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Notable avance científico Argentino :Clonaron una vaca gran campeona de la raza Brangus que había muerto

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Notable avance científico Argentino :Clonaron una vaca gran campeona de la raza Brangus que había muerto

Posted on 10 noviembre 2009 by hj

La segunda ternera Brangus clonada en el mundo fue producida en el Instituto Tecnológico de Chascomús ,se realiza por primera vez en el país
Clonaron una vaca que había muerto

Nora Bär
LA NACION

Adrián Mutto no es particularmente sensiblero. Sin embargo, el investigador del Instituto Tecnológico de Chascomús (Intech), perteneciente a la Universidad de San Martín y al Conicet, habla de su reciente creación como un padre orgulloso de su beba recién nacida: intervino en su gestación; estuvo toda la noche en vela antes del parto, y celebró con una alegría sin límites que hubiera nacido «sanita».

Sólo que en lugar de estar hablando de una beba se refiere a… una ternerita, y muy especial: una réplica casi idéntica (obtenida por clonación) de la Gran Campeona Nacional 2007 de la raza Brangus… Es más: la vaca «fundadora» había muerto antes de que se iniciara la gestación de su clon.

«Es la primera lograda en el país de un animal muerto -dice con innegable orgullo Mutto, que junto con Germán Kaiser y Nicolás Mucci ya había logrado reproducir a Ciruelo, también un Gran Campeón, cuya copia idéntica, Ciruelito, fue el primer clon de Brangus del mundo-. Lo importante es que pudimos recuperar todo el potencial genético de estos animales. El dueño ya la había perdido y nosotros se la devolvimos.»

Como Ciruelo, la nueva ternerita fue obtenida en el marco de un convenio de transferencia de tecnología entre la Universidad y la empresa ARG Natural Beef, perteneciente al grupo America, que financia el proyecto con una inversión de 250.000 dólares, parte de los cuales fueron para los micromanipuladores y el equipamiento de alta precisión que requiere esta técnica.

«Tenemos la política de invertir en biotecnología y el dominio de la técnica de la clonación resulta fundamental -cuenta Carlos Marietti, de ARG Natural Beef-. La idea es tratar de reproducir los animales de mayor mérito genético y tenemos previsto avanzar con esto mismo en equinos. Estamos satisfechos, porque aunque la respuesta económica todavía no está, el dominio de esta técnica nos da una proyección a futuro que tiene mucho potencial.»

Inmediatamente después de fallecida la vaca original, Mutto recibió una pequeña porción de tejido. «Establecimos un cultivo de células [fibroblastos] y las criopreservamos hasta su utilización [en un tambor de nitrógeno líquido, a 196 grados bajo cero]. Después, realizamos varias maniobras de transferencia nuclear hasta que obtuvimos embriones que fueron implantados en hembras receptoras.»

Fueron necesarias sólo dos gestaciones para, finalmente, obtener la ternerita clonada. Para hacerse una idea de la pericia de los científicos y técnicos argentinos, baste con mencionar que para clonar a Dolly, la oveja que inició esta historia, fueron necesarias 280 transferencias. El promedio actual es de entre el 5 y el 10% de resultados positivos. «En total, dentro del marco de este programa, transferimos 23 embriones y obtuvimos cuatro animales nacidos vivos, lo que quiere decir que tuvimos un 17% de eficiencia», puntualiza Mutto.

Para Daniel Salamone, de la Facultad de Agronomía de la UBA, lo más atractivo de este logro es que se haya alcanzado en una universidad nacional. «El Estado ha estado haciendo un gran esfuerzo en investigación, pero todavía falta que más empresas apuesten a hacer desarrollos en el país -afirma-. Las que ya lo hicieron son una prueba de que pueden beneficiarse.»

Por supuesto, a las empresas ganaderas la posibilidad de tener un rodeo de alta calidad «en el freezer» les otorga posibilidades comerciales insospechadas hasta el momento. Pero para quienes se pregunten si estas técnicas de clonación son aplicables a los seres humanos, la respuesta es, sencillamente, que no.

«Más allá de un mero hecho publicitario con serios problemas éticos (que, por otra parte, terminaría con las carreras de los científicos involucrados), no hay ningún motivo para hacerlo -dice el doctor Lino Barañao, ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva-. No somos sólo producto de nuestros genes: no se puede reemplazar a un hijo perdido ni a un héroe del pasado… El clon sería otra persona y punto. Por otro lado, no es una técnica inocua. Estos animales a veces no sobreviven más allá de unas pocas horas, o tienen alteraciones en la reprogramación genética. Además, cada especie presenta nuevos desafíos; de hecho, la técnica todavía no pudo reproducirse en primates. En vacas, ovejas y equinos tiene sentido, pero podemos estar tranquilos de que no se va a reportar ninguna clonación humana.»

A diferencia de la mayoría de los clones, la nueva ternerita Brangus nació por parición natural. «Fue el 23 de octubre -recuerda Mutto-. ¡Me pegué un susto! La cesárea estaba programada para ese mismo día a las 10 de la mañana. Nos habíamos quedado a la noche para vigilar que fuera todo bien, y a las seis de la madrugada vimos que ya tenía dilatación y había empezado el trabajo de parto. Tuvimos que llamar de urgencia a todo el mundo, pero nació por vía vaginal, como corresponde. No es lo habitual, porque los clones son más grandes que los terneros normales. Pero ésta no: pesó unos 30 kilos y está muy sana, muy bien.» Y exclama: «¡Es uno de los terneros más lindos que vi en mi vida! Y eso que vi muchos»…

http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1197543

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Clonaron en Chascomús un toro campeón?

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Clonaron en Chascomús un toro campeón?

Posted on 08 julio 2009 by hj

Avance de científicos argentinos / En la Universidad de San Martín. Ciruelo nació el 20 del mes pasado; es el primero de la raza Brangus logrado en el mundo y también en una universidad pública local

Clonaron en Chascomús un toro campeón

 

 

 

Nora Bär
LA NACION

Ciruelo es un ternerito de ojos dulces y ánimo juguetón, casi como todos. Con poco más de dos semanas de vida, toma ocho litros de leche enriquecida con vitaminas y crema por día. ¡Y engorda un kilo cada 24 horas!

Pero hay una diferencia: Ciruelo no nació de una vaca servida por un toro ni por inseminación artificial… Es la copia idéntica de un animal premiado por la Sociedad Rural, obtenida por clonación. El primer bovino clonado en el país en una universidad nacional, y el primero del mundo de la raza Brangus.

El logro, un avance tecnológico de alto nivel, fue alcanzado por investigadores del Laboratorio de la Reproducción en el Instituto de Investigaciones Biotecnológicas del Instituto Tecnológico de Chascomús (IIB-Intech), perteneciente a la Universidad de San Martín y el Conicet.

La historia comenzó hace alrededor de dos años, cuando Rodolfo Ugalde, jefe del equipo de científicos que llevarían adelante la tarea, le planteó este desafío a su becario Adrián Mutto. «Me dijo que había productores interesados en clonar animales de alto valor genético y me preguntó si estábamos en condiciones de hacerlo -recuerda Mutto, licenciado en biotecnología que la semana próxima recibirá su título de doctor-. Con los veterinarios Germán Kaiser y Nicolás Mucci no dudamos en decirle que sí.»

La conveniencia de semejante operación, dice Mutto, es fácil de comprender: si todo sale bien, en lugar de tener un macho de 300.000 pesos o una hembra que produce 20 embriones por temporada, uno tiene dos de cada uno.

En este caso, el toro fundador proviene del Centro de Inseminación Artificial La Elisa y de la empresa ARG Natural Beef. Ellos financiaron el proyecto, que costó unos 150.000 dólares, y la universidad puso el conocimiento.

En 2007, los científicos fueron hasta un campo del Chaco y tomaron muestras de alrededor de un centímetro de diámetro de células de la oreja de machos y hembras campeones elegidos.

Una vez realizado el cultivo primario, guardaron los fibroblastos (células del tejido conectivo) en un tambor de nitrógeno líquido, a 196 grados bajo cero. «A esa temperatura pueden mantenerse años», acota Mutto. Y enseguida agrega: «Cuando decidimos usarlas, las descongelamos, las volvimos a la temperatura normal de los bovinos (que es de 38°5) y quedaron stand by esperando la clonación».

Una receta compleja

Una vez llegados a este punto y dado que se trataba de generar una copia idéntica del animal fundador (es decir, prescindir del material genético que normalmente aporta el otro integrante del binomio indispensable para lograr un embrión en la reproducción natural o artificial), los investigadores necesitaban óvulos de vaca.

«Los conseguimos a partir de ovarios de matadero -explica-. Esos óvulos tienen su propio material genético, que extrajimos por micromanipulación.»

Con el mismo micromanipulador, un equipo de difícil manejo que exige unos seis meses de práctica para dominarlo porque trabaja en dimensiones de diez nanómetros (10.000 millonésimas de metro), los científicos introdujeron «a la fuerza» en el óvulo el fibroblasto del animal que querían clonar y los fusionaron con un pulso eléctrico.

«[Para hacerse una idea de la dificultad de la operación, baste con mencionar que] la célula mide 15 micrones [o millonésimas de metro] y se introduce en el espacio perivitelino, que queda entre la membrana pelúcida y la plasmática -detalla Mutto-. Para que el núcleo de la célula con la información genética ingrese en el óvulo y se fusione, se le aplica un pulso eléctrico de 1600 voltios por centímetro cuadrado. Después de verificar que resultó, tenemos que «hacerle creer» al núcleo del fibroblasto que es un embrión; es decir, tenemos que hacerlo retroceder a un estadio anterior de su desarrollo, algo que se llama «activación embrionaria». Luego, poner todo eso en un medio de cultivo e inducirlo a que se divida; es decir, imitar las señales químicas que ocurren durante una gestación natural.»

El cultivo in vitro dura siete días, tras los cuales los embriones que llegaron al estadio de blastocisto (una esfera microscópica de entre 50 y 200 células) son insertados en un animal receptor que se «sincroniza» hormonalmente para que lo acepte.

«Implantamos entre 15 y 20 embriones y logramos cinco preñeces de Ciruelo -cuenta Mutto, que trabaja en mejoramiento genético desde hace más de 12 años, y hace siete que se especializó en clonación y transgénesis-. Al día 60 de gestación, teníamos 3; al día 120, ya teníamos dos; al octavo mes, nos quedamos con una sola, y al día 280 hicimos la cesárea.»

Ciruelo, que sigue a sus veterinarios como si fueran sus padres y pronto se juntará con otros de su especie, nació el 20 de junio con algunos problemas respiratorios, todos hoy superados.

Sin duda, se trata de un logro de nivel internacional que representó todo un desafío. Sobre sus dificultades, Mutto bromea: «Estuvimos en neonatología tres días sin dormir. ¡Trabajar en esto es un parto!»

Los protagonistas

 En la clonación de Ciruelo participó un equipo formado por profesionales del más alto nivel.

Susana Wacholder, considerada una eminencia en América latina, fue la neonatóloga que se ocupó de atenderlo durante los primeros días tras el parto y resolver los problemas pulmonares que lo aquejaron.

El doctor Bruno Rutter, titular de Obstetricia de la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Buenos Aires, fue el encargado de practicar la cesárea.

Adrián Mutto, Germán Kaiser y Nicolás Mucci, del Instituto de Investigaciones de Chascomús, de la Universidad de San Martín y el Conicet, fueron los tres «padres» del ternero, que se ocuparon de generar el embrión y vigilar la gestación.

http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1147939

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