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Lanzan la versión educativa de la primera computadora industrial abierta argentina

Posted on 23 febrero 2015 by hj

Está disponible a precio de costo a partir de una acción coordinada por unas 50 facultades de todo el país, que concibieron una versión para la enseñanza secundaria, terciaria y universitaria a partir de la Computadora Industrial Abierta Argentina (CIAA), informó el ingeniero Ariel Lutenberg, coordinador del proyecto.

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La CIAA es una plataforma electrónica libre y gratuita pensada para que las industrias que usan sistemas electrónicos en la automatización de procesos -alimentaria, metal-mecánica, automotriz, agroindustria, química, textil y otras-, puedan desarrollar sus propias soluciones electrónicas.

«Es la primera vez que se hace en el país una iniciativa horizontal entre profesores de más de 50 facultades, para lograr fabricar a un costo accesible una plaqueta educativa que va a permitir revolucionar la forma en que se enseña»
Ariel Lutenberg, ingeniero «Es la primera vez que se hace en el país una iniciativa horizontal entre profesores de más de 50 facultades, para lograr fabricar a un costo accesible una plaqueta educativa que va a permitir revolucionar la forma en que se enseña, con acceso a tecnología de última generación y que permite pasar a la versión industrial», dijo a Télam Lutenberg, investigador del Conicet.

La producción de las primeras mil unidades de la versión educativa se hace con un sistema de preventa que se inició este mes y lleva 400 pedidos (a través del sitio www.proyecto-ciaa.com.ar), a un costo promedio de 550 pesos.

«Nuestro objetivo es brindarles a las escuelas y universidades una herramienta para la preparación de clases, apuntes y enseñanza sobre una plataforma global para todo el país», contó Lutenberg, docente y director del Laboratorio de Sistemas Embebidos de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires.

A partir de los programas que los ministerios de Industria, Ciencia y Tecnología y Educación tienen para mejorar la tecnología, la iniciativa articuló en 2013 al sector privado de la Cámara Argentina de Industrias Electrónicas, Electromecánicas y Luminotécnicas con el académico de la Asociación de Sistemas Electrónicos Embebidos, formada por profesores universitarios.

La CIAA es una plaqueta electrónica con un procesador ARM Cortex-M4F, como el de celulares y tabletas; memorias Sdram, Flash y Eeprom; múltiples puertos; entradas y salidas digitales y analógicas; software de programación en Lenguaje C; gabinete compatible con stardards.

“Cuando decimos que es ‘abierta’, hablamos de que absolutamente toda la información (que la compone) está disponible en Internet, optamos por la licencia BSD (Berkeley Software Distribution)”, dijo Lutenberg, doctorado en la Facultad de Ingeniería de Buenos Aires.

«Y no sólo eso está en Internet, sino que la gente que la hizo está en línea para cualquier duda técnica las 24 horas, integrando un foro de unas 3.000 personas» como consultoría local, derivada de la que gestó la CIAA con «una red colaborativa nacional equivalente a diez millones de pesos en horas hombre».

Pablo Ridolfi, responsable del Hardware (parte material de la computadora) y profesor en la Facultad de Ingeniería y la Universidad Tecnológica Nacional (UTN), contó a Télam que la computadora didáctica es “para poner en el escritorio junto a la computadora y hacer pruebas».

«Lo que el alumno desarrolla, escribiendo un programa para ensayar, después corre sin problemas en la placa educativa”, que es compatible con la industrial.

Los estudiantes “van a salir de la escuela ya sabiendo usar la placa industrial y quizá van a un trabajo teniendo ya el ‘know how’ (saber práctico)”, indicó.

Así, ambas versiones de la Computadora Argentina, la industrial y la educativa, potencian el propósito de desarrollar una potente industria electrónica nacional.

Ridolfi planteó que «con este proyecto va a haber necesidad de que haya ingenieros electrónicos dedicados a la electrónica, que es realmente para lo que nos forman».

Lutenberg enfatizó que esta iniciativa a los estudiantes de ingeniería «les permite aprender sobre sistemas embebidos con una plataforma que ya se usa en el país y que usará la industria, en la que se van a insertar cuando se reciban», además de permitirles a las empresas no depender de un único proveedor extranjero.

«Nos dimos cuenta que varias empresas que no tenían tecnología adecuada, sí tenían dinero para invertir, pero el problema de fondo era asumir el riesgo tecnológico», minimizado ahora por la nueva forma colaborativa de construir conocimiento.

«No se había hecho nunca algo así, en que no hay una empresa multinacional financiando el proyecto y sí un Estado que se involucra para que desarrolláramos una plataforma en distintas versiones», de modo de tener un «know how» argentino, reivindicó.

Ganador de los premios Innovar y Sadosky, al proyecto hecho realidad le resta «que la gente tenga la placa en sus manos, la conecte a la computadora y la empiece a usar», invitó Lutenberg.

Fuente: Telam

http://www.telam.com.ar/notas/201502/95844-educacion-computadora-industrial-abierta-lanzamiento.html

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Comenzará a funcionar el primer Radar Meteorológico Argentino (RMA) del Sistema Nacional para prevenir catástrofes

Posted on 19 febrero 2015 by hj

En los próximos meses comenzará a funcionar en la ciudad de Córdoba el primer Radar Meteorológico Argentino (RMA) que, con el objetivo de prevenir catástrofes, instalará el Gobierno nacional en 12 puntos del país para conformar el Sistema Nacional de Radares Meteorológicos (Sinarame). El radar, desarrollado y fabricado en el país por la empresa estatal rionegrina Invap, se instalará en la zona sur de la Ciudad Universitaria de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC).

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Según precisó Javier Martin, ingeniero de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, se trata de un avanzado sistema de alerta hidrológico y meteorológico que permitirá prevenir diferentes contingencias ambientales como crecidas repentinas de los ríos, caída de granizo, ocurrencia de tornados o tormentas severas.

También será de utilidad para detectar nubes de polvo, migraciones de aves o insectos -como mangas de langostas-, así como para predecir la magnitud de precipitaciones que van a caer en un lugar determinado y favorecer la agricultura, y contribuir al estudio de tormentas convectivas, señaló Martín en declaraciones a los Servicios de Radio y Televisión (SRT) de la UNC.

El Sinarame “va a permitir a los científicos el estudio de la atmósfera y otros datos de la zona de Córdoba y alrededores” mediante la articulación con otros sensores satelitales y estaciones hidrometeorológicas, resaltó el ingeniero.

Cuando el radar esté operativo, será incorporado a los sistemas de alerta provincial y nacional, que implican más de 14 señales satelitales y unas 60 estaciones hidrometeorológicas.

El RMA es el primer radar meteorológico que utiliza tecnología doppler, de doble polarización, fabricado en Argentina, lo que significa que además de anticipar fenómenos meteorológicos también medirá la velocidad de las partículas de precipitación y detectará la forma o geometría del fenómeno en la atmósfera, indicó Martin.

Esa posibilidad facilitará a una mejor identificación de los acontecimientos climáticos, entre otras cosas porque cuenta con un alcance de 240 kilómetros, extendible a 480 en modo vigilancia.

Fuente: Télam

http://www.diariouno.com.ar/tecnologia/El-primer-radar-del-Sistema-Nacional-para-prevenir-catastrofes-20150218-0100.html

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Tronador: cómo se construye el lanzador argentino

Posted on 16 febrero 2015 by hj

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Marcos Actis decidió ser ingeniero espacial hace 40 años, cuando estaba terminando la primaria y vivía en Arroyo Dulce, un pueblo de la provincia de Buenos Aires de apenas 3000 habitantes.

«Era un fanático de Viaje a las Estrellas y soñaba con irme a trabajar a los Estados Unidos -confiesa mientras camina por el patio de la facultad donde hizo colocar una maqueta del Pulqui, el avión a reacción diseñado y construido en el país a mediados del siglo XX, el primero en su tipo en fabricarse en América latina y el noveno en el mundo-. Me acuerdo cuando vimos el alunizaje con mi padre. Él había dejado la escuela en 6° grado, era molinero y trabajaba en el campo. Un día le dije que me iba a estudiar a La Plata. Me decidí por la ingeniería aeronáutica porque era la que más se acercaba a la ingeniería espacial. Y acá estoy, viviendo un sueño hecho realidad.»

Un cohete como el Tronador, diseñado para inyectar satélites de unos 250 kg en órbitas de baja altura, a alrededor de 700 km de la superficie terrestre, puede tener más de 3000 piezas
Hoy es el decano de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de La Plata y dirige un equipo de 150 investigadores, docentes, becarios y técnicos que tiene a su cargo la fabricación de seis vehículos experimentales y del Tronador II, el primer lanzador espacial para colocar satélites en órbita que desarrolla íntegramente un país latinoamericano.

No están solos. El ambicioso proyecto liderado por la Comisión Nacional de Actividades Espaciales agrupa a más de 600 profesionales, contando los 250 que trabajan en la compañía VENG SA, contratista principal, y otros dos centenares en numerosos institutos de investigación del Conicet, como el Centro de Investigaciones Ópticas, el Instituto Argentino de Radioastronomía, las universidades de Buenos Aires, Tecnológica Nacional, la de Córdoba y la de Mar del Plata, el Instituto Universitario Aeronáutico, la Comisión Nacional de Energía Atómica, el Servicio Meteorológico Nacional, el Instituto Balseiro, Invap, Y-TEC (centro de desarrollo de tecnología de YPF) y la Planta Piloto de Ingeniería Química (Plapiqui). También participan pymes encargadas de desarrollar algunas partes específicas.

Como ingeniero, Actis es un veterano en materia espacial. Él y colegas de la UNLP trabajan en proyectos de la Conae desde la época del SAC-B, el satélite argentino de observación astronómica que se lanzó en 1996.

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Ingeniero Marcos Actis. «La navegación anda bien, los motores funcionan; ahora es tiempo de construcción.». Foto: Patricio Pidal / AFV
«Participamos en toda la serie SAC -subraya-. De los cinco instrumentos argentinos del SAC-D, cuatro se construyeron en la facultad. Y dos de los más importantes, el radiómetro y la cámara infrarroja, se hicieron en el Grupo de Ensayos Mecánicos Aplicados (GEMA, de la UNLP). Ahora estamos haciendo allí el centro tecnológico aplicado aeroespacial, que ya fue aprobado por la universidad.»

Un cohete como el Tronador, diseñado para inyectar satélites de unos 250 kg en órbitas de baja altura, a alrededor de 700 km de la superficie terrestre, puede tener más de 3000 piezas. En este caso, la idea fue que, salvo excepciones, estuviera íntegramente diseñado y producido en el país. Un desafío mayor si se tiene en cuenta que exige desarrollar materiales delgados, soldaduras de alta calidad e instrumental liviano, todo prácticamente sin disponer de información técnica.

«Muchos creen que la «receta» para hacer un lanzador se baja de Internet y listo -sonríe Actis-, que es fácil encontrarla en papers o trabajos científicos, pero éstos sólo ofrecen información analítica, teórica, no procesos de construcción.»

La empresa VENG SA, de Falda del Carmen, Córdoba, está encargada del diseño de los motores de 4000 kg de empuje y el sistema de propulsión
El Tronador está pensado como un vehículo de navegación autónoma, es decir que una vez programado busca su órbita, algo que nunca se había hecho en el país.

Tendrá dos «etapas». La primera es la que lo impulsa algo más de los primeros dos minutos de vuelo hasta que logra vencer la fuerza de gravedad. Ésta llega hasta los 100 km de altura, se desprende y cae al océano. Para eso se emplea el 90% del combustible. Con el 10% restante, la segunda etapa sigue hasta inyectar el satélite en la órbita predeterminada.

«Por ser un vehículo de combustible líquido (a diferencia de un misil, que usa combustible sólido), despega a muy baja velocidad -explica Actis-. Un misil sale a una aceleración de 7 u 8G [1G es la aceleración que produciría la gravedad en un objeto cualquiera en condiciones ideales] y éste despega a 1,4 G y se va acelerando: de 800 km/h pasa a 1000, 2000, 3000, 4000. A medida que se va consumiendo el líquido y se aliviana, aumenta la velocidad.»

Completo, el Tronador pesará alrededor de 70.000 kilos, de los cuales 63.000 corresponderán al combustible. El vehículo en sí, que medirá algo más de 30 metros de altura por dos metros y medio de diámetro, sólo pesará 7000 kilos.

La empresa VENG SA, de Falda del Carmen, Córdoba, está encargada del diseño de los motores de 4000 kg de empuje y el sistema de propulsión.

«El Tronador II se diseñó para inyectar con alta precisión en órbitas polares cargas útiles livianas para observación de la Tierra. Todos sus motores son de desarrollo local y funcionan con combustibles y oxidantes líquidos en sus dos etapas, también desarrollados localmente -explica el ingeniero Pablo Servidia, responsable del Sistema de Navegación, Guiado y Control, e investigador principal del área de Acceso al Espacio de la Conae-. Los motores con propelentes líquidos se destacan por su alta energía específica, su escalabilidad, la posibilidad de regular fácilmente el tiempo de quemado y, en consecuencia, por lograr la precisión de posicionamiento requerida. Además, para mejorar la confiabilidad de la fase final del vuelo, el motor que se desarrolló para la última etapa utiliza propelentes hipergólicos, es decir que se encienden al simple contacto.»

Según explica Servidia, el motor de la primera etapa ya se probó en 2014 y, junto con el de la última etapa, que impulsa la parte superior, se ensayará este año en los vehículos experimentales VEx5. Durante las pruebas tratarán de ajustar el encendido en condiciones de ingravidez y vacío, que son difíciles de replicar en tierra.

Los científicos y tecnólogos que trabajan en el programa Tronador esperan que este esfuerzo también ofrezca beneficios en áreas más terrenales
Este combustible que utilizará el Tronador está en manos de un equipo de Y-TEC. «Es de un tipo que sólo producen tres países: Estados Unidos, China y Rusia», describe Gustavo Bianchi, doctor en Ciencia de los Materiales de la Universidad de Mar del Plata, ex investigador de la Comisión Nacional de Energía Atómica y hoy director del centro de desarrollo tecnológico de YPF.

Se trata de un tipo de kerosene al que se aplica un proceso especial cuyos detalles no se pueden comentar por ser secreto industrial. «Lo desarrollamos nosotros desde cero -asegura Bianchi-. Ya estamos comenzando a construir una planta para producirlo exclusivamente para la Conae.» Debido al interés que despiertan estos desarrollos, tanto los investigadores de la UNLP como de grupos que desarrollaron el GPS y otros dispositivos del vehículo, así como empresas privadas que trabajaron sobre las baterías de litio, deben respetar una cláusula de confidencialidad, y no pueden compartir sus hallazgos ni publicarlos en congresos ni revistas científicas.

Es sabido que la exploración espacial dejó como subproducto un sinnúmero de nuevas tecnologías. Es el caso del GPS, el código de barras, los detectores de humo, la pintura anticorrosión, los pañales desechables, nuevos metales aislantes, el Kevlar, el cierre velcro, el termómetro digital, el tubo para la pasta de dientes, los alimentos deshidratados y el microondas.

Los científicos y tecnólogos que trabajan en el programa Tronador esperan que este esfuerzo también ofrezca beneficios en áreas más terrenales. Un ejemplo son los aluminios de alta calidad que se están desarrollando en la UNLP.

«La Argentina exporta aluminio, pero de bajo precio -explica Actis-. El barato se exporta y después compramos aluminio caro. Nuestro aluminio vale unos 2000 dólares la tonelada, pero el que importamos, unos 20.000. Y el espacial, que es el que estamos haciendo en la facultad, alrededor de 200.000. El dato importante es que este último se usa para vehículos espaciales, pero también sirve para la industria automotriz. Es una tecnología de gran valor agregado. Lo mismo ocurre con los sistemas de navegación.»

El sensor se compone esencialmente de un metal con un grabado particular que se llama «red de Bragg»
En el Centro de Investigaciones Ópticas del Conicet, Ricardo Duchowicz y Gustavo Torchia lideran dos de los grupos que, junto con el de Mario Garavaglia, desarrollan desde hace más de una década los giróscopos que estarán encargados de monitorear el vuelo del lanzador y sensores que permiten controlar su salud estructural. Los tres grupos están vinculados desde 2009.

«Nuestros giróscopos demostraron una calidad incluso superior a algunos de los modelos comerciales -comenta Duchowicz-. Ya estamos en una etapa madura y la idea es que los dispositivos que diseñamos para el Tronador u otros similares también se puedan vender.»

El giróscopo es un sistema interferométrico que detecta una señal cuya frecuencia se corre si uno rota el dispositivo. Mediante el control de una tensión que compensa ese corrimiento se puede determinar el grado de giro que está realizando. Tiene tal precisión que si se lo colocara sobre la mesa frente a la que estamos sentados podría registrar la rotación de la Tierra.

«El que desarrollamos hasta ahora -explica Duchowicz- tiene 500 metros de fibra óptica y un solo eje. En los próximos dos años pensamos compendiarlo en un sistema de tres ejes, lo que permitiría medir cualquier tipo de movimiento, algo fundamental para mantener la estabilidad de un lanzador o de un satélite.»

Otros dos equipos están desarrollando sensores de fibras ópticas que permiten controlar temperatura y deformación. «Con estos dispositivos hacemos análisis de la salud estructural del vehículo -dice Gustavo Torchia-. En el espacio, las variaciones de temperatura pueden llegar a los 150 grados, según si el aparato está en la cara iluminada u oscura del planeta. Los sensores están preparados para monitorear desde -10 hasta 150 grados, y es posible desarrollar dispositivos que lleguen a 500 y hasta 1500 grados. Como la fibra óptica es un elemento pasivo, se utiliza una consola con la electrónica y un emisor que ilumina en una banda ancha los distintos tipos de sensores, colocados a lo largo del lanzador. Si algo se calienta o varía su temperatura, se desplaza a mayor longitud de onda. Es decir, lo que medimos son variaciones de la longitud de onda, solamente importan los corrimientos. Ocurre lo mismo si el material se deforma o se estira.»

El sensor se compone esencialmente de un metal con un grabado particular que se llama «red de Bragg», para lo cual los científicos desarrollaron una planta de grabado de redes en el propio CIOP.

Se prevé que este año se realicen pruebas con el vehículo experimental VEx5, que ya tiene dos etapas
«En el mercado, grabar cada una de esas redes cuesta 200 dólares -detalla Torchia-. Así, como los testeos tienen que ser destructivos, porque hay que probar cuánto es lo máximo que toleran, podemos disponer de las nuestras sin necesidad de comprarlas.» Y más adelante agrega: «La consola se coloca en la parte del vehículo que está refrigerada o con temperatura controlada; en cambio, la línea de sensores puede llegar hasta donde se quiera. Dentro de una fibra se pueden colocar 20 sensores a la vez, que monitorean distintos puntos del sistema. Entonces con un mismo aparato se controlan varios simultáneamente. Después, mediante la telemetría, se conocen perfectamente desde tierra, en tiempo real, la temperatura y la deformación».

Hasta ahora, el lanzador fue sometido a dos pruebas, ambas con la primera etapa, desde la localidad de Pipinas. En la primera, realizada en febrero de 2014, sólo se elevó un par de metros, en lo que se interpretó como un rotundo fracaso. Sin embargo, Actis aclara que para los ingenieros el balance fue ampliamente positivo.

«Hay que tener en cuenta que el vehículo se carga y se activa automáticamente, a distancia. El módulo se elevó apenas dos metros y medio porque falló un enganche, que es algo externo -dice-. Toda la ingeniería y el encendido del vehículo anduvieron bárbaro. Eso permitió hacer las correcciones y ya en el segundo intento sabíamos que todo lo demás andaba bien y lo único que tenía que hacer era desengancharse. Se aprende más de las fallas que de los éxitos. Como decía Wernher von Braun: «Los resultados de una prueba valen por mil opiniones expertas».»

El 14 de agosto del año pasado se realizó otra prueba con resultados ampliamente satisfactorios: «Ascendió hasta 3000 metros de altura; la idea era que llevara poco combustible porque teníamos un radio de acción muy chiquito: estábamos limitados por los ocho km de exclusión que se establecen para prevenir accidentes si algo no funciona -cuenta Actis-. Probamos el sistema de navegación y fue un éxito. Ahora estamos ensayando la segunda etapa, donde viajan todos los sistemas de control para buscar la órbita exacta donde se inyecta el satélite.»


Fuente : Emilenon

Además de promover el desarrollo de nuevas tecnologías que actualmente no se producen en el país, el proyecto también estimula la formación de recursos humanos. «Enviamos docentes y estudiantes a capacitarse afuera -cuenta Actis-: algunos viajaron gracias al plan Becar, otros, a hacer másteres y doctorados en ingeniería aeroespacial… Para medir el impacto que tiene este proyecto, baste con mencionar que la carrera de Ingeniería Aeronáutica solía tener 70 inscriptos y este año tuvo 140.»

Se prevé que este año se realicen pruebas con el vehículo experimental VEx5, que ya tiene dos etapas. Según detalla Servidia, esto «implica la evaluación progresiva de una serie de objetivos, como separación de etapas, vuelo controlado, encendido e impulso del motor de la última etapa y del mecanismo de apertura de cofia [donde va alojado el satélite]. Las pruebas se realizarán desde el área cercana a la localidad de Pipinas, al norte de la bahía de Samborombón».

Marcos Actis.

El decano de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de La Plata dirige uno de los grupos que, liderados por la Comisión Nacional de Actividades Espaciales, trabajan en el diseño y la construcción de un lanzador satelital autónomo desarrollado íntegramente con tecnología local. Para este año estarían previstos dos o tres lanzamientos más del vehículo experimental, VEx5

Fuente: La Nacion

http://www.lanacion.com.ar/1768806-tronador-como-se-construye-el-lanzador-argentino

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Investigadores Argentinos desarrollaron un motor propulsado 100% a hidrógeno

Posted on 12 febrero 2015 by hj

Investigadores de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco desarrollaron un motor y un banco de pruebas específico para utilizar hidrógeno como combustible. A diferencia de otros desarrollos, este motor es capaz de utilizar el 100% de hidrógeno como combustible.

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Motor a hidrógeno, un nuevo desarrollo de la UNPSJB
El ingeniero Daniel Barilá, responsable del proyecto, señaló a Argentina Investiga que “el uso de hidrógeno es una alternativa a los problemas de contaminación que afronta la humanidad ya que al utilizar este combustible, el motor genera básicamente vapor de agua como producto de combustión que es desechado por el escape. En caso de utilizar hidrógeno obtenido de electrólisis del agua, el ciclo es ecológicamente sustentable ya que el agua generada por la combustión es equivalente a la utilizada en el proceso de obtención del hidrógeno a través de electrólisis”.

La adaptación de un motor convencional para que pueda utilizar hidrógeno involucra modificaciones de importancia en el sistema de alimentación, que debe ser adaptado a las características específicas de este combustible. Si se pretende obtener una potencia similar a la que el motor entrega cuando emplea hidrocarburos, debe desarrollarse un sistema de inyección electrónica de combustible sincronizada.

La Facultad de Ingeniería decidió incursionar en la investigación de este tipo de motores y para ello implementó una serie de equipos y dispositivos que permiten desarrollar las actividades experimentales asociadas a dicha investigación. Para esto, se adecuó un motor monocilíndrico de 337 cm cúbicos, se modificaron sus sistemas de control de potencia, se diseñó un sistema de inyección electrónica específico para las nuevas condiciones de operación y se construyó un banco dinamométrico eléctrico adaptado a las necesidades específicas de los ensayos a realizar.

Se realizaron modificaciones en la tapa de cilindro para poder sensar la presión instantánea en el cilindro y se llevaron a cabo las correspondientes mediciones de prestaciones del motor adaptado. A diferencia de otros desarrollos, este motor es capaz de utilizar el 100% de hidrógeno como combustible y es por esto que, debido a sus características como su baja densidad y baja energía de ignición, es necesario desarrollar sistemas especiales para lograr un correcto funcionamiento del motor.

Importancia regional

Este desarrollo resulta estratégico en la región, dado que posee uno de los potenciales eólicos más altos del mundo, como es sabido, la generación eléctrica a través de aeroturbinas puede ser “inyectada” al sistema eléctrico en función de la demanda, pero también puede “almacenarse” mediante la producción de hidrógeno a través del proceso de electrólisis. De esta manera, el hidrógeno se convierte en un “vector energético” con capacidad de almacenamiento de energía que puede ser aprovechada como combustible.

En la región existen dos plantas productoras de hidrógeno, la experimental de Pico Truncado y la planta de la empresa Hychico (grupo Capsa) en Comodoro Rivadavia. Con este desarrollo, la UNPSJB, se posiciona en un área de investigación estratégica dentro del desarrollo de energías limpias y ecológicamente sustentables.

La construcción se realizó en los laboratorios de la Facultad de Ingeniería en la sede Comodoro Rivadavia y una parte importante de este desarrollo se enmarcó en el proyecto de fin de carrera de cuatro alumnos de Ingeniería Mecánica, Matías Llansa, Maximiliano Bossolasco, William Hughes y Germán Soria. En los desarrollos electrónicos participaron docentes de la carrera de Ingeniería Electrónica, los ingenieros Alejandro Münnemann, Pedro Kolodka y Gerardo Ahrtz.

Daniel Pichl
[email protected]
Norma Escalante
Dirección de prensa
Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco

Fuente: Argentina Investiga

http://argentinainvestiga.edu.ar/noticia.php?titulo=motor_a_hidrogeno,_un_nuevo_desarrollo_de_la_unpsjb&id=2153#.VN0BUeaUdA1

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Científicos de la Universidad Nacional de La Plata crearon una mesa interactiva para actividades educativas

Posted on 09 febrero 2015 by hj

En la Facultad de Informática de la Universidad Nacional de La Plata se desarrolló el hardware que combina el trabajo tradicional, con los avances de los medios digitales. Este prototipo consiste en una superficie horizontal, aumentada computacionalmente (tabletop), en la que se puede trabajar para diferentes aplicaciones, con objetos” tridimensionales.

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VisionAR es una superficie horizontal en la que se puede trabajar para diferentes aplicaciones, con objetos” tridimensionales.
La Facultad de Informática de la Universidad Nacional de La Plata desarrolló una mesa interactiva (hardware), llamada VisionAR, y una serie de aplicaciones informáticas (software), que resultan innovadoras para el escenario educativo. Este prototipo consiste en una superficie horizontal, aumentada computacionalmente (tabletop), en la que se puede trabajar para diferentes aplicaciones, con objetos” tridimensionales.

Los científicos explicaron que a partir de esta tecnología, las actividades educativas pueden beneficiarse significativamente debido a que combinan el estilo de interacción de trabajo tradicional, presencial, con los avances de los medios digitales. “La disposición de las personas alrededor de una mesa refuerza la interacción humana y el contacto visual entre alumnos y educadores, de modo de facilitar trabajos colaborativos y en equipo”, remarcaron.

El equipo de investigación encargado de este desarrollo aseguró además que “está demostrado que los alumnos se sienten motivados cuando pueden implementar abordar actividades bajo esta modalidad de interacción».

Para trabajar y tomar ventaja de las posibilidades de VisionAR, se desarrollaron varias aplicaciones, todas basadas en el paradigma de interacción tangible: una de ellas es ITCOL.

ITCOL (Interacción Tangible para la Colaboración) es una aplicación orientada para que los alumnos vivencien el aprendizaje y el trabajo colaborativo. Fue diseñada específicamente para ser usada en un curso de postgrado y consiste en un juego que propone, a través de tres etapas, que un grupo de alumnos resuelvan un problema en forma colaborativa. Para ello, los alumnos reciben una serie de objetos físicos que pueden apoyar sobre la mesa y ofrecen pistas sobre el problema a resolver. Al mismo tiempo, se pueden relacionar objetos entre sí para que la aplicación muestre, a través de la mesa interactiva, posible información que haga a la relación de esos objetos como parte del problema. El juego cuenta con tiempo y con cantidad limitadas de relaciones por las que preguntar, por lo que el grupo de alumnos deberá tomar decisiones consensuadas, de manera tal de no degradar la performance del equipo.

Es importante remarcar que en esta línea de Investigación, existe cooperación con la Universidad de Zaragoza, España, y que el principio de interacción tangible es el mismo de nuevas computadoras (tales como Sprout de HP) con las que se puede interactuar con gestos sobre una superficie táctil.

Fuente: Argentina.Ar

http://www.argentina.ar/temas/ciencia-y-tecnologia/35480-cientificos-de-unlp-crearon-una-mesa-interactiva-para-actividades-educativas

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Investigadores del INTI logran un avance clave para controlar la calidad de laboratorios

Posted on 05 febrero 2015 by hj

Especialistas del INTI y de la Administración Nacional de Laboratorios e Institutos de Salud Dr. Carlos G. Malbrán (ANLIS) realizaron un desarrollo —de cultivos microbianos de referencia— que permitirá asegurar la calidad de estudios de laboratorio y sustituir importaciones.

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El trabajo fue presentado en el último “Congreso Argentino de la Calidad en el Laboratorio Clínico” y obtuvo el primer premio entre 186 presentaciones
Una herramienta clave para asegurar la calidad de los ensayos que se realizan en los laboratorios de microbiología es la utilización de cultivos de referencia. En nuestro país la mayoría de estos cultivos son importados, lo cual genera dificultades de disponibilidad por su alto costo y porque no todos los materiales biológicos se encuentran autorizados para su libre comercialización por las normas de bioseguridad vigentes (situación presente especialmente en el caso de enfermedades infecciosas). Por otro lado, la ausencia de cultivos autóctonos puede llevar a diagnósticos errados en el campo de la salud.

Tomando en cuenta esta problemática el INTI y el Departamento de Micología (DM) del Instituto Nacional de Enfermedades Infecciosas del ANLIS desarrollaron cultivos de referencia autóctonos obtenidos de muestras clínicas humanas, correspondientes a levaduras patógenas (específicamente Candida albicans, C.krusei, C. parapsilosis, C.tropicales, C glabrata, Cryptococcus neoformans y C. gattii). Estos cultivos —que son mantenidos por el DM— presentan características bien definidas y trazables, y son cepas de microorganismos circulantes en el país que pueden ser utilizados como referencia por los laboratorios para el control interno o externo de la calidad.

El camino recorrido
La presente experiencia es un avance muy importante para el recorrido que se está llevando adelante en el país desde el año 2004. En este contexto entidades referentes en la temática de microbiología se reunieron y comenzaron a trabajar en la redacción de un documento sobre requisitos para la competencia de los productores de cultivos microbianos de referencia, que fue la base sobre la que se aprobó en 2010 la Norma IRAM 14950.

En este marco, se llevó adelante el desarrollo de los cultivos y los resultados fueron comparados con entidades internacionales de referencia para este tipo de estudios –específicamente las bases de datos públicas del National Center for Biotechnology Information y del Centraalbureau voor Schimmelcultures-. “Los laboratorios que participen en las evaluaciones de control de calidad utilizando estos cultivos microbianos de referencia estarán calificados para detectar e identificar microorganismos que presentan las mismas propiedades que las que afectan a la población de pacientes que atienden, lo que asegura un mejor diagnóstico y, en consecuencia, un tratamiento más efectivo” aseguró la responsable de calidad del Servicio Argentino de Interlaboratorios Gladys Mastromónaco, quien comenzó a trabajar con esta temática en su tesis de maestría.

Perspectivas a futuro
Se espera que este primer trabajo sirva como impulso para desarrollar nuevos cultivos de referencia en el país, que puedan emplearse no sólo en el campo de la salud sino también en otras áreas como la cosmética, la alimenticia, la biotecnología o la nutrición.

“Contar con producción propia de cepas autóctonas de microorganismos con características definidas y trazables, para su utilización en el control de la calidad de los diferentes procesos que se realizan en el laboratorio, bajará notablemente los costos y no habrá necesidad de adquirirlas en el exterior. Esto fomentará que los laboratorios de los hospitales las utilicen, permitiendo una mejora en la calidad del diagnóstico de las enfermedades infecciosas” concluyó Mariana Mazza de ANLIS.

Fuente: Argentina.Ar

http://www.argentina.ar/temas/ciencia-y-tecnologia/35376-inti-avance-clave-para-controlar-la-calidad-de-laboratorios

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