Recuperar bosques incendiados, una silenciosa gestión de Estado
En una semana el fuego arrasó 6 mil hectáras de bosques nativos entre Esquel y Trevelín, Chubut. Fue hace tres años. Desde entonces un equipo de biólogas de CIEFAP/Conicet trabaja en la recuperación de especies. Las mismas semillas de lengas, cipreses y maitenes se mutan en plantines para resembrar.
El desolador paisaje de 6 mil hectáreas de ancestrales bosques nativos consumidas por el fuego hace tres años se ha ido mutando en una esperanzadora recuperación de especies forestales que un equipo de biólogas del Centro de Investigación y Extensión Forestal Patagónico /Conicet realiza pacientemente desde que se controlaron las llamas.
Cipreses, lengas y miles de especies nativas habían desaparecido en febrero de 2008 como consecuencia del incendio extremo a razón de 40 metros por minuto, y desde entonces tres científicas trabajan codo a codo con productores para recuperarlas. Van al campo de la laguna con un terraplén, colocan redes en el bosque de lengas que no fue destruido por el incendio y así juntan semillas para sembrar en las zonas afectadas.
La lenga, que había sido una de las más afectadas, constituyó una de las prioridades en el trabajo de investigación, y al cabo del proceso de laboratorio y resiembra, han sobrevivido las tres cuartas partes de los implantes
Y ya se advierte el mejoramiento que hubo en el suelo, principalmente por la recuperación de las especies nativas, herbáceas y arbustivas.
Las científicas destacan que a los dos años había casi 30 cubriendo el suelo, pero después, con la experiencia del ciprés y maitén también, se registraron muy buenos resultados en lo que hace a la supervivencia de los plantines que están en la superficie.
Ahora, con la respuesta de la primera etapa a la vista, se llegó a la instancia de planificación. En función de la recuperación, se pudieron zonificar las áreas prioritarias para paisaje, producción y para distintas actividades que se puedan hacer, lo mismo que para la restauración activa, porque si de algo se tiene la certeza es de que el bosque solo no va a volver y requerirá planificarlo.
Para organizar la investigación se dividió el área afectada en tres zonas: dos de bosque de lenga y una de ciprés.
Ello es porque las especies arbóreas nativas no rebrotan, como sí las arbustivas, como la laura, el chacal, el radal, o el nire.
Como esta zona había tenido incendios anteriores y se le introdujeron especies, que ahora se volvieron a quemar, el proyecto se orientó a volver al ecosistema que había previamente, que era ciprés de la cordillera acompañado con maitén.
Trasplantes
María Florencia Oyharcaba, ingeniera forestal de CIEFAP, explicó a Científicos Industria Argentina, que conduce Adrián Paenza por la televisión pública, que para extraer semillas en el área no afectada por el incendio, «colocamos las piedras a la red para que con el viento se evite la fuga del material, y así cada 15 días podemos recolectarlo y llevarlo al laboratorio para hacer los análisis de calidad y luego sembrarlo en almácigos».
Después de la cosecha de semillas que se hace por lo general en otoño se almacena la semilla en una heladera en condiciones adecuadas para que mantenga la viabilidad, de modo que luego se pueda estratificarla. Es un proceso mediante el cual primero se humedecen las semillas para colocarlas en la heladera durante un tiempo asociado a las especies, como por ejemplo, en el ciprés es de 60 días, igual que en la lenga. Y se las siembra en la primavera temprana.
En el vivero se cultivan especies del bosque andino patagónico, como el ciprés de la cordillera, la lenga, y el cohihue. También arbustos que se usan mucho para restaurar áreas degradadas.
Una vez listo el sutrato, se preparan bien los surcos con la profundidad ya determinada para la siembra de la semilla. Después se tapan con la misma tierra y así el sustrato se asienta, con lo que queda todo listo para la germinación en unos 20 días.
La etapa de crecimiento de los plantines es de casi un año, cumplido el cual se trasvasan a envases plásticos, en sustrato también de arena volcánica y hierba.
Una vez que se replican las plantas en el invernáculo luego del año se las trae a la zona exterior del vivero, donde pueden estar uno o dos años, dependiendo de la especie. Por ejemplo, el ciprés permanece dos años afuera y se lo lleva a plantar con tres años.
Parte de los estudios que se están efectuando actualmente consisten en ver cómo responden los plantines en el campo. Se los cubrió con protectores amarillos que los aisla del clima, de la radiación solar directa y del viento.
Otra forma clásica de cobertura se llama de chapa croma, que es sólo para el posible ataque de las liebres, que en la región se cuenta como un daño bastante importante.
El proyecto
El siniestro fue considerado extremo por el combustible que se quemó (al pasto, árboles y arbustos) como consecuencia de una sequía que venía desde el 2007 y se arrastró hasta el 2008, además de ciertas condiciones climáticas que lo transformaron en un incendio de proporciones, con mucho calor y mucho viento.
María Florencia Urretavizcaya, bióloga CIEFAP/Conicet, Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco, cuenta que «cuando estaban todavía apagando el fuego, nos pidieron a los que trabajamos en la determinación de los incendios que hiciéramos una evaluación de lo que se había quemado, y ahí elaboramos un mapa de la vegetación afectada, donde pudimos determinar que habían sido interesadas casi 6 mil hectáreas, de las cuales la mayoría era bosque nativo: de lenga en las altas cumbres, y de ciprés, nires, pastizales, arbustrales y una pequeña proporción de plantaciones de pinos hacia abajo».
Se hizo un relevamiento de las pérdidas que tuvieron los productores y surgió una propuesta de cómo empezar a trabajar, así como las recomendaciones a tener en cuenta para el manejo de los pastos quemados y la restauración. Y para el caso de que no fueran naturales, las técnicas que ayudarían a realizarla.
El informe sobre el incendio fue presentado a los afectados y a la comunidad en general, además de los funcionarios de las provincias, que estuvieron de acuerdo y apoyaron.
Aunque la principal preocupación de los puesteros eran los animales, trabajaron arduamente en la recuperación del bosque nativo.
Fuente: Sala de Prensa
http://www.prensa.argentina.ar/2011/07/03/21259-recuperar-bosques-incendiados-una-silenciosa-gestion-de-estado.php





