A un río se lo puede ver desde la orilla o desde un barco, por supuesto. Pero cualquiera que quiera vivirlo -conocerlo en sus ritmos y recovecos, con sus juncos y sus garzas, con sus aguas y su peces- debe ponerse un chaleco salvavidas, subirse a un kayak y recorrerlo varias horas: los ríos sólo se entregan completamente a los que reman.
Quienes optan por el turismo aventura, elijan la geografía que elijan, lo saben. Y lo cuentan, tal vez por eso son cada vez más en todo el mundo. En nuestro país son tantos los turistas que prefieren esta modalidad, que la cantidad de prestadores se duplicó: en apenas dos años, pasaron de 2.400 a 5.000, según el Diagnóstico Nacional de Turismo Aventura hecho por la Asociación Argentina de Ecoturismo y Turismo Aventura (AAETAV, www.aaeta.com.ar). La cantidad de visitantes extranjeros -2.200.000- el año pasado- y el creciente interés local explican el crecimiento del sector. Esos 5 mil empresarios argentinos son de los pocos que no están al borde de un ataque de nervios: según un informe de la Adventure Travel Trade Association (ATTA), la crisis financiera global no afectará a este sector del mercado turístico. No sólo porque se trata de turistas de alto poder adquisitivo, sino porque estiman que la crisis los va a llevar a desear un mayor contacto con la naturaleza. Por si esto fuera poco, la ATTA informa que este segmento del mercado turístico crece un 10% anual en todo el mundo. Esta clase de vacaciones, que también se conocen como «Turismo Activo», involucra tres factores: intensa interacción con la naturaleza, actividad física e inmersión cultural en el lugar que se visita, según la definición de la ATTA. Además, se vincula fuertemente con la preservación de la ecología, con el respeto a las comunidades originarias y con la pasión por el deporte.
Según un estudio realizado por la National Geographic en 2002, el 20% de los turistas de todo el mundo prefieren esta clase de viajes. Esto representa entre 16 y 20 millones de personas, de las que el 81% viaja a lugares donde pueda interactuar con culturas diferentes y el 80% prefiere ciudades pequeñas o zonas rurales.
¿Cómo son los turistas activos? No padecen problemas económicos, tienen entre 30 y 50 años, suelen viajar solos o en grupos de amigos, -aunque las familias incluyen con frecuencia creciente alguna actividad de aventura en sus vacaciones- y son tres veces más proclives que los turistas comunes a visitar parques nacionales o áreas naturales.
Nuestro país es considerado uno de los mejores del mundo para desarrollar esta clase de turismo, por su enorme variedad geográfica y la calidez de sus habitantes.
Es que el rafting, los kayaks y botes, los caballos, el buceo, los vuelos en parapente y las caminatas, escaladas y bicicleteadas, posibilitan que la naturaleza no sea una postal que se mira, si no una geografía que se abre al que la visita y le entrega sus secretos.
Sucede con el viento y el cielo, que envuelven a quienes los surcan en parapente, con las profundidades del mar, que sólo se muestran a los buceadores, o las alturas de las montañas, vírgenes para todos menos para los montañistas. Anímese




