En una subasta de arte latinoamericano que se celebró en Christie’s, su cuadro El cantor (1934) se vendió en 782.500 dólares. Así quedó muy cerca del récord de Antonio Berni, cuyo cuadro Desocupados -vendido a mediados de los años noventa en 800 mil dólares- sigue siendo la obra más cara de la historia del arte argentino.
EL CANTOR. Ilustró la portada del catálogo de la subasta de arte latinoamericano en la sede neoyorquina de Christie´s.
Emilio Pettoruti se convirtió ayer en el segundo pintor argentino más cotizado del mundo. En una subasta de arte latinoamericano que se celebró en Christie’s, Nueva York, su cuadro El cantor (1934) se vendió en 782.500 dólares. Así quedó muy cerca del récord de Antonio Berni, cuyo cuadro Desocupados -vendido a mediados de los años noventa en 800 mil dólares- sigue siendo la obra más cara de la historia del arte argentino.
Emilio Pettoruti (1892-1971) fue el principal pionero del arte modernista y abstracto en la argentina. Aunque buena parte de su formación e influencias las recibió durante los años que pasó en Europa, desarrolló la mayoría de su obra en la Argentina, adonde regresó en 1924. El cuadro que se subastó ayer en Nueva York forma parte del principal eje temático de su obra: retratos cubistas de músicos o arlequines, en los que coincidían influencias como el tango y la pintura de Pablo Picasso.
El cantor, de Pettoruti, era una de las piezas «estrella» de una subasta en las que también salieron a la venta cuadros de pintores emblemáticos como el mexicano Rufino Tamayo, el colombiano Fernando Botero o el argentino Jorge de la Vega (su acrílico Billiken se vendió en 422.500 dólares). De hecho, El cantor fue la imagen de tapa del catálogo de esta subasta que incluía obras como Tres figuras, del uruguayo Joaquín Torres García, que salía en 2,5 millones de dólares pero no se vendió.
Están obligados a colocar al menos dos butacas de dimensiones especiales o el 1 % de la capacidad en los próximos 120 días. LA MEDIDA BUSCA AVANZAR CONTRA LA DISCRIMINACION DE LOS OBESOS.
Los cines y teatros de la Ciudad deberán contar, a partir de una ley aprobada en la sesión de ayer en la Legislatura, con un mínimo de dos asientos especiales de mayor tamaño al resto de las localidades destinadas a las personas obesas.
La norma, promovida por la diputada Liliana Parada (del bloque Igualdad Social), obliga a las salas a cumplir con la disponibilidad de esos dos asientos en un plazo que no supere los 120 días. «La obesidad no sólo puede desencadenar otras enfermedades físicas, sino también psíquicas y múltiples trastornos sociales. Por eso, debemos evitar la posibilidad de cualquier tipo de discriminación y garantizar con esta ley las condiciones de accesibilidad para hombres y mujeres con obesidad a los espacios públicos», precisó Parada, que militó en la Coalición Cívica.
La iniciativa, que busca avanzar contra la discriminación que sufren las personas obesas en espectáculos públicos, estipula que estos asientos especiales tendrán un ancho entre ejes de brazo no inferior a 80 centímetros y la profundidad mínima del asiento será de 70 centímetros. Así, se obliga a cines y teatros de la Ciudad a contar con un mínimo de dos asientos especiales en una sala de 200 butacas (ó 1% del total), de mayor tamaño al resto de las localidades .
Así lo afirman especialistas del Programa de Prevención del Infarto en la Argentina, que depende de la UNLP. Señalan que cada vez más supermercados ofrecen en sus góndolas productos saludables y con precios accesibles
Galletitas, panificados, pastas, snacks y barritas de cereal son algunos de los productos que hoy en día se ofrecen en las góndolas de los supermercados argentinos con el rótulo “sin grasas trans”. De acuerdo a un estudio de la Universidad Nacional de La Plata, desde 2001 el país logró reemplazar el 55 por ciento de estas grasas malas que están presentes en los alimentos. Los resultados de este avance serán presentados hoy en un encuentro donde participarán científicos, funcionarios y empresarios de industrias alimentarias. El nuevo desafío es eliminarlas el 100%. Los ácidos grasos trans, más conocidos como “grasas trans”, se forman durante la hidrogenación parcial de aceites vegetales líquidos para formar grasas semisólidas que se emplean en margarinas, aceites para cocinar y muchos alimentos procesados. Estas grasas resultan atractivos para la industria debido a su tiempo de conservación prolongado y su mayor estabilidad durante las frituras. No obstante, han mostrado ser casi tan dañinas como las grasas saturadas para la salud del corazón: aumentan el colesterol y el riesgo de infarto, y algunas investigaciones afirman que, como impactan sobre la membrana celular, también estarían implicadas en distintos tipos de cáncer. Así lo reconoció el médico Marcelo Tavella, director del Programa de Prevención del Infarto en la Argentina (Propia), que depende de la Facultad de Medicina de la UNLP. El especialista explicó a Hoy que hace varios años, desde el ámbito científico se recomendó a los empresarios del rubro alimenticio reemplazar la grasa animal (saturada) por la trans. Pero luego se comprobó que ésta tampoco era buena para la salud. Actualmente, los expertos recomiendan el reemplazo de estas grasas por aceites alternativos que no provoquen daño. Tavella, que se desempeña como profesor de Bioquímica en la facultad y es investigador del Conicet, comentó que actualmente se elabora en el país un aceite de girasol de “alto oleico” que, entre sus características, es químicamente muy estable, similar al de oliva, pero más barato. Este alimento es saludable y se utiliza para reemplazar a las grasas trans. “Cada vez hay más empresas que preparan sus productos sin grasas trans. Los médicos no tenemos que insistirles para que las reemplacen. Es como un fenómeno de efecto dominó. Y el marketing tiene mucho que ver porque varias marcas llevan el rótulo en su envase”, afirmó. La jornada de hoy, denominada Entornos Saludables y Grasas Trans es organizada por el Propia y se desarrollará en la Biblioteca Nacional, de Capital Federal. Se espera la presencia de la ministra de Salud nacional, Graciela Ocaña; el presidente de la UNLP, Gustavo Azpiazu; especialistas, representantes de la industria y de la Organización Panamericana de la Salud. En el encuentro se explicará cómo Argentina logró, desde 2001, reemplazar el 55 por ciento de las grasas trans de los alimentos. Tavella destacó que la reducción en el consumo de estas grasas malas fue posible, fundamentalmente, modificando el entorno del individuo que ahora puede conseguir en las góndolas productos saludables y con precios accesibles.
Abreviaría los tiempos judiciales hasta un 70 por ciento. Este plan piloto rige desde la semana pasada y por ahora se aplica en sólo cuatro juzgados del fuero civil de la Capital Federal, pero su extensión está incluida en una agenda de modernización tecnológica del Poder Judicial.
Un nuevo sistema que podría abreviar hasta un 70 por ciento los tiempos de los trámites judiciales comenzó a aplicarse en los tribunales porteños, donde las notificaciones judiciales se están enviando por e-mail.
Este plan piloto rige desde la semana pasada y por ahora se aplica en sólo cuatro juzgados del fuero civil de la Capital Federal, pero su extensión a toda la justicia está incluida en una agenda de modernización tecnológica del Poder Judicial.
Una medida del impacto que el nuevo sistema tendrá lo da el hecho de que las notificaciones insumen la mayor parte del tiempo útil de cualquier juicio.
Según datos de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, en Capital cada cédula demanda unos 10 días del proceso y en provincia de Buenos Aires, entre tres o cuatro meses.
El flamante Sistema de Notificaciones Electrónicas de resoluciones judiciales consiste, simplemente, en reemplazar el tradicional sistema de envío de las resoluciones de la justicia al domicilio constituido de las partes por mano de un oficial del juzgado y hacerlo en cambio por internet.
«Se trata de una herramienta de fácil utilización y calificada en el sector como revolucionaria, por romper con un mecanismo de trabajo muy apegado al papel», se informa en el sitio web del Centro de Información Judicial –www.cij.csjn.gov.ar–, que depende de la Corte.
Con el nuevo sistema, la resolución dictada por el juzgado se envía a un servidor especial que dispara un e-mail a la casilla de correo del abogado de la parte a la que se va a notificar.
Ese e-mail le avisa que tiene una notificación pendiente en el sistema y el letrado puede ingresar o no al servidor con su contraseña. Pero con la sola lectura del correo electrónico, queda notificado y el sistema dispara un comprobante para el juzgado.
El sistema sólo se utiliza por ahora en los juzgados civiles 1, 46, 74 y 94, pero en corto plazo se extenderá a sus 110 juzgados de primera instancia y a las 13 salas de la cámara de apelación.
La finalidad del proyecto no es eliminar totalmente la utilización del soporte papel para notificaciones, pero sí limitar su uso a los casos de absoluta necesidad.
Los juicios se alargan más de la cuenta «porque los plazos procesales se estiran a fuerza de notificaciones, pedidos de informes y burocracia interna muchas veces innecesaria», admite el sitio CIJ.
«Por ahora, estamos lejos del expediente digital. Sin embargo, esta experiencia permitirá reducir los tiempos del trámite y el volumen de papel circulante que tiene enorme incidencia en las mesas de entradas y en los propios edificios», dijo el juez civil Gustavo Caramelo.
El dato no es menor teniendo en cuenta que el fuero civil es el más voluminoso de la Justicia nacional de la Capital y que cada día sólo la Mesa General de Entradas de Lavalle 1220 recibe cerca de 5 mil escritos.
En el plan de modernización tecnológica impulsado por la Corte Suprema figura también implementar la comunicación online de los juzgados criminales con las fuerzas de seguridad.
El Programa Raíces les ofreció un subsidio para volver al país
Adrián Turjanski, el científico número 600 repatriado por el Programa Raíces Foto: Mariana Araujo Nora Bär LA NACION
Como muchos investigadores argentinos después de hacer un doctorado y un posdoctorado en el país, Adrián Turjanski decidió irse a completar su formación en el exterior. Pidió una beca Pew y en 2005 estaba en Washington trabajando en los Institutos Nacionales de Salud de los Estados Unidos. Pero hoy está de regreso en Buenos Aires, ya como investigador del Conicet y profesor adjunto de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA. Turjanski, especialista en simulación computacional de sistemas biológicos, es el «repatriado» número 600 del Programa Raíces, una red de vinculación de científicos argentinos residentes en el exterior lanzada en 2003 por la Dirección de Relaciones Internacionales del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva (en ese momento, secretaría). El programa ofrece un «subsidio de retorno» que cubre el pasaje de regreso y un monto de 5000 pesos, que puede ser utilizado para compra de equipamiento, gastos de mudanza u otro pasaje, a científicos argentinos que tengan una oferta de trabajo en el país. En caso de que el investigador no tenga una oferta laboral, se le ofrece la difusión de su currículum en una base de datos de 3500 empresas, institutos y universidades. Esta tarde se anuncia la promulgación de la ley que lo convierte en política de Estado. Algunos regresaron después de dos años, el tiempo que habitualmente exige un posdoctorado en el exterior. Otros, luego de veinte. Hay quienes reconocen que lo hicieron para restablecer vínculos familiares dañados por la distancia. Otros, porque quieren defender la universidad pública, o sienten el compromiso de contribuir al desarrollo científico local y a la construcción de una sociedad, la propia, más justa. Para algunos, el choque con la realidad local fue más duro que para otros. «De alguna manera, me fui con la idea de volver, pero, lógicamente, varias veces dudamos sobre qué hacer -confiesa Turjanski, que se trasladó a los Estados Unidos con su mujer, odontóloga, y su hijo Matías, de un año-. Uno siempre tiene sentimientos ambiguos. No es fácil encontrar un espacio. Todavía no tengo mi propia casa… Pero de a poquito voy teniendo estudiantes, voy armando mis propios cursos. Hay que tener paciencia. Estoy contento.» Las áreas de estudio de estos investigadores van desde la tecnología de alimentos (como Ariel Vicente, que volvió a trabajar en la Universidad de La Plata), hasta la genética de la diabetes (tema de Mariano Taverna, que se incorporó en el Instituto de Estudios de la Inmunidad Humoral Profesor Ricardo Margni, del Conicet y la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la UBA), las neurociencias (especialidad de Paula Faillace, que utiliza la retina del pez cebra como modelo para estudiar mecanismos de crecimiento, diferenciación y regeneración de neuronas en el Departamento de Fisiología de la Facultad de Medicina de la UBA), o los orígenes del terrorismo de Estado (tema de tesis de Mario Ranaletti, que volvió después de haber pasado seis años en Francia para reinsertarse en la maestría de historia de la Universidad Nacional Tres de Febrero). El balance que hacen los científicos de la experiencia en el extranjero, es, en general, excelente. Para Héctor Miguens, especialista en derecho concursal que pasó no uno, sino tres períodos diferentes en el exterior, lo mejor fue «haber podido palpar una forma de trabajar con rigor, con un adecuado manejo de fuentes de investigación y ejemplos de creatividad que, en nuestro país, son difíciles de encontrar». Turjanski opina que la oportunidad de trabajar en un país desarrollado es más que interesante, «sobre todo por el acceso a los colegas en un medio de gran concentración de científicos de alto nivel». Para el matemático Ignacio Viglizzio, que junto con su esposa, Ana Maguitman, licenciada en ciencias de la computación, volvió de la Universidad de Indiana a la de Bahía Blanca, fue totalmente positivo, «tanto en el aspecto académico como en el personal». Explica: «Pude conocer diferentes culturas y ser más consciente de los prejuicios que existen aquí». Adolfo Villanueva, doctor en ingeniería y especialista en recursos hídricos que vivió 20 años en Brasil antes de regresar al Instituto de Hidrología de Llanuras de la Universidad del Centro de la Provincia de Buenos Aires, coincide: «Fue muy bueno. Técnicamente, el [Instituto de Investigaciones Hidráulicas, de la Universidad Federal de Rio Grande do Sul] es excelente. Además, pude recorrer el mundo e independizarme de la influencia de España». Sin embargo, las opiniones sobre el rumbo de la ciencia local son divergentes. Villanueva, por ejemplo, considera que «falta visión estratégica acerca del papel que cumple la ciencia y la tecnología en el desarrollo del país». «Consciente o inconscientemente, todo se centra en grandes descubrimientos, en patentes revolucionarias -afirma-. Ese es el lado chic de la investigación, pero no el más importante. Brasil no tiene ningún premio Nobel, tiene menor índice de publicaciones que nosotros, pero su sistema científico es muy superior al nuestro e incorpora mucha más tecnología de punta en su sistema productivo.» Turjanski siente que «la situación para los científicos mejoró muchísimo y hay expectativas de que seguiremos avanzando». Ranaletti piensa que «las perspectivas son alentadoras». El físico Diego Arbó, que volvió para trabajar en el Grupo de Colisiones Atómicas del Instituto de Astronomía y Física del Espacio, del Conicet, dice que espera que «en el futuro haya subsidios más significativos, se simplifique la burocracia, y haya concursos limpios». Federico Balaguer, ingeniero en software que retornó desde la universidad norteamericana de Urbana-Champaign, dice estar contento, aunque agrega que «la falta de previsibilidad es algo que mina muchos esfuerzos». Vicente afirma que en el fondo todavía mantiene «el idealismo de creer que en nuestro país se puede hacer ciencia de buen nivel». Y agrega: «Veo que la situación ha mejorado. Pero hay que aumentar el apoyo a la ciencia como motor de cambio. Si bien el presupuesto creció, es fundamental que las políticas se sostengan y que aumente la vinculación entre grupos de investigación del país y del exterior, con el sector privado y con toda la sociedad». Faillace, por su parte, explica: «Creo que mis aportes al sistema cientifico pueden ser mucho más valiosos aquí que en los Estados Unidos. A veces pienso que la emoción que siento cuando a este país le pasa algo bueno o se atisba un cambio de mentalidad, también tuvo su peso en mi decisión de volver. Muchos de los miedos de no saber si iba a poder sobrevivir económicamente haciendo ciencia ya no están. Estoy contenta.»
Se trata de Hiller Inversiones, que traería al país su negocio de centros de espectáculos. La iniciativa comenzaría a tomar forma a fines de 2009
El grupo de inversión chileno Hiller Inversiones evalúa traer a la Argentina el formato aplicado en el país trasandino para su negocio de centros de espectáculos.
La información fue publicada por el Diario Financiero y confirmada a un matutino porteño por el jefe de prensa de Movistar Arena y vocero de Daniel Hiller, Héctor Arabena, quien aseguró que “hay proyecciones de nuevos recintos para la Argentina”.
Según la publicación chilena, el dueño de Movistar Arena, Peter Hiller, prevé una expansión en Latinoamérica de su negocio de centros de espectáculos y entretenimiento, a raíz de los buenos resultados obtenidos con la explotación de este recinto. Por eso quiere replicar la operación en otros países de la región.
“Vamos a estudiar la posibilidad de ir con los socios estadounidenses a otros países de Latinoamérica. Perú es uno de ellos, pues allá no existe un recinto como el Arena. También pensamos en Colombia y en Argentina, que tiene el Luna Park como gran recinto de eventos, pero que es muy antiguo. Además, Argentina es un mercado fantástico”, expresó el empresario. “La idea es llegar a unos cinco países de Latinoamérica y eso ya está planeado”.
Sin embargo, y según publica un diario local, esto no significaría que sea una versión local de la Movistar Arena. “La empresa tiene dos Arena en el mundo, una en Londres y otra en Chile, pero no es algo que Telefónica esté previendo para la Argentina. Está en carpeta, pero no es algo para el corto plazo”, aseguró una fuente de la compañía de telefonía celular en el país.
La estructura que utilizaría el empresario del vecino país sería idéntica a la aplicada en Chile. Buscar un espacio ya construido y, de la mano de su socio estadounidense –SMG, compañía que trabaja en más de 200 estadios en todo el mundo– proyectar el negocio.
“Construir un Arena con recursos propios es casi prohibitivo. Hay que buscar ayuda del Estado o de las municipalidades, creando así algún tipo de convenio con las instituciones públicas que permita que ellos tengan la infraestructura y que nosotros como inversionistas podamos hacer todo el equipamiento y remodelación”, explicó Hiller en la entrevista al diario chileno.
A partir de esto, y de su opinión sobre el emblemático Luna Park, se especula que una opción sería la de buscar asociarse y llevar adelante una remodelación del emblemático estadio porteño.
Los planes del empresario se remontaría para el finales de 2009, proceso en el cual ajustaría las relaciones con las autoridades de las ciudades en donde planea desembarcar.
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