Es una de las escalas del paseo que se inicia 110 km atrás, en Andacollo. Pero el pueblo que se recuesta sobre la margen izquierda del río Neuquén también tiene lo suyo, como los lavaderos de oro a cielo abierto que comenzaron a ser explotados en 1882 por pioneros chilenos provenientes del original Andacollo, a 54 km de La Serena. Su antigua técnica de lavar el material extraído de la montaña en platos de madera y luego en trapiches aún es usada por los pirquineros, como se conoce a los buscadores de oro del siglo XXI.
Entre los pueblos de Varvarco y Las Ovejas vale la pena emprender una caminata guiada de dos horas hasta el Parque Arqueológico de Colo Michi Co. Los expertos estiman que los grabados sobre unas 600 piedras fueron obra de los pehuenches, anteriores a la influencia araucaria o mapuche.
El mirador de La Puntilla no puede ser pasado por alto: sus pasarelas se internan hasta el borde del precipicio dejan ver cómo el río Neuquén serpentea entre la montaña. Más adelante se encuentra Varvarco, un pueblo que se promociona como «La puerta del Domuyo», el pico más alto de la Patagonia, con 4.709 metros.
Los Tachos es otro de los puntos imperdibles. Luego de una caminata de 20 minutos por un sendero que bordea la montaña, se pueden ver las columnas de humo: son las señales de los géiseres que se derraman sobre el arroyo Covunco, luego de elevarse en chorros casi hirvientes de tres metros de altura.
Bien cerquita, a 18 km de Los Tachos, el remanso: la Villa Aguas Calientes. Relax asegurado por piletones naturales de aguas templadas que surgen de vertientes de montaña.




