Utilizaron una droga originalmente diseñada para tratar la hipertensión. El estudio comenzó en abril de 2020 y participaron del ensayo clínico 158 pacientes
Los médicos notaron los primeros efectos en los pacientes entre las primeras 24 a 48 horas. Habían contraído COVID-19, debieron ser internados y observaban que comenzaban a sentirse mejor, estaban más animados y hasta con apetito. Estuvieron internados en el Hospital de Clínicas y en el Hospital Español, y en forma voluntaria participaron de un estudio novedoso y único en el mundo realizado por investigadores de la Universidad de Buenos Aires que demostró que a través de la aplicación de una droga normalmente utilizada para tratar la hipertensión es posible reducir hasta un 81% el riesgo de muerte en pacientes hospitalizados y bajar drásticamente los días de internación.
La investigación comenzó en abril de 2020 y participaron del ensayo 158 pacientes mayores de 18 años -la edad promedio era de 65- con COVID-19. Los voluntarios fueron divididos en dos grupos. Uno recibió dos veces al día Telmisartan, una droga suministrada para corregir la hipertensión arterial. Y el otro grupo fue atendido en forma convencional.
El Telmisartan se suministró en dosis mucho más altas que los que reciben los hipertensos y el equipo de investigadores lograron contrarrestar el ataque inflamatorio que suele producir la infección del SARS-CoV-2, el virus que causa el COVID-19. Dicho proceso inflamatorio del sistema respiratorio es una de las principales causas de muerte.
En el quinto día se habían reducido los niveles de inflamación en el grupo tratado con dicha droga y para el día 8 la reducción fue aún mayor. Lo que alentó a los investigadores es que el tiempo de internación se redujo a 9 días, frente a los 15 o más del otro grupo. Como consecuencia, se redujo la necesidad de oxígeno y las probabilidades de fallecimiento cayeron en un 81%.
Los resultados del trabajo tuvieron repercusión internacional y fueron publicados en la revista científica EClinicalMedicine, una de las 22 publicaciones editadas por The Lancet. De la investigación participaron el cardiólogo Mariano Duarte, jefe del área de Hipertensión del Clínicas; el patólogo Facundo Pelorosso; la docente de la UBA Liliana Nicolosi, directora médica del Hospital Español y el farmacólogo Rodolfo Rothlin, profesor e investigador de la Facultad de Medicina.
Un importante hallazgo
El trabajo describe que el virus se vale de la proteína Spike para unirse a una enzima que se halla en las células mucosas conocida como angiotensina, y puede desencadenar un ataque inflamatorio que sufren un porcentaje de pacientes. Este bloqueo que hace el virus sobre la enzima genera una acumulación de la angiotensina II que inflama, a la vez que baja la concentración de la enzima 1-7, que desinflama. Si los niveles de angiotensina II suben en los pulmones, por culpa del virus, se desencadena un proceso inflamatorio en cascada que termina provocando una deficiencia respiratoria grave o síndrome respiratorio agudo severo.
El virus impide que la enzima se degrade desde la angiotensina II a la 1-7. Esta última es un vasodilatador natural, y ella es el blanco de la droga Telmisartan.
El equipo comprobó que la droga utilizada podría convertirse en una importante contribución en la lucha contra el Covid-19 y seguramente habrá más estudios para ahondar en un terreno que, sin lugar a dudas, abre un horizonte de esperanza.
Mientras un estudio espera ser aprobado por la Anmat, avanza el uso compasivo de ese fármaco administrado en nebulizaciones. Más de 80 pacientes con infección moderada a severa por SARS-CoV-2 que presentaban disnea e hipoxemia experimentaron «una mejoría inmediata de los síntomas»
El producto consiste en una solución de ibuprofenato sódico que, al someterlo al sistema de nebulización, genera viricida que mata al SARS-CoV-2 (Ceprocor)
Infobae accedió de manera exclusiva a los primeros resultados de un tratamiento llevado adelante en la Argentina con ibuprofeno inhalado, cuyo uso compasivo en pacientes moderados y graves con COVID-19 produjo “una mejoría inmediata de los síntomas”.
Cuando allá por mayo se conocía que científicos cordobeses habían logrado un producto para realizar nebulizaciones, a base de ibuprofeno modificado, con el cual revirtieron casos de coronavirus, la mayoría del mundo científico aún se mantenía firme en la idea que había echado a rodar el ministro de Salud de Francia Olivier Véran acerca de que la toma de antiinflamatorios como el ibuprofeno y la cortisona podría ser un factor agravante de la infección por SARS-CoV-2.
Las idas y vueltas respecto a recomendar -o no- el uso de ibuprofeno como tratamiento para bajar la fiebre y disminuir el dolor corporal en pacientes con coronavirus terminaron por desconcertar tanto a pacientes como a profesionales de la salud.
Un concepto sí está claro: la automedicación nunca debe ser una opción, menos aún en tiempos de pandemia por un virus desconocido contra el que no existe vacuna ni tratamiento específico. A pesar de que en un primer momento la Organización Mundial de la Salud (OMS) desaconsejó su uso para tratar el coronavirus, no obstante, recomendó en los casos de “automedicación” el uso de paracetamol como primera opción para bajar la fiebre en las personas en tratamiento por la infección.
La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) informó en abril que “no existe ningún dato actualmente que permita afirmar un agravamiento de la infección por COVID-19 con el ibuprofeno (Shutterstock)
Al mismo tiempo, la Agencia Europea de Medicamentos (EMA) confirmó en abril que “no hay evidencia científica que establezca un vínculo entre el ibuprofeno y el empeoramiento de COVID 19”. La entidad recomendó que “al comenzar el tratamiento para la fiebre o el dolor en COVID-19, los pacientes y los profesionales de la salud, deben considerar todas las opciones de tratamiento disponibles” y agregó que “pueden continuar usando analgésicos no esteroides como el ibuprofeno según la información aprobada del producto”.
Ahora, con más de 700 mil muertos en todo el planeta –4.251 hasta anoche en la Argentina– y mientras un estudio espera su aprobación en la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (Anmat) para pasar a fase 2, más de 80 pacientes entre Córdoba, Buenos Aires y Jujuy recibieron ese medicamento experimental por uso compasivo. ¿El resultado? “Los pacientes con disnea, hipoxemia, con enfermedad moderada a severa y con comorbilidades de todo tipo experimentaron una mejoría inmediata de los síntomas”, adelantó a este medio Alexis Doreski, médico especialista en medicina interna, neumonólogo (MN 141740) e investigador clínico.
En los inicios de la pandemia, la Organización Mundial de la Salud (OMS) había desaconsejado el uso del ibuprofeno para tratar el coronavirus
“Observamos que las personas mejoran absolutamente la disnea, disminuye la frecuencia respiratoria, hay un aumento en la saturación muy marcado en algunos pacientes, tan amplio que pensamos en un efecto llamado redistribución de flujo”, agregó el especialista a cargo del proyecto cordobés “Ibuprofeno inhalado” en Buenos Aires.
El abordaje es algo completamente innovador: su acción terapéutica es antiinflamatoria, bactericida así como viricida, y está destinada al potencial tratamiento de afecciones pulmonares, entre ellas el nuevo coronavirus causante de COVID-19.
La idea surgió hace siete años y es de Dante Beltramo, investigador principal del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) y del Centro de Excelencia en Productos y Procesos de Córdoba (Ceprocor), quien modificó la molécula del ibuprofeno haciéndola 100% soluble en agua para administrarlo en nebulizaciones con el objetivo de tratar a pacientes con fibrosis quística, una enfermedad genética con altas tasas de mortalidad que afecta a niños y adolescentes.
El investigador del Conicet y del Ceprocor Dante Beltramo modificó la molécula del ibuprofeno haciéndola 100% soluble en agua para administrarlo en nebulizaciones (Shutterstock)
Con la posibilidad de establecer protocolos de tratamientos compasivos ampliados, con el aval del gobierno cordobés, Beltramo empezó a investigar si era posible aplicar la molécula para esta nueva enfermedad.
“El producto consiste en una ‘solución hipertónica de ibuprofeno’ (ibuprofenato sódico soluble)” que, al someterlo al sistema de nebulización, “genera partículas con efecto viricida, que al intercalarse en la bicapa lipídica de virus envueltos como el SARS-CoV-2 desestabilizan la membrana generando lisis, o sea, muerte del virus”, había apuntado el científico en mayo en una conferencia de prensa, en la que también estuvieron los ministros de Ciencia y Tecnología y de Salud de la provincia de Córdoba, Pablo de Chiara y Diego Cardozo respectivamente.
En qué consiste el tratamiento
“Consiste en la nebulización de ibuprofeno sódico, una forma farmacéutica diferente de la conocida molécula de ibuprofeno –puntualizó Doreski–. Si bien la molécula sigue siendo ibuprofeno, está vehiculizado de otra manera en forma de sal”.
En ese sentido aclaró que “es importante que la gente sepa que no debe usar el ibuprofeno que consigue en las farmacias para nebulizar, ya que no es lo mismo”.
“Se utiliza esta solución en forma de nebulización, logrando alcanzar la vía aérea pequeña con partículas muy pequeñas y se administra con un sistema de Helmet o casco con extracción de flujo a través de filtros, generando presión negativa en su interior mientras el paciente se nebuliza”.
Y tras referir que “se repite en todos los pacientes la mejoría contundente subjetiva de los síntomas”, sentenció que “con respecto a los parámetros medibles hay una evidente mejoría objetiva, evidenciada por frecuencia respiratoria, frecuencia cardíaca, saturación de oxígeno ambiente o con oxígeno a diferentes flujos, coloración de piel, mucosas y lecho ungueal, que pasan de evidenciar cianosis por la tonalidad azulada a mostrar un cambio rotundo hacia la normalidad”.
«Los pacientes con disnea, hipoxemia, con enfermedad moderada a severa y con comorbilidades de todo tipo experimentaron una mejoría inmediata de los síntomas» (Shutterstock)
Consultado sobre en qué personas se puede usar, Doreski señaló que “en pacientes leves el efecto fue la negativización temprana. En pacientes moderados y severos antes de entrar en asistencia respiratoria mecánica el efecto es muy marcado y muy contundente. Se produce una mejoría muy evidente de la sintomatología y de los parámetros medibles”.
—¿Qué falta para que pueda comenzar a implementarse masivamente?
—Para implementarse masivamente se necesita un estudio clínico aleatorizado para probar ante la autoridad de medicamentos y ante la comunidad científica el efecto beneficioso de manera inequívoca e irrevocable. Otra manera de usarlo masivamente sería la implementación de una política desde el Ministerio de Salud similar a la que la provincia de Córdoba, adelantada al resto de la Argentina, emitió en abril, llamada “uso compasivo ampliado”.
“Desde el punto de vista clínico, los pacientes infectados por el nuevo coronavirus pueden presentar desde un cuadro leve de vías respiratorias altas hasta cuadros de neumonía aguda grave asociado a síndrome de distrés respiratorio y a fenómenos trombóticos (inmunotrombosis) que pueden progresar hacia falla múltiple orgánica y explicar así la mortalidad elevada en estos pacientes”. Según precisó Doreski, quien además es director de investigación clínica y uno de los fundadores de Fundación Respirar, “varios estudios observacionales sugieren que la infección por SARS-CoV-2 predispone a fenómenos de activación del sistema inmune excesivos y en algunos casos se produce una reacción que se denominó ‘tormenta de citoquinas’, que si bien está en discusión, lo que sí se acepta universalmente es que estos fenómenos inflamatorios e inmunológicos son los responsables de la mala evolución de estos pacientes y que se produce una inflamación sistémica severa”.
«A la luz de la evidencia actual y a partir de lo expuesto se enfatiza la importancia de evitar con drogas antiinflamatorias la progresión hacia el síndrome inflamatorio multisistémico activado por COVID-19» (Shutterstock)
En las últimas semanas, se describieron miles de casos de niños con enfermedad inflamatoria multisistémica de forma inexplicable. “En todos los casos se demostró que los pacientes habían tenido contacto con el virus SARS-CoV-2 y habían cursado la enfermedad de manera asintomática –apuntó el experto–. Por esto se hipotetiza que este virus tendría una capacidad para generar una respuesta inmunológica aberrante y exagerada, con afectación de órganos incluso muchas semanas después de la resolución de la enfermedad”.
“En el caso de los adultos, el órgano de choque sería el pulmón y ya se sugiere que el eje de las investigaciones futuras debería pasar por los inmunomoduladores en vez de los antivirales”, agregó, al tiempo que concluyó: “La insuficiencia respiratoria grave que desarrollan los pacientes infectados podría explicarse en parte por el daño pulmonar en términos de lesión alveolar difusa asociado a una congestión capilar severa, así como debido a la microangiopatía trombótica pulmonar y a los fenómenos de coagulación intravascular diseminada (CID) como consecuencia de la respuesta inmune exagerada del huésped. A la luz de la evidencia actual y a partir de lo expuesto se enfatiza la importancia de evitar con drogas antiinflamatorias la progresión hacia el síndrome inflamatorio multisistémico activado por COVID-19”.
Qué es el uso compasivo de un medicamento experimental
Por definición, el uso compasivo de un fármaco en la Argentina se encuentra solamente en la Anmat, en su disposición 10401 de 2016, en la que supone únicamente “la importación de un medicamento registrado en otro país y no en la Argentina para tratar una patología que no tiene tratamiento aquí o el que existe es deficiente”, explicó el investigador.
El marco jurídico internacional que legisla «intervenciones no probadas en la práctica clínica» es la Declaración de Helsinki de la Asociación Médica Mundial (Shutterstock)
“Todo el ámbito de investigación clínica está dentro de la autoridad de Anmat, en cambio, lo que es asistencia o medicina asistencial depende de los Ministerios de Salud jurisdiccionales”, agregó, al tiempo que puntualizó: “El marco jurídico internacional que legisla ‘intervenciones no probadas en la práctica clínica’ y que posibilita aún en nuestro país el uso compasivo de medicamentos experimentales, es la Declaración de Helsinki de la Asociación Médica Mundial, que en su inciso 37 aclara que estas intervenciones deberán posteriormente ser sometidas a pruebas para demostrar su seguridad y eficacia”.
Y finalizó: “El uso compasivo se usa para casos extremos, cuando está en riesgo la vida de la persona, en una pandemia, o cuando hay riesgo de discapacidad. El COVID-19 puede dejar secuelas pulmonares muy severas en los casos en que no mata al paciente”.
En pruebas de laboratorio, el medicamento neutralizó el virus SARS-CoV-2. Investigadores buscan ahora avanzar en la fase de ensayos clínicos en pacientes.
Viales del suero con anticuerpos neutralizantes anti-COVID 19 FOTO: GZA: INMUNOVA
C ientíficos argentinos desarrollaron un suero hiperinmune para tratar a pacientes infectados con Covid-19 en estadios tempranos o moderados de la enfermedad. El medicamento mostró en pruebas de laboratorio (in vitro) la capacidad de neutralizar el virus SARS-CoV-2, por lo que ahora se busca avanzar con ensayos clínicos en humanos para comprobar su seguridad y eficacia. El avance es fruto del trabajo de articulación pública-privada y fue encabezado por investigadores del laboratorio Inmunova, el Instituto Biológico Argentino y el ANLIS-Malbrán, con la colaboración de la Fundación Instituto Leloir (FIL), Mabxience, Conicet y la Universidad Nacional de San Martín (Unsam). “En marzo estábamos en pleno ensayo clínico de nuestro suero para la prevención del Síndrome Urémico Hemolítico (SUH) y empezamos a tener información del SARS-CoV-2. La incertidumbre era enorme, tuvimos algunas reuniones y vimos la posibilidad de aplicar la misma tecnología para Covid-19. Nos acoplamos al grupo de trabajo de Andrea Gamarnik en la FIL para producir proteínas, mientras buscábamos otras alternativas de inmunógenos”, le explicó a PERFIL Fernando Goldbaum, director científico de Inmunova y jefe del Laboratorio de Inmunología y Microbiología Molecular en la FIL.
El suero anti Covid-19 confiere inmunidad pasiva al paciente y es similar a los que se usan para tratar el envenenamiento por picadura de serpientes y alacranes o exposición al virus de la rabia. En su desarrollo se utilizó como antígeno (como molécula para inducir una respuesta inmune) una proteína recombinante del virus con el fin de obtener anticuerpos policlonales equinos. La proteína Spike es la herramienta que utiliza el SARS-CoV-2 para penetrar en la célula. Particularmente, una parte denominada dominio RBD es la que se une con un receptor celular (ACE2) y posibilita la infección del virus. Investigadores de la FIL, Mabxience y Unsam desarrollaron cantidades suficientes de esa proteína recombinante. Luego se inmunizo a caballos con esa proteína y tras 35 días se extrajo el plasma. El resultado fue un suero producido por el Instituto Biológico Argentino que contiene gran cantidad anticuerpos con capacidad neutralizante: es decir, que podría evitar que el virus ingrese a las células que es donde se multiplica. “Los primeros días de junio pudimos realizar pruebas en ANLIS- Malbrán para demostrar in vitro el poder neutralizante de nuestro suero. Hace una semana tuvimos el resultado de que la capacidad neutralizante es muy alta y ya tenemos un primer lote del producto”, sostuvo el investigador del Conicet.
El equipo de científicos de Inmunova
Hasta el momento, los medicamentos que se estudian contra el coronavirus como antivirales o corticoides están direccionados a pacientes hospitalizados y en estadios críticos. “Nuestra idea es aplicar el suero en pacientes de 18 años o más con un estadio moderado de la enfermedad y hasta 10 días de los primeros síntomas, en etapas tempranas para evitar el empeoramiento de la enfermedad”. Aunque lo ideal sería contar con una vacuna que pudiera inducir la producción de anticuerpos que puedan combatir el virus (inmunización activa), lo cierto es que se desconoce cuando podría estar lista. La inmunización pasiva consiste en administrar anticuerpos a los pacientes contra el agente infeccioso, produciendo su bloqueo y evitando que se propague. Así actúa el suero y también los tratamientos con plasma de pacientes recuperados de Covid-19 que se están aplicando en muchos hospitales del país, como parte de un ensayo que lleva adelante el Ministerio de Salud de la Nación. En este sentido, explican los investigadores, el suero anti Covid-19 puede ser una solución rápida que se ubica entre el plasma y la vacuna. “Lo que observamos in vitro es que la potencia neutralizante es mayor, esa es una ventaja de nuestra tecnología. La segunda es que es escalable, no dependemos de donantes de plasma -la respuesta inmune de los donantes en anticuerpos neutralizantes es muy despareja- nosotros podemos producir el mismo producto con el mismo título en cuestión de meses para todos los potenciales infectados”, indicó Goldbaum.
“La tercera ventaja es que los anticuerpos equinos son tratados con una enzima que se llama pepsina que rompe y elimina el dominio constante de las inmunoglobulinas, y eso genera dos ventajas: que no produce una respuesta de hipersensibilidad en los pacientes, eso le da al producto mucha seguridad, y la otra ventaja es que -no está demostrado pero se sospecha- que los anticuerpos no solo pueden aparecer como anticuerpos neutralizantes sino que algunos podrían aparecer facilitando la infección o produciendo una tormenta de citoquinas por inflamación. Nuestro anticuerpos al no tener este dominio constante evitan eso”, detalló el Investigador del Conicet. Tras los resultados positivos, ahora se espera avanzar en la etapa de ensayos clínicos en pacientes para evaluar la seguridad y efectividad del tratamiento. Para esto, ya trabajan en un protocolo que fue presentado ante la Anmat. El proyecto fue uno de los elegidos por la Agencia Nacional de Promoción de la Investigación, el Desarrollo Tecnológico y la Innovación en respuesta a la convocatoria “Ideas Proyecto COVID-19” –de la Unidad Coronavirus, creada por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación e integrada por el Conicet.
Certificado por el Instituto de Química Biológica de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA y el Conicet, fue pensado para el manejo de prendas de vestir en locales comerciales, con el fin de brindar seguridad a vendedores y clientes. «Bien aplicado, garantizamos una resistencia de hasta diez lavados», aseguran los creadores
Durante el anuncio de la flexibilización de la cuarentena obligatoria se informó que en los próximos días la situación en el Área Metropolitana de Buenos Aires se irá normalizando de manera escalonada hasta regresar a la normalidad previa a la pandemia de coronavirus.
Entre los rubros que aguardan en la fila para volver a ser habilitados se encuentran los comercios de indumentaria. En la Ciudad de Buenos Aires podrán abrir el miércoles que viene bajo recomendaciones que ponen el foco en la actividad viral en los textiles y la manipulación de las prendas en negocios. Es que ciertos virus, como por ejemplo el SARS-CoV-2, pueden permanecer activos en la ropa durante un tiempo y ser foco de contagio. De tal manera, una persona puede contraer COVID-19 si toca una superficie o un objeto que tenga partículas virales y luego se toca la boca, la nariz o los ojos, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades.
Se denomina Biotex SAFE y elimina bacterias y virus de la ropa
La duración exacta de la vida del virus en una superficie —un poste, telas o incluso el dinero— depende de muchos factores, incluyendo la temperatura, la humedad y el tipo de superficie circundante. Según Mayo Clinic suelen durar menos tiempo en comparación con las superficies duras como el acero inoxidable, es decir, que todo depende de qué material está hecho el tejido.
No obstante, la médica infectóloga Cristina Freuler, jefa del departamento de medicina interna del Hospital Alemán, aclaró a Infobae: “No existe un consenso aún de cuánto dura el virus en la ropa. Sin embargo, es importante entender que existen muchos factores como el uso del transporte público, circular en la calle, entre otros, que no necesariamente pueden llegar a coincidir con los resultados de un estudio científico”.
En este contexto, ingenieros argentinos de la Química Berger desarrollaron un producto con el fin de que comerciantes y clientes operen con seguridad en los puntos de venta. Se trata de un líquido llamado Biotex SAFE que “crea un escudo que proteger al tejido de la contaminación de virus y bacterias”. Fue certificado por el Instituto de Química Biológica de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales (IQUIBICEN) de la UBA y el Conicet.
Según indican sus desarrolladores, la acción bactericida y virucida “es permanente y reduce en alto grado la posibilidad de contagio” .
«Esto es un producto argentino, es industria nacional. Es un orgullo para todos», dijo el ingeniero Guillermo Berger
En diálogo con Infobae, Guillermo Berger, director de empresa desarrolladora, contó cómo surgió la iniciativa y dio más precisiones sobre el líquido. “Este proyecto en realidad lo habíamos comenzado a trabajar en 2009, cuando arrancó la gripe A (H1N1). Como esa pandemia no tuvo el impacto que tiene la actual, quedó como un tema pendiente en el departamento de desarrollo. Y cuando llegó esto (el coronavirus) volvimos a trabajar en el protocolo de este producto después de ver el problema de probarse ropa, que en algunos casos las tiendas tienen que guardar las prendas hasta tres días para volver a ponerla en venta por haber estado en contacto con los clientes”.
Y describió: “Es una combinación de varias cosas, de una resina que soporta el producto y de unas nanopartículas que tienen mucha eficiencia contra virus recubiertos, envueltos, como son los corona. Una vez tratado, bien aplicado, haciéndolo a conciencia, elimina todos los virus de la superficie y no permite que esa superficie se reinfecte”.
La química está ubicada en el Parque industrial de Pilar
Al producto lo terminaron de elaborar el mes pasado. Para su evaluación, enviaron dos muestras de tela —una con el líquido impregnado y la otra no— al laboratorio de virología del IQUIBICEN, donde analizaron la actividad virucida contra el virus herpes simple tipo 1 (HSV-1). “Por razones de seguridad, hoy no está permitido hacer ensayos no trascendentes (es decir, que no tengan que ver con productos medicinales) directamente con el SARS-CoV-2, entonces se toman virus similares, recubiertos, como lo es el coronavirus, y la literatura, la bibliografía y la experiencia de los virólogos permite establecer que si un producto es efectivo contra un felino, un herpes o cualquier virus envuelto, va a ser efectivo contra el corona que produce el COVID-19”, explicó Berger.
Los ensayos arrojaron resultados positivos. “Los expertos del Conicet estaban muy contentos: es la primera vez que ven un producto de este tipo, no hay muchos en el mundo”, comentó el ingeniero.
De acuerdo a lo indicado por la empresa, el líquido puede aplicarse en todo tipo de tejidos y tanto a fibras naturales (algodón, lino, rayón, etc.) como fibras sintéticas (poliéster, nylon, poliuretanos, etc.) y sus mezclas. Por el contrario, no recomiendan utilizarlo enlana porque pierde efectividad.
El propio vendedor puede desinfectar las prendas con un rociador, aunque ellos sugieren que el líquido sea aplicado por el lavadero industrial de prendas que se encargan del lavado luego de la confección, o bien por el el fabricante de la tela. “Aplicado en condiciones apropiadas por el lavadero o el fabricante, el producto queda instalado y seguro. Los ensayos parciales muestran una resistencia de hasta 10 lavados domésticos en frío”, indican.
Con 50 años de experiencia y exportando productos a nueve países de Latinoamérica, la empresa química también trabaja con la industria plástica y sanitaria. En tiempos de crisis económica, afrontaron los últimos meses gracias a clientes fabricantes de algodón, de gasa, de concentrados, “gente que tuvo excepción desde el primer día y nos permitieron hacer pasar el momento”, dice Berger.
El ingeniero se muestra entusiasmado por el flamante producto y motivado para seguir innovando y desarrollando, lo cual asegura que es su “ADN”. “Estas cosas que le sirven a nuestro equipo para sentirse útil, es vital para nosotros. Esto es un producto argentino, es industria nacional. Es un orgullo no solo para nosotros sino para todos”.
El dispositivo estaría listo en noviembre y permitirá complementar las prestaciones de dispositivos de ventilación
Federico Golmar, decano de la Escuela de Ciencia y Tecnología de la Universidad Nacional de General San Martín.
Científicos argentinos están diseñando un equipo electrónico que medirá parámetros respiratorios en pacientes severos afectados por COVID-19 que deben recibir ventilación mecánica, de modo tal de recabar datos clínicos que permitan entender mejor esta nueva enfermedad.
A diferencia de otros equipos en el mercado, “nuestro diseño está destinado al monitoreo continuo de los parámetros respiratorios y cuenta con alarmas”, indicó Federico Golmar, decano de la Escuela de Ciencia y Tecnología de la Universidad Nacional de General San Martín (UNSAM).
El dispositivo en desarrollo será de bajo costo, portátil, de fácil uso y operable con batería. Y podrá medir de forma rápida y confiable parámetros respiratorios básicos, como la presión o la concentración de oxígeno, y otros derivados, como la presión inspiratoria pico.
Por otra parte, tendrá la capacidad de transmitir datos vía wifi para el monitoreo remoto de la ventilación mecánica, la asistencia al médico en la toma de decisiones, el telediagnóstico, la construcción de una base de datos y la potencial creación de un repositorio de tratamientos médicos de acceso público.
Las funcionalidades del equipo electrónico permitirán complementar las prestaciones de respiradores básicos o cicladores, que automatizan el proceso manual de ventilar un paciente intubado con un resucitador.
“El equipo está destinado a ser usado en hospitales y centros médicos de todo el país”, explicó Golmar.
Se estima que el equipo estará listo en noviembre y para su fabricación será necesaria una empresa adoptante. Será muy atractivo en lo económico, tanto a nivel nacional como internacional, puntualizó Golmar.
La línea habitual de investigación de Golmar está relacionada con la validación de componentes electrónicos para aplicaciones satelitales. Pero, ante la emergencia, sintió que esos proyectos podían esperar y unió esfuerzos con el director y dos docentes de la carrera de Ingeniería Biomédica de la UNSAM. Luego se acercó un grupo de investigadores de CNEA que también quería colaborar y comenzaron a realizar este proyecto en conjunto
“Siento que es nuestro deber, como institución pública en ciencia y tecnología, aprovechar nuestros recursos para intentar dar respuestas a las necesidades de la sociedad. Y en lo inmediato”, concluyó Golmar.
El proyecto fue otro de los seleccionados por la Agencia de Promoción de la Investigación, el Desarrollo Tecnológico y la Innovación en el marco de la Unidad Coronavirus COVID-19, un dispositivo de coordinación impulsado por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación para hacer frente a la pandemia.
La pandemia de coronavirus colapsó a los sistemas sanitarios de todos los países y la falta de insumos médicos se convirtió en un problema a nivel internacional. En ese marco, un invento argentino promete reducir la necesidad de respiradores e intubaciones para pacientes de COVID-19. Se trata de un casco para ventilación no invasiva que desarrolló la empresa Ecleris y que en menos de dos semanas podría llegar al mercado. Los respiradores mecánicos son uno de los insumos más críticos a la hora de enfrentar la pandemia. Pero con el casco o helmet de Ecleris su requerimiento podría verse reducido. La experiencia internacional indica que con el uso de este tipo de aparato se disminuye la necesidad de intubación entre un 30% y un 60%. Ya se usaron elementos similares en Italia, que sirvieron de inspiración para la versión argentina. “Si un paciente responde al casco se salva de la intubación o del respirador, que es invasivo, o incluso del coma”, destacó en diálogo con PERFIL Marcos Ledesma, médico y uno de los dueños de la empresa que desarrolló el equipamiento. Su interés por el instrumento empezó cuando uno de sus socios se enfermó de coronavirus y fue hospitalizado. El hombre recibió diferentes formas de suministro de oxígeno que no dieron resultado, Estuvo dos semanas en coma farmacológico conectado a un respirador y con riesgo peligro de morir. «El me habló de estos casos que se usaron durante el pico de la pandemia en Italia, que brindaban mejor calidad de ventilación. Averiguamos y no se encontraban disponibles en la Argentina ni en casi ningún lado porque la mayoría los había adquirido el gobierno italiano. Cuando entró en coma empezamos el desarrollo del producto”, contó.
La tecnología tiene como base la utilizada en las cámaras hiperbáricas, que se emplean para la oxigenoterapia. “La sangre lleva el oxígeno en los glóbulos rojos, pero estos tienen una capacidad limitada que hace que éste se pueda disolver en el plasma de la sangre y aumentar mucho la oxigenación a través de este proceso”, explicó el especialista. Las cámaras hiperbálicas pueden ser para una sola persona o multiplaza, en estas últimas las personas llevan un casco. “Estos helmets fueron los que modificaron nuestros ingenieros para el COVID-19. Tienen que soportar más presión, estar anclados al paciente debajo de las axilas por un sistema que no cause problemas de trombosis en la zona, disponer de filtros virales, etc. Y la otra clave era que no contaminen al personal de salud”, indicó Ledesma. En Argentina, un 10% de los casos de coronavirus afecta a empleados del sistema sanitario.
El casco tiene el aspecto de una escafandra transparente y consta de dos piezas: un aro con un cuello de silicona y una burbuja de vinilo. El primero se corta de acuerdo al tamaño del cuello del paciente y se fija en el cuello y el tórax. Sobre ello, se coloca el casco propiamente dicho que mantiene a la persona completamente aislada del ambiente en el que se encuentra, lo que evita el contagio. Esto se logra porque el aparato cuenta con una salida con un filtro viral y bacteriano para el aire que expulsa el enfermo. Además, el aparato se puede conectar a la línea de oxígeno y aire que se encuentran en las cabeceras de las camas de internación o directamente a tubos de oxígeno móviles. Por el otro lado, en la salida se ubica además una válvula que permite aumentar la presión dentro del casco para oxigenar mejor los pulmones. El médico, de acuerdo a las necesidades del paciente, va a regular la mezcla de cuánto oxígeno y aire se le insufla al casco. Al tratarse de una técnica no invasiva el paciente está despierto y se encuentra lúcido mientras le instalan y usa el casco. Pero además, permite ser una herramienta eficaz para prevenir el contagio al personal de salud mientras dura el diagnóstico y tratamiento del enfermo. “A prácticamente todos los pacientes con problemas respiratorios como el COVID-19 o la neumonía se les tiene que realizar una tomografía computada de los pulmones para evaluar su estado y luego de usar el tomógrafo se necesita una hora de descontaminación y limpieza. El casco simplifica el proceso”, remarcó Ledesma.
Una de las ventajas del modelo argentino con respecto al italiano es que es reutilizable, por lo solo es necesario desinfectarlo entre un paciente y otro y cambiarle algunas piezas que sí son descartables, como el filtro viral, por lo que es una versión más económica al largo plazo. Pero, además, su implementación va a suponer una reducción en los costos del sistema sanitario, porque implicará menor uso de respiradores y del material que se utiliza diariamente en un paciente en terapia intensiva intubado. La compañía argentina desarrolló el instrumento en colaboración con equipos médicos de la Unidad de Soporte ventilatorio del Hospitales Fernández y Zonal General de Agudos de Ezeiza. La semana pasada la ANMAT autorizó la venta del producto y, con la aprobación, ahora ya se cuentan con los permisos para importar las piezas restantes que son necesarias para la fabricación. Desde la empresa estiman que en los próximos 10 a 15 días podrían estar ya el casco en el mercado para su uso en centros de salud de todo el país. En el caso de disponer con todos los elementos necesarios, se podrían producir entre 600 y 700 por semana. Mientras tanto, ya se empezó la exportación a otros países de América Latina.
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