Pero además, acompaña la mayor salida laboral que existe en la actualidad», explicó Alberto Dibbern, secretario de Políticas Universitarias.
Desde la Universidad Tecnológica Nacional coinciden con el incremento en las carreras duras, pero afirman que hay que esperar para saber si esto ya es una tendencia firme.
En 2009, las Ingenierías y las Ciencias Exactas registraron un alza importante e incluso más inscriptos que en las carreras de las Ciencias Sociales. «Efectivamente este año hubo un incremento en la matriculación de las carreras técnicas. Y es muy bueno porque hace pocos años atrás las Ingenierías no aparecían entre las carreras atractivas para los alumnos por la coyuntura política y económica», explicó Alfredo Leiter, secretario académico de la Facultad de Ingenier ía de la UBA .
Y al respecto, agregó que «hoy los estudiantes q ue y a e s t á n promediando su carreras son absorbidos por las empresas y eso resulta muy atractivo a la hora de decidir qué estudiar».
Pero en esta inscripción, incluso, cayeron algunas de las carreras tradicionales. «De un total de 55.479 alumnos que se inscribieron en la UBA, 7.152 se volcaron a las carreras de Ingenierías y a las Ciencias Exactas.
Y además, se registró un leve descenso en Económicas, sin llegar a ser signif icativo todav ía», destacó Jorge Ferronato, director del CBC. Según datos estadísticos del CBC, este año 1.724 eligieron carreras de la Facultad de Ciencias Exactas, mientras que en 2008 lo hicieron 1.536, lo que representa un incremento del 11%. Y en Ingeniería se anotaron 3.950 estudiantes, frente a los 3.838 del año pasado (el 3%). Por otro lado, en Ciencias Sociales la baja fue del 4%.
Allí, sumaron 4.351 alumnos en el 2008, y este año pasaron a inscribirse 4.197.
El panorama para los estudiantes de carreras técnicas parece alentador porque las empresas tecnológicas del país afirman que no encuentran personal calificado. «Existe una demanda de ingenieros, técnicos y científicos de distintas disciplinas», remarcó Leiter. Pero no son carreras sencillas y en muchos casos la floja formación de la escuela secundaria pasa factura a la hora de rendir exámenes.
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