Tanto que el año pasado más de un millón de visitantes pasaron por los viñedos de las siete provincias y regiones que forman el nuevo circuito de turismo enológico. Una ruta que comienza en Salta y termina en Chubut.
Y que se respalda en la cordillera y llega hasta Córdoba. Los datos de la Comisión Nacional de Turismo Vitivinícola (CNTV) de la Secretaria de Turismo y de Bodegas de Argentina sostienen que el año pasado hubo, al menos, 1.004.810 turistas paseando entre vides y botellas.
«El turismo del vino crece y nosotros buscamos apoyarlo. Por eso estuvimos en Vinexpo, la mayor feria de la industria vitivinícola internacional, que se desarrolló en Bordeaux,Francia», aseguró el secretario de Turismo, Enrique Meyer. En el evento, por ejemplo, se presentó el nuevo material de la ruta del vino con el mapa vitivinícola de la Argentina y las bodegas abiertas al turismo.
La coordinadora del producto enoturismo de la Secretaría, Carina Valicati, explicó que es una tendencia mundial, «unir el negocio del vino al turismo propiamente dicho», y que se debe a «la necesidad de las bodegas de encontrar canales de venta alternativos al mercado local y las exportaciones».
La idea es simple: que los visitantes llenen las bolsas de los ‘wine shops’ a la salida. En este marco, «se suman otros productos turísticos como participar en la vendimia u otras tareas productivas,con el objetivo de generar una ‘cultura de marca’ que refuerce la relación del consumidor con la bodega», expresó Valicati.
En el país, el fenómeno es relativamente reciente, excepto en algunas provincias, como Salta, que tienen incorporada su propia «Ruta del Vino» a otros productos vínicos: alojamiento temático dentro de las bodegas y hoteles cinco estrellas con «wines spas», entre otros. Ahora, además, no sólo promocionan los viñedos más altos del mundo, sino también algunos «terroirs» particulares. Un camino que ya están transitando otros destinos turísticos con vides.
Entre los que se lo tomaron –el turismo– en serio, figuran los sanjuaninos. «Nosotros tenemos nuestra propia ruta del vino, así como los mendocinos tienen el camino del vino. En nuestro caso, todo surgió como fruto de una acuerdo entre las bodegas y el estado provincial«, explicó Dante Elizondo, Secretario de Turismo de San Juan.
«Vinieron los empresarios y juntos diagramamos un esquema de trabajo. Por ejemplo, nosotros le dimos capacitación al personal y promovimos la actividad. Es un elemento más para el turismo, que es una de nuestras grandes apuestas «.Y concluyó: «Para competir con ventajas creamos el circuito de las bodegas de vino artesanales. No pueden producir más de 5.000 botellas anuales, deben utilizar métodos artesanales y apuntamos a las variedades casi extinguidas en el país, como mistela y moscato. La cuestión es diferenciarse, ¿no?»
La actividad, en realidad, traspasó las fronteras provinciales. Está en marcha un programa especial que cuenta con financiamiento del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la Nación y los propios estados federales. Son algo más de dos millones de dólares que se distribuirán a lo largo de cuatro años.
La idea central es crear un producto «génerico», bautizado «La Ruta del Vino», que luego tomará identidad particular en cada distrito. Es difícil dar cifras sobre el movimiento económico de estas visitas.
En la Argentina, los recorridos son generalmente gratis y según algunas bodegas de primer nivel, el ticket promedio del wine shop (sin contar el probable almuerzo) promedia los 50/70 pesos. No es poco: hay establecimientos con más de 50.000 visitantes al año.





