Archive | mayo, 2009

Un argentino se hizo grande entre los juniors

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Un argentino se hizo grande entre los juniors

Posted on 24 mayo 2009 by hj

Facundo Argüello se consagró campeón en la tradicional Copa Bonfiglio, uno de los torneos más importantes para las jóvenes promesas del tenis

En su primer año en la categoría Sub 18, el cordobés Facundo Argüello se coronó hoy campeón de la tradicional Copa Bonfiglio, en Milán (Italia), en el Grado A, en el primero de los 5 torneos contemplados en la gira europea 2009 para la cual la Asociación Argentina de Tenis apoya a 5 juniors.

Argüello venció en la final al local Federico Gaio por 6-4, 2-6 y 6-3, para repetir un título que el año pasado había conseguido el argentino Guido Pella y, anteriormente, otros argentinos como Guillermo Coria, Mariano Zabaleta, Franco Davin, Gabriela Sabatini y Patricia Tarabini, entre otros, y hasta Iván Lendl, Goran Ivanisevic y Jim Courier.

Otra buena actuación en este evento fue la del argentino Andrea Collarini, que cayó en forma ajustada en semifinales, justamente contra Gaio.

Capitaneados por Gastón Etlis, los argentinos Argüello, Collarini, Agustín Velotti, Kevin Konfederak y Paula Ormaechea están participando de esta gira que incluye los torneos de Astrid Bowl (Bélgica), Roland Garros (Francia), Roehampton (G Bretaña) y Wimbledon (G Bretaña).

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Los nuevos científicos de la ciudad de La Plata

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Los nuevos científicos de la ciudad de La Plata

Posted on 24 mayo 2009 by hj

Cocinan, llevan a sus hijos a la escuela y, además, producen ciencia. Tienen menos de cuarenta años y un extenso recorrido académico. Alejados de los estereotipos, rompen con la idea de que viven en una burbuja. Quiénes son los nuevos científicos de la Ciudad

Cuando en la escuela primaria a Ana, Ariel, Francisco y Martín les hablaban de científicos, la imaginación viajaba a mil por horas. Como la velocidad de la luz. Todavía no sabían que en el futuro, no muy lejano, ellos serían científicos. Serían algo bien diferente a la idea que los dibujos animados y los manuales de ciencia de la época entendían por tal. Predominaban hombres mayores, canosos y algo «raros». El prototipo de investigador al que se suele incurrir de niño, es el de guardapolvo blanco, lentes bifocales, tubos de ensayo y microscopio. El presente derrumba esa estigmatización. El «raro» de pelos parados y que vivía en una burbuja es bien diferente a los que el nuevo milenio presenta como científico. Así como decayó esa idea, el predominio masculino para hacer ciencia es algo del pasado. De jeans y zapatillas, sin lentes y con menos de cuarenta años, los cuatro representan la nueva camada de investigadores y científicos de la Ciudad.

Según el diccionario de la Real Academia, la palabra científico deriva del latín Scientificus: «que tiene que ver con las exigencias de precisión y objetividad propias de la metodología de las ciencias». Pero es gracias a Thales de Mileto, en el siglo V a de C., de donde se remonta el estereotipo del científico loco, o por lo menos distraído. Cuenta la leyenda que Thales de Mileto estaba tan absorto contemplando el cielo que se cayó en un pozo. Salvando las distancias, y sin caerse en ningún pozo, los ejemplos locales, literalmente, se la pasan leyendo. Contemplando las palabras. Trasladan en libros, pen drives o computadoras portátiles toneladas de información. «Siempre tienen algo para leer», dicen desde su entorno. Ellos, no lo desmienten. Martín, economista; Ariel, ingeniero agrónomo; Francisco, químico; y Ana, bióloga con orientación en paleontología son cuatro buenos ejemplos del prototipo del investigador modelo 2000. Aquel que retira los hijos del colegio, juega a la pelota, practica danzas árabes, cocina y lava los platos. La vida entre las responsabilidades modernas y el laboratorio.

FILOSOFO EN QUIMICA

El libro del escritor Marcos Aguinis, «Pobre patria mía», con un señalador que indica que su dueño va por la mitad, reposa sobre la mesa de luz de Pancho. Así llaman todos a Francisco Ibáñez (36). Un ingeniero, doctor y «filósofo» en química. Una rareza para estos lares. Fue gracias a una duda de su padre médico que se dio cuenta que era un «Ph.D». Abreviatura que le dan al concepto que deriva de la palabra filósofo en la Universidad de Louisville, Estados Unidos. «Una vez que me explicaron qué significaba, me di cuenta que es la manera que más me identifica para decir qué soy. Por más que acá no se utilice, me parece que engloba muy bien a lo que apunta. Quiere decir apasionado en la química. Refleja muy bien el deseo permanente de aprender. Yo soy eso».

Antes de ser una eminencia en Nanociencias y Nanotecnologías hay una historia que comenzó en Mendoza. Siguió en Japón, pasó por Estados Unidos y Europa y llegó a las diagonales. Cuando faltaba muy poco para el título, Pancho cumplió con la idea para la que tanto había ahorrado: viajar por Europa. El visionario de su padre le propuso que el viaje tuviera una parada previa. «Me pagó el curso de inglés en New York», dice. Poco faltaba para que el viejo continente lo tuviera en sus tierras. Después de casi cinco meses, en 1999 regresó a su Mendoza natal para dar los últimos finales. Con el olvidado Y2K, referencia utilizada para el cambio de milenio, Francisco recibió el título de la Universidad Tecnológica Nacional Facultad Regional Mendoza (UTNFRM).

Su título todavía conservaba el olor a nuevo cuando llegó la beca para especializarse en medio ambiente, en la Universidad de Hiroshima, Japón. «Viví mucha soledad y del japonés no entendí nada», relata y sonríe. Las fiestas de fin de año se asomaban y el regreso a su ciudad era inminente. Se reencontró con su novia Carolina Alonso, también química, y «como ella me planteó que en Louisville le costaba mucho todo, decidimos radicarnos un tiempo en Estados Unidos». Ese tiempo se prolongó por ocho años y tuvo al primer descendiente de la pareja: Ramiro, su hijo pincharrata de cuatro años. La pareja espera al segundo hijo, del que se sabe será varón y nacerá en La Plata. Ciudad que acaba de ser nombrada «ciudad hermana de Louisville. Tienen muchas cosas en común. Estamos trabajando para generar un vínculo más intenso con la Universidad», adelanta.

«Tomé la decisión de hacer alguna especialización. Fui a la biblioteca y le pedí un libro de nanotubos de carbón. No entendí nada. Aclaro, eso fue hace ocho años», dice el dueño de la taza que tiene la leyenda «Happy», al lado del portarretrato de madera con la foto de Ramiro. En su estadía en EE.UU. cosechó una maestría, un doctorado y un post doctorado. Acto seguido de contar sus logros académicos, aclara «no soy brillante, ni un genio. Me costó mucho mi carrera, pero fue gracias a mi dedicación y pasión que puedo afirmar que estoy muy conforme con el recorrido», confiesa Pancho.

En los pasillos del Instituto de Investigaciones Fisicoquímicas Teóricas y Aplicadas (INIFTA), en donde Pancho efectiviza su beca de reinserción del CONICET, todos lo identifican por su tonada mendocina. Durante la charla, mientras ceba mate, se mezclan el acento natal, el español y el inglés. Ejemplifica qué es eso de lo «nano» cuando señala su alianza de oro que sobresale de su dedo anular. Cuando se lo lleva a los más mínimo de lo mínimo, el oro sigue siendo el mismo material, sólo que éste modificará su tamaño y su color. «Es la ciencia del estudio de lo pequeño», sintetiza Pancho, un admirador confeso de la literatura de Leopoldo Marechal.

El científico en él funciona las 24 horas, los siete días de la semana. Lee publicaciones por Internet pero también es un padre que cocina salsa de mariscos, retira a su hijo del colegio, juega a la pelota, y adora preparar el asado de los domingos. Confiesa que le gusta la literatura antes de dormir y que la idea del regreso al país era algo que la pareja conversaba. «Con mi esposa sabíamos que queríamos volver. No queríamos envejecer y que nuestros hijos sean sólo nuestra familia. La Argentina se merecía una oportunidad. Tengo el privilegio de formar parte de uno de los equipos de investigación más dinámicos de nuestro país -resume-. Uno aprende de gente muy importante como es el Dr. Roberto Salvarezza y de todos los colegas. Sin dudas soy un privilegiado por poder hacer lo que más me gusta y, encima, que me paguen por ello».

HOMUS OECONOMICUS

A sus 34 años Martín Tetaz es un reconocido economista especializado en «Economía del comportamiento». Una mezcla entre psicología y economía. Sólo le resta entregar la tesis para obtener la maestría en Psicología Cognitiva en la UBA. Para este platense, soltero y amante de los deportes al aire libre, «hay que encontrar ese lugar clave o nicho para desenvolverse. Yo encontré el mío entre la conjunción de estas dos ciencias, que como investigador me da una visión más amplia», explica.

En el mismísimo momento en que Fernando De la Rúa se tomaba el helicóptero, Martín se preparaba para los festejos de su recibida. Unas horas antes de que el país se quedara sin presidente, él rendía su último final. A los meses, se dedicó a enviar a cuanta consultora había su modesto curriculum. «Ahora puedo decir que menos mal que no me tomó ninguna -confiesa-. Como investigador y docente puedo manejar mis propios tiempos. Veo a colegas que se bajan de las combis muertos de cansancio». La rutina diaria combina jornadas en las facultades de Ciencias Económicas y Jurídicas de la UNLP, la Universidad Nacional del Noroeste (UNNoBA) y el Centro de Estudios Laborales y Sociales de la Universidad Nacional de La Plata (CEDLAS).

Cuando en el 2002 la academia sueca le otorga el Premio Nobel de economía al profesor de psicología Daniel Kahneman, la noticia a Martín se le presentó como una clara visión. Las contribuciones más importantes del premiado se refieren a la toma de decisiones en situaciones de incertidumbre, mostrando cómo la decisión de los individuos puede en forma sistemática apartarse de las predicciones de la teoría económica tradicional. Martín abrazó la idea. Se proponía ampliar el concepto de la teoría económica «Homo oeconomicus», utilizado por la escuela neoclásica para modelizar el comportamiento humano. Según esta teoría, es una representación imaginaria del hombre, que se comportaría de forma perfectamente racional ante estímulos económicos. Esa representación del hombre es capaz de procesar adecuadamente la información que conoce y actuar en consecuencia.

Martín podría cumplir muy bien con el fisic du rol de un abogado y también con el de un economista. Es un mezcla entre yuppie e intelectual. Pantalón de vestir, camisa blanca recién planchada y teléfono celular, que se maneja tocando la pantalla, advierten que se está en presencia de un hombre moderno y tecnológico. «No tenés un jefe encima, sos el jefe de tus propios tiempos», dice. Sin nadie que lo espere después de las jornadas diarias, cuando llega a su casa cocina arroz con atún y mira lo que le interesa en el monitor de la PC. Resalta que no tiene tele porque mira «sólo lo que quiero, y eso seguro está en Internet».

La decisión de estudiar economía llegó cuando sintió la necesidad de refutar y discutir con argumentos sólidos la famosa ley de convertibilidad impulsada por su hoy colega, Domingo Cavallo. «Me interesó la política económica desde entonces, pero recuerdo que cuando tenía trece quería ser arquitecto. Como no puedo dibujar ni una casa, desistí. En quinto año quise ser médico, pero ví un accidentado ensangrentado y me desmayé -recuerda Martín-. Como enseñanza, y aconsejando a los más jóvenes, diría que hay que hacerle caso a la vocación, que se olviden de la salida laboral».

A LOS 6 AÑOS

Un simple regalo de cumpleaños selló el destino de Ana Paula Carignano. Tenía seis años cuando recibió un juego de madera balsa para armar un dinosaurio. Veintitrés años después, detrás de su microscopio en las «catacumbas del Museo de Ciencias Naturales», como ella llama a los laberínticos pasillos para llegar a su laboratorio, responde como una joven becaria del CONICET. Su título la presenta como bióloga con orientación en paleontología. Cuenta que cuando se recibió, su camada fue noticia por lo numerosa de la promoción: doce graduados.

«Me fascina -repite- me fascina», así responde Ana. Aclara que lo suyo es puramente «vocacional, ya sabés que rico no te vas a volver». Algo que aprendió muy bien en los seis años y medio de estudiante. Los dos primeros rasgos de su personalidad se manifiestan de entrada. Es práctica y ejemplifica todo. A lo mejor porque sabe que muchos desconocen a qué se dedican los paleontólogos. «Estudiamos cómo viven los bichos en el pasado», aclara. Cuando habla del pasado, habla del pasado del pasado. De millonésimos años atrás. A eso le presta toda su atención en más de las nueve horas de cada jornada.

Infinidades de oportunidades le confundieron su objeto de estudio. Ana se defiende cada vez que le hablan de pirámides y tribus de indios. También sabe que «hablamos raro, por eso muchas veces aclaramos antes», cuenta. En su pequeño laboratorio comparte las mañanas con el dibujante del Museo. Primero escuchan a Magdalena Ruíz Guiñazú y después a Víctor Hugo. El mate, la notebook y la radio le dan forma a la trilogía infaltable de cada día. La rutina sólo se altera cuando participa como ayudante de la cátedra de micropaleontología.

Si hay alguien bien alejado del típico prototipo de científico, esa es Ana. Sus clases de danzas árabe acaban de ser suspendidas por una lesión y confiesa que «cuando llego a casa lo primero que hago es lavar los platos de la noche anterior». La charla fluctúa entre ciencia pura y cotideaneidades propias de una mujer en pareja con la responsabilidad de llevar una casa adelante. «Me alcanza para vivir bien, un poco ajustado en realidad -dice y compara-. Es como le tocó a nuestros viejos. Me preocupa pensar que nuestra generación no va a poder comprarse su propia casa».

Para Ana, el inglés «es el esperanto de los científicos. Se usa absolutamente para todo, es un herramienta indispensable». Pero no siempre pensó lo mismo. Odiaba y rezongaba cada vez que su madre la mandaba a aprender. Hoy, asegura que se lo agradece. Como a toda mujer le encantan las carteras, los zapatos y los maquillajes. En cuestiones musicales el gusto es amplio. Se reconoce una privilegiada por el hecho de poder haber estudiado y ejerce con la máxima responsabilidad su rol de investigadora. «Quiero devolverle al país todo lo que me dio -confiesa-. Obtener la educación universitaria casi gratuita no sucede en otras partes del mundo. Yo quiero que mi país vaya para adelante».

¿Quién se atrevería en calificar a Ana, por su corta edad, como «Pichi»? Ella misma lo hace. Reconoce que está dando los primeros pasos en algo que soñó de niña. «Yo estoy viviendo el sueño del pibe. Es como jugar en primera», dice esta joven mujer que se reconoce una seguidora de Meryl Streep y Dustin Hoffman. Para definir cuáles con las cosas que le molestan de su profesión, demora unos segundos. En seguida responde, «la burocracia, la odio. Eso de tener que completar pilas de formularios, todo por triplicado, me mata. Pero qué se le va a hacer, no queda otra. Es indispensable».

«ES MAS DIFICIL SER PAPA QUE INVESTIGADOR»

El lado más científico de la ciencia podría no creer en la suerte. Pero Ariel Vicente parece convencido cuando afirma que «tuve suerte». Lo dice cuando se le pregunta por su ingreso al Centro de Investigación y Desarrollo en Criotecnología de Alimentos (CIDCA). Este platense de 34 años, fanático de Gimnasia y Esgrima e hijo de uno de los ex presidentes de la institución, relata que a los tres meses de graduarse como ingeniero agrónomo de la UNLP, logró ingresar en un camino con el que está más que satisfecho. El de la investigación, bajo la dirección de la Dra. Alicia Cháves. Dice que cree que son los primeros pasos para una carrera académica dentro de la Universidad.

Cada mañana, después de llevar a su hija Mercedes de ocho meses a la guardería, se dedica a la investigación de las post cosecha y procesamiento de frutas y hortalizas. Especialización que lo llevó a realizar un Master en Fisiología y Biotecnología en la Universidad de California-Davis. Si no fuera por esas cosas mundanas de la vida y contradiciendo todo su amplio currículum, que lo deja al descubierto como doctor de la facultad de Ciencias Exactas y como especialista en manejo poscosecha de frutas y hortalizas, de la facultad de Agronomía de la Universidad Nacional de Rosario, nadie le creería cuando dice que «se me pudren las frutas en la heladera».

Recorrer el currículum de Ariel demanda tener paciencia y pasar hoja tras hoja. Su primer reconocimiento fue en 1999 cuando recibió el premio Joaquín V González a los mejores egresados de la Universidad Nacional de La Plata otorgado por la Municipalidad de la Ciudad. 9,15, delata su analítico. «En el último año de la secundaria, en el Nacional, confirmé que mi vocación tenía que ver con esto. Me encantaba la biología. Primero pensé en estudiar bioingeniería, pero como sólo se dicta en Entre Ríos, opté por quedarme a estudiar en mi ciudad», explica Ariel, investigador adjunto de CONICET y jefe de trabajos prácticos de análisis químico de la facultad de Cs. Agrarias y Forestales de la UNLP.

Cuando llegó la posibilidad de la beca, Ariel todavía jugaba al fútbol para el equipo de los solteros. Los primeros seis meses de su estadía en Estados Unidos fue sin pareja. Para que su novia y actual esposa, Victoria Zabala, lo acompañe, regresó al país y dio el sí. «Ella es ingeniera química. Trabajábamos laboratorio de por medio -cuenta-. Son muchas las horas que uno le dedica a esto, es muy bueno que tu pareja entienda y comparta. Eso ayuda y hace todo más fácil». Para Ariel, la experiencia de probar en otro país «es fundamental. Contás con recursos que, a lo mejor, acá nunca los vas a tener», explica el responsable de armar, cada noche, los tapper con la comida del almuerzo de la pareja.

Ariel se reconoce familiero y paseador. Le gustan las salidas al aire libre y confiesa que no va mucho a la cancha. Es tímido y se lo nota callado. «Sé que muchos cuando les digo que soy investigador me miran raro, todavía predomina la idea del científico loco de guardapolvo blanco», remata. A la hora de hablar de los ingresos, dice que mejoraron pero que en el ámbito privado ganaría mucho más. Cuando compara con colegas del mundo, cuenta que una amiga y colega suya, en Estados Unidos, gana ocho veces más. «Hay que pelearla, no queda otra -asegura-. La calidad de los investigadores argentinos es excelente. Gozan de muy buen nivel y prestigio, pero si tengo que decir qué me resulta más difícil, respondo, sin dudarlo, ser papá».

http://www.eldia.com.ar/edis/20090524/revistadomingo0.htm

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El Instituto Malbrán será referente regional para estudiar el papilomavirus

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El Instituto Malbrán será referente regional para estudiar el papilomavirus

Posted on 23 mayo 2009 by hj

La OMS designó al instituto porteño centro de una red sudamericana de laboratorios. El HPV, causante del cáncer de cuello de útero

El Malbrán será referente regional para estudiar el papilomavirus

Alejandra Picconi, Jorge Basiletti y Mariel Correa, investigadores del Instituto Malbrán Foto:LA NACION / Emiliano Lasalvia

Daniel Arias
Para LA NACION

No es buena noticia que en América latina se diagnostiquen 95.000 casos por año de cáncer de cuello de útero (causados por el papilomavirus, HPV), con un saldo 40.000 muertes. Sí lo es que la Organización Mundial de la Salud (OMS) haya designado el Instituto Malbrán de Buenos Aires como el nodo central de una futura red sudamericana de laboratorios. Estos harán vigilancia virológica, tipificando y mapeando los muchos tipos de HPV que circulan por la región.
A esta misión alguna vez se asociará otra de tradición en la OMS: introducir las nuevas vacunas disponibles contra este agente viral cuando bajen de sus siderales precios actuales, que por hoy imposibilitan su uso masivo.
«¿Por qué la OMS eligió el Servicio de Virus Oncogénicos del Malbrán? Por dos causas -dice la doctora Alejandra Picconi, jefa del área-. Desde que este tema lo inauguró la doctora Angélica Teyssié, ya tenemos más de 30 años de experiencia en HPV y estamos formando la tercera generación de investigadores. Pero, sobre todo, pudimos construir la única red nacional de laboratorios de HPV de toda América latina.»
Como laboratorio regional de referencia, el Malbrán se volverá el centro de capacitación al que viajarán especialistas elegidos: ya hay candidatos de Uruguay, Chile, Paraguay, Brasil, Bolivia, Venezuela, Colombia y Cuba. De regreso a sus patrias, los nuevos expertos deberán abrir sus propios nodos dentro de la red, para ir extendiéndola «país adentro». En materia de conocimiento, esto nivelará a los países de la región y permitirá ir definiendo el mapa de los tipos virales y la carga de enfermedad. Sin esta herramienta, acertar con las políticas sanitarias es como dar palos de ciego.
Habrá otros rebotes positivos de este nuevo rol. Ahora nuestro país deberá sí o sí extender y completar su propia red nacional de laboratorios de HPV (que ya reúne a 12 provincias, pero faltan 10, entre ellas la de Buenos Aires). Esa organización fue construida muy contra viento y marea y -como se dijo- por ahora es la única en América latina.
Otro será extender y mejorar los sistemas de diagnóstico. Casi todos los HPV son relativamente inofensivos, pero hasta el momento se identificaron doce tipos que no lo son. Llamados «de alto riesgo oncogénico», pueden producir infecciones persistentes que conduzcan al cáncer y se identifican con los números: 16, 18, 31, 33, 35, 39, 45, 51, 52, 56, 58 y 59. La mayor parte de los cánceres de cuello de útero en el mundo son causados por los HPV 16 y 18, cuyas «ventajas competitivas» sobre los demás los han desparramado sobre toda la geografía habitada por el ser humano.
Lo cierto es que en un área caracterizada por la emigración interna de grandes contingentes humanos a las urbes, capaz de diseminar tipos virales frecuentes, y la existencia de población rural aislada capaz de concentrar aquellos relativamente raros, mientras no se tenga el «mapa de detalle» (lo que se conoce como «epidemiología molecular») que muestre cuáles HPV contaminan la región, dónde están y cómo se mueven, la Argentina y América del Sur en general nunca sabrán dónde están paradas.
Diagnóstico
«En los años 80, todavía había médicos que negaban la más mínima conexión entre el HPV y el cáncer de cuello de útero», recuerda la doctora Angélica Teyssié, hoy jubilada pero hiperactiva en la Asociación Cooperadora del Malbrán. Desde 1997, los estudios epidemiológicos de la colombiana Nubia Muñoz Calero (en los que estuvo el Malbrán) establecieron que al menos el 97% de los casos se deben a HPV, y desde entonces logró establecer una relación causa-efecto de prácticamente el 100%. Muy desde otro ángulo, los estudios moleculares que lograron detectar genes del HPV en muestras de tejido de cáncer de cuello de útero le hicieron ganar el premio Nobel de 2008 al alemán Harald zur Hausen.
En suma, fue muy poco tiempo el que tuvo la comunidad médica para «desayunarse» con que el HPV es una pandemia que tal vez nos viene persiguiendo desde que surgimos como especie, un silencioso desastre global cotidiano que rara vez sale en los diarios. Sin vacunas baratas por ahora, la única carta por jugar es extender y mejorar el diagnóstico precoz.
Con tanta población femenina en edad de riesgo que jamás se ha hecho un Papanicolaou, lo de extender está claro, pero? ¿por qué mejorar? Contesta Picconi: «El PAP detecta células morfológicamente anómalas según la habilidad y el ojo del patólogo. En su medio siglo de existencia, salvó millones de vidas. Pero hoy hay técnicas de biología molecular que te dicen si hay o no HPV, y además de qué tipo, en cualquier muestra de células cervicales. Esto te permite identificar y tratar a tiempo lesiones previas al cáncer, pero además evita el sobrediagnóstico, con su carga de tratamientos drásticos injustificados, caros en plata y también en perjuicios físicos y emocionales para las mujeres».

http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1130425

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Botan remolcador de barcazas construido en Tandanor

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Botan remolcador de barcazas construido en Tandanor

Posted on 23 mayo 2009 by hj

Es la unidad más moderna y de mayor potencia de Sudamérica que demandó una inversión de u$s8 millones. Forma parte de un emprendimiento global de u$s200 millones 

El remolcador de empuje -bautizado «Zonda 1»- fue construido por encargo de la empresa naviera Ultrapetrol, con tecnología y proyectos nacionales. La embarcación estará destinada para el empuje de barcazas en los ríos Paraná, Paraguay, Uruguay y Río de la Plata.

De la ceremonia de Bautismo, participaron el secretario de Industria, Fernando Fraguío; el jefe de la Armada, Jorge Godoy, el presidente de Tandanor, Mario Fadeel, y el titular de Ultrapetrol, Felipe Menéndez Ross, entre otras autoridades.

Menéndez Ross dijo que «este remolcador es el eslabón de un proyecto que demandará una inversión total de u$s200 M y que culminará próximamente con la inauguración de un nuevo astillero para la construcción de barcazas en la provincia de Santa Fe».

El empresario naviero, en diálogo con Télam, subrayó que la inversión comprende «también la construcción a partir de agosto de 54 barcazas fluviales a un ritmo de una por semana».

Características técnicas
El nuevo astillero será el más moderno de su tipo en el mundo, cuenta con la más alta tecnología y con una capacidad de producir una barcaza fluvial de 2.500 toneladas por semana.

Por su parte, el presidente de Tandanor, afirmó que la construcción del Zonda 1 fue posible porque «existe un Estado comprometido con la industria nacional y un sector privado dispuesto a apostar e invertir en la Argentina«.

«Ese Estado comprometido con la industria nacional desde el 2003 a la fecha está ratificado en obras y también en este caso en símbolos con la puesta en marcha de Tandanor», agregó Fadeel. El Zonda 1 cuenta con capacidad para traccionar trenes de cuarenta y dos barcazas y puede arrastrar hasta 60 mil toneladas.

De bandera argentina, el remolcador posee una eslora total de más de 50 metros, manga de 16 metros, un calado de 2,90 y con una potencia de 8.200 caballos de fuerza. Es propulsado por tres hélices de paso fijo en tobera, accionadas cada una de ellas por un motor diesel de tipo semi rápido, a través de tres líneas de ejes en tanto, que los motores están preparados para operar con combustible pesado.
 

Fuente: Télam

http://www.infobae.com/contenidos/450165-100899-0-Botan-remolcador-barcazas-construido-Tandanor

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Ya se aplica en Argentina la novedosa terapia ABR para las lesiones cerebrales que da buenos resultados?

Posted on 23 mayo 2009 by hj

La terapia ABR (Advanced Biomechanical Rehabilitation) para personas con lesiones cerebrales fue creada por Leonid Blyum, un especialista ruso. Hace pocos años comenzó a realizarse en Argentina. Ya son más de 70 las familias que la aplican a sus hijos con buenos resultados; entre otros, mejoran la respiración, el sueño y la deglución. Nora Pellejero, abuela de un niño con este problema, fue quien conoció la terapia por internet y la trajo a Rosario.

«ABR es un método manual basado en principios biomecánicos que se aplica sobre el cuerpo del niño. Se comienza por el cuello y tronco para luego seguir con los brazos y piernas. Esta rehabilitación brinda gradualmente cambios en la estructura mecánica y eléctrica del músculo, permitiendo un espontáneo desarrollo de las funciones motoras», explica Pellejero. Los masajes se hacen con las manos y también se ayudan con máquinas.

Son los padres quienes aplican el método manual en sus hijos y suelen pedir ayuda a otros familiares y a kinesiólogos entrenados en esta terapéutica. El mínimo de tiempo sugerido para la terapia son 3 horas diarias.

Pellejero aplica la terapia a su nieto Marcos que tiene 12 años y está muy conforme con los resultados obtenidos. «Tenía los puños cerrados y logró abrirlos, puede cerrar bien la boca, masticar, soplar y tocar la flauta», cuenta la abuela.

Fue el 10 de enero del 2006 cuando en Rosario un grupo de 15 familias con hijos con lesión cerebral se unieron en un proyecto común: iniciar un camino hacia la esperanza. Tenían la necesidad de buscar algo diferente. Probaron con ABR y se entusiasmaron con los cambios obtenidos.

«Una familia de Las Rosas llegó con un niño que no podía respirar, se ahogaba con su propia flema. Las internaciones y las neumonías constantes tenían a sus padres desesperados. Hoy es un niño diferente, pasó todo el año sin enfermarse, respira correctamente, no se ahoga, no más flemas», cuenta Pellejero.

Entrenamiento. El creador de la terapia vive en Europa y va a Montreal (Canadá) dos veces al año para preparar a entrenadores en el método, quienes son los encargados luego de enseñárselo a los padres para que lo apliquen en los chicos en el hogar.

Los entrenadores de ABR de la oficina ubicada en Montreal viajan dos veces al año a Rosario y Buenos Aires para preparar a los padres. Este año vienen a la ciudad a principios de septiembre.

Según contó Pellejero algunas obras sociales están empezando a cubrir este tratamiento y es el deseo de muchas familias conseguir la cobertura.

Para más información contactarse con Pellejero, quien coordina a las familias que se suman a ABR en Rosario, al e-mail: [email protected]

Expansión del método

La terapia ABR para las lesiones cerebrales no está muy difundida en Rosario. Los padres de chicos con esta alteración la conocen a través del boca a boca. En el exterior y en Argentina hay clínicas satelitales: se arman cuando viajan los entrenadores en el método. Hay clínicas en Bollingbrook (Illunois), Hollywood (Florida), Norwalk (Connecticut), San José y San Diego (California), Cancún (México), Pleno (Texas), Buenos Aires y Rosario (Argentina).

http://www.lacapital.com.ar/ed_salud/2009/5/edicion_30/contenidos/noticia_5051.html

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Investigación / Avances tecnológicos :Harán un sorgo tolerante a la sal

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Investigación / Avances tecnológicos :Harán un sorgo tolerante a la sal

Posted on 23 mayo 2009 by hj

Para desarrollarlo, se fusionaron dos empresas multinacionales que invertirán en la Argentina más de 720.000 dólares, en tres años

Harán un sorgo tolerante a la sale

La semillera multinacional Advanta, con casa matriz en la India, y la empresa de tecnología focalizada en el cuidado del medio ambiente, Arcadia Biosciences, Inc, se asociaron para desarrollar un sorgo tolerante a la sal.

La investigación se realizará en el centro que Advanta tiene en Balcarce, Buenos Aires, y demandará una inversión de 720 mil dólares, según contó a LA NACION, durante su paso por Buenos Aires, el CEO de la firma, V.R. Kaundinya.

La idea es producir un sorgo transgénico con eficiencia de uso de nitrógeno. (NUE, por su sigla en inglés) La empresa explicó que de esa forma se podrán obtener elevados rindes en zonas con alto impacto de sal y a la vez reducir la necesidad de agua dulce.

Los representantes de la firma aseguraron que se trata de una tecnología muy beneficiosa para el medio ambiente. En primer lugar, porque se trataría de una forma de preservar las reservas de agua dulce, cada vez más valorizadas. Pero además, el biocombustible producido con un sorgo modificado con la tecnología NUE, tendría un impacto ambiental significativamente menor que el original.

«Nuestra estrategia propone aumentar la productividad y a la vez los ingresos de los productores que tienen cultivos marginales, como es el sorgo», aseguró el CEO de Advanta.

Los fundamentos

¿Por qué sorgo? Kaundinya dijo que se inclinaron por esa opción, ya que se trata de un cultivo que no requiere una alta inversión, es bastante resistente a las condiciones de sequía y además cada vez hay mayor interés en este cultivo como fuente de energía renovable.

«Creemos en el futuro del sorgo y estamos totalmente comprometidos en lograr que la tecnología juegue un rol más importante para este cultivo. Estamos contentos de estar asociados con Arcadia Biosciences en este esfuerzo», contó el CEO de Advanta.

«Las expectativas que tenemos en la Argentina son muy altas, es un país muy competitivo en agricultura», afirmó Kaundinya. Además, se trata de una apuesta al futuro: «En los próximos años, los alimentos se producirán en América del Sur y volarán a Asia para su consumo», dijo el director de Advanta, cuya casa matriz está en la India.

No es nueva la presencia de Advanta en la Argentina. La empresa está en el país hace 30 años, donde constituyeron el brazo semillero de la compañía en el continente. En ese momento lo único que comercializaba la empresa era girasol.

Justamente, en torno a ese cultivo, se desarrollaron las primeras investigaciones de la empresa en el centro de desarrollo que tiene en Balcarce.

Según explicó Kaundinya, hace más de diez años que la empresa está trabajando en una nueva tecnología para cambiar el perfil de ácido graso del girasol y obtener una grasa natural, sólida a temperatura ambiente. Se trataría de un producto «más saludable porque no contiene grasas trans», dijo Kaundinya.

Todavía no está listo para ser comercializado, pero el CEO de Advanta aseguró que «se trata de una gran oportunidad» ya que «no hay otra grasa vegetal, natural, en el mundo.»

Advanta también tiene en el país tres programas de mejoramiento a escala completa. Es decir, producen semillas con genética adaptada a los mercados de destino. De esta forma exportan semillas de girasol, sorgo y maíz a Tailandia, India, Ucrania, Rusia y China.

Por Mercedes Manfroni
LA NACION

http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1131006

 

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DANIEL PAZ & RUDY | Página 12

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