Se trata de un proceso similar al que comenzó con la crisis de diciembre de 2001. Filobel-Febatex llegó a emplear 120 trabajadores y se desflecó durante 2008 hasta tener una decena.

Trabajadores apuestan a sostener el empleo con el cooperativimo
La Cooperativa Textil Quilmes Limitada comenzó a funcionar ayer con 25 de los 120 trabajadores que tuvo la hilandería hasta 2008. “Sólo quedaron 10 empleados y para evitar el vaciamiento total, porque todavía quedan máquinas y materia prima, decidimos conformar la cooperativa y poner la planta en funcionamiento nuevamente”, dijo el delegado Eduardo Santillán.
El proceso de deterioro fue paulatino. Los despidos fueron uno en uno o por grupos. Poco a poco. Pero en el último tramo de 2008, un grupo de los despedidos decidió instalarse en un sector de la planta para garantizarse el pago de las indemnizaciones, ya que los empresarios Rubén Ballini y Mario Florián Federici ofrecieron pagar en cuotas el 50% de la indemnización.
La propuesta fue rechazada y comenzaron a buscar otra alternativa. Allí nació la idea de conformar una cooperativa. Recibieron asistencia del Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social (INAES) y de la Municipalidad de Quilmes. “Vamos a buscar las formas para ayudarlos a tener capital de trabajo, que es el problema más crítico de este tipo de nuevas empresas”, indicó el secretario de Desarrollo Local de la comuna, Guillermo Robledo, a Buenos Aires Económico.
NUEVAS. El caso de Filobel-Febatex se parece a lo que ocurre en otras pequeñas y medianas empresas como los talleres gráficos Indugraf, en Parque Patricios, o la alimenticia Arrufat, en Caballito. Allí también los dueños se retiran y los trabajadores decidieron continuar la producción para evitar quedar desempleados.
En el primer caso, ya comenzaron a recorrer los despachos de los diputados de la Legislatura porteña para pedir que se trate un proyecto para expropiar la empresa. Son 88 trabajadores y tienen las máquinas paradas. Según la delegada, Andrea Rossi, hay papel suficiente y varios trabajos por terminar. Allí se imprimen libros y manuales de texto, y entre sus clientes se encuentra el Ministerio de Educación.
En la fábrica de chocolates hay 54 empleados que penden de un hilo. Los últimos nueve meses de 2008 los pasaron con atrasos salariales y los aguinaldos quedaron para épocas mejores. Se los deben.
“Hoy la empresa está cerrada. El 5 de enero cortaron la luz por falta de pago y la dueña, Diana Arrufa, se limitó a pegar un cartel dentro de la fábrica diciéndonos que nos fuéramos a nuestras casas. Ahí decidimos ocupar la empresa para defender nuestros puestos de trabajo”, escribieron los trabajadores en unos volantes mínimos, del tamaño de una esquela, que repartieron en el barrio. Buscan el apoyo de los vecinos.
DIFERENCIAS. Se trata de un proceso parecido al que creció con la crisis de diciembre de 2001. Pero tiene importantes diferencias. Lo que está en juego no es poner en funcionamiento empresas quebradas sino de evitar el deterioro productivo, comercial y financiero de firmas que tienen problemas para cumplir con el pago de salarios o de indemnizaciones.
Lo que se empieza a defender es cada puesto de trabajo antes de que terminen de caer. Son empresas que aún tienen dueño y no hay un proceso judicial abierto.
Se trata de un proceso más complejo desde lo jurídico pero también desde lo político. En cada uno de esos casos hay unidades productivas que podrían quedar fuera de funcionamiento, con el consecuente impacto en el mercado interno, desde el punto de vista del abastecimiento, pero también harían un negativo aporte al índice de desocupación.
MATERIA PRIMA. “La planta estuvo prácticamente parada durante los últimos cuatro meses, por eso ahora la pusimos a funcionar”, se entusiasmó Santillán y describió una a una las tareas de mantenimiento y limpieza que se pusieron en marcha.
Pero por sobre todo, subrayó: “Ahora tenemos las puertas abiertas para todos aquellos que fueron echados, porque tenemos materia prima para trabajar”.
La convocatoria es en parte una definición política, pero también una necesidad para poder poner en marcha una hilandería capaz de dar trabajo a más de un centenar de personas. Allí pueden producirse tejidos tubulares continuos, bandas transportadoras y otros tejidos industriales.




