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Presentaron a la científica repatriada 1.000 y a la Investigadora de la Nación 2012

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Presentaron a la científica repatriada 1.000 y a la Investigadora de la Nación 2012

Posted on 07 octubre 2013 by hj

En el acto realizado en Casa de Gobierno también se celebraron los 55 años del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET).

Boudou y Barañao presentaron a la científica repatriada 1.000 y a la Investigadora de la Nación 2012

Verónica Perera, científica repatriada N° 1.000.

 

El vicepresidente de la Nación, Lic. Amado Boudou, junto al ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, Dr. Lino Barañao, presentaron hoy en Casa de Gobierno a la científica repatriada número 1.000, Dra. María Verónica Perera, y entregaron la “Distinción Investigador/a de la Nación Argentina” 2012 a la Dra. Ana Belén Elgoyhen. Participaron del acto, el jefe de Gabinete de Ministros, Dr. Juan Manuel Abal Medina y el presidente de la Honorable Cámara de Diputados, Dr. Julián Domínguez.

Boudou y Barañao presentaron a la científica repatriada 1.000 y a la Investigadora de la Nación 2012

Durante el acto, Boudou destacó que “hemos repatriado a la científica 1.000 y esto es todo un símbolo de los tiempos que vivimos. Así como tomaron la decisión personal de irse, también lo hicieron para volver y esto tiene que ver con el proyecto de país que estamos llevando adelante”. Además resaltó que “los sistemas vinculados con el capital humano, como el científico, no pueden prenderse y apagarse. Nuestros investigadores serán los garantes de que estas políticas sigan adelante”. Finalmente, al referirse a la entrega de la Distinción Investigador/a de la Nación, Boudou aseguró que “nuestros científicos y científicas están viendo reconocido por todo el pueblo argentino al fruto de su esfuerzo”.

La científica repatriada Verónica Perera regresó al país en febrero de este año, tras 14 años de residencia en Nueva York, para incorporarse al equipo de investigadores y docentes de la Universidad Nacional de Avellaneda (UNDAV). Perera retornó a la Argentina en el marco del Programa RAICES (Red de Argentinos Investigadores y Científicos en el Exterior), que depende la Dirección Nacional de Relaciones Internacionales del Ministerio de Ciencia, y tiene como objetivo promover la repatriación y la vinculación de científicos argentinos que residen fuera del país.

En el caso de la Dra. en Bioquímica Ana Belén Elgoyhen, se le hizo entrega de la distinción que reconoce la labor de los profesionales más sobresalientes del sistema científico nacional y el recorrido académico de un científico, por el valor que representa su trabajo para el desarrollo argentino. El Investigador de la Nación se elige entre quienes reciben el Premio Houssay Trayectoria. La distinción es organizada por la cartera de Ciencia, a través del Programa Nacional de Popularización de la Ciencia y la Innovación.

En el marco de este evento se entregaron también los “Premios Houssay”, “Premios Houssay Trayectoria” y el “Premio Jorge Sábato” de 2012, en reconocimiento a la labor de los investigadores que desarrollaron la mayor parte de su labor científica en el país y que contribuyeron a la producción de nuevos conocimientos con impacto social y productivo y con fomento a la formación de recursos humanos. Los galardones otorgados fueron nueve. En el caso de los “Premios Houssay” los recibieron: Santiago Grigera (área física, matemática, ciencias de la computación); Omar Azzaroni (área química, bioquímica, biología molecular); Mariana Maccioni (área ciencias médicas); y Mario Pecheny (área ciencias sociales). Los “Premios Houssay Trayectoria” fueron para: Ricardo Guillermo Durán (área física, matemática, ciencias de la computación); Hugo José Fernando Maccioni (área química, bioquímica, biología molecular); Ana Belén Elgoyhen (área ciencias médicas); y Elizabeth Jelin (área ciencias sociales). Finalmente, se entregó el “Premio Jorge Sábato” a la investigadora Raquel Lía Chan (área química, bioquímica, biología molecular).

Asimismo el vicepresidente entregó al presidente del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), Roberto Salvarezza, una placa conmemorativa por los 55 años del organismo. El CONICET cuenta actualmente con 7.500 investigadores, 2.300 técnicos, 1.100 administrativos y financia el postgrado y postdoctorado de 9.100 estudiantes que realizan sus tesis doctorales en las universidades del país. Se compone de 192 institutos y centros de investigación, 13 Centros Científicos y Tecnológicos, y dos centros multidisciplinarios. Recientemente se crearon seis Centros de Investigaciones y Transferencia. Por su parte, CONICET se encuentra entre las 100 primeras instituciones en cuanto a la producción y calidad de trabajos científicos, de un total de 3.300 en el mundo. Y en este sentido, está posicionada segunda en Latinoamérica y primera en Argentina.

Perfiles de la científica repatriada y la Investigadora de la Nación 2012

María Verónica Perera. Es licenciada en Sociología de la Universidad del Salvador, master en Sociología Económica de la Universidad Nacional de San Martín, master y doctora en Sociología de la New School for Social Research.

Actualmente se desempeña como profesora titular de la asignatura “Memoria, Derechos Humanos y Ciudadanía Cultural” y como docente responsable del curso de posgrado “Activismo, Memoria y Derechos Humanos en Argentina”, en la Universidad Nacional de Avellaneda.

Entre otras premiaciones, fue distinguida con el galardón, The Albert Solomon Memorial Award in Sociology y el SUNY Chancellor 2011 a las Iniciativas de Internacionalización, Programa de Estudios en Buenos Aires: “Activismo social, memoria y derechos humanos”.

Ana Belén Elgoyhen. Es doctora en Bioquímica. Actualmente es investigadora principal del CONICET y profesora adjunta de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires. Dirigió nueve tesis doctorales concluidas y a numerosos becarios e investigadores del CONICET. Cuenta con 64 publicaciones de gran jerarquía y en revistas de alto factor (Cell, Neuron y PLOS Biology). Su producción es relativa a biología de la audición, tanto en sus aspectos básicos como en sus potenciales aplicaciones. Además realizó ocho capítulos de libros, más de 70 reuniones científicas, relatos y conferencias nacionales e internacionales. Tiene cinco patentes. Ha obtenido numerosos subsidios para el grupo que dirige y cuenta con significativo apoyo internacional a su labor científica.

Recibió numerosos premios nacionales e internacionales como por ejemplo H. Hughes Memorial Institute, Guggenheim Memorial Fundation, L´Oréal, Pew Charitable Trusts, Academia Mundial de Ciencias (TWAS). Cumple importantes funciones de gestión a favor de los pacientes hipoacúsicos.

Sus contribuciones a la especialidad de biología de la audición son originales y de trascendencia básica y aplicada. Contribuye activamente en el desarrollo de recursos humanos y tiene destacados aportes tecnológicos.

Fuente: Ministerio de Ciencia

http://www.mincyt.gob.ar/noticias/boudou-y-baranao-presentaron-a-la-cientifica-repatriada-1000-y-a-la-investigadora-de-la-nacion-2012-9369

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Regreso de investigadores mediante el programa Raíces

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Regreso de investigadores mediante el programa Raíces

Posted on 03 mayo 2013 by hj

Alejando Nadra es biólogo de Exactas. A lo largo de su carrera completó su formación con viajes a Río de Janeiro, Roma y Barcelona. Instalado definitivamente en Argentina, cuentas sus experiencias en el exterior y analiza la utilidad del Programa Raíces y la actualidad del sistema científico nacional.

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Alejando Nadra repatriado mediante el programa Raíces. Foto: Diana Martinez Llaser CePro-EXACTAS

 

– ¿En qué año empezaste tu carrera?

– En el segundo cuatrimestre del 94 entré en la Facultad. Me gustaba la ingeniería genética pero como carrera solamente se daba en Misiones. Así que empecé Biología, no del todo convencido, pero después le fui tomando el gusto. Terminé mi licenciatura en marzo de 2001. Yo quería dedicarme a la investigación pero necesitaba ganar una beca y, en ese momento, sólo uno de cada diez postulantes la conseguía. Para ese entonces, la mitad de mi grupo de estudio se había ido al exterior porque era la única alternativa para seguir haciendo ciencia. Finalmente, tuve la suerte de conseguir una beca mixta que me permitía hacer parte de mi tesis acá y parte afuera. Entonces, preparaba las muestras y hacía experimentos complementarios en el Instituto Leloir y luego viajaba al Centro Nacional de Resonancia Magnética Nuclear de Río de Janeiro.

– ¿Cuáles eran tus planes al terminar tu doctorado?

– Terminé en diciembre de 2005. Hacia la mitad de mi doctorado había cambiado Río por Roma porque allí había otro colaborador del grupo que hacía RMN. Entonces, empecé a viajar a Italia por períodos más largos. Ahí me quedó claro que tenía que hacer una experiencia un poco más intensiva en el exterior. Cuando terminé mi tesis conocí a Darío Estrin que fue el director de mi primer posdoc y le dio un gran impulso a mi carrera.

– ¿Cómo elegiste el lugar para viajar?

– En realidad lo eligió mi mujer. Se trataba del Centro de Regulación Genómica de Barcelona. Un lugar de primer nivel internacional fundado por quien había sido el director de su tesis en Alemania. Ella ya tenía una posición garantizada. Yo también apliqué y conseguí trabajo en el mismo instituto. Así que viajamos en enero de 2007 con la idea de quedarnos entre dos y cinco años.

– En cuanto al trabajo científico ¿qué te llamó la atención de los lugares que visitaste?

– Mi experiencia es que la formación que tuve en la Facultad no tiene nada que envidiarle a lo que vi en Río, Roma o Barcelona. Es más, creo que fue mejor. Es cierto que esos países cuentan con muchos fondos pero me parece que acá, que sufrimos por la limitación de recursos, hacemos las cosas mucho más a conciencia. En mi laboratorio de Barcelona, la prioridad era tener resultados y si eso implicaba hacer cosas sin sentido, a veces, había que hacerlas. Por otro lado, allá uno se dedicaba solamente a investigar, el resto lo tenías resuelto. La compra de los insumos, las importaciones, todo era muy rápido. Eso hace que sea mucho más eficiente el trabajo en sí.

– Si bien vos viajaste con otra idea, tenías todo para quedarte ¿Dudaste en algún momento?

– Un poquito (risas). En Barcelona, a pesar de todas las cosas gratas, la escolarización es en catalán y mi hija estaba casi en edad de empezar la primaria. Yo tenía ganas de que se criara acá, con nuestra cultura, cerca de la familia. Y nuestra vuelta, que fue en junio de 2009, se dio justo cuando comenzaba la crisis en Europa.

– ¿Cómo fueron organizando el retorno?

– Como nosotros nos fuimos con la idea de volver, habíamos pedido licencia en nuestros cargos docentes. Por otro lado, en 2006, junto a un grupo de cinco investigadores jóvenes ganamos un concurso de espacios en Química Biológica. Con lo cual yo podía tener un lugarcito en ese laboratorio. Entonces, me presenté al CONICET e ingresé a carrera a principios de 2009. Además, pedí el subsidio del programa Raíces y mi mujer la beca de reinserción. Todo encajó muy bien. Y volvimos con una panza de seis meses.

– ¿Son útiles estas herramientas de reinserción?

– Yo creo que para recaptar gente que ya está muy instalada no son tan efectivas. Pero, para los que se fueron a partir del 2000 o para los que se van recibiendo y deciden hacer un entrenamiento afuera, creo que son absolutamente útiles. Lo cual, a su vez, es bueno para dinamizar el sistema. La gente se va, está unos años afuera y vuelve con novedades.

– ¿Con qué sistema científico te encontraste respecto del que había cuando te fuiste?

– Evidentemente hubo una expansión del sistema científico muy importante, una mejora en el nivel de los salarios y en la valoración de la ciencia y la educación superior. En algún momento nos mandaban a lavar los platos y ahora el presidente habla de ciencia y tiene un ministro de ciencia. Son mundos distintos. En la práctica se ve que hay más becas, más ingresos a carrera, más posibilidades para los investigadores jóvenes de acceder a subsidios pero hay una carencia importante de espacios. La disponibilidad de fondos es mejor pero no hay subsidios grandes a los que uno pueda aplicar y son entre infrecuentes y nulos los subsidios para equipamiento mediano y grande. Eso sigue siendo una limitación. Pero la perspectiva de que uno pueda dedicarse a hacer ciencia y vivir de esto es alentadora.

-¿Pudiste concretar las expectativas con las que volviste?

– Sí, bastante. Actualmente soy JTP en Química Biológica e investigador del CONICET. En este momento estoy buscando mi lugar en el mundo, que tiene que ser un lugar que me guste pero que, al mismo tiempo, me permita sentirme útil y aportar cosas para los demás. Estoy buscando ese nicho.

Fuente:UBA

http://noticias.exactas.uba.ar/nadra-regreso-raices

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Un nuevo científico repatriado en Misiones

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Un nuevo científico repatriado en Misiones

Posted on 01 marzo 2013 by hj

David Brusilovsky es doctor en ciencias y el año pasado, se convirtió en el tercer científico repatriado de la Universidad Nacional de Misiones (UNaM). Hizo su carrera universitaria en Israel y hoy trabaja como investigador en el Instituto de Materiales de Misiones (IMAM) de doble dependencia entre la UNaM y el CONICET.

Nació en Resistencia y en 1979 consiguió una beca para estudiar en el exterior en la Universidad Hebrea de Jerusalén, Israel. Allí, a miles de kilómetros de sus raíces, cursó sus estudios universitarios, y al tiempo, decidió radicarse en el exterior.
Ante la decisión de retornar al país, el programa Red de Argentinos Investigadores y Científicos en el Exterior (RAICES) del MinCyT junto a la convocatoria de repatriación de investigadores en el exterior del CONICET, le posibilitaron los medios para reinsertarse profesionalmente. “Sin dudas por parte de ellos recibí todo el asesoramiento y ayuda requeridos a tal fin”, contó Brusilovsky.
Y luego relató su llegada a la provincia: “Por motivos personales decidí radicarme en Misiones y por lo tanto, encontré en la UNAM el marco de investigación más allegado a mis conocimientos, más precisamente en el Programa de Materiales Modelización y Metrología a cargo del doctor Carlos Schvezov . Al cual planteé mis intenciones y expectativas y quien sin hesitar me brindó todo su apoyo, presentándome ante el decano Fernando Kramer y la doctora Ana Honfi quienes también brindaron toda su ayuda durante mi solicitud de repatriación como investigador”.
Mediante dicha convocatoria, el científico presentó un proyecto de investigación de nanomateriales para baterías de Litio con el cual fue designado como miembro de la Carrera del Investigador Científico y Tecnológico del CONICET.
Vale recordar que el Instituto de Biología Subtropical (IBS), también de doble dependencia con el CONICET, ha incorporado a su plantel científicos repatriados de universidades de Inglaterra (Cambridge) y Estados Unidos (Cornell): los doctores Marcos Miretti (2008) y Julian Ferreras (2010).

CURRICULUM
Brusilovsky realizó sus estudios universitarios en licenciatura en química en 1984 en la Universidad Hebrea de Jerusalén, Israel. Luego en 1986 desarrolló la maestría en ciencias en la misma universidad bajo el titulo “Compuesto de intercalación en grafito con BF3/F2: Preparación y caracterización“ y el doctorado, Ph.D., en el año 1990: “Preparación y Espectroscopia de Materiales Modernos con Propiedades de Saturación Óptica”.
Ha publicado artículos en revistas especializadas con referato a nivel internacional, como también ha registrado numerosas patentes de alta tecnología a nivel mundial.
A su vez, posee una amplia trayectoria profesional en investigación y desarrollo para industrias de alta tecnología en el extranjero:
• Xjet Solar Ltd, Israel. Químico Principal y Líder de equipo Desarrollo de tintas para impresoras a inyección para la deposición de Plata (Ag) en la producción de celdas solares.
• CommonSense Ltd., Caesarea, Israel, Director de Producción y Director de Investigación y Desarrollo. Desarrollo y producción de productos de diagnostico médicos descartables.
• Objet Ltd. Israel, Químico Principal Desarrollo de polímeros para la impresión de prototipos rápidos tridimensionales basados en impresoras a inyección.
• TEVA Pharmaceuticals Ltd, Israel. Director de Laboratorio de Química Analítica Desarrollo de Monografías de Substancias Activas y Medicamentos genéricos de acuerdo a las normas FDA y CE.

Fuente: UNAM

http://www.unam.edu.ar/2012/index.php/949-un-nuevo-cientifico-repatriado-en-misiones

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Regreso de investigadores Argentinos

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Regreso de investigadores Argentinos

Posted on 27 febrero 2013 by hj

Luis Morelli es marplatense y estudió física en el Instituto Balseiro, donde se doctoró en 2001. Viajó primero a Italia y luego a Alemania. Regresó al país en 2007 para volver por dos años a Dresden hasta que decidió radicarse definitivamente en el país. En esta entrevista, repasa las alternativas de su vida profesional y destaca las buenas condiciones que existen para hacer ciencia en Argentina.

Luis Morelli. Foto: Diana Martinez Llaser

 

– ¿Cómo empezaron tus estudios universitarios?

– Yo soy de Mar del Plata. Inicialmente quería estudiar astronomía pero como en Mar del Plata no estaba la carrera, empecé a estudiar física con la idea de cambiarme más adelante. Pero la física me empezó a gustar y decidí dar el ingreso en el Instituto Balseiro y lo aprobé. Obtuve una beca de la CNEA y me fui a Bariloche en el 93. Terminé mi licenciatura en Física en 1996.

– En ese momento ¿qué tenías pensado para tu futuro inmediato?

– Enseguida empecé el doctorado con un grupo de Bariloche. Lo terminé en 2001 y ahí ya tenía decidido viajar a Trieste para hacer un posdoc. La verdad es que en aquel momento el panorama en el país era poco alentador. Además, tenía ganas de hacer una experiencia en el exterior. Así que me fui con mi mujer y mi hija, que tenía apenas cinco meses, a trabajar al International Centre for Theoretical Physics (ICTP) que depende de la UNESCO.

– ¿Fuiste con una idea definida en cuanto a volver?

– No tenía una idea concreta, iba a ver qué pasaba. En principio me fui por dos años pero me terminé quedando un año y medio en Trieste. Un poco porque empecé a tener ganas de trabajar en cosas más cercanas a la biología. En Dresden, Alemania, había un grupo con un enfoque que me gustaba mucho. Les escribí y así comenzó mi segundo posdoc en el Instituto Max Planck de Física de Sistemas Complejos.

– ¿Se adaptaron rápido a la vida en Europa?

– En retrospectiva te podría decir que la pasamos bien, pero fue difícil. Primero, porque íbamos con una nena chiquita y los primeros meses sin la contención familiar fueron complicados. En Italia, la gente es muy parecida a nosotros eso hizo que la integración fuera más fácil, pero en lo profesional fue más complejo. Yo no encontraba todavía lo que quería hacer. Curiosamente, en Dresden terminamos por encontrar un lugar mejor para desarrollarnos aunque todo lo demás fuera más difícil.

– Es que en Dresden te incorporaste a uno de los centros científicos más prestigiosos del mundo.

– Sí, totalmente. Cada tres pasos te encontrás con alguien interesante para conversar. Además, en esa época, aprendí mucho porque empecé a trabajar en temas de biología sobre los cuales sabía poco. Era un grupo interdisciplinario. En las reuniones tenías un biólogo, un físico, un ingeniero, un bioquímico, un computador. Era muy motivador aunque requería una inversión bastante grande de tiempo generar un lenguaje común entre todos.

– ¿Cuándo decidiste encarar el retorno?

– Al terminar mi segundo posdoc en Dresden en 2006. Era un momento en el cual había buenas señales respecto de lo que estaba pasando acá en el ámbito científico y consideramos que era el momento de probar con el regreso. Entonces apliqué desde Alemania para ingresar a carrera de CONICET con lugar de trabajo en el Departamento de Física de Exactas y tuve el apoyo de Gabriel Mindlin y Silvina Ponce Dawson. Mandé la aplicación, me salió el ingreso a carrera y hasta que administrativamente se hizo efectivo cubrí ese bache con una beca de reinserción. Además, el programa Raíces se hizo cargo de la mudanza, lo cual estuvo muy bien.

– ¿Cómo te fue laboralmente en ese primer regreso?

– No fue tan fácil aterrizar en aquel momento, más allá de que fui bien recibido. No tenía recursos propios como para comprar una compu o un escritorio. Por otro lado, había hecho una inversión bastante grande de tiempo en Alemania y la rueda había empezado a andar justo en el momento en que yo me fui. Había dejado muchos proyectos inconclusos. Eso hizo que en 2009 aceptara volver a Dresden. Pedí licencia en CONICET y partimos de nuevo hacia allá.

– ¿Con qué idea esta vez?

– Con la idea de volver después de terminar estos proyectos que estaban en marcha. Y la verdad es que pudimos recoger los frutos que habíamos sembrado. Terminamos un montón de trabajos, empezamos nuevos. Para mí, también fue la consolidación de la colaboración con este grupo. Así, en este segundo retorno, la relación que tengo con ellos es mucho más sólida.

– ¿Por qué decidiste volver a pesar de que podías haberte quedado en Alemania?

– Estando afuera uno no se imagina permaneciendo mucho tiempo en ningún lugar. Sin sentido de pertenencia uno sigue siendo extranjero para siempre. También está la familia, que tira mucho. Las condiciones de trabajo acá son buenas, los signos alentadores siguen. Es un buen momento para el sistema científico y fue bueno también haber vuelto en marzo de este año y encontrarme con que el Departamento de Física había encargado una evaluación externa. Demuestra que la gente tiene ganas de mejorar aún más las cosas.

– ¿Estás conforme con tus posibilidades laborales actuales?

– Sí, estoy contento. Soy investigador adjunto de CONICET y tengo ganas de obtener un cargo docente en la Facultad. Además apliqué a un subsidio y estoy esperando para ver qué pasa. Mi plan es armar un grupo que use el tipo de enfoque que yo utilicé en Alemania y tratar de establecer colaboraciones locales con biólogos, de Exactas y de la región, que estén interesados en usar este enfoque interdisciplinario y hacer este tipo de cosas. Me parece que es un buen momento para eso.

Fuente: UBA

http://noticias.exactas.uba.ar/?p=5385

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Continua el regreso de investigadores

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Continua el regreso de investigadores

Posted on 02 octubre 2012 by hj

César Bertucci es astrónomo. Viajó al exterior para hacer su doctorado porque quería trabajar en ciencias planetarias. Estuvo en Francia e Inglaterra. Luego de ocho años decidió retornar cuando tenía todo dado para quedarse. En esta entrevista cuenta de su temprana vocación y su encuentro con Carl Sagan, relata sus vivencias en Europa y expresa su satisfacción por su vuelta a la Argentina.

 

 

– ¿Cuándo empezaste tu carrera?

– Empecé en el año 92 la licenciatura en Astronomía en la Universidad Nacional de Córdoba. Ya en el último año del secundario me había inscripto, junto con un compañero, en un certamen de la Sociedad Planetaria, una organización que dirigía Carl Sagan, el famoso director de la serie Cosmos. Ganamos el concurso y al año siguiente viajamos a Washington, al Congreso Mundial del Espacio, donde conocimos a Sagan en persona. Fue espectacular. Ahí ya me encaminé derechito para la astronomía.

– ¿Por qué decidiste hacer tu doctorado en el exterior?

– Como yo quería hacer ciencias planetarias sabía que indefectiblemente me iba a tener que ir porque en Argentina no existía esa posibilidad. Dos años antes de recibirme ya había decidido que el lugar para hacer mi doctorado debía ser Francia y, en particular, un grupo de la Universidad de Toulouse. Obtuve una beca y en octubre del 2000 ya estaba allá.

– ¿Cómo era tu trabajo científico allí?

– Yo dejé de hacer el trabajo de astrónomo propiamente dicho, con telescopios y observaciones remotas, y pasé a hacer física espacial. Al mismo tiempo, era muy impresionante encontrarme hablando con un tipo que había diseñado un instrumento que estaba orbitando alrededor de Marte en ese momento. También empecé a trabajar mucho con ingenieros. Había un lindo clima de trabajo pero, por otro lado, era muy intenso. Mi director de tesis era primerizo, entonces, quería hacer todo bien. Encima yo estaba en su misma oficina, con lo cual era terrible (risas).

– Cuando terminaste el doctorado ¿cuáles eran tus planes?

– Terminé en diciembre de 2003. Evalué la posibilidad de volver pero todavía las noticias que recibía de Argentina no eran muy buenas. Entonces, la mejor posibilidad era quedarse en Europa para hacer un posdoc. Me presenté para un puesto en el Imperial College de Londres y lo conseguí.

– ¿Cómo viviste tu posdoc?

– Muy bien. Empecé a trabajar para el equipo del magnetómetro de la sonda Cassini, en todo lo que es la observación del satélite Titán de Saturno. Era un área de vacancia en donde mi expertise era justo lo que se necesitaba. Mi directora responsable me instó para que me presentara a un cargo de profesor en el Imperial porque realmente querían que me quedara allí. Al mismo tiempo la gente de Francia quería que volviera a Toulouse. A los dos les bajé la persiana porque la verdad es que yo quería volver a Argentina.

– ¿Cuándo te empezó a dar ganas de volver?

– Más o menos para el 2006. Ya empezaba a ver que las cosas estaban mejorando en Argentina. Me enteré que se lanzaba el programa Raíces y, en 2007, me vine con una beca Milstein para trabajar por un mes en el IAFE. Ahí ya me entusiasmó la idea de volver. Al mismo tiempo, empecé a avisar allá que iba a volver a Argentina. Era una decisión muy importante porque una vez que uno dice no, la gente que estaba pensando en emplearte empieza a buscar otra persona. Mucha gente no lo entendía. Me decían: “Estás loco. ¡Cómo te vas a ir de Europa para volver a este país!”.

– ¿Cómo fuiste armando tu regreso?

– Tomó su trabajo. Me informé y para mí el programa de repatriación que tenía el CONICET era el mejor. Te daba la posibilidad de venir con una beca, presentar el ingreso a carrera y, a la vez, te pagaba la mudanza y otras cosas. Me presenté en el 2007 desde el exterior, en la convocatoria permanente, con lugar de trabajo en el IAFE. Presenté todos los papeles y esperé. Llegó primero la beca y, al tiempo, la aprobación del ingreso a carrera. Regresé en septiembre de 2008 y empecé a trabajar casi de inmediato. Tenía oficina, tenía computadora, tenía un grupo, ya estaba bien articulado con los subsidios. Desde el punto de vista de la organización fue todo impecable. Desde el trámite de importación de mis posesiones hasta el reembolso. Después concursé en Exactas y obtuve un cargo de JTP.

– ¿Cómo ves la evolución del sistema científico argentino en los últimos años?

– La jerarquización de la actividad científica ha sido notable. En lo personal, desde que volví, mi sueldo como investigador creció mucho y a nivel de subsidios me salió todo lo que pedí. Por otro lado, hay una receptividad de parte del MINCYT frente a inquietudes que realmente me pone muy contento. Lo que me parece a mí es que habría que insistir con esta política. Yo estuve en países en los cuales se piensa mucho a diez o veinte años. Y creo que, pasada la época de reconstrucción, habría que empezar a fijarse objetivos de largo plazo y pensar en la expansión del sistema científico no sólo con más presupuesto sino más articulado al sector productivo.

– Los instrumentos de repatriación, ¿te parecen útiles?

– Me parece muy bien que Argentina haya puesto en marcha este tipo de políticas. Los mecanismos están bien. Me parece que habría que unificar los programas que ofrecen las distintas instituciones. Y lo otro que está bien es que se están generando redes con investigadores argentinos que están en el exterior y que no van a volver.

– ¿Contento con el regreso?

– Sí, no me equivoqué. Parece que no estaba tan loco (risas)

Fuente: UBA

http://noticias.exactas.uba.ar/?p=4599

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Otra Cientifica regresa a investigar en el país

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Otra Cientifica regresa a investigar en el país

Posted on 23 agosto 2012 by hj

“Siempre me fui con la idea de volver”

Eliana Munarriz regresó a la Argentina junto con su familia, luego de hacer ciencia en el exterior durante 15 años. Hoy trabaja en la FAUBA, es investigadora del Conicet y se dedica al estudio de los agroquímicos y su impacto en la salud.

 

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Hace apenas una semana que Eliana Munarriz es investigadora del Conicet, y tiene muchas buenas noticias para festejar. No sólo porque el nombramiento significó la oportunidad de regresar al país junto con su familia, después de 15 años de hacer ciencia en el extranjero, sino además porque volvió a investigar en el laboratorio que fue su primer amor, Bioquímica, en la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA), sobre un aspecto fundamental en los sistemas agronómicos actuales: el uso de agroquímicos y su impacto en la salud humana.

En 1996, Munarriz comenzó a desarrollar sus trabajos como ayudante ad honorem en la Cátedra de Bioquímica de la FAUBA, al tiempo que estudiaba Biología en la Facultad de Exactas de la UBA.

Tres años después, realizó su tesis de licenciatura y el doctorado en biología molecular y celular en las universidades I y II de Roma, Italia. Y también trabajó en el Instituto Italiano de Tumores, antes de viajar a Inglaterra para realizar su pos doctorado, donde se desempeñó en la unidad de Toxicología del Consejo de Investigación Médica (MRC, por sus siglas en inglés). En los meses previos a su regreso a la Argentina, trabajó en EE.UU., en el Centro de Genómica y Biología de Sistemas de la universidad de Nueva York.

“Hace dos semanas que soy investigadora adjunta del Conicet. Recibí la noticia la semana pasada y estoy muy contenta”, se entusiasmó. Actualmente desarrolla su trabajo en la cátedra de Bioquímica de la FAUBA, con un cargo asociado al Instituto de Investigación en Biociencias Agrícolas y Ambientales (INBA), perteneciente a la FAUBA y el CONICET. Además, está postulada para ingresar al Programa de Recursos Humanos (PRH) del Fondo para la Investigación Científica y Tecnológica (FONCyT). “Sería una ayuda muy importante para desarrollar mi tarea”, aseguró.

Y agregó: “Siempre consideré que estudiar afuera te enriquece, a nivel científico y personal. Cuando me fui, en la Argentina no había muchas oportunidades para hacer ciencia. Ahora, la situación está mejor y hay una política de repatriación de científicos. Pero es muy importante destacar que hoy puedo volver al país gracias a que hubo gente que se quedó trabajando acá, que la peleó día a día”.

Un gusanito, la clave del éxito

En la FAUBA, Munarriz va a estudiar el impacto de agroquímicos (principalmente del herbicida glifosato y el insecticida endosulfan, entre otros) en diferentes regiones del país que se siembran con cultivos extensivos. Y para ello usará un nematodo (un gusano) llamado Caenorhabditis elegans, con el cual ya investigó en su posdoctorado. Son unos gusanos muy pequeños (miden apenas 1 mm) y trasparentes, que representan un modelo ideal para estudiar mecanismos moleculares. “Nadie experimentó antes en agroquímicos con gusanos en la Argentina ”, afirmó.

Según la investigadora, estos nematodos son un buen modelo porque conservan muchos mecanismos que protegen a las células de compuestos químicos, también presentes en humanos. La diferencia entre los genes de este gusanito y los de una persona son mínimos: Ambos comparten el 85% de los genes. Cambian el tamaño y la complejidad, pero conservan los mecanismos de base.

“No sólo voy a ver si el gusano crece y se desarrolla normalmente en contacto con muestras de suelo expuestas al glifosato. Voy a adentrarme a nivel intramolecular y a analizar los cambios en el ciclo celular y otros procesos celulares. Por ejemplo, la proteína p53, que está mutada en el 50% de los cánceres en humanos, está conservada en el gusano. Puedo verificar si hay una alteración en esa proteína. Y hacerlo de una manera más sencilla y económica que con otros modelos animales”, apuntó.

El modelo elegido permite hacer estudios generacionales en tiempos muy breves, puesto que los nematodos poseen un ciclo de vida de sólo 20 días, comparado con los dos años que vive un ratón, por ejemplo, cuyo uso también representa un problema bioético, asociado al uso de animales para hacer experimentos.

La idea es tomar muestras de suelo y estudiarlas usando el modelo de C. elegans. Una vez procesadas, los tiempos para hacer conclusiones varían según el estudio. Al respecto, ejemplificó: “Si queremos ver si el tratamiento provoca un envejecimiento precoz, la investigación puede llevar dos semanas. Si queremos ver si existen alteraciones en las generaciones sucesivas, es un experimento de tres meses”.

– ¿Qué relación hay entre los estudios con tumores que realizaste en Italia y los que hacés ahora,
en Agronomía?

– Siempre me interesó la bioquímica y los mecanismos moleculares, en diferentes sistemas. Al principio trabajé en soja y en perfiles de cromatografía con Eduardo Pagano, titular de la cátedra de Bioquímica. Luego, cambié de bioquímica pura a células de mamíferos, con ratones y gusanos.

Durante mi tesis de licenciatura, empecé a trabajar en virus tumorales, estudiando mecanismos moleculares de modificación de proteínas, en particular la fosforilación. Después, en mi doctorado trabajé con sumoilaciones y ubiquitinaciones, que son otras modificación de las proteínas, y en Inglaterra estudié la alteración de los mecanismos moleculares por factores exógenos y analicé cómo se modificaban las proteínas en células tratadas con antidepresivos.

En conclusión, siempre hice bioquímica, estudiando mecanismos moleculares. Y si bien el modelo fue animal, estos mecanismos también están presentes en las plantas. Por ejemplo, las plantas también sintetizan, modifican y degradan las proteinas en manera similar a los animales .

Ahora quería trabajar con un modelo animal que me permitiera estudiar los mecanismos moleculares de una manera sencilla, rápida y económica pero que también pudiera tener una aplicación. A este punto, ya habíamos decidido volver a la Argentina.

Como el tango, pero sin melancolía

“Siempre me fui con la idea de volver. Quería formarme, aprender y regresar, por varios motivos. Porque soy un producto de la educación pública. Me forme en la UBA y quería devolver eso que la sociedad me dio, de una manera enriquecida, con una formación en el exterior. Soy partidaria de que hay que salir de donde uno está, porque eso te hace ver otras realidades, pensar de otro modo y desarrollar mejor tu trabajo”.

El regreso a la Argentina, después de estar una década y media en el exterior, fue un proyecto familiar que integró a su marido, Mario Rossi, también argentino y que actualmente trabaja en el Polo Tecnológico del Ministerio de Ciencia y Tecnología de la Nación, y a sus dos hijos, que nacieron en el exterior pero que son argentinos, por opción de sus padres: Nina está a punto de cumplir 6 años y es a la que más le cuesta el cambio, entre otras cosas, porque su lengua madre es el inglés. Ernesto nació hace sólo 10 meses en Estados Unidos.

“Con mi marido trabajamos muchas veces juntos y publicamos una serie de trabajos en colaboración, porque él investiga la degradación de las proteínas y yo sus modificaciones. Espero que en un futuro podamos colaborar con algo en el país. Pienso que el intercambio hace crecer a la ciencia”, concluyó.

Prensa Fauba: Juan Manuel Repetto

http://agro.fauba.info/node/801

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DANIEL PAZ & RUDY | Página 12

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