Tres científicas argentinas desarrollaron un film biodegradable con mandioca y maíz. El proyecto ganó un premio de 20 mil euros y espera pasar a la etapa industrial

Nancy Lis García, Silvia Goyanes y Mirta Aranguren, tres investigadoras argentinas que unieron su talento para desarrollar un plástico ecológico que no destruyera al medio ambiente. Con esa idea comenzaron a experimentar con el almidón de mandioca y el maíz para obtener un film biodegradable, el cual les permitió ganar el Premio Iberoamericano a la Innovación y el Emprendimiento y la no despreciable suma de 20 mil euros, que serán destinados a comprar equipos que necesita el grupo de investigación.
Los orígenes del proyecto se remontan a una colaboración entre el laboratorio de Polímeros y Materiales Compuestos, del Departamento de Física de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires, y el grupo de Ecomateriales del Intema, de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de Mar del Plata. “El grupo de Mar del Plata se especializa en celulosa y nosotros en nanopartículas, así que lo que hicimos fue unir el conocimiento de ambos grupos. Viajamos todo el tiempo de Buenos Aires a Mar del Plata, y viceversa, cada vez que necesitamos cualquier elemento de los laboratorios donde trabajamos”, contó la ingeniera química Nancy García, quien está adelantando el Doctorado en Ciencias y Tecnología de los Materiales, con mención en química de la Universidad Nacional San Martín. Esta innovación es su proyecto de tesis doctoral, y consiste en que, a partir del almidón de mandioca, se fabrica una película o film, al que luego se le incluyen nanopartículas o nanocristales de almidón de maíz. “El resultado es un gel que se coloca a evaporar y del que se obtienen láminas, cuyas características son: ser maleables, transparentes, incoloras y comestibles”, sostuvo García.
“La gran ventaja de este plástico ecológico es que logra desintegrarse en la tierra en siete días, por lo que
reemplaza a la perfección a las bolsas plásticas que se usan en los supermercados, y lo mejor es que no contamina el suelo. Hemos hecho pequeños sobres para contener café, frutas, cereales, polvo de detergente y hasta cosméticos. Pero el material no sólo se podría utilizar en bolsas, también se aplicaría para obtener embalajes que recubran alimentos o para fabricar pastillas o cápsulas que contengan fármacos”, señaló García al ser consultada por Hoy.
Este proyecto necesita ayuda económica para pasar de la etapa de laboratorio a la etapa industrial, por eso piensan comprar equipos que simulen la maquinaria de polímeros sintéticos utilizada a escala industrial. “En la actualidad, tenemos un convenio en Francia con el Instituto Politécnico de Grenoble, que trabaja con Pagora, la escuela de las ciencias del papel, de la comunicación impresa y de los biomateriales. Con ellos intercambiamos conocimiento entre ambas instituciones”, concluyó García.
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