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Rosita, la alumna que estudia a la luz de las velas y tiene 9,86 de promedio

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Rosita, la alumna que estudia a la luz de las velas y tiene 9,86 de promedio

Posted on 27 mayo 2012 by hj

Vive a 40 cuadras del asfalto, en una casa sin electricidad. Tiene 11 años y asistencia perfecta.

Cuando sea grande. Rosita quiere ser profesora de Historia. Tiene 9 hermanos y los padres son tamberos.

Para muchos es una heroína admirable. Una chica tenaz que se esfuerza cada mañana cuando se calza rápido el guardapolvo para llegar a tiempo a la escuela.

Tiene que superar obstáculos de otras épocas: en su casa no hay luz eléctrica y está a 40 cuadras del asfalto.

Rosa Cappelletti, de 11 años y alumna de sexto año de la Escuela 23 de Villa Montoro, tiene asistencia perfecta y un promedio de 9,86. Por eso, esta semana debutó en su nuevo rol de abanderada en los actos de conmemoración del 25 de mayo.

Con su figura delgada, acomodó el asta sobre la banda celeste y blanca y recorrió la sala en medio de los aplausos, cuando sonó la marcha “A mi bandera”.

Rosita –como la conocen en la escuela– tiene cara angelical y la mirada a veces esquiva, tímida. Asegura que no se siente diferente a sus compañeras y no le pesan los obstáculos que tiene para estudiar. Tiene un objetivo claro y nada la detiene para cumplirlo, aún cuando debe estudiar bajo la luz de una vela o hacer en dos tramos su camino a la escuela. Es que inicia su jornada a las seis de la mañana y recorre en bicicleta casi 40 cuadras hasta la parada del colectivo que la acerca hasta la escuela de un barrio de la periferia de La Plata, cerca del aeropuerto.

Ni los caminos anegados por la lluvia son una excusa para faltar a clases. Esta semana tuvo que dejar la bicicleta en el galpón porque el camino quedó imposible después de las lluvias. Como ocurre en otros períodos del invierno, tuvo que ir hasta la parada en el jeep modelo 60 que usa Angel, su papá, para las tareas en el tambo.

“No tengo problemas con ninguna materia, pero me gusta más Historia.

Quiero ser profesora cuando sea grande ”, desliza Rosita en voz baja y pierde la mirada en el horizonte, como buscando ese futuro. “También podría ser científica, hacer experimentos”, juega. Tiene claro que los libros y el conocimiento serán parte de su futuro. “Eso lo aprendieron desde chicos todos mis hijos. El estudio es lo que les permitirá salir adelante”, agrega Rosa Delgado, la madre.

En su humilde vivienda de 122 y 670, en Villa Garibaldi, el matrimonio de Rosa y Angel crió 10 chicos. Cuatro ya no viven con ellos. Terminaron la secundaria, algunos pasaron por la universidad, y formaron su familia. Rosita es la menor de las mujeres. El más chico, Federico (10), también cursa quinto en la escuela 23, aunque en el turno tarde.

“Esta familia es un ejemplo. Con pocos medios y una conducta impecable casi todos los Cappelletti egresaron de acá. Nunca tuvimos un problema, siempre colaboraron”, dijo la vicedirectora de la escuela, Gladys López.

La rutina de Rosita es diferente a la de otros chicos de su edad. La compu queda muy lejos en Villa Garibaldi. Después de una breve siesta y del mate cocido con leche la estudiante cumple con rigurosidad con las tareas del colegio y puede disfrutar de un esparcimiento acotado: con sus hermanitos miran Floricienta, en un televisor de 8 pulgadas que funciona a batería, porque en la casa no hay servicio eléctrico.

“Sólo si hicieron los deberes” , aclara la mamá.

Fuente: Clarin

http://www.clarin.com/sociedad/educacion/Rosita-alumna-estudia-velas-promedio_0_707929254.html

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Un Argentino , alumno de arquitectura naval , construyó patines a vela

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Un Argentino , alumno de arquitectura naval , construyó patines a vela

Posted on 24 febrero 2012 by hj

Caio Gómez, estudiante de Arquitectura Naval, decidió fabricar, navegar y disfrutar la embarcación tradicional del Mediterráneo. Se trata del patín a vela, un catamarán de competición con más de cinco metros de eslora que surgió hacia la década del ’20 en Barcelona. Se adapta a muchos tipos de agua ya que navega con sólo 30 cm de profundidad, además es cómodo para su transporte porque tiene manijas que permiten moverlo con facilidad.


Foto: planetatacaton.blogspot.com

El patín a vela es una embarcación muy particular: no tiene timón, ni orza y cuenta con una sola vela sin botavara. Está diseñado para un solo tripulante y es común verlo navegar en las aguas del Mediterráneo. En Argentina fue fabricado por el alumno Caio Gómez, quien cursa la carrera de Arquitectura Naval y se dedica a construir esta embarcación de competición.

Se trata de un catamarán que tiene más de cinco metros de eslora y posee cinco bancadas que unen dos flotadores en forma de cuchilla. Se usa en regatas de competición en Barcelona, Cataluña, Andalucía y Valencia y en algunas costas francesas, belgas y holandesas. Pero este verano Caio estuvo promocionando el patín en Pinamar, Mar del Plata y Rosario.

La embarcación surgió del ingenio de los navegantes -y no sólo de técnicos náuticos- en las costas de Barcelona. Nació en los años ‘20 y fue evolucionando hasta que en 1941 una regata entre los distintos prototipos existentes hizo que el modelo de patín que ganó en aquella prueba fuera el que se fabricase. Ganó el prototipo de los hermanos Mongé y, desde entonces, el patín continúa fabricándose con las mismas líneas de agua y diseño.

Con la idea de traer una nueva embarcación al Río de la Plata, Caio comenzó la construcción del patín y pensó en la fabricación para la venta. “La embarcación es atractiva y hoy en día la navegación de catamaranes tiende a crecer mundialmente”, indica a InfoUniversidades.

Su primer contacto con el patín lo tuvo a través de una revista que le hizo conocer su papá (también egresado de la UNQ y docente de Arquitectura Naval), que quedó maravillado con la embarcación y guardó la imagen en su retina. Un tiempo después pensaron en la idea de fabricarlo, aprovechando la carpintería familiar que tenían y decididos a enfocarla en la construcción naval.

“El trabajo que tenía que encarar era artesanal y fue un impacto muy grande el que tuve”, explica Caio. A partir de ahí se presentaron distintos desafíos: encontrar las reglamentaciones para construirlo, los materiales, los procesos adecuados y poner manos a la obra en el diseño y la construcción del patín a vela.

Una vez fabricado el primer modelo, vino la navegación. “Era algo que nos llamaba la atención, ya que no hay embarcación que se le parezca”, cuenta Caio. Si bien los principios para navegar el patín son los que se utilizan para windsurf (es decir, navegar utilizando su propio peso para dirigir la embarcación) se trata de un catamarán que alcanza los 5,6 metros de largo. “No supimos cómo era navegarlo hasta que terminamos uno de los cuatro patines que tenemos fabricados, y realmente nos sorprendió”, revela el alumno.

Caio cuenta que sus primeras experiencias en la navegación del patín pasaban por la ansiedad y la incógnita sobre cómo navegarlo: “Una vez en el agua, me fui adaptando a él. Primero hice unas navegaciones en la laguna de Chascomús, con poco viento, para ir aprendiendo las maniobras. Me sorprendí a mí mismo, ya que era más sencillo de lo que imaginaba y de lo que habíamos leído e investigado por foros con mi papá”.

Pero todavía no había imaginado que las sensaciones podían ser más intensas hasta que se fue al mar con el patín a vela y descubrió que podía atravesar una rompiente y navegar mar adentro como si la embarcación tuviese un motor: “Ahí sentí el ruido del agua y el viento contra la madera, la vela que me exigía cazar siempre un poco más y mi cuerpo que cada vez estaba contrarrestando peso por la escora. Fue algo impactante y la adrenalina me duró todo el día”.

El patín tiene un mástil de aluminio de casi 7 metros de altura y una superficie vélica de más de 12 metros cuadrados. Se adapta a muchos tipos de agua: se puede usar en lugares con poco calado, ya que no tiene apéndices (no tiene ni quilla ni timón), y también en el mar. “Te permite muchas posibilidades de navegación. En el Río de la Plata, por ejemplo, se puede navegar perfectamente porque podés salir de cualquier lado y navegar por donde sea, sin preocuparte del calado. Navega con sólo 30 cm de profundidad y esto es único”, asegura Caio. Además, la embarcación es cómoda de transportar. Posee manijas que le permiten moverla desde la rampa de un club hasta la orilla de una playa para arrastrarla hacia el agua.

El diseño y la construcción del catamarán siguen los requerimientos que obliga el reglamento para la competición. La construcción se hace íntegramente en Argentina. Caio y su equipo fabrican patines a vela con estructura de madera y también en fibra de vidrio. Pero también cuentan con el trabajo de Mariano Arroyo, egresado de la carrera Arquitectura Naval de la UNQ, quien es el responsable de fabricar los flotadores de fibra que necesita el patín. Los envía desde Rosario, donde vive y trabaja profesionalmente en la construcción de estas piezas.

El catamarán está formado por dos cascos o flotadores que cumplen la función de planos antideriva. Los cascos están unidos entre sí por la cubierta, compuesta de cinco bancadas independientes que aportan rigidez al conjunto y sirven de soporte al aparejo, así como de apoyo al propio patrón.

Leticia Spinelli
[email protected]
Producción periodística: Erica Lanfranchi
Dirección de Prensa y Comunicación Institucional
Universidad Nacional de Quilmes

Fuente: InfoUniversidades

http://infouniversidades.siu.edu.ar/noticia.php?titulo=un_alumno_construye_patines_a_vela&id=1341

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