La información, que circulará mil o diez mil veces más rápido, vinculará el sistema científico

Nora Bär
LA NACION
Menos de tres años después de que, en diciembre de 2006, la red informática avanzada que vinculaba al sistema científico argentino dejara de operar por problemas con la financiación internacional, los científicos están por «cobrarse la revancha»: una nueva, más completa y velocísima autopista electrónica está ya en la rampa de lanzamiento.
Si todo sigue como está previsto, su puesta en marcha debería concretarse antes de fin de año o a comienzos del próximo. Los investigadores la definen como «la segunda gran revolución después de la Internet», porque cuando su desarrollo se complete permitirá no sólo enviar fenomenales volúmenes de datos, sino utilizar los recursos de cómputo de manera distribuida (algo que en la jerga se conoce como «grid»), manejar instrumentos a distancia y trabajar en conjunto con investigadores situados en otros lugares del país.
«En general, en todo el mundo se le presta mucha atención a todo lo que se llama e-ciencia ?dice el físico Alejandro Ceccatto, secretario de Articulación Científico Tecnológica del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva?. Es una manera distinta de trabajar, privilegiando los grupos colaborativos entre personas distribuidas geográficamente, compartiendo instrumental, compartiendo ideas, haciendo uso de lo que son las grandes facilidades internacionales. Pero para llegar a una situación como ésa hace falta cumplir con algunos pasos previos. El primero es la estructuración de una red avanzada nacional que nos permita comunicarnos a gran velocidad.»
La primera etapa de la iniciativa consiste en la compra del «derecho irrevocable de uso» de un gran anillo de fibra óptica que vinculará al 75% de los recursos humanos en ciencia que posee el país, la vía «troncal». «Ya se adquirió el equipamiento electrónico de comunicaciones y se firmó el contrato entre Innova T, la institución que maneja la red avanzada nacional, Innova Red y el Ministerio de Ciencia ?afirma Ceccatto?. Lo único que falta en este momento es la aprobación final del Banco Interamericano de Desarrollo, en Washington, para que el Ministerio pueda hacer el desembolso de dos millones de dólares. La Comisión Europea ya adelantó un aporte de un millón más, y la Cooperación Latinoamericana de Redes Avanzadas (Clara), aproximadamente otros 400.000 dólares.» Según el funcionario, gracias a un acuerdo con una empresa nacional (Silica/Datco), que ya tenía el tendido de la fibra óptica, la cifra total resulta incomparablemente menor que la que hubiera exigido realizar el tendido desde cero.
La «troncal» es en definitiva una gran autopista capaz de transportar información a alrededor de 10 gigabits por segundo, lo que significa ampliar la capacidad de comunicación actual de las instituciones científicas mil o diez mil veces.
Pero para que esa fabulosa velocidad pueda utilizarse para, por ejemplo, manejar un microscopio electrónico a distancia o resolver en forma distribuida problemas meteorológicos, que requieren enorme capacidad de cómputo, se necesita algo más que la infraestructura.
«Hay que montar una estructura de servicios ?dice Ceccatto? que permita poner todos los recursos computacionales, tanto de cálculo como de datos, en esa infraestructura única que pueda compartir toda la comunidad, de manera tal que uno puede sentarse en su oficina y correr un programa en un cluster de computadoras de Córdoba.»
Con esta idea, ayer y anteayer cinco expertos extranjeros y más de 40 investigadores llegados desde distintos puntos del país participaron en un taller en el que se interiorizaron de la iniciativa y analizaron las necesidades y posibilidades de los distintos centros de investigación.
El balance general fue muy positivo, aunque varios de ellos se preocuparon porque los equipos de investigación ya están «sobreexigidos» y ahora tendrán que destinar recursos humanos a lograr que todo esto funcione.
«Es un paso gigantesco ?dijo Esteban Mocskos, investigador del Departamento de Ciencias de la Computación de la UBA?. Sin esta infraestructura no podemos siquiera comenzar a hablar. Pero ahora hay que desarrollar las aplicaciones, algo que no es sencillo, y cambiar toda una cultura de trabajo.»
Ceccatto, sin embargo, confía en que se logrará: «Estructurar esto exige un gran compromiso de las instituciones, poner en consonancia los intereses de los usuarios de distintas áreas de la ciencia. Es un trabajo de articulación complejo, pero creo que hemos avanzado mucho y que, si seguimos así, podremos liderar este desarrollo en América latina.»
Por su parte, María Teresa Dova, investigadora del Conicet y de la Universidad de La Plata que trabaja en física de las altas energías, siente un entusiasmo sin cortapisas: «Estoy segura de que esto es la segunda gran revolución ?dice?. No sólo para nosotros, sino para la ciencia grande de la Argentina, desde el clima hasta la bioinformática, la física del sólido y la computación cuántica. La «grid» permitirá compartir recursos, pero fundamentalmente personas. Y eso, yo creo, es lo más importante».
http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1189604