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Hallazgo de científicos Argentinos :Los pacientes en estado vegetativo pueden aprender

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Hallazgo de científicos Argentinos :Los pacientes en estado vegetativo pueden aprender

Posted on 22 septiembre 2009 by hj

Hallazgo de científicos Argentinos / Se publica en Nature Neuroscience . Esta capacidad permitiría predecir la posibilidad de recuperación con el 86% de precisión

Los pacientes en estado vegetativo pueden aprender

Diego Shalóm prueba en un voluntario el dispositivo que se utilizó

Gabriel Stekolschik
Para LA NACION

Un estudio iniciado en 2004, que involucró a 22 pacientes con desórdenes de la conciencia -un número elevado para esta clase de investigaciones-, demostró que los individuos en estado vegetativo son capaces de aprender y que, además, esa capacidad de aprendizaje es un buen indicador (86% de precisión) de la posibilidad de restablecimiento del paciente.

Los resultados del trabajo, que tienen implicancias científicas, prácticas y, probablemente, éticas, fueron publicados en la prestigiosa revista científica Nature Neuroscience .

Gabriel Stekolschik
Para LA NACION

Un estudio iniciado en 2004, que involucró a 22 pacientes con desórdenes de la conciencia -un número elevado para esta clase de investigaciones-, demostró que los individuos en estado vegetativo son capaces de aprender y que, además, esa capacidad de aprendizaje es un buen indicador (86% de precisión) de la posibilidad de restablecimiento del paciente.

Los resultados del trabajo, que tienen implicancias científicas, prácticas y, probablemente, éticas, fueron publicados en la prestigiosa revista científica Nature Neuroscience .

«Nuestros experimentos también sugieren que, para aprender, estas personas estarían utilizando elementos de la conciencia», señala el doctor Mariano Sigman, investigador del Conicet, profesor del Departamento de Física y director del Laboratorio de Neurociencia Integrativa de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA.

Los llamados «desórdenes de la conciencia» refieren a un grupo heterogéneo de individuos que han sobrevivido a un daño cerebral. Actualmente, en un orden de mayor a menor gravedad, se los agrupa en tres categorías: estado vegetativo (sin evidencia de conciencia), mínimo estado de conciencia y discapacidad grave.

Según define el Incucai, en el estado vegetativo la persona está viva. Además del coma, el estado vegetativo «también se produce por lesiones graves del cerebro y del tronco encefálico», que dañan parcialmente las estructuras neurológicas, a diferencia de aquello que causa la muerte encefálica.

«Nuestro estudio coincide con otros que se han efectuado en esta área de las neurociencias en que es necesario revisar la manera en que se categorizan y diagnostican los desórdenes de la conciencia», observa Sigman, y ejemplifica: «Comprobamos que hay pacientes en estado vegetativo que aprenden, mientras que otros, en estado de mínima conciencia, no aprenden».

Para arribar a estas conclusiones, los investigadores utilizaron el método de condicionamiento clásico, también llamado pavloviano, una forma de aprendizaje asociativo que permite anticipar la respuesta a un estímulo.

«El condicionamiento pavloviano es la forma más clásica de testear aprendizaje en cualquier animal, desde un caracol hasta un ser humano. Y, sin embargo, nadie lo había hecho en pacientes con trastornos de conciencia. Aún más, parece que nadie lo había pensado», comenta desde Cambridge, Inglaterra, el doctor Tristán Bekinschtein, primer autor del trabajo y corresponsable -con Cecilia Forcato- del diseño del estudio.

En los experimentos, al paciente se le hacía escuchar un sonido mediante auriculares y 500 milisegundos después un dispositivo le enviaba un ligero soplido de aire a un ojo, provocándole un pestañeo.

Luego, 10 segundos más tarde, otra vez los dos estímulos: el sonido y el soplido, separados por el mismo lapso de tiempo. La repetición regular de este procedimiento (70 veces) conduce a que, si hay aprendizaje, al paciente le queda claro que el tono avisa que va a venir un soplido. Entonces, al oir el sonido, el paciente cierra el ojo antes de que le soplen otra vez.

Para medir la respuesta de manera objetiva, los científicos no registran el pestañeo, sino la actividad eléctrica de los músculos que cierran el ojo. Para ello, utilizan un pequeño aparato construido por ellos mismos: «Una de las prioridades del proyecto fue lograr un dispositivo portátil que pueda utilizarse en cualquier lugar», subraya el doctor Diego Shalóm, investigador del Conicet y uno de los autores principales del trabajo.

Para Sigman, «la portabilidad es clave, porque las nuevas herramientas que permiten acceder al pensamiento y precisar el diagnóstico, como la resonancia magnética o la tecnología de positrones, no son transportables. Además, la cantidad de equipos es escasa porque cuestan millones».

En este sentido, el aparato creado por Shalóm -que también diseñó el software que permite controlar la frecuencia con que se emite el estímulo y, además, registrar la respuesta muscular- posee una ventaja adicional, que es su bajo costo. «Fabricarlo cuesta menos de doscientos dólares», revela Shalóm, y añade: «Construimos dos unidades idénticas: una está en Buenos Aires y la otra en Cambridge, los dos lugares en los que se hicieron los experimentos».

Según Sigman, esta metodología es una prueba sencilla y objetiva para establecer si un sujeto tiene conciencia. «Independientemente de quién sea el operador, permite determinar si un sujeto aprende a relacionar dos sucesos anacrónicos, una actividad mental que requiere elementos de la conciencia.»

Además de los nombrados, firman el trabajo María Herrera, Martín Coleman y Facundo Manes.

Centro de Divulgación Científica de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA

http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1176970

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Científicos Argentinos desarrollan un yogur preventivo de enfermedades

Posted on 21 septiembre 2009 by hj

Innovar 2009 Proyecto 3208 YOGUR PROBIOTICO?


Desarrollan yogur de alto valor preventivo de enfermedades

Unos 56.000 chicos tucumanos recibieron diariamente un vaso de yogur prebiótico, de alto valor preventivo de enfermedades, desarrollado por el Centro de Referencia para Lactobacilos (Cerela), instituto pionero en América latina en el estudio de bacterias lácticas, se informó oficialmente.

El programa denominado “Yogurito” forma parte del Plan Alimentario tucumano y tiene por finalidad demostrar la eficacia del yogur probiótico en la prevención de enfermedades.
En particular apunta a enfermedades respiratorias y gastrointestinales, de alta prevalencia e incidencia en la infancia.

PROPIEDADES. El yogur contiene el fermento probiótico formulado y desarrollado por el Cerela-Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (Conicet) y está constituido por bacterias lácticas que fueron seleccionadas por sus propiedades y por su capacidad para estimular el sistema inmunológico.
El programa fue lanzado luego de que el año pasado el Cerela-Conicet, que dirige Graciela Font de Valdez, concretó la denominada “Evaluación de los efectos de la administración de un probiótico láctico en la salud de los niños”.
El estudio contó con la participación de la Secretaría de Política Social y del Sistema Provincial de Salud (Siprosa), y consistió en la administración del yogur a 206 niños que asistían a cuatro centros comunitarios ubicados en la periferia del Gran San Miguel de Tucumán.
El resultado fue que el alimento administrado durante seis meses “disminuyó la frecuencia de cuadros infecciosos respiratorios y gastrointestinales, y mejoró el sistema natural de defensa del organismo de los niños”, según consta en el estudio.

CASOS. La prueba consistió en que durante medio año, 104 niños recibieron cinco días por semana el yogur elaborado por el Cerela-Conicet, mientras que otros 102 menores consumieron en igual período un yogur estándar, denominado placebo.
Periódicamente, médicos concurrieron a los comedores para registrar problemas respiratorios o gastrointestinales que padecieran los niños, hablaron con los padres y recolectaron muestras de saliva de los pequeños antes y después de que consumieran el probiótico.
Los resultados del estudio científico demostraron “la aparición de eventos infecciosos sólo en el 34 % de los niños que recibieron el probiótico frente al 66 % registrado en el otro grupo”.
Además, comparadas las frecuencias de catarros, anginas y diarreas agudas en todos los casos, en el grupo de los que bebieron el probiótico la presencia de tales trastornos fue del 31, el 28 y el 26 %, frente al 69, el 72 y el 74 % registrado en el segundo grupo.
Asimismo, el estudio corroboró que los niños alimentados con el probiótico experimentaron una disminución de fiebre y de prescripción de antibióticos respecto de los que no recibieron ese yogur (35 % frente a 65 %, y 40 por ciento frente al 60 % en el segundo caso).

RESULTADO. La conclusión fue contundente: “El yogur probiótico, que contiene la cepa denominada lactobasillus casei CRL 1505, evidencia claros beneficios para la salud de los niños con necesidades básicas insatisfechas mejorando, así, su calidad de vida”.
Otro dato relevante es que “la administración de yogur probiótico a una población de riesgo fue capaz de disminuir la frecuencia de infecciones respiratorias e intestinales o cuadros de mayor severidad, con un efecto preventivo asociado al aumento de la denominada “lgA” de mucosas en los niños que lo bebieron”.
En el folleto que el Cerela distribuye a los niños que participan del programa, se les explica que los probióticos “evitan la formación de sustancias tóxicas en el intestino; mejora la absorción de los nutrientes presentes en el alimento como calcio, proteínas, aminoácidos; enriquecen los alimentos con vitaminas, minerales, y ayudan a digerir mejor el azúcar de la leche”.

http://www.conicet.gov.ar/NOTICIAS/portal/noticia.php?n=3683&t=4

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Cientificos Argentinos revelan por qué algunos recuerdos pueden durar más?

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Cientificos Argentinos revelan por qué algunos recuerdos pueden durar más?

Posted on 19 septiembre 2009 by hj

El hallazgo ayudará a mejorar terapias para aquellos a los que les cuesta recordar

Por: Valeria Román

No somos como Funes, el personaje del cuento de Jorge Luis Borges que podía recodarlo todo. El cerebro humano filtra la duración de los recuerdos, y para hacerlo pone en marcha un mecanismo que científicos argentinos y brasileños acaban de descubrir. Un hallazgo que abre las puertas para desarrollar mejores terapias para personas a las que les cuesta recordar. Y revela por qué algunos recuerdos duran más que otros.

El mecanismo fue difundido ayer en la edición semanal de la prestigiosa revista Science, editada por la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia, en los Estados Unidos. Se realizó a través de diferentes experimentos en ratas, que incluyeron operaciones cerebrales y técnicas bioquímicas.

«Es una investigación 100% del Mercosur», dijo Jorge Medina, uno de los coautores del trabajo, que es investigador del Conicet y de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires. Los otros integrantes del equipo son Martín Cammarota, Janine Rossato, Lia Bevilaqua e Iván Izquierdo, que trabajan en el Instituto Nacional de Neurociencia Translacional, en Porto Alegre, Brasil. «Desde hace años, venimos investigando cómo los seres humanos almacenan algunas experiencias y descartan otras», comentó Medina. ¿Y qué es exactamente lo que encontraron? «Es un mecanismo que si se activa hace que una experiencia sea almacenada. Si no se activa, la memoria decae». Por ejemplo, una persona sufre un robo, el mecanismo se pone en funcionamiento a las 12 horas: empieza por la activación de la dopamina, un neurotransmisor, que a su vez gatilla a una proteína. Todo ocurre en la zona del hipocampo del cerebro.

«Este trabajo tiene muchas implicancias para el futuro. Existe la posibilidad de que podamos manipular cuánto durará un recuerdo», afirmó Medina. Es importante no sólo para desarrollar tratamientos que modulen la entrada de la información aprendida sino también su mantenimiento. Los tratamientos podrían ser farmacológicos, pero Medina piensa que podrían enmarcarse en terapias cognitivas. «Todavía hay que estudiarlo».

¿Es valioso el hallazgo? Ricardo Allegri, investigador del Conicet y del Consejo de Investigación del Gobierno de la ciudad de Buenos Aires, que no participó en el trabajo opinó: «Es muy esperanzador. Este mecanismo abre un camino para explorar y desarrollar tratamientos más efectivos para los trastornos cognitivos y para las personas con demencias, como la enfermedad de Alzheimer. Mis felicitaciones para los científicos».

http://www.clarin.com/diario/2009/08/22/um/m-01983476.htm

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Hazaña de médicos Argentinos: La beba del milagro

Posted on 18 septiembre 2009 by hj

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Mouse para discapacitados motores que se controla con la cabeza. Sensacional invento Argentino de dos estudiantes de Ing Electronica de la UTN (Universidad Tecnologica Nacional)

Posted on 14 septiembre 2009 by hj

Contacto: [email protected]

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Hallan una «llave maestra» del sistema inmunológico

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Hallan una «llave maestra» del sistema inmunológico

Posted on 13 septiembre 2009 by hj

Notable avance / Logro de científicos Argentinos – Es el circuito de la «tolerancia», clave en cáncer y autoinmunidad

Nora Bär
LA NACION

Cualquiera que haya pasado por la escuela secundaria sabe que el sistema inmune es un complejo mecanismo que distingue entre lo propio y lo extraño.

El abecé de este «ejército interior» es que debe saber cuándo atacar y cuándo retirarse: si no se activa ante la presencia de células tumorales, o ante la invasión de bacterias, virus o parásitos, nos deja inermes frente a las infecciones y permite el avance del cáncer, pero si se activa cuando no debe hacerlo y ataca los propios tejidos, aparecen enfermedades autoinmunes, como la esclerosis múltiple, la artritis o la diabetes.

Muy sencillo, claro… pero ¿cómo «sabe» el sistema inmune cuándo activarse y cuándo desactivarse?

Hasta ahora, esta pregunta se había respondido parcialmente, porque se sabía mucho sobre el mecanismo de activación del sistema inmunológico, pero muy poco sobre «la otra cara» de la moneda: el proceso de «tolerancia inmunológica», un exquisito engranaje de regulación capaz de silenciarlo.

Hoy, con un impecable y elegante trabajo que publica Nature Inmunology , un equipo íntegramente formado por científicos argentinos acaba de contestarla.

«La inducción de tolerancia tiene una importancia clave en la aceptación de trasplantes y para evitar el desarrollo de enfermedades autoinmunes -explica el doctor Gabriel Rabinovich, jefe del grupo, investigador del Conicet en el Instituto de Medicina y Biología Experimental (Ibyme) y docente de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA-. Si el circuito de la tolerancia está aumentado, el sistema inmunológico pasa por alto y favorece el crecimiento de tumores; si está bloqueado, permite el desarrollo de la autoinmunidad.»

A partir de este descubrimiento -que describe la tolerancia como un circuito activo-, los científicos pueden explicar el cáncer y las enfermedades autoinmunes por fallas en el circuito de «tolerancia inmunológica»: en el primer caso, porque ésta se activa cuando no debe hacerlo, y en el segundo, porque no se activa cuando debería hacerlo.

Un mecanismo de relojería Hace aproximadamente cinco años, Rabinovich y su grupo publicaron un trabajo cardinal en Cancer Cell que explicaba que el organismo no «ve» a los tumores y les permite desarrollarse sin atacarlos porque éstos producen una proteína que deprime el sistema inmune, la galectina-1. Desde ese momento, empezaron a preguntarse cuáles serían los detalles de este mecanismo de relojería.

«Para explorarlo, le propuse a Juan Martín Ilarregui -primer autor del trabajo, que fue además su tesis de doctorado- que se pusiera a trabajar con unas células muy plásticas del sistema inmune, las dendríticas», cuenta Rabinovich.

Las células dendríticas se generan en la médula ósea y transitan por la sangre patrullando los tejidos. «Cuando detectan algo -explica muy coloquialmente el científico-, inmediatamente van al ganglio linfático, se encuentran con un linfocito T y le dicen: «Mirá, acá yo encontré un antígeno» y le presentan un fragmento de microbio o de tumor. El linfocito T se activa, va a los tejidos y mata o paraliza a la bacteria, el tumor o el virus. Sin embargo, nosotros vimos que cuando está expuesta a altos niveles de galectina-1, la dendrítica produce, gatilla y perpetúa todo un circuito que confunde a las células T, y éstas en lugar de activarse se convierten en linfocitos T regulatorios y silencian la respuesta inmune.»

En otras palabras, las células dendríticas son el eje que puede orquestar tanto el ataque como la retirada del sistema inmune, de acuerdo con las señales que reciban. Bajo el influjo de galectina-1, estas células liberan otra proteína, llamada interleuquina 27. Esta, a su vez, se contacta con el receptor del linfocito T, que en lugar de ejercer una respuesta inmunológica o combatir un tumor se frena, se convierte en linfocito T regulatorio y libera interleuquina 10.

«La producción de esta proteína puede suprimir la respuesta inmune en varios escenarios -afirma Rabinovich-, como enfermedades autoinmunes (esclerosis múltiple, artritis reumatoidea, enfermedad de Crohn, etc.), en infecciones por virus, bacterias y parásitos, y en tumores.»

Un aporte superlativo Sin duda, como todo descubrimiento trascendente, el de Rabinovich y su equipo ya sugiere nuevas preguntas para seguir investigando. Como dice Juan Martín Ilarregui, protagonista principal de este hallazgo: «Haber identificado un sistema completo de resolución de la respuesta inmune abre nuevos caminos de exploración que permiten una mayor comprensión del sistema inmune y la posibilidad de manipularlo para nuestro beneficio».

Eduardo Sotomayor, investigador del Lee Moffitt Cancer Center, en Tampa, y uno de los que descubrieron que las células dendríticas son centrales en la activación y la tolerancia inmunológica, destacó el hallazgo como un aporte superlativo: «Sabemos lo difícil que es hacer ciencia de gran nivel en un país latinoamericano -dijo por vía telefónica, desde su casa en Miami-. La ciencia argentina está volviendo a ponerse en el lugar que tuvo cuando recibió sus premios Nobel. El equipo del Ibyme ha abierto una nueva área de investigación».

Rabinovich, por su parte, ya prepara una secuela de esta historia: si los indicios obtenidos hasta ahora se confirman, sería posible encender este circuito activando la producción de galectina-1 o su unión con azúcares en la célula dendrítica (primer engranaje), y modular la producción de interleuquina 27 (segundo engranaje) o de interleuquina 10 (tercer engranaje) para detener la respuesta autoinmune, o producir anticuerpos que bloqueen la tolerancia. «Los próximos años, vamos a repartir nuestros esfuerzos entre la investigación básica y la terapéutica», afirma.

http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1160664

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DANIEL PAZ & RUDY | Página 12

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