Fundación Cruzada Patagónica.Educa y alberga a 270 alumnos carecientes

El 24 de agosto del año pasado, un incendio accidental devoró todo el complejo; en sólo una hora se destruyeron más de 1500 m2, con pérdidas millonarias Foto: Gentileza Cruzada Patagónica
Cynthia Palacios
LA NACION
Ellos sí que saben lo que es renacer de las propias cenizas. Empezar de cero. Ponerse de pie con más energía que antes. El que termina no fue un año fácil para los integrantes de la Fundación Cruzada Patagónica, una institución que ofrece educación y programas de desarrollo rural a comunidades carecientes del oeste de las provincias de Neuquén, Río Negro y Chubut.
El 24 de agosto de 2007 un incendio accidental destruyó por completo el Centro de Educación Integral San Ignacio, que la fundación posee en Junín de los Andes, Neuquén, donde estudiaban 270 jóvenes de comunidades rurales carecientes de más de 500 kilómetros a la redonda.
Sin embargo, en sólo 14 meses, gracias a la ayuda de la gente, se logró reconstruir todo el edificio escolar. La misión demandó cerca de siete millones de pesos, una cifra que pudieron reunir con el apoyo de muchos: empresas, donantes particulares organizaciones civiles… Toda la comunidad participó del proyecto de reconstrucción.
«En una hora se habían consumido 25 años de trabajo», recuerda Luis Sajoux, el presidente de la fundación por ese entonces.
El fuego, precisa Luis, destruyó más de 1500 metros cuadrados de construcción, incluidas siete aulas, 35 computadoras, 120 camas del albergue de los alumnos, biblioteca, baños, cocinas, toda la documentación. Los daños rondaban los cinco millones de pesos en el aspecto edilicio y cerca de 1,5 millones de pesos en equipamiento.
«Aunque el impacto del dolor inicial fue muy fuerte, al día siguiente todo el equipo estaba reunido en uno de los galpones para pensar cómo encarábamos la reconstrucción -dice Luis-. Ese día empezamos a llamar a nuestros donantes y la respuesta fue impresionante. Inmediata. Tomaron un papel protagónico en la reconstrucción.»
Aquí y allá sucedía casi lo mismo. «Se armó una reunión de urgencia en la sede de Olivos -cuenta la actual vicepresidenta Mónica Romero-. Teníamos una angustia tan grande… Sólo el que lo vivió sabe lo que te provoca un incendio, ni te cuento cuando empezaron a llegar las imágenes. Pero el llanto duró media hora. Fue increíble: parecía que alguien nos guiaba y las cosas se empezaron a rearmar.»
Para Mónica, la clave de todo fue comunicarse. Con todos los conocidos, con todos los que podían aportar su granito. «Esa fue la base de lo que se armó después. Ese mismo día empezaron a aparecer los ofrecimientos de ayuda.»
Luis se emociona. «Fue un espaldarazo que no podíamos imaginar. La comunidad, las empresas, los gobiernos provincial y nacional. Y fue muy impactante darse cuenta de que este apoyo se logró por todo lo habíamos hecho? Nuestros ex alumnos demuestran lo que vale una persona capacitada con valores y principios.»
Para ellos fue como volver a crear la asociación. Duplicar la apuesta con la certeza de que valía la pena jugarse por el futuro de todos esos chicos. Sin el apoyo de Cruzada Patagónica es muy probable que no pudieran seguir estudiando. Viven en lugares remotos donde la educación no suele ser prioridad. Y que sus familias comprendan el valor de la educación como herramienta transformadora es un mérito que la fundación supo ganarse en el día a día.
«Enseguida acomodamos todo. En los galpones anexos, donde se daban las clases de la parte agropecuaria, y en lugares que nos cedió el Ejército Argentino, pudimos albergar a los 120 chicos -cuenta Luis con evidente orgullo-. A la semana seguimos dando clase y no perdimos el año. La respuesta de las empresas y de los particulares fue increíble -insiste-. Fue como refundar todo. Para los nuevos miembros de la fundación, para toda esta generación nueva de Cruzada Patagónica es empezar de cero»
No sólo se propusieron volver a levantar el centro educativo desde las cenizas. «Quisimos hacer algo superador», explica Luis. Y lo lograron. El nuevo centro tiene 2600 metros cuadrados, entre el edificio escolar y el de la residencia estudiantil, con estrictas medidas de seguridad.
Donaciones millonarias
La reconstrucción, que demandó cerca de siete millones de pesos, era una cifra inaccesible para el presupuesto de la entidad. Pero la suma se logró reunir con el compromiso y el apoyo de mucha gente. Las empresas donaron el 74%, los aportes públicos fueron del 21%, los donantes particulares costearon el 4% y las organizaciones de la sociedad civil, el 1%.
Más de 200 personas hicieron donaciones en dinero. La campaña extraordinaria de reconstrucción tuvo una duración de 14 meses.
«Nos demostraron un gran compromiso con la misión de Cruzada. Es un proyecto transformador de la realidad y vale la pena poner la energía en algo así porque le cambiás la vida a la gente», reconoce Mónica.
El desafío era doble. La fundación tenía comprometida la apertura de otro centro en el Valle de Cholila, Chubut. Y, a pesar de la conmoción que causó el incendio, se mantuvo la fecha de apertura. En febrero de este año comenzaron las clases en el valle con 29 alumnos. El 14 de marzo se hizo la inauguración oficial.
Después de este año tan difícil y, a la vez, tan gratificante, sienten que el fuego los hizo más fuertes. «Nos dimos cuenta de que la verdadera esencia del colegio está en la gente», asegura Luis.
«Hubo un consenso absoluto. Se quemó un edificio, pero una escuela es mucho más? Es su gente, los docentes, los chicos, los padres -señala Mónica-. No podemos parar la educación porque estos chicos se desgranan del sistema. Ellos no tienen plan B.»
Para ayudar al crecimiento de la misión
- A pesar de que cierran el año con la satisfacción de haber llegado a la meta, la fundación tiene necesidades nuevas. Precisan un colectivo para transportar a los chicos que provienen de comunidades rurales, de entre 12 y 500 kilómetros de distancia; y un tractor, vital para la modalidad de enseñanza de «aprender produciendo» dentro de la granja San Ignacio. También quieren construir una residencia para alumnas en el centro educativo del Valle de Cholila, que permitirá que chicas de parajes más lejanos puedan acceder a la escuela secundaria. Para acompañar estas propuestas, Cruzada Patagónica tiene su «Programa Amigos» de donaciones mensuales desde $ 10. Para sumarse: www.cruzadapatagonica.org
http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1084965




