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Científicos Argentinos logran elegir el sexo de los caballos, cuando son un embrión

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Científicos Argentinos logran elegir el sexo de los caballos, cuando son un embrión

Posted on 05 octubre 2012 by hj

Científicos de la FAUBA desarrollaron una técnica que permite tomar una biopsia de un embrión de sólo siete días de vida y determinar su sexo antes de implantarlo en la madre. El mes pasado nació la primera potranca concebida con esta técnica.

La Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) desarrolló con éxito una nueva tecnología que permite determinar el sexo de los caballos cuando el embrión posee apenas una semana de vida, a partir de una muestra microscópica que se analiza en el laboratorio con una “fotocopiadora de genes”. Los investigadores ya lograron producir la primera potranca de América latina bajo este sistema.

“Usamos la tecnología PCR, por sus siglas en inglés, que significa Reacción en Cadena de la Polimerasa, o fotocopiadora de genes, y que permite realizar una biopsia embrionaria y determinar el sexo de los embriones antes de transferirlos a la yegua, para generar una cría del sexo deseado. En el caso de los caballos de polo es una gran ventaja, porque los haras necesitan reproducir una mayor cantidad de hembras”, explicó Daniel Salamone, director del Laboratorio de Biotecnología Animal de la FAUBA. Y añadió: “El embrión que no es del sexo buscado se puede congelar y vender, o usarlo en la producción de células madre”.

En agosto de 2012 nació la primera potranca argentina, hija del gran campeón Espi Balú, producida con la técnica de PCR. Fue resultado de 11 meses de gestación y un año previo de trabajo científico realizado por el equipo de la FAUBA que, además de Salamone, estuvo integrado por los veterinarios Javier Jarazo, Andrés Gambini y el biólogo molecular Rafael Fernández Martín. En tanto, el Haras La Vanguardia, de Willem Melchior, donó el instrumental para llevar adelante las investigaciones y puso a disposición un campo de la localidad bonaerense de San Andrés de Giles, donde se recolectaron y se implantaron los embriones, luego de analizarlos en la FAUBA.

Leonardo Muredas, veterinario de La Vanguardia, fue el encargado de recolectar los embriones en el campo durante todo el período reproductivo de 2011, para ser trasladados hasta el laboratorio de la FAUBA, donde fueron sometidos a una biopsia y analizados por PCR para determinar el sexo. Mediante esta técnica, los investigadores seleccionaron los embriones hembra, que el mismo día fueron trasladados nuevamente al campo para implantarlos en las yeguas receptoras.

“A partir del momento que implantamos los embriones, realizamos el seguimiento desde la gestación hasta el nacimiento”, dijo Muredas. Al respecto, destacó “el trabajo mancomunado entre la empresa y la universidad para llevar adelante el proyecto” y subrayó que La Vanguardia eligió al Laboratorio del Biotecnología Animal de la FAUBA por su experiencia, luego que en 2010 clonara con éxito el primer caballo de América latina, Ñandubay Bicentenario. Recientemente, este logro fue tapa de la prestigiosa revista científica Biology of Reproduction.

Según Salamone, “en el futuro, la PCR será una práctica cotidiana que permitirá obtener animales del sexo deseado”. Si bien la tecnología ya existía en el país, hasta ahora sólo se había utilizado en bovinos, con poco éxito, y recién a partir de las investigaciones de la FAUBA logró hacerse eficiente en equinos.

La técnica PCR utilizada por la FAUBA se realizó en el marco de un proyecto orientado a desarrollar nuevas tecnologías de microcirugía animal. “Con anterioridad, ya habíamos desarrollado el sexado para bovinos y hace un año avanzamos con otra tecnología para equinos, que nos permitió clonar espermatozoides”, dijo Salamone. “Queremos alcanzar la excelencia en el área de reproducción equina”, aseguró, y concluyó que en ese marco también están cooperando con la empresa Clonarg, líder en clonación equina.

Prensa Fauba: Juan Manuel Repetto

http://agro.fauba.info/node/852

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Investigadora Argentina desarrolló una tecnología para estudiar los movimientos sísmicos pasados , incluso los ocurridos hace más de 50 años‏

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Investigadora Argentina desarrolló una tecnología para estudiar los movimientos sísmicos pasados , incluso los ocurridos hace más de 50 años‏

Posted on 03 octubre 2012 by hj

¿Dónde ocurren los sismos en Argentina? ¿Tienen una frecuencia determinada? ¿Se pueden tomar acciones para atenuar sus efectos?

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El público espera su turno para ingresar al simulador en Tecnópolis
El Simulador de Terremotos instalado en Tecnópolis por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva sorprende a los visitantes. Están sentados dentro de una habitación que reproduce el paisaje de la ciudad de San Juan en 1944 mientras escuchan la historia de la ciudad y, de repente, el piso comienza a sacudirse. Pero después del desconcierto inicial, la simulación termina y la gente regresa a suelo firme. Sin embargo durante el verdadero evento el final no fue tan feliz. El saldo fueron más de 8 mil muertes y la destrucción casi total de la ciudad.

Víctor Ramos, investigador superior del CONICET en el Instituto de Estudios Andinos “Don Pablo Groeber” (IDEAN, UBA-CONICET) explica que en Argentina existe una zona de alto riesgo sísmico donde ocurren la mayoría de los terremotos del país y que abarca el centro de Mendoza, atraviesa San Juan, La Rioja y llega hasta el sur de Catamarca. Esta concentración de fenómenos sísmicos se debe a que la placa oceánica de Nazca, que se hunde debajo del continente desde Colombia hasta el norte de Chubut con una inclinación de 30º, “justo en esa región está casi horizontal, por lo que aumenta la fricción con la placa continental y esta compresión produce la actividad sísmica”, comenta.

Según Ramos esto lleva a que en la zona ocurran pequeños sismos de baja intensidad casi a diario y con una magnitud menor a 3 en la escala de Richter. Este sistema mide la energía liberada por un terremoto, en una escala que va de uno – imperceptible para el ser humano – hasta 10 – capaz de fracturar el planeta. A pesar de que la mayoría de estos eventos pasan desapercibidos, hablan de una intensa actividad sísmica en la zona, que de acuerdo con los especialistas es necesario conocer con exactitud para fabricar mejores construcciones sismorresistentes y prevenir futuras catástrofes.

Patricia Alvarado, investigadora independiente del CONICET en el Departamento de Geofísica y Astronomía de la Universidad Nacional de San Juan (UNSJ) desarrolló una tecnología para estudiar los sismos históricos – ocurridos hace más de 50 años – a partir de registros en papel: los pasan a formato digital y analizan como si estuvieran ocurriendo en este momento. “Esta metodología nos permite hacer modelos predictivos, cuantificar la fuente que los produce y analizar eventos que pasaron incluso un siglo atrás”, explica. Junto con su equipo recolectaron registros de terremotos que ocurrieron en Argentina y Chile y comparan los valores con los obtenidos en episodios contemporáneos. “No sólo nos permite describir los fenómenos que llevaron, por ejemplo, a la formación de montañas sino determinar además la frecuencia de la actividad y planificar construcciones sismorresistentes en función de los resultados”, asegura.
Estos estudios son fundamentales al encarar obras civiles como edificios, caminos, puentes, túneles, diques o emprendimientos mineros. Pero además se pueden utilizar para determinar el riesgo en cualquier otra zona donde se quiera, por ejemplo, albergar una planta de energía nuclear y prevenir catástrofes como la de Fukushima, en Japón. “Para lograr que un edificio sea sismorresistente se incorpora una estructura en forma de jaula, formada por vigas y columnas de hormigón armado, cuya función es evitar que el edificio se desarme como un castillo de naipes”, explica Luciano Oldecop, investigador del Instituto de Investigaciones Antisísmicas de la UNSJ. “Este concepto se puede aplicar a cualquier tipo de edificio, desde una casa hasta una estructura más grande”, remarca.

Antecedentes
El terremoto de San Juan de 1944 tuvo una magnitud superior a 7 en la escala de Richter y es uno de los más conocidos, pero hubo otros episodios en el país y la región que tuvieron una intensidad igual o mayor. De acuerdo con Ramos el terremoto de 1977 en Caucete, provincia de San Juan, fue 7.5 en la escala Richter, similar al que destruyó en 1861 la ciudad de Mendoza. Un episodio semejante arrasó la capital de La Rioja. “Se conoce como el Gran Terremoto Argentino porque se estima que su magnitud fue superior a 8”, enfatiza, y resalta que en todo mundo hay sólo cuatro o cinco terremotos de intensidad 7 o mayor por año.

Sin embargo “los países que están en mayor riesgo son aquellos en las márgenes del Pacífico, como Chile”, analiza. El que ocurrió en Valdivia, al sur del país en 1960, tuvo una magnitud de 9.5 en la escala de Richter y es el mayor registrado en la historia hasta el momento. Además de dejar un saldo de más de 2 mil muertes, el tsunami posterior causó más de 200 bajas en Hawaii, Japón y las Filipinas. Alvarado explica que, sin embargo, no es sólo importante determinar la frecuencia e intensidad de los eventos, sino considerar la zona geológica y las condiciones del suelo donde ocurren. “No es lo mismo un sismo en la cordillera, donde la energía se libera a través de las fallas y quebradas del terreno, que en una zona cubierta con sedimentos, que amplifican las ondas sísmicas”, grafica.

Un ejemplo es el evento de 1985 en México, donde a pesar de que el epicentro se localizó a más de 300 kilómetros de la capital, el DF fue una de las zonas más afectadas porque está construido sobre un lago seco con muchos sedimentos. Considerar el efecto de los sedimentos y el suelo y su rol en la atenuación o propagación de las ondas es importante a la hora de elegir un sitio de construcción. Oldecop explica que se suelen tomar en cuenta tres factores: tipo de suelo, el espesor de la capa de sedimentos y la profundidad donde se encuentra la napa freática de agua. “No es lo mismo que la estructura se apoye sobre grava, que es rígida, que sobre una capa de arcilla que tiende a amplificar las ondas”, comenta. El espesor influye de la misma manera: cuanto mayor es en suelos blandos, más se transmiten las ondas.

En el caso del agua, si se encuentra a poca profundidad se puede dar durante el sismo un fenómeno secundario conocido como licuación. “Ciertos tipos de suelo, como las arenas y los limos, se transforman momentáneamente un líquido viscoso que puede llevar al hundimiento o desmoronamiento de las estructuras”, concluye.

Fuente:Ministerio de Ciencia

http://www.mincyt.gov.ar/noticias/noticias_detalles.php?id_noticia=1113

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Investigadores Argentinos de la UBA hallan microbios que producen plásticos biodegradables

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Investigadores Argentinos de la UBA hallan microbios que producen plásticos biodegradables

Posted on 28 septiembre 2012 by hj

La contaminación por petróleo y sus derivados es un problema ecológico relevante. El uso de microorganismos capaces de degradar estos compuestos es una herramienta de gran utilidad. Investigadores de la Facultad hallaron una nueva especie bacteriana con características muy promisorias para su aplicación en la remediación del medio ambiente. La novedosa bacteria, además, produce plásticos biodegradables.

“Demostramos que la capacidad de Pseudomonas extremaustralis de formar biofilms y acumular plásticos estimula su crecimiento, promueve la producción de biosurfactante y aumenta la degradación de hidrocarburos”, señala la doctora Nancy López. Foto: Nancy López.

 

Fueron los primeros seres vivos que poblaron la Tierra hace unos 3500 millones de años y, desde entonces, han evolucionado notablemente hasta adaptarse a los ambientes más extremos. De hecho, hoy colonizan todos los rincones del planeta, desde el polo norte al polo sur y desde las cumbres más altas hasta el fondo más profundo de los océanos.
Por los estragos que muchas de ellas han causado a la humanidad, generalmente las relacionamos con enfermedades. Sin embargo, las bacterias –de ellas estamos hablando– también pueden ser benéficas para los seres humanos. Por ejemplo, pueden ser útiles, entre otras cosas, para producir alimentos, medicamentos o energía.
También, algunas de ellas son aprovechadas para limpiar el ambiente de los desechos contaminantes que producimos día a día. Esto es posible gracias a que ciertos microorganismos, que hoy viven en sitios aparentemente inhóspitos, lograron desarrollar –después de muchísimos años de evolución– mecanismos de adaptación que les permiten usar dichos residuos como nutrientes. Esta cualidad posibilita que puedan descomponer sustancias peligrosas para el medio ambiente y la salud humana, y transformarlas en compuestos inocuos o, al menos, con una toxicidad menor.
Desde hace algunas décadas, este potencial es explotado por el hombre para tratar de remediar, en un tiempo mucho menor del que le llevaría a la naturaleza, los desequilibrios ecológicos causados por sus actividades.
Acuñado en los años 80, el término “biorremediación” se refiere a la tecnología que utiliza un elemento biológico –generalmente microorganismos– para eliminar contaminantes de un lugar.
Tanto el tratamiento de residuos como la biorremediación usan microorganismos pero, por definición, se suele denominar biorremediación a la aplicación de esta tecnología después que se ha producido el daño ecológico y con el fin de remediarlo.
Las sustancias nocivas que pueden eliminarse del ambiente mediante el uso de microbios son muy variadas. Entre ellas, metales pesados como el cromo, el plomo o el cadmio; pesticidas; cianuros e hidrocarburos como el petróleo y sus derivados.
Oro negro
Un informe publicado por la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos estima que, a nivel global, el volumen de derrame de petróleo es, en promedio, de unos 3,2 millones de toneladas por año.
Si bien la mayoría de los compuestos del petróleo son biodegradables, este proceso natural es muy lento. Por lo tanto, la mayor parte de las pérdidas de hidrocarburos que se producen en los pozos, depósitos, sistemas de transporte e instalaciones industriales alcanzan el suelo o las aguas abiertas y contaminan napas subterráneas y cursos de agua superficial.
Los métodos tradicionales para limpiar estos residuos (quema, remoción manual, sedimentación en ambientes acuáticos o solubilización con detergentes) no eliminan el problema sino que lo trasladan a otros ecosistemas. Por ello, la depuración con microorganismos se ha transformado en una opción prioritaria.
Cuando la contaminación de cierto lugar lleva bastante tiempo (se dice que es “crónica”) es muy probable que, en ese sitio, se hayan desarrollado microorganismos adaptados a esas condiciones y con capacidad de degradar el tóxico. En estos casos, es suficiente con adecuar el balance de nutrientes disponibles, especialmente nitrógeno y fósforo, para lograr una efectiva actividad biológica que reduzca significativamente la presencia de contaminantes. Pero cuando ocurre un derrame en una zona que no estuvo expuesta previamente a los hidrocarburos (contaminación “aguda”), la mayor parte de los microorganismos autóctonos morirán y los que sobrevivan tendrán que atravesar un largo período de tiempo de adaptación hasta ser capaces de utilizar los contaminantes como alimento y, por lo tanto, degradarlos. En este caso, el agregado de microbios ya adaptados al contaminante acelera los tiempos del proceso.
En cualquiera de los casos, dos grandes problemas que tiene la biorremediación de hidrocarburos es que éstos son muy poco solubles en agua y que se adhieren muy fuertemente al suelo. En consecuencia, los contaminantes no quedan disponibles para las bacterias. Para resolver este problema, se suelen utilizar agentes químicos, llamados “surfactantes”, que hacen que las moléculas de hidrocarburos queden accesibles para los microorganismos. Pero, aquí otra vez se presenta el mismo inconveniente que con los métodos tradicionales: para tratar de eliminar el contaminante se agrega una sustancia que alterará el ecosistema.
Desde hace algunos años, para la biorremediación de hidrocarburos se utilizan microorganismos capaces de producir surfactantes. Estos “biosurfactantes” presentan múltiples ventajas. Entre ellas, mínima toxicidad, biodegradabilidad y muy bajo costo.
Futuro verde
Como vemos, un microorganismo óptimo para biorremediar áreas contaminadas con hidrocarburos no solo debe ser capaz de degradar estos compuestos sino que, además, debe producir biosurfactantes. Pero, sobre todo, debe resistir el estrés de una contaminación aguda y adaptarse rápidamente a las nuevas condiciones ambientales.
Precisamente, en el Departamento de Química Biológica de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales (FCEyN) de la UBA se trabaja desde hace años con bacterias productoras de plásticos biodegradables (ver recuadro “Plásticos de pura cepa”), organismos que se caracterizan por adaptarse mucho mejor al ambiente, resistir más el estrés y tener mayor supervivencia que aquellos que no los producen.
“Hasta el momento, no hay estudios científicos que utilicen la alta adaptabilidad al ambiente de los microorganismos capaces de producir plásticos en procesos de biorremediación”, informa la doctora Nancy López, investigadora del CONICET en el Laboratorio de Biotecnología Ambiental y Ecología Bacteriana de la FCEyN. “A partir de una muestra obtenida en la Antártida, nosotros identificamos una nueva especie bacteriana, Pseudomonas extremaustralis, que produce plásticos y biosurfactantes, y que presenta una alta supervivencia y resistencia al estrés. Esto nos llevó a suponer que podría ser una buena candidata para biorremediar ambientes contaminados por hidrocarburos”, completa.
El origen antártico de la bacteria, caracterizado por muy bajas temperaturas, alta radiación UV, variaciones extremas de luminosidad y escasez de nutrientes, hace suponer que el organismo cuenta con estrategias para enfrentar esos ambientes desfavorables. “El hecho de provenir de la Antártida le agrega un factor de interés adicional, porque en ese continente hay muchos problemas de contaminación por derrames que, por regulaciones internacionales, solo pueden ser remediados con organismos autóctonos”, explica la doctora Laura Raiger Iustman, investigadora del CONICET en el mismo laboratorio, que también integran Carla Di Martino y Paula Tribelli.
Las primeras investigaciones efectuadas por este grupo son muy promisorias. En un estudio, publicado hace pocos meses en la revista científica Biodegradation, probaron que Pseudomonas extremaustralis es capaz de degradar diesel, un hidrocarburo derivado del petróleo que, en el continente blanco, se utiliza como combustible para la generación de electricidad y calor y para el movimiento de vehículos y embarcaciones, actividades que resultan en infinidad de pequeños y medianos derrames.
El mismo trabajo demostró que esta especie degrada mucho mejor el diesel cuando crece adherida a algún soporte sólido, sobre el cual forma un biofilm, que es una especie de película que embebe a los microorganismos creando un ambiente protegido que les confiere una mayor resistencia a las condiciones del medio que los rodea. “Demostramos que la capacidad de Pseudomonas extremaustralis de formar biofilms y acumular plásticos estimula su crecimiento, promueve la producción de biosurfactante y aumenta la degradación de hidrocarburos”, señala López.
Desde el punto de vista del tratamiento de residuos, que esta bacteria crezca bien en soportes sólidos brinda una ventaja adicional: “En las plantas de tratamiento se busca que las bacterias estén confinadas para que no se mezclen con el producto que se quiere limpiar. Para ello, se las hace crecer adheridas a un soporte sobre el que se hace circular aquello que se quiere biorremediar”, ilustra Raiger Iustman.
El grupo de investigación acaba de secuenciar el genoma de la bacteria e identificar en él numerosos genes. Según se desprende de estos últimos datos, Pseudomonas extremaustralis también podría vérselas con el arsénico y los metales pesados. ¿Una superbacteria?

Plásticos de pura cepa
Ante el posible agotamiento del petróleo y la creciente acumulación de residuos de plástico en el planeta, los polihidroxialcanoatos (PHA), moléculas producidas por diversas especies bacterianas, son considerados como posibles sustitutos de los plásticos convencionales debido a sus propiedades físicas similares.
Tal como las grasas constituyen nuestra reserva de energía para cuando falta el alimento, los PHA sirven de depósito energético para muchos tipos de bacterias. Así, cuando en el ambiente próximo al microorganismo escasea algún nutriente esencial, como nitrógeno o fósforo, pero hay exceso de carbono, la célula “come” carbono y produce y acumula PHA, que le queda disponible como fuente de energía.
Estos bioplásticos, además, son biodegradables. A esta ventaja ecológica se suma que para su fabricación pueden utilizarse como materia prima recursos renovables e, incluso, residuos de ciertas industrias.
Pero hay un problema que, todavía, impide que la fabricación a escala industrial de estos polímeros biodegradables sea significativa: sus altos costos de producción.

Fuente: UBA

http://noticias.exactas.uba.ar/?p=4491

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Avance Argentino en la lucha contra la fiebre amarilla

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Avance Argentino en la lucha contra la fiebre amarilla

Posted on 25 septiembre 2012 by hj

Encontraron una proteína que inhibe el virus de fiebre amarilla. También podría actuar contra el VIH, la hepatitis C y el dengue

Encontraron una prote�na que inhibe el virus de fiebre amarilla. Tambi�n podr�a actuar contra el VIH, la hepatitis C y el dengue

Un equipo de investigadores de nuestro país demostró que la proteína que envuelve a la bacteria Lactobacillus acidophilus, un microorganismo usado para la preparación de leches cultivadas, evita la infección por el virus Junín, el agente responsable de la fiebre hemorrágica argentina.
“Hasta ahora, se pensaba que era la bacteria entera la que podía llegar a inhibir la entrada del virus a las células”, afirma la doctora Sandra Ruzal, investigadora del Conicet en el Departamento de Química Biológica de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales (FCEyN) de la UBA, coautora del trabajo.
Los científicos obtuvieron la proteína pura a partir de una cepa de Lactobacillus acidophilus utilizada para la fabricación de probióticos, es decir, alimentos con microorganismos vivos que, administrados en cantidades adecuadas, ejercen una acción benéfica sobre la salud. Estos productos suelen promocionarse afirmando que “aumentan las defensas del organismo”. Pero hasta ahora no está claro cuál podría ser el mecanismo que provocaría ese efecto saludable. En el trabajo parece asomar una respuesta.
Se sabe que, para infectar, el virus Junín necesita que las células del organismo a invadir tengan en su superficie unos receptores específicos denominados DC-SIGN. La presencia de este receptor en la superficie celular también provoca la infección de VIH, hepatitis C, dengue, ébola, SARS y citomegalovirus. “Los resultados que obtuvimos sugieren que la S-layer podría también inhibir a estos virus”, apunta Ruzal. No obstante, inmediatamente aclara: “Queda un largo camino de investigación para pensar en aplicar estos resultados en seres humanos”.

Fuente: Diario Hoy

http://www.diariohoy.net/accion-verNota-id-209584

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Investigadores Argentinos desarollan y patentan dos sistemas que eliminan el arsénico y el flúor de aguas subterráneas

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Investigadores Argentinos desarollan y patentan dos sistemas que eliminan el arsénico y el flúor de aguas subterráneas

Posted on 24 septiembre 2012 by hj

En el Centro de Ingeniería Sanitaria de la Facultad de Ingeniería y Agrimensura se trabaja sobre dos líneas de investigación: el agua potable y la disposición de las excretas o tratamientos de líquidos residuales. El resultado de los estudios llevados a cabo generó dos sistemas de tratamiento de aguas que cuentan con patente y marca registrada. Uno de ellos permite remover arsénico y fluoruros, y el otro se emplea para remover hierro y manganeso de las aguas subterráneas.


Foto:cienciblog.blogia.com

Eliminan arsénico y flúor de aguas subterráneas

Menos del 1% del agua distribuida en nuestro planeta es la que se usa como fuente para la bebida, el resto está distribuido en mares, océanos y hielos, y vapor de agua. Por lo tanto, es una preocupación de los investigadores cuidar nuestros recursos hídricos y prevenir mayores deterioros en el planeta en los próximos 50 años.

Muchas poblaciones de la provincia de Santa Fe, Córdoba y Buenos Aires se abastecen para el consumo diario de aguas subterráneas. El problema es que estas aguas contienen concentración de arsénico y de flúor por encima de las normas de calidad de aguas para la bebida. Otras localidades poseen hierro y manganeso en las aguas subterráneas y, aunque no afectan en forma directa a la salud, causan problemas de coloración del agua, manchado de sanitarios y ropa, aún cuando se encuentren en muy bajas concentraciones.

“El arsénico es un elemento que se encuentra en aguas subterráneas y proviene de cenizas volcánicas que en otras eras geológicas se depositaron en nuestros suelos”, contó a Argentina Investiga Graciela Sanguinetti, directora del Centro de Ingeniería Sanitaria (CIS) y jefa del laboratorio de Química y Microbiología de aguas.

Ante esta problemática, desde hace muchos años, el CIS investiga la posibilidad de aplicar tecnologías apropiadas a la economía y metodologías sustentables, para eliminar no sólo el arsénico sino la concentración de flúor, hierro, manganeso y sales de las aguas y hacerlas aptas para el consumo.

Como resultado de proyectos de investigación realizados en el Centro se desarrollaron dos sistemas de tratamiento de aguas denominados ArCIS-UNR y BioCIS-UNR, que cuentan con patente y marca registrada. El proceso ArCIS permite remover arsénico y fluoruros mediante el agregado de una sal de aluminio y dos etapas de filtración. Se aplicó en plantas a escala real que operan en las provincias de Santa Fe y Buenos Aires. El proceso BioCIS consiste en remover hierro y manganeso de las aguas subterráneas mediante biooxidación y filtración. Se aprovecha la capacidad de precipitar el hierro y el manganeso que poseen ciertas bacterias presentes naturalmente en el agua subterránea.

La construcción de esas plantas está a cargo de Idear SA, una empresa cuyos profesionales son docentes e investigadores de este Centro y donde se aplica lo que se investiga. Además, el CIS realiza una asistencia técnica y análisis de fluidos a un importante número de empresas locales y regionales.

Tratamiento de líquidos cloacales

El otro proyecto que se trabaja en el Centro es el tratamiento de excretas, heces y orina. “Se buscan alternativas de saneamiento ecológico, es decir, un enfoque diferente al que desde la Ingeniería Sanitaria venimos enseñando, como el tratamiento convencional de los líquidos cloacales” señaló Sanguinetti.

La propuesta del saneamiento ecológico es sanitizar y reciclar, es decir, eliminar los microorganismos patógenos presentes en las excretas para poder reciclarlas y fertilizar los suelos. De este modo, nutrientes importantes que pertenecen al suelo, como el nitrógeno, fósforo, retornan a éste y se evita la contaminación de las aguas.

“En nuestro país, tenemos culturalmente incorporado el flush del baño. Apretamos un botoncito y una descarga de 10 a 15 litros de agua potable se lleva nuestras excretas. Pero nunca nos preguntamos adónde va a parar y si impacta al medio ambiente, por lo que esta alternativa constituye una creciente amenaza para las décadas futuras, donde se estima que la población se multiplicará exponencialmente” indicó la investigadora.

El 90% o más de los líquidos cloacales en los países en vías de desarrollo se eliminan sin ningún tratamiento en recursos hídricos. Las alternativas ecológicas de saneamiento proponen eliminar o disminuir al máximo el uso de agua potable como medio de transporte de las excretas. Para ello, se construyen “baños secos”, con almacenamiento y tratamiento in situ de las heces y, por otro lado, se construyen sistemas simples para disposición de las aguas grises, que provienen de cocinas y lavaderos. “Estas alternativas deberían tenerse en cuenta para nuevos emprendimientos, ponerlas en marcha en algunas casas y ver cómo funcionan”. Como las decisiones sobre el saneamiento son políticas, sería importante demostrar a los políticos, a través de experiencias a escala piloto, que estos sistemas funcionan. Esto ya ha sido demostrado en países europeos”, puntualizó Sanguinetti.

El Centro de Ingeniería Sanitaria fue creado en 1970 con el objetivo de ofrecer soluciones desde la ingeniería a los problemas de saneamiento básico y de contaminación de aguas, a partir de las tecnologías apropiadas y el desarrollo sustentable. Los profesionales capacitados para enfocar las actividades desde la ingeniería, la química y la biología, trabajan en el Centro en docencia, investigación y asistencia social.

Silvana Di Stéfano
[email protected]
Silvana Di Stefano
Secretaría de Comunicación y Medios – Dirección de Prensa
Universidad Nacional de Rosario

Fuente: Universidad Nacional de Rosario

http://infouniversidades.siu.edu.ar/noticia.php?titulo=eliminan_arsenico_y_fluor_de_aguas_subterraneas&id=1696

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Cientificos Argentinos del Conicet elaboran índice de envejecimiento

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Cientificos Argentinos del Conicet elaboran índice de envejecimiento

Posted on 23 septiembre 2012 by hj

Un valor que refleja la senescencia real prescindiendo de la edad cronológica de las moscas mediterráneas fue desarrollado por investigadores de la Fundación Instituto Leloir, de la UBA y del Conicet

Ciencia argentina.

Siempre se dijo que la edad cronológica no necesariamente coincide con el estado real de los individuos. Ahora, trabajando con moscas mediterráneas, científicos argentinos elaboraron un índice “graso” de envejecimiento real.

“Con un sólo índice numérico se puede representar el estado funcional de las moscas, independientemente de la edad cronológica”, señaló a la Agencia CyTA uno de los autores del estudio, el doctor Luis Alberto Quesada Allue, jefe del laboratorio de Bioquímica y Biología Molecular del Desarrollo de la Fundación Instituto Leloir e investigador del CONICET.

El índice de envejecimiento condensa valores de 26 lípidos (grasas) de músculos del tórax y del cerebro de las moscas, determinados mediante un análisis estadístico riguroso. “Cuando se graficaron los índices obtenidos se vio que el índice correlacionaba con la edad, aunque esta no había sido tenido en cuenta para el análisis. Por lo tanto, el índice era capaz de indicar el deterioro ‘natural’ asociado a la edad, en insectos individuales de una población”, indicó Quesada, quien también se desempeña como profesor de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA.

El estudio, publicado en Experimental Gerontology, demostró la validez del índice en general, ya que era capaz de reflejar el deterioro de individuos sometidos a diferentes tipos de estrés, por ejemplo, a temperaturas más elevadas de la normal. Los índices delataron que los individuos jóvenes “estresados” tenían índices parecidos a los de individuos “viejos” sin estrés.

Según Quesada, esta es la primera vez que se demuestra, en cualquier organismo, que los perfiles lipídicos sirven para establecer un índice de envejecimiento funcional, con independencia de la edad.

Por el momento, este índice no se ha determinado para animales superiores. “En caso de que lo fuera habría que ver si es aplicable en condiciones reales, que son mucho más variables; y eventualmente ver si el análisis es aplicable a humanos. Para ello habría que comprobar este principio en otros tipos de insecto, y luego validarlo en ratones. Pero llegar a humanos es algo más lejano”, destacó Quesada.

Estos estudios forman parte de la tesis de doctorado de la licenciada Luciana Pujol Lereis y en los mismos participa el investigador del CONICET y de la Fundación Instituto Leloir Alejandro Rabossi.

Fuente: Agencia CyTA.

http://www.argentina.ar/_es/ciencia-y-educacion/C13538-conicet-elabora-indice-de-envejecimiento.php

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DANIEL PAZ & RUDY | Página 12

Daniel Paz & Rudy