Estos ladrillos cuentan con una patente nacional obtenida en el año 2008, y un Certificado de Aptitud Técnica otorgado por la Subsecretaría de Vivienda y Desarrollo Urbano de Argentina en el año 2006
Uno de los residuos que más se acumulan en las ciudades son los envases no retornables de bebidas, un dato no menor si se tiene en cuenta que tardan 500 años en degradarse a la intemperie, y aún más si están enterrados.
En respuesta a esta problemática Rosana Gaggino, investigadora adjunta del Conicet en el Centro Experimental de la Vivienda Económica (CEVE, Conicet-AVE), desarrolló junto a su equipo de colaboradores, un proceso para la utilización de plásticos reciclados en la elaboración de elementos de construcción, en este caso ladrillos de polietilen-tereftalato (PET).
“Usamos PET procedente de envases descartables de bebidas y cemento pórtland como ligante, más un aditivo químico que mejora la adherencia de las partículas plásticas al cemento”, detalla Gaggino.
La investigadora explica que el proceso se lleva a cabo triturando los plásticos con un molino, luego en una hormigonera común se hace una mezcla con el cemento pórtland y el aditivo, que luego se coloca en una bloquera manual que le da forma a los ladrillos. “El proceso es simple porque es como hacer bloques de cemento y arena, sólo que se remplaza la arena por las partículas de plástico PET”, asegura.
Entre las ventajas técnicas de estos ladrillos se puede mencionar que son cinco veces más aislantes térmicos que los convencionales de tierra, y además más livianos. “Un ladrillo de PET pesa 1.400 kilogramos, mientras que el de tierra pesa aproximadamente un kilo más”, dice Gaggino.
Por otra parte, la investigadora agrega que los cimientos de una vivienda construida con estos ladrillos son menores que los de una convencional, ya que la vivienda en general es más liviana, y, al tener mayor aislamiento térmico, se pueden construir muros de menor espesor, “en vez de hacer paredes de 30 centímetros se pueden hacer de 15”, asegura.
Además, los estudios realizados indican que los ladrillos de PET y cemento tienen buena resistencia al fuego, ya que los resultados del Ensayo de Propagación de la Llama lo clasifican como material Clase RE 2: material combustible de muy baja propagación de llama.
En la actualidad estos componentes constructivos se utilizan para cerramientos y no con finalidad estructural por lo que se está trabajando en la modificación de la superficie del PET para aumentar la compatibilidad con el cemento, mediante la adición de productos químicos o cambios en el proceso de producción, y mejorar así las propiedades mecánicas de los componentes.
Gaggino hace hincapié en que un ladrillo de PET se hace con 20 botellas descartables, lo que resalta la importancia ambiental del proyecto, ya que puede ser una alternativa al ladrillo de barro cocido que consume suelo fértil, usa leña de los bosques, y produce contaminación atmosférica.
Investigadores de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT) desarrollan una tecnología similar a la que utilizan las tiras reactivas con las que se realizan las pruebas de embarazo, que permitirá fabricar en Argentina chips para diagnosticar enfermedades.
Foto: UNT
La investigación apunta al diseño de un mecanismo para fabricar chips «microfluídicos», que usan poca cantidad de muestra y de reactivos, y pueden utilizarse para realizar diagnósticos en aplicaciones biomédicas, ambientales e industriales, informó la UNT a través de su sitio de noticias.
Los usos que tendrán estos chips son múltiples, como la fabricación de biosensores para detectar glucosa y colesterol, en el ámbito biomédico, mientras que en el industrial pueden usarse en fermentadores para la detección de glucosa o de enfermedades en plantas.
«La idea surge a partir de una tesis de doctorado para la fabricación de chips de papel para la detección del Chagas, pero nos topamos con la limitación de que no teníamos cómo fabricar el chip. Ahí surgió la necesidad de crear la tecnología para su construcción, que funciona similar a una impresora», afirmó Rossana Madrid, ingeniera electrónica y doctora en Bioingeniería, a cargo de la investigación.
«Estamos construyendo el aparato para fabricar el chip. Estimamos sus dimensiones de entre 2 por 2 centímetros. El mecanismo de fabricación es un sistema de posicionamiento ‘dos D’, tiene un cabezal óptico que dibuja sobre el papel canales para la circulación de fluido a nivel micrométrico», explicó Madrid.
«El objetivo de esta tecnología es permitir la fabricación de los chips de forma más sencilla, económica y automática. Existen en el mundo chips microfluídicos de diferentes tipos, pero las tecnologías empleadas para su fabricación son diferentes a la que se desarrollan en nuestro proyecto», aseguró la investigadora.
En el ciclo Siempre Argentina Conexión Español de Radiodifusora Argentina al Exterior, el presidente de ARSAT, Matías Bianchi se refirió al segundo satélite que la Argentina pondrá en órbita en septiembre de este año.
Bianchi detalló que “se están finalizando los ensayos ambientales para simular la futura vida del satélite en el espacio y asegurarse que la mayor parte de las variables y riesgos, están controlados, como las temperaturas y las vibraciones que tiene que resistir”.
En ese sentido, Bianchi dijo que “este es un proceso que dura 9 meses y que ya estamos finalizando por lo que estimamos que para el mes de julio ya vamos a estar despidiendo al satélite desde Bariloche con dirección a Guyana”.
Además el presidente de la empresa argentina para la fabricación de satélites contó que “se están afinando los tiempos para el lñanzamiento, y por estos días se proyecta para fines de septiembre”.
Bianchi contó que ha diferencia del satélite ARSAT 1, este está diseñado para otra posición orbital en la cual tenemos autorización para dar servicios desde EEUU hasta Sudamérica”.
El presidente de ARSAT contó también que “gracias a la experiencia lograda con el ARSAT 1, ARSAT 2 llevó la mitad del tiempo en construirse, y de construirse un tercer satélite, deberíamos tardar aun menos tiempo”.
Al mismo tiempo, contó que “hace muy poquito pasamos el primer eclipse con ARSAT 1, que es una situación donde el satélite se ve sometido a la condición más exigente porque pasa de la oscuridad en donde está a -200 grados a en unas pocas horas recibir sol y tener +140 grados, entonces hay una amplitud de temperatura muy fuerte”.
Por otro lado, Bianchi se refirió a los beneficios objetivos que trae contar con un satélite: “Nosotros en Latinoamérica tenemos un territorios amplios y complejos, con concentraciones de población volcadas a las grandes ciudades, por lo que el satélite es una gran ayuda para producir cambios rápidos y dar igualdad al territorio”.
A propósito de esto, Bianchi consideró que “esa condición sumada a gobiernos que están interesados en generar igualdad de condiciones para todos, despertaron la necesidad de una industria espacial”.
En ese sentido Bianchi contó que “nosotros hicimos un seminario con todos los países latinoamericanos, los invitamos a Bariloche a que conozcan las instalaciones y ha tratar de crear una conciencia de cultura espacial latinoamericana, para poder conseguir una industria conjunta”.
Por otro lado Bianchi detalló los impulsos que tuvo la industria: “Hubo una decisión política de ocupar las posiciones orbitales, que las estaba mirando el Reino Unido. Una decisión de Néstor Kirchner que dijo `la vamos a defender y con satélites argentinos´”.
Por último Bianchi reflexionó: “Nos enseñaron por mucho tiempo que acá no se podían hacer cosas, y que había que mirar afuera, pero uno puede elegir el camino del trabajo, el esfuerzo y el conocimiento, que es lo que se hizo en este caso”.
Estudiantes y egresados de la escuela técnica Otto Krause desarrollan cohetes capaces de reducir las nubes graniceras que generan pérdidas millonarias cada año a la producción agropecuaria en Mendoza.
Una docena de alumnos participa en el desarrollo del cohete antigranizo.Una docena de alumnos participa en el desarrollo del cohete antigranizo.Vector antigranizo VAGX HUAYRA.Vector antigranizo VAGX HUAYRA. Emanuel Pujol (Agencia CTyS) – El diseño del vector antigranizo ya está finalizado y, este año, se podría efectuar el primer lanzamiento. Buscarán, en el corto plazo, crear una PyME que produzca 1000 cohetes por año.
Los cohetes estarán compuestos por materiales plásticos. Y sus aletas serán hechas con la impresora 3D dispuesta en la usina de desarrollos tecnológicos de la escuela técnica Otto Krause. Pero, sobre todo, será producto del trabajo conjunto de profesores, estudiantes y egresados de dicha institución.
“Cuando se aproxima una tormenta granicera, se puede reducir la formación de granizo disparando hacia las nubes una batería de cohetes que contengan yoduro de plata en sus puntas”, contó a la Agencia CTyS el profesor Jorge Romero, egresado de la Otto Krause que se desempeña en empresas tecnológicas del exterior y transmite su experiencia a los jóvenes que se suman voluntariamente a este proyecto.
Romero aseveró que “en los radares, se observa como si los núcleos de formación de granizo presentes en la nube se fueran borrando con una goma”. Esta tecnología nunca se desarrolló en Argentina, pero fue utilizada, por ejemplo, en los Juegos Olímpicos de 2008 de Beijing, para evitar que cayeran tormentas sobre los estadios.
El yoduro de plata evita que se forme granizo de gran tamaño sin provocar efectos adversos en el medio ambiente. Actualmente, en Mendoza, donde el granizo genera pérdidas millonarias cada año, se utilizan avionetas para tratar de sembrar las nubes con este compuesto químico.
Cuanto antes se combate a la nube granicera, hay más posibilidades de éxito. Desde luego que es más rápido lanzar cohetes al sitio preciso donde se está formando el granizo que aproximarse a las nubes con avionetas, lo que además implica un riesgo para los pilotos.
El ingeniero Alejandro Pedro Yaya, otro de los expertos que orientan a los estudiantes, comentó que hay algunos productores agropecuarios que deciden importar cohetes antigranizo rusos, pero que no son efectivos, porque están diseñados para las zonas cerealeras de Europa, cuyas nubes están a 6 kilómetros de altura, mientras que las nubes graniceras de la Cordillera alcanzan hasta 10 kilómetros de altura.
Por otra parte, dichos cohetes son más costosos y fueron diseñados con componentes de uso militar. “Están hechos con partes de metal, en tanto que nuestros cohetes van a ser íntegramente de plástico y están diseñados específicamente para nuestras realidades climáticas”, subrayó Yaya.
Ganadores en los INNOVAR Este proyecto para el desarrollo de cohetes antigranizo fue uno de los ganadores en la edición 2014 de los premios INNOVAR, por lo que obtuvieron un galardón de 15 mil pesos que permitió culminar el desarrollo del vector VAGX HUAYRA.
“Para nosotros ya es un logro competir en los INNOVAR, donde participan empresas tecnológicas y otros organismos que cuentan con presupuestos”, manifestó yaya. Y valoró: “Nosotros hacemos nuestros proyectos a partir del esfuerzo voluntario, cediendo parte de nuestro tiempo libre, tanto alumnos como egresados y profesores”.
Sobre la base de este esfuerzo, un producto en particular de los alumnos de esta escuela técnica ha llegado más lejos de lo imaginado. Hace algunos años, INVAP llamó a concurso para producir un instrumento muy específico, compuesto de aluminio, y ganó el desarrollado en la Otto Krause.
Según comentó la gente del INVAP, este accesorio hecho por los estudiantes está dentro del primer satélite de telecomunicaciones argentino, el ARSAT-1. De modo que lo hecho por los chicos, ahora, está orbitado a 36 mil kilómetros de la Tierra.
Más allá de su aplicación práctica, el desarrollo de los cohetes antigranizo es una etapa intermedia del programa aeroespacial Pampa Cielo, cuyo objetivo final es producir vectores destinados a poner en órbita a sondas para el estudio estratosférico.
Un diseño innovador e impreso en 3D Con una de las aletas del VAGX HUAYRA en sus manos, el profesor Jorge Romero contó a la Agencia CTyS que la misma había sido hecha en una máquina 3D. “Con el estado de desarrollo que tenemos actualmente y con el módulo de impresora que contamos, hacemos una aleta en 40 minutos aproximadamente, pero la idea es lograr producir más rápido, que sea un proceso industrial”, detalló.
De hecho, para abastecer a los productores agropecuarios de Mendoza, por temporada granicera, que se extiende desde octubre hasta marzo, se deben confeccionar 1000 vectores por año, por lo que habrá que realizar 4000 aletas cada temporada en la impresora 3D.
En detalle, una de las caras de la aleta del cohete es convexa y la otra, plana. “Esta aleta se parece mucho al ala de un avión”, comentó Romero. Y explicó: “Los aviones vuelan porque las alas tienen esta forma y, entonces, el aire pasa por debajo del ala a menor velocidad que el aire que pasa por la parte de arriba, por lo que se genera una corriente ascencional, que permite la sustentación a partir del efecto llamado Bernoulli”.
Ese sistema nunca fue utilizado en vectores, pero, en teoría, aplicar el efecto Bernoulli a partir del diseño de las cuatro aletas, provocaría un giro longitudinal, incrementando la estabilidad de los cohetes a lo largo de su trayectoria, por lo que se incrementaría la eficiencia de la siembra de las nubes graniceras con yoduro de plata.
Antes de fin de año, se espera realizar el lanzamiento del prototipo del vector antigranizo y, entre otros factores, se probará si dicha forma en las aletas provocan el efecto esperado.
Otra de las características innovadoras de este vector es que no tiene ninguna pieza metálica. “Es todo plástico y el tubo motor está hecho con un laminado de fibra de vidrio y carbono que es mucho más liviano y resistente que el acero”, valoró Romero.
El sistema científico y tecnológico argentino está cerca de contar con un diseño propio de transistor para antenas de satélites y radares. El proyecto es llevado a cabo por un trabajo conjunto entre la Universidad Nacional de San Martín y la Comisión Nacional de Energía Atómica.
Bonaparte, Kristukat y Lamagna, en laboratorios del Centro Atómico Constituyentes
“A fin de año esperamos tener listo un prototipo, paso fundamental para lograr más adelante un producto que sea transferible al mercado”, indicó a la Agencia CyTA-Leloir el líder del proyecto, el doctor en física Christian Kristukat, quien participa del proyecto.
El investigador, egresado de la Universidad Técnica de Berlín, en Alemania, y radicado en el país desde 2012, destacó que el desarrollo «sería un paso importante si tenemos en cuenta que los países fabricantes, como Estados Unidos, la Unión Europea y Japón, producen para ellos mismos este tipo de tecnología pero no la venden a terceros”.
“Además de funcionar bien, resiste las altas temperaturas y la radiación cósmica”, destacó.
El prototipo de transistor en desarrollo podría tener aplicación en circuitos de telecomunicación que requieren operación a radiofrecuencia (GHz) y alta potencia. Las pruebas iniciales del dispositivo tuvieron resultados alentadores.
Hasta ahora ya han mostrado interés la empresa Invap, Fabricaciones Militares y empresas chicas de telecomunicación. Si bien tanto en Argentina como en Alemania existen mecanismos para promover la vinculación entre el sector académico y empresas privadas, Kristukat señaló que en su país natal (Alemania) existen muchas más empresas en el sector de alta tecnología que buscan o necesitan el contacto con la investigación y el desarrollo universitario. “Acá tengo la impresión que el sector privado no invierte tanto como debiera”, deslizó.
Un dispositivo hecho en el país con nanotecnología demostró ser capaz de proteger datos en ambientes hostiles como puede ser un satélite
Foto del satélite “Tita” integrado días antes del despegue que tuvo lugar el 19 de junio de 2014 por. En su interior se colocó MeMOSat01, un dispositivo que almacena datos en ambientes hostiles.
Por Bruno Geller-. Un dispositivo hecho íntegramente en Argentina demostró ser eficaz para almacenar información y resistir dentro de un satélite a las vibraciones del despegue, los mayores niveles de energía solar y la radiación cósmica. Así lo aseguró uno de los investigadores que lideró el desarrollo, quien reveló que la memoria resistiva, MeMOSat01, sigue mandando información casi diez meses después del despegue del satélite.
“Nos sentimos muy optimistas (respecto al funcionamiento y las perspectivas del dispositivo)”, señaló a la Agencia CyTA el doctor Federico Golmar, investigador del CONICET en el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI). Golmar, quién también es profesor adjunto en la Escuela de Ciencia y Tecnología de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), presentó resultados actualizados de la experiencia en el FAPESP Week, un encuentro de científicos de Argentina y de Brasil que tuvo lugar del 7 al 10 de abril en Buenos Aires y que fue organizada por el CONICET y la Fundación de Apoyo a la Investigación Científica del Estado de São Paulo (FAPESP).
Golmar y sus colegas, que integran el proyecto LaboSat, orientado al diseño y desarrollo de plataformas de estudio de dispositivos para la ingeniería espacial, enviaron al MeMOSat01 a 500 kilómetros de altura dentro del satélite “Tita” (en honor a Tita Merello), que fue puesto en órbita el 19 de junio de 2014 por la empresa argentina Satellogic.
Las memorias están compuestas de una tricapa de metal-óxido-metal, esto es, un material aislante entre dos electrodos metálicos. “En total la plataforma de medición con las memorias pesa 55 gramos comparados con los 25 kilos del satélite”, destacó Golmar.
Para lograr ese tamaño, los investigadores manipulan la materia a escala nanométrica, es decir, con dimensiones del orden de una cien millonésima parte de un metro. “Trabajar con estas dimensiones permite lograr mucho ahorro: enviar un kilogramo al espacio a través de un lanzador es muy caro“, dijo Golmar.
Una vez que las memorias en desarrollo pasen todas las pruebas, podrían utilizarse en diferentes entornos hostiles: no sólo para guardar datos en satélites, sino también en pozos petroleros, centrales nucleares o exploración de volcanes, entre otras aplicaciones.
Imagen de las memorias de MeMOSat01 creadas con su correspondiente encapsulado y una moneda para tener noción del tamaño.
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