El rector de la Universidad Nacional del Chaco Austral (UNCAus), Dr. Germán Oestmann, en declaraciones a Radio Facundo Quiroga brindó detalles respecto del repelente a bajo costo creado por la casa de altos estudios para contrarrestar la propagación del Dengue.
Oestann comentó que se está trabajando con la carrera de farmacia para la producción de 2000 repelentes por semana. Cada recipiente contiene 200 cc del aeorosol que tiene una durabilidad de 6 a 8 horas por cada aplicación y cumple con las normativas vigentes.
La UNCAus prevé ampliar el sistema de producción para poder abastecer a toda la provincia y mantener un stock en caso de que sea necesario.
Samanta Schweblin y Gabriela Cabezón Cámara figuran entre los 13 finalistas del prestigioso galardón que se otorga a libros de narrativa traducidos al inglés. En la lista figuran nada menos que Michel Houellebecq y Enrique Vila Matas.
En el último tiempo diversas escritoras argentinas han recibido importantes premios internacionales. Y los reconocimientos siguen. Esta vez, Samanta Schweblin figura en la lista de finalistas para recibir el Internacional Booker Prize 2020 por Kentukis, mientras que Gabriela Cabezón Cámara lo hace por Las aventuras de la China Iron. Se trata del galardón más prestigioso con el que se distingue a libros traducidos al inglés.
De las trece novelas que figuran en la “lista grande”, cuatro están escritas en castellano. Además de las autoras mencionadas que escriben en esa lengua, figuran el español Enrique Vila-Matas y la mexicana Fernanda Melchor. Esta lista se reducirá en el mes de abril y a partir de la nueva lista corta, en junio finalmente se dirimirá cuál es la novela ganadora.
Curiosamente, esta es la tercera vez que Schweblin figura entre los finalistas del premio.
El Booker Prize es anual y se otorga a un solo libro, ya sea novela o cuento, traducido al inglés. Está dotado de £ 50,000 que se reparten entre el autor y el traductor. Pero cada seleccionado recibe £ 1000.
Las aventuras de la China Iron generó una reacción muy positiva en Argentina en el momento de su aparición. Es una suerte de reescritura del Martín Fierro en clave feminista. El humor es en él una cualidad distintiva.
En Kentukis, la autora crea una mascota del futuro con apariencia de peluche que está destinada a reemplazar a las mascotas tradicionales. Se trata de una original forma de crítica a la sociedad actual atravesada por la tecnología.
Ambas obras fueron muy elogiadas tanto por la crítica nacional como por la extranjera antes de ser preseleccionadas para el International Booker Prize.
El biólogo del CONICET Pablo Moroni fue galardonado con el premio Augustin-Pyramus de Candolle en su edición 2020. El reconocimiento se entrega cada cuatro años a jóvenes científicos con carreras prometedoras en Botánica.
Pablo Moroni
Pablo Moroni, becario del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) en el Instituto de Botánica Darwinion (IBODA, CONICET-ANCEFN) fue galardonado con el premio Augustin- Pyramus de Candolle, otorgado por La Sociedad de Física e Historia Natural de Ginebra (SPHN, por sus siglas en francés) en su edición 2020.
Se trata de un reconocimiento internacional a la calidad del trabajo y la competencia del galardonado investigador. El premio, que se entrega cada cuatro años desde 1841, tiene por objetivo fomentar la publicación de monografías en taxonomía vegetal. Este año, el comité evaluador, compuesto por notables de esta rama científica, enfrentó la difícil tarea de seleccionar al científico argentino de entre numerosas postulaciones de diferentes partes del globo.
La investigación que convirtió a Moroni en merecedor de tan alto reconocimiento versa sobre la taxonomía y la sistemática del género neotropical Duranta L., el cual se encuentra distribuido exclusivamente en el continente americano. “Duranta comprende 31 especies de arbustos y pequeños árboles caracterizados por poseer frutos drupáceos con el cáliz acrescente, lo que otorga a las plantas un grácil y distinguido aspecto cuando fructifican” explica el científico.
Sobre su investigación la SPHN expresó: “Su monografía, con los datos de nomenclatura, identificación, claves, descripciones de taxones e ilustraciones, representa, de hecho, un gran paso para comprender todos los aspectos del género Duranta”. Cabe destacar que con anterioridad al trabajo presentado por Moroni, no existe un trabajo taxonómico integral para el género.
El honor que distinguió a Moroni como “el joven botánico más prometedor” llega incluso antes de obtener su título de doctorado en ciencias biológicas, lo que constituye según la SPHN un “aspecto impresionante digno de reconocimiento”.
Por su parte, Moroni se mostró sorprendido: “sabía que la investigación era completa pero al ser una convocatoria abierta a nivel internacional no pensé realmente que sería seleccionado”.
Pablo Moroni ha participado en publicaciones internacionales sobre la taxonomía y la intrincada nomenclatura de los géneros Bouchea Cham. y Duranta L. (Verbenaceae), así como en la elaboración de los tratamientos taxonómicos de diversos géneros de Lamiaceae y Plantaginaceae en el marco del proyecto Flora Argentina.
Los hermanos Francisco y Patricio Norris crearon una máscara para vacas que reduce drásticamente las emisiones de gas metano producidas por el eructo del animal. El invento podría revolucionar la actividad ganadera, reconciliándola con los movimientos ambientalistas, ya que el metano es uno de los principales gases de efecto invernadero.
el gas metano emitido por las vacas es uno de los principales gases de efecto invernadero
La empresa se llama ZELP y está radicada en Inglaterra. Pertenece a los hermanos argentinos Francisco y Patricio Norris quienes inventaron una máscara que reduce las emisiones de gas metano producidas por el eructo de las vacas.
El dispositivo retiene el 90% del metano del eructo de las vacas y lo transforma en vapor de agua y dióxido de carbono
La creación podría ser revolucionaria y de alto impacto en la actividad ganadera y el medio ambiente, ya que el gas metano emitido por las vacas es uno de los principales gases de efecto invernadero.
Los fabricantes del dispositivo detallan que el mismo retiene el 90% del metano emanado en el eructo de las vacas y lo transforma en vapor de agua y dióxido de carbono, reduciendo el impacto del metano en el calentamiento global en hasta 85 veces.
El invento apunta a bajar drásticamente la incidencia de la actividad ganadera en el calentamiento global
Zelp se presenta como una empresa “dedicada a reducir significativamente el impacto ambiental de la industria ganadera”, al tiempo que señalan que la concientización respecto a la incidencia de la actividad ganadera en el calentamiento global está impulsando a los consumidores a buscar alternativas a la carne que sean más amigables con el medio ambiente.
La máscara cuenta con geolocalizador para rastrear a los animales y recopila importantes datos sobre los mismos, los cuales pueden ser recopilados y analizados de manera remota.
La visión de la empresa es un mundo en el que “los consumidores estén empoderados y sean capaces de elegir productos de carne y lácteos responsables con el medio ambiente”. El consumo sustentable, al que alude la empresa, es una tendencia creciente alrededor del mundo.
El dispositivo creado por los hermanos Norris capta el gas emitido por la boca de los animales
El dispositivo, además, cuenta con geolocalizador para rastrear a los animales y recopila importantes datos sobre el metano emitido por los mismos, con los cuales se pueden realizar desde diagnósticos precoces de enfermedades hasta detectar los días en que el animal está en celo, lo cual es clave para maximizar el ordeño. Todos los datos recopilados se pueden analizar de manera remota.
El dispositivo creado por los hermanos Norris capta el gas emitido por la boca de los animales. Sin embargo, otra parte importante del metano proviene de las heces y gases de las vacas.
La empresa Zelp espera tener el dispositivo a la venta en nuestro país a fines de 2021
Al cirujano pediátrico Ignacio Lugones, la muerte de un pequeño paciente lo llevó a concretar, después de tres años de investigaciones, un sustituto de válvula aórtica en casos de insuficiencia o esquenosis, que hasta entonces no tenía solución en los más chicos. Y para hacer más exitoso su invento, consiguió hacerlas a partir de moldes 3D -que las crea con exactitud milimétrica- mediante el asesoramiento de BA Laboratorio Tecnológico de la ciudad de Buenos Aires, que trabaja en forma gratuita en la aplicación de soluciones en impresiones tridimensionales
“Hace unos años tuve un pacientito que murió antes de crecer lo suficiente para que lo pudiéramos operar de una falla en la válvula aórtica. Es tremendo ver a un chico deteriorándose y no poder hacer nada. Entonces me dije que tenía que encontrar una solución”, cuenta el doctor Ignacio Lugones (42), cirujano cardiovascular pediátrico del Hospital General de Niños Dr. Pedro de Elizalde. Esta es la historia de cómo lo logró. Y es épica.
Cuesta creer que un tejido humano parecido a un símbolo de paz haya sido, durante años, el causante del sufrimiento de muchos niños. La válvula aórtica, explica Lugones, “es una estructura con tres compuertas que se abren y cierran por las diferencias de presión: la sangre sale y la válvula se cierra para que no pueda volver hacia atrás. Cuando se enferma, produce esquenosis o insuficiencia. Entonces, hay que cambiarla”.
El cirujano pediátrico Ignacio Lugones (Gentileza de Hernán Lattanzio, Neurona BA)
En los adultos hay opciones. Se le saca a un chancho y se usa su pericardio (la “bolsita” que cubre el corazón) para hacerla, o se hace de titanio. En el primer caso, con los años hay que reemplazarla. En el segundo, el paciente debe tomar un anticoagulante de por vida. El problema, el drama mejor dicho, es que con niños esas opciones no funcionan.
“No hay válvulas disponibles para chicos -explica Lugones-. Por su rápido crecimiento, deberíamos ponerle una por año. Y la más pequeña de metal viene de 17 milimetros, hay que esperar mucho tiempo hasta que el niño crezca. Y a veces no hay tanto tiempo. Por eso se nos ocurrió hacer una que funcione para ellos”.
El plural, el “se nos ocurrió”, incluye al otro héroe de esta historia: su hermano Germán, que es físico. “Hicimos un diseño geométrico. Tratamos de imitar a la naturaleza. Durante seis meses hicimos cálculos, logramos entender la estructura desde la teoría. Y después empezamos a diseñarla en forma tridimensional, en una computadora”.
Moldes para válvulas aórticas hechos con tecnología 3D en el BA Laboratorio Tecnológico de la ciudad de Buenos Aires.
Se podrían ignorar los nombres de los protagonistas, este texto podría estar escrito en caracteres chinos, e igual la descripción del paso siguiente nos ubicaría sin dudas en la Argentina. “Hicimos una primera prueba de concepto, bien casera: agarramos un rollo de papel higiénico, unos guantecitos de látex, los cortamos con la forma de la válvula, los anclamos en un lugar exacto del interior del rollito, y los testeamos con polenta… ¡y mantenía la polenta adentro, no caía!”, cuenta.
Los peldaños siguientes incluyeron pruebas con animales, a quienes operaron con éxito. Todo eso llevó tres años de desarrollo. Y, finalmente, la presentación en sociedad. “Llevamos los resultados a un congreso, y a la gente de la Universidad de Aarhus, de Dinamarca, le interesó mucho. Me invitaron a trabajar allá. Empecé a viajar e hicimos testeos in vitro: fabricamos la válvula y la pusimos en una máquina que emula a un corazón. Funcionó perfecta”, dice feliz. Hicieron 30 válvulas para probar que todo saliera bien. Pero aún faltaba lo más importante: usarlas en la pequeña aorta de un niño.
Y un día, Lugones fue puesto a prueba.
Gabriel Branduse, uno de los pequeños pacientes del doctor Lugones.
Luminisa Branduse tiene 28 años, es rumana, vino a la Argentina hace 15 con su familia, trabaja en un local de celulares y vive en Villa Domínico, partido de Avellaneda. Tiene tres hijos. El mayor, Gabriel, tiene 9 años. Su papá, también rumano, se fue cuando Luminisa estaba embarazada. Por eso lleva el apellido de la madre. Nació en el hospital Penna, y le detectaron una insuficiencia cardíaca. A los cinco días lo trasladaron a la Casa Cuna y le practicaron un cateterismo. Hasta el año pasado, llevó el problema como pudo. Pero un día, a Luminisa le dijeron que la vida de su hijo tenía una sola posibilidad de continuar. “Se agitaba mucho, se ponía como morado y transpiraba mucho al dormir. Me preocupaba”, cuenta.
En su camino se cruzó Lugones.
“Hace un año y medio llegó un paciente que no podía ni subir un piso por la escalera. Hablamos con la familia, le explicamos el método, y construimos la válvula con el propio pericardio del niño. Estuvo un día y medio en terapia intensiva, y a los cinco días se fue a la casa. Un año y medio después estaba jugando al fútbol. Recuerdo la fecha: 6 de agosto de 2018”, cuenta el cirujano.
Luminisa Branduse y su hijo Gabriel. Después de la operación, dice la madre, le cambió la vida.
La mamá de Gabriel nunca le dejará de agradecerle: “Le hicieron la cirugía y fue todo un éxito gracias a Dios. Le cambió totalmente la vida. Está mucho mejor, más aliviado. Está más alto, come mejor, respira mejor, ya no transpira, sale a correr. Es el más terremoto de toda la cuadra, jaja… Hace una vida normal. Antes, en la escuela no aprendía bien, ahora anda mejor. Está más vivo, jaja…”
Pero Lugones no se quedó ahí. El método se fue perfeccionando. Y apareció el jugador que faltaba para cerrar un círculo más perfecto: el Estado.
El BA Laboratorio Tecnológico es el primer espacio integral de fabricación digital y desarrollo de estas características de la Ciudad. Además, es gratuito. En su sede del Centro Metropolitano de Diseño, en Barracas, de lunes a viernes de 10 a 18, se pueden encontrar desde prótesis dentales, dispositivos de lectura Braille, juguetes, piezas de jardinería… y los moldes para las válvulas aórticas de Lugones.
El BA Laboratorio Tecnológico es de uso gratuito para quienes tengan una buena idea y necesiten contar con esta tecnología.
Lorena Horowicz, quien coordina el BA Laboratorio Tecnológico, contó que “El servicio que brindamos es de asesoramiento integral en materialización de las ideas, dentro del cual está la tecnología de impresión en 3D”.
En el Laboratorio, los expertos ayudaron a Lugones a optimizar el desarrollo del molde, a diseñarlo y le recomendaron usar el ácido poliláctico para confeccionarlo, un material amigable con el medio ambiente y esterilizable.
“La válvula se construye con el propio tejido del individuo, lo que imprimimos en 3D son moldes con marcadores para la colocación de las suturas y la triple corona donde va colocada. Es una herramienta vital. Fue una experiencia fantástica. El futuro de muchos de los aspectos médicos pasa por el diseño 3D”, contó el cirujano.
El proceso de diseño de las válvulas.
El año pasado, entre 479 proyectos, con esta técnica ganó el primer premio en el programa INCUBATE, que instauró el gobierno de la ciudad de Buenos Aires. Eso le permitió obtener subsidios y lanzar una start up. Hoy, Lugones quiere que su creación llegue a todo el mundo: “Esta técnica quirúrgica necesita inversión para que se pueda usar a nivel global. De otro modo, siempre dependería sólo de lo que pueda hacer yo. Así que le idea es crear moldes y dispositivos para que esto se extienda a los demás países. Nuestro sueño es que ningún chico más se muera por una valvulopatía aórtica”.
Lugones ya operó a diez pacientes con esta técnica. Chicos que ya no dependen de un milagro. Ahora están en manos de la ciencia.
Los 6930 kilometros que separan a Hurlingham de la Antártida Argentina no fueron impedimento para el desarrollo de un proyecto que una vez más deja a la UNAHUR (Universidad Nacional de Hurlingham) a la vanguardia del conocimiento científico nacional.
La casa de altos estudios trabaja en el desarrollo del “Observatorio Robótico Antártico Argentino”, orientado a observar diversos objetos en el cielo nocturno. En las últimas semanas se culminó con la instalación de la base de la cúpula en la base Belgrano II de la Antártida Argentina.
El proyecto liderado por el Dr. Mario Melita, docente de la UNAHUR, está incluido en el Plan Antártico Nacional y en él colabora el Instituto Antártico Argentino y el Instituto de Astronomía y Física del Espacio IAFE(UBA – CONICET). El observatorio tendrá un telescopio con instrumentos necesarios para producir imágenes astronómicas de alta calidad y una infraestructura adecuada para albergarlos frente a las condiciones climáticas extremas.
Se trata de una iniciativa pionera, orientada a realizar observaciones científicas de tipo fotométrico de gran interés para la comunidad astronómica. Para albergar el telescopio se construyó una cúpula que contará con sistema de motorización y automatización realizado por un equipo de la UNAHUR. El observatorio estará apoyado sobre una base de hierro galvanizado, que ya está instalada en el suelo antártico.
“El proyecto significa un aporte sustancial a las actividades científicas y tecnológicas que se realizan en la Antártida en general y sienta un antecedente importante que contribuirá al reclamo de soberanía de la República Argentina sobre ese territorio”, celebraron desde la Universidad de Hurlingham.
La instalación de la base del observatorio fue el primer paso. El próximo será, cuando en la campaña antártica de 2021, se instale la cúpula. Luego, estarán dadas las condiciones para tomar imágenes del espacio.
La importancia de un observatorio robótico en la Antártida
Una de las principales motivaciones es explorar un nicho de investigación donde la Argentina resulta privilegiada por su ubicación geográfica. También es un aporte a la historia de la exploración antártica. Las ventajas de la observación astronómica en esa locación pueden resumirse de la siguiente manera:
El aire es el más claro sobre la tierra, alejado de interferencia humana y libre de la asociada polución lumínica.
La alta latitud geográfica austral permite un monitoreo continuo de las fuentes de interés.
Acceso a un sector del cielo que es observado usualmente a muy altas masas de aire.
El contenido de vapor de agua en la atmósfera es de los más bajos del globo, lo cual reduce la absorción muy notablemente en longitudes de onda que van desde el infrarrojo al submilimétrico.
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