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Construyen el primer biodigestor en un silo bolsa de un tambo argentino

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Construyen el primer biodigestor en un silo bolsa de un tambo argentino

Posted on 07 junio 2009 by hj

Nada se pierde, todo se transforma. En la localidad santafesina de Hipatía, se puso en marcha un biodigestor que procesa y transforma el estiércol de las vacas. El eje de la tecnología es la producción de biofertilizante, pero hay otras opciones.

Por un planeta más limpio y más plata en el bolsillo
En el centro-este de la provincia de Santa Fe, en el departamento Las Colonias, hay varias localidades que rápidamente pueden asociarse a la producción de leche. Si uno dice Pilar, Felicia, Sarmiento, Esperanza, Hipatía o Progreso, la relación con la producción láctea sigue siendo estrecha y vital. Si bien los embates de la agricultura han acorralados a los tambos, todavía muchos resisten, y es evidente el aumento en la escala y la eficiencia de producción.

“Esta es una zona básicamente lechera y con mucha agricultura hacia el norte pasando la localidad de la Pelada y demás, pero para el lado del sur, para la zona de Esperanza sigue siendo una zona muy lechera”. Quien habla, parado en cercanías de las instalaciones de ordeñe de su tambo, es el ingeniero agrónomo Daniel Ribero, miembro de la familia que es socia propietaria de la empresa Jordan y Ribero que maneja dos tambos en la zona de Hipatía-Progreso, cuya leche es entregada a Milkaut, y además con esa y otra sociedad hace agricultura a gran escala.

Aumento de escala y búsqueda de soluciones
En el centro-este de Santa Fe, los cambios son evidentes. “Tambos chicos van quedando pocos, y hoy ya la mayoría esta arriba de los 2.000 litros. Los productores han buscado una mayor escala, básicamente sobre campo arrendado. Lo que ha surgido en los últimos tiempos en estas zonas es que médicos, abogados, han comprado campo y los arriendan y gran porcentaje de las hectáreas donde se hacen los tambos es arrendado”.

En los acuerdos hay de todo. En quintales de soja, por litros de leche, algunos directamente en pesos fijos y se va arreglando dos, tres, cuatro veces al año. “Hay pocos contratos firmados y se estila el acuerdo de palabra. Hoy te puedo decir que un campo en termino medio esta en 7 quintales y un campo mas parejo, de punta debe estar en los 12 quintales, y en litros de leche puede haber un promedio de 100 litros de leche la hectárea por año”, señala Daniel. Este productor-profesional está al frente de los tambos en que participa la firma y es hijo; y ha tenido la guía de un veterano abanderado del tambo en esa zona: Alcides “Chitín” Ribero.

Jordan y Rivero es una sociedad de 25 años, que siempre hizo tambo e incluso incursionó en la producción de quesos. “Desde 1999 iniciamos una sociedad con la familia Lavinia, propietaria de la estancia La Matuza, que está ubicada en Cululú a unos 15 kilómetros de Progreso, y se hace una explotación mixta que incluye agricultura y tambo, en aproximadamente 1.000 hectáreas”.

Los Ribero han desarrollado un verdadero know-how en la producción de leche y están buscando ganar eficiencia en cada detalle. Por eso no es casual ver a las vacas enceradas en grandes ensenadas, a las que se las va proveyendo de confort en la medida que el negocio prospere. “Con la firma Jordan y Ribero explotamos este campo que son aproximadamente 650 hectáreas, la mitad de ellas alquiladas, que se destinan básicamente a tambo, y todo lo que se hace allí en agricultura se usa para alimentar al ganado”.

Un esquema semiestabulado
”La idea que estamos implementando es que pastoree solo el lote de cola, el de menor producción y el resto, que son rodeos divididos, están en grandes corrales, y recibe el pasto picado, mezclado junto con el silo de maíz, de soja y alfalfa y los distintos concentrados que se dan dependiendo del momento del año en el que estemos, llámese grano de maíz, expeller de soja, afrechillo de trigo, semilla de algodón y expeller de girasol”, apuntó Daniel Ribero.

En el transcurso de la entrevista, Ribero expresa en forma reiterada el concepto intensificar e intensificación, refiriéndose a los diversos factores de producción que hacen al tambo.

Este joven y apasionado productor de leche destaca el equilibrio y los roles de la sociedad Jordan y Ribero. “El señor Jordan, socio de mi padre, está en Brasil, pero anda por todo el mundo, continuamente esta empujando para que uno piense, y estemos innovando. Como el viaja por todo el mundo, se da cuenta que en los países como por ejemplo Estados Unidos o Europa, las vacas comen exactamente lo mismo que acá, pero tienen mayores producciones. Por eso ahora estamos enfocados en el confort del animal, sobre todo evitar grandes caminatas cuando el número de vacas es grande, porque ahí se da el desgaste energético, problemas de patas, de ubres y un poco un poco”.

A juicio de Daniel Ribero ese aporte de Jordan, que en el fondo es el procesamiento de información que acopia en las lecherías del Primer y Segundo Mundo hace que se extraigan aspectos positivos y se evalúe su implementación en los tambos de la firma. “El objetivo siempre está puesto en tener la mayor carga posible y la mayor producción individual posible, intensificando todo lo que podamos, es decir la producción de alimentos, el manejo, el confort, etc”.

Nada se pierde, todo se transforma
El espíritu innovador llevó a Ribero a pensar la posibilidad de manejar los efluentes de su tambo. “Yo siempre estuve fanatizado con darlo algún uso al estiércol del tambo, en darle una utilidad, porque lo tenemos gratis podríamos decir y que es impresionante la diferencia en los lotes donde uno ha podido trabajar en zonas de comederos o los nocheros donde ha habido campos ganaderos. Por ejemplo ves en las esquinas de los molinos, el cultivo que se ha sembrado tiene el doble del tamaño y producción que en un suelo que no ha recibido estiércol. Y un día, hablando con el ingeniero Ronald Lombardi, me asesoró y motivó a implementar esto del biodigestor, que es un sistema que está funcionando bastante bien. Con este dispositivo que construimos a partir de un silobolsa, le estamos dando destino a los efluentes, y en un plazo perentorio vamos a poder tapar todas esas cavas contaminantes de las napas y además, como primer paso estamos obteniendo biofertilizantes, y en una segunda etapa pensamos que podemos darle utilidad al biogás y bajar un poco del uso de energía”.

Un trotamundos tecnológico
Ronald Lombardi es un ingeniero electrónico oriundo de Villa María, que recogió el guante de cada desafío que le puso la vida y los proyectos. Trabajo un buen tiempo en Procter Gamble, en Nestlé, en Saputo, siempre en áreas que relacionan a la producción con la energía y la ingeniería de procesos. El último gran desafío fue la construcción de una planta de mozzarela que instaló la empresa Pampa Cheese en Progreso, localidad en la que se instaló el año pasado. Estrechó vínculos con la comunidad, entre ellos con la familia Ribero y fue el director técnico del primer biodigestor instalado en un tambo argentino.

“Un biodigestor es un dispositivo a través del cual se puede replicar el ambiente de lo que ocurre dentro de la vaca, lo que se denomina digestión anaeróbica. En ese sistema se puede introducir estiércol y luego de un tiempo de retención hidráulico, alrededor de 30 días y a 37º de temperatura obtenemos a la salida un efluente con su materia orgánica totalmente degradada y como subproducto de la fermentación anaeróbica obtenemos gas”, dice con aire docente.

En el tambo de Jordan y Ribero, se instaló un biodigestor que está procesando todo el residuo del barrido de la sala de ordeñe y como producto están obteniendo biofertilizante. Aún no se está usando el biogás y por ello se lo está quemando.

En la versión de Lombardi, para pensar un proyecto de biodigestor la primera ecuación que hay que conocer es la siguiente: “Si pudiéramos recolectar deshechos de 100 vacas tendríamos la posibilidad de recoger unos 20 mil dólares por año en fertilizante comercial, pero la escala y la recolección de ese estiércol tiene que ver mucho con eso. En eso entran factores importantes como son la calidad de los pisos de la instalación y el esquema de manejo del tambo, siendo en esquemas pastoril más dificultosa la recolección”.

De la contaminación a la sustentabilidad
Hoy el manejo en muchos tambos consiste en verter los desperdicios en cuencas de río, lagunas o secar la bosta y esparcirla en el campo. O bien se lo esparce crudo con la consiguiente difusión de elementos contaminantes. Si a eso le sumamos que, cuando llueve, esa lixiviación que se produce en el suelo hace que se incorpore a la tierra con la consiguiente contaminación de napas y olores, entre otras dificultades.

Como todavía no aparece como un problema (lo será en el corto plazo por el mayor confinamiento y regulación ambiental) nadie se puso a pensar soluciones, y como hombre de acción Lombardi relacionó la necesidad de aplicar tecnología y el pensamiento mayoritario del productor piamontés. Ergo se autoimpuso desarrollar un biodigestor de menor costo que use al silobolsa, en sistema de hasta 1.000 vacas.

“Esto tienen que ver con la situación actual en que se desenvuelve la lechería en nuestro país, y más aún en escalas de pequeño o mediano porte. Por ello, que el soporte de este proyecto es la utilización de un elemento de amplia difusión que es el silo bolsa. Hemos realizado un biodigestor utilizando una bolsa de 9 pies, con lo que los costos de inicio del proyecto han sido relativamente bajos”.

Hablando de los costos, Lombardi señala que ello está relacionado con el tamaño y su capacidad de recolección, pero “estamos pensando en inversiones a partir de los 50 mil pesos, pero a esto va a tener que ver con las diferentes realidades. Y en esto, aspirábamos a estandarizar modelos pero observamos que los requerimientos son a medida”.

El biodigestor no solo parece como una solución para el tambo, también es muy útil en los feed-lots. Y precisamente Lombardi ya está en conversaciones para desarrollar un biodigestor a medida para un feed-lot santafesino, en donde el eje del negocio será la producción de energía.

“Para el engorde a corral, los requerimientos difieren un poco puesto que en la mayoría de ellos no hay pisos. Se utiliza esparcir el estiércol y hacer que se vaya degradando y se colecta a lagunas y canales. Se puede hacer una separación, dependiendo del suelo que se tenga, y sino extraer de las lagunas. En estos casos generar electricidad es un proyecto muy viable”.
Ya con el biofertilizante o la energía, la Ley de Lavoisier comienza a reconducirse en beneficio del ambiente y el bolsillo del productor. Por el futuro de nuestras generaciones ojalá así sea.

Qué es un biodigestor
Wikipedia, una de las bibliotecas digitales más formidables dice esto respecto a qué es un biodigestor:
Un digestor de desechos orgánicos o biodigestor es, en su forma más simple, un contenedor cerrado, hermético e impermeable (llamado reactor), dentro del cual se deposita el material orgánico a fermentar (excrementos de animales y humanos, desechos vegetales-no se incluyen cítricos ya que acidifican-, etcétera) en determinada dilución de agua para que se descomponga, produciendo gas metano y fertilizantes orgánicos ricos en nitrógeno, fósforo y potasio.

El biodigestor es un sistema natural que aprovecha la digestión anaerobia (en ausencia de oxigeno) de las bacterias que ya habitan en el estiércol, para transformar este en biogás y fertilizante. El biogás puede ser empleado como combustible en las cocinas, o iluminación, y en grandes instalaciones se puede utilizar para alimentar un motor que genere electricidad. El fertilizante, llamado biól, inicialmente se ha considerado un producto secundario, pero actualmente se esta considerando de la misma importancia, o mayor, que el biogás ya que provee a las familias campesinas de un fertilizante natural que mejora fuertemente el rendimiento de las cosechas.

Los biodigestores familiares de bajo costo han sido desarrollados y están ampliamente implementados en países del sureste asiático, pero en Sudamérica, solo países como Cuba, Colombia y Brasil tienen desarrollada esta tecnología. Estos modelos de biodigestores familiares, construidos a partir de mangas de polietileno tubular, se caracterizan por su bajo costo, fácil instalación y mantenimiento, así como por requerir sólo de materiales locales para su construcción

http://www.e-campo.com/?event=news.display&id=874CACD2-1E4F-26F7-7B1CAF8BEDE5FA67

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