En esa Unidad Penitenciaria reciben formación sobre el cultivo de la tierra, la cría de chanchos, el diseño y cuidado de parques y viveros, apicultura y lombricultura. Los productos que obtienen con su trabajo se venden al personal penitenciario y a varios frigoríficos

Con la misma importancia que tiene acceder a la educación, aprender un oficio es una herramienta indispensable para cualquier persona. En la cárcel de Gorina, internos aprenden actividades de chacra y parquización. El objetivo, según informaron ayer fuentes del Servicio Penitenciario Bonaerense (SPB), es aumentar sus posibilidades laborales para cuando recuperen la libertad.
Los presos alojados en la Unidad Penitenciaria 12 de Gorina reciben formación sobre el cultivo de la tierra, la cría de chanchos, el diseño y cuidado de parques y viveros, apicultura y lombricultura. El director, Orlando Barreiro, explicó que es para que tengan “un oficio que sea una herramienta para su futuro”.
La Unidad 12 se caracteriza por ser una cárcel de régimen abierto, es decir que no tiene muros ni rejas, sino que está compuesta por pabellones con dormitorios en lugar de celdas y tiene un gran parque de libre acceso.
Allí hay unos cien internos, la mayoría próximos a quedar en libertad en pocos meses, ya que una de sus característica es ser “la última instancia” carcelaria para quienes tuvieron buena conducta durante su condena y se esforzaron en formarse y participar de las diversas actividades que ofrece el SPB.
En sus 18 hectáreas, la Unidad Penitenciaria de Gorina ofrece talleres de capacitación en varios oficios y comparte la formación escolar en primaria y secundaria con los internos de la vecina cárcel 18, que se especializa en rehabilitación de adicciones.
Varios internos que participan de los talleres y actividades de capacitación coinciden en que nunca antes habían recibido “una oportunidad para aprender algún oficio”. En la quinta de vegetales trabajan cinco internos; en el vivero y en lombricultura lo hacen seis; otros tres se adiestran en apicultura, cinco en la chanchería y seis en el mantenimiento de la parquización. Además, varios toman clases de primaria o secundaria y diez ya cursan el nivel universitario, con salidas a las facultades.
En el taller de apicultura trabajan Roberto (58) y Eduardo (45), llegados hace dos semanas a la Unidad 12 donde se entrenan con Martín, que fue chofer del SPB y tras un ofrecimiento del subdirector de Gorina, Marcelo Rotger, se preparó como capacitador en la producción de miel.
Roberto estuvo detenido en la Unidad 9 y allí aprendió apicultura durante un año; sale en libertad en 6 meses y quiere armar en un terreno propio una veintena de colmenas para comercializar, una cuestión en la que ya indaga para registrarse como una cooperativa.
Ambos afirman que aprender un oficio es una buena forma de “reinsertarse en la sociedad” y además, Eduardo está cursando el ingreso a la Facultad de Periodismo de la UNLP.
Algunos de los internos más jóvenes se ocupan de la parquización y dos ya saben que cuando salgan en libertad ofrecerán su mano de obra como jardineros en casas particulares o grandes jardines.
Sin embargo Rotger, quien se ocupa del Area de Asistencia y Tratamiento, explica que deben trabajar particularmente con los veinteañeros que llegan a Gorina “porque creen que llegan acá y que ya está, que no tienen que hacer más nada y muchos no quieren trabajar”.
“Hay que dialogar y hacerles entender que acá pueden aprender diferentes oficios, acceder a beneficios y visitas e incluso salir a sus casas algunos fines de semana, pero que eso se logra con esfuerzo y compromiso, y cuesta convencerlos porque les falta cultura de trabajo”, remarca Rotger.
Pero la mayoría del centenar de internos participa del trabajo de 8 a 12 y de 14 a 17, cultivando variedad de verduras, criando chanchos de hasta 200 kilos y envasando tarros de miel.
Estos productos se venden al personal penitenciario y a varios frigoríficos y también son consumidos por los internos e inclusive los reparten entre los familiares que visitan a los internos de Gorina.




