27 octubre 2010

Una mendocina diseñó el Museo de la Memoria en México

La arquitecta Carolina Povedano trabajó en la construcción del emblemático edificio ubicado en el Distrito Federal destinado a ofrecer una advertencia sobre los genocidios

Una mendocina diseñó el Museo de la Memoria en México

El edificio de cinco pisos ocupa 9.000 metros cuadrados en el Distrito Federal.

Hace pocos días en el Centro Histórico de la Ciudad de Distrito Federal, México se inauguró el Museo «Memoria y Tolerancia», un edificio de cinco pisos que alberga testimonios y documentos sobre los genocidios y que tiene como objetivo que el mundo entero entienda definitivamente que aquellos hechos no pueden volver a empañar la historia del planeta.

La obra tuvo un costo cercano a los 10 millones de dólares y se hizo íntegramente a base de donaciones de empresas y con el aporte de profesionales comprometidos con la causa, quienes trabajaron durante años de manera desinteresada.

Uno de esos tantos profesionales que decidieron dejar de lado el rédito económico y dedicarle, tiempo, pasión y amor a su labor fue una mendocina, la arquitecta Carolina Povedano (34). Ella trabajaba para el estudio de arquitectos Arditti, una empresa familiar mexicana que siempre contrató profesionales mendocinos recién recibidos.

De hecho fueron siete los arquitectos de nuestra tierra que a lo largo de la magnífica obra colaboraron de una u otra manera en el proyecto y la ejecución. Lo cierto es que Carolina fue hasta hace dos años la coordinadora de la obra de la cual hoy habla el mundo, como un ejemplo de tolerancia, respecto, diversidad, inclusión y diálogo.

La construcción del Museo «Memoria y Tolerancia», ya es un ícono de la cultura Latinoamericana, fue el sueño de un grupo de jóvenes mexicanos que sentían la necesidad de mostrar ciertas irracionalidades humanas acompañadas de información educativa con el objetivo de concientizar al mundo acerca de la importancia de abogar por la coexistencia pacífica y respetuosa entre todas las personas. Y bajo este concepto es trascendente el hecho de que la concepción física y la arquitectura en general del edificio se relacione de manera directa con la causa perseguida.

En 2004, luego de la última gran crisis económica de nuestro país, Carolina Povedano se recibió de arquitecta en la Universidad de Mendoza y junto a su marido y Federica, su hija de 2 años, partieron hacia el Distrito Federal en busca del crecimiento profesional que Argentina no podía ofrecerle. A los pocos meses ingresó como dibujante en aquel importante estudio y terminó siendo la coordinadora de diferentes proyectos, entre ellos el museo recientemente inaugurado.

«Es un estudio que siempre contrató arquitectos mendocinos, entre ellos Gabriela Neme y Laura Higgs, con quien nos repartimos la coordinación de la obra. Los dueños siempre destacan que los mendocinos somos muy trabajadores y creativos, es que nuestra facultad te orienta al diseño de proyectos y los mexicanos son mas que nada técnicos. La cosa es que ingresé con muchas ganas de trabajar y de hacerme un lugar allí», destaca la profesional mendocina.

Luego llegó el momento de encarar la «gran obra de su vida», el museo que comenzó a proyectarse en otros terrenos más chicos y con el pasar del tiempo y la expectativa generada por la obra en distintos ámbitos de la sociedad azteca terminó ocupando 9 mil metros cuadrados de la Plaza Juárez, en Centro Histórico del Distrito Federal.

«Yo empecé la obra y Laura Higgs la terminó. Fue todo un desafío, porque son cinco niveles que debían respetar las necesidades museográficas, además de traducir a la perfección la línea temática y los objetivos de la obra. El proyecto se trata de dos manos que abrazan el corazón del museo, que es un cubo llamado memorial de los niños, que recuerda a los 2 millones de pequeños muertos en genocidios, esta forrado en hojas de oliva que simbolizan la paz y con gotas de cristal, que representan las lágrimas derramadas por esos chicos», explica Carolina.

Luego de 4 años de trabajo la mendocina regresó a nuestra provincia con la necesidad de reencontrarse con su familia, sus amigos y para criar junto a los suyos a su segunda hija Olivia. Pero antes se encargó de dejar terminada la obra gruesa del museo. La semana pasada se inauguró al público el edificio y por supuesto, ella fue una de las invitadas de honor.

«Todo se hizo con donaciones de dinero de empresas y familias y nosotros no cobramos un peso, entonces éramos 1.300 los invitados que de alguna manera colaboramos para que el proyecto se haga realidad. Cuando lo vi terminado lloré durante toda la visita, sentí un orgullo enorme, no podía creer que había sido parte de esa aventura en la que trabajamos todos con mucha pasión, respeto y sentimiento. Siempre digo que el museo es como mi hijo, me enriqueció el alma y fue un sinónimo de amor y dedicación», comentó con los ojos empañados.

Hoy Carolina, su marido Ricardo y sus hijas Federica (8) y Olivia (2) se reinstalaron en Mendoza y viven de su profesión. Aquí comparten el día a día con familiares, amigos y compañeros de trabajo, pero aquella aventura mexicana siempre quedará en su memoria por haber sido parte de un proyecto de vanguardia en lo arquitectónico y una obra tremendamente relevante para la historia de la humanidad. Leandro Sturniolo

http://www.losandes.com.ar/notas/2010/10/27/mendocina-diseno-museo-memoria-mexico-523523.asp

Categorizado | diseño Argentino

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