH).
Y el público al que están dirigidos parece previsible, según la mirada de los hoteleros: «Son bohemios y burgueses al mismo tiempo, les gusta la gastronomía, son materialistas, muy trabajadores, les interesa lo artístico y lo descontracturado, muchos son artistas independiente a los que les va bien», detalla Belén Albertelli, de BoBo Hotel & Restaurante. Pionero en la zona, BoBo tiene sólo siete habitaciones, una distinción de los lectores de la revista Condé Nast Traveller como uno de los mejores hoteles de 2005, y un restaurante de gran cocina, al mando del chef Adrián Sarkissian.
«Hay pocas ciudades que tengan tantos hoteles de este tipo. Yo los prefiero por la privacidad y porque tienen servicios que los grandes hoteles no tienen. ¿Por ejemplo? Wi-fi. Es increíble que en un hotel cinco estrellas tengas que pagar precios descomunales por conectarte a Internet. Otra cosa que me gusta es el desayuno: más completo, sin ser el típico americano con salchichas y revuelto de huevos, y con horario extendido. Podés tomar el desayuno hasta las 12. ¡Genial!», exclama el francés Sergé, en el lobby del Krista Hotel Boutique. El Krista es un palacete en Bonpland al 1600 que fue totalmente reciclado: techos de doble altura con molduras originales, paredes con boiserie, vitraux, pisos de mármol y herrajes de plata, entre otros detalles. «No restaurarlo hubiera sido un crimen», alega su dueña, Cristina Marsden. Tiene 10 habitaciones y la más barata cuesta U$S 140 la noche.
Siguiendo la lógica del mercado, el barrio más elegido para estos proyectos es Palermo. De los 65 hoteles boutique relevados por la consultora Reporte Inmobiliario, 27 están allí. Hay otros 15 en San Telmo y el resto se reparten entre Las Cañitas, Núñez, Recoleta, Monserrat, Almagro, Balvanera, La Boca, Boedo y Belgrano.
El crecimiento de este tipo de emprendimientos también genera cierta desconfianza. La idea de que la palabra boutique termine transformada en un slogan marketinero o en un cliché: «El problema es que no todos son boutique, sino que usan la definición para convocar gente. No puede ser boutique un hotel de 50 habitaciones. Me pregunto cómo hacen para identificar a los huéspedes y satisfacer sus gustos y caprichos» se pregunta Agustina Trucco, de TheBBH. De hecho algunos hoteles han decidido reemplazar la palabra boutique por descripciones como «pequeño hotel». Es el caso del Home Hotel, premiado por la destacadísima revista inglesa de diseño, Wallpaper, como el mejor hotel nuevo de 2006. «Tenemos 19 habitaciones y 40 empleados. Es la única manera de ofrecer un servicio personalizado», asegura Patricia O’Shea propietaria del Home, junto a su marido, el DJ y productor inglés Tom Rixton. Para el diseño interior del hotel recorrieron mercados de pulgas de todo el mundo. Los muebles nórdicos que tiene el hotel, muchos de los 50, podrían ser la envidia de cualquier museo de diseño. Coleccionistas de empapelados, también forraron las paredes con papeles exclusivos, algunos son de 1920.
En este mercado, básicamente sostenido por turistas norteamericanos, europeos -mayoría de ingleses, franceses, alemanes, italianos y españoles- y por algunos pocos brasileños, la palabra crisis no aparece. Pese a que los analistas internacionales prevén una baja en el turismo, los dueños de los hoteles boutique piensan que pueden mantenerse al margen: «Tenemos 11 habitaciones y un nivel de ocupación muy alto. Es más, a partir de abril vamos a aumentar nuestras tarifas para convocar a un público más exclusivo», le contó a Clarín el salteño Javier Figueroa, dueño de Legado Mítico. Y en el Axel de San Telmo, el hotel boutique dirigido a la comunidad gay, las perspectivas son igualmente positivas: «En 2008 tuvimos una ocupación del 70% y hasta abril estamos a full. El turista que elige estos hoteles está bien parado económicamente y creo que va a poder aguantar la crisis», augura Santi Ruíz, el gerente del hotel.
http://www.clarin.com/diario/2009/02/08/laciudad/h-01854718.htm




