Fue gracias a un proyecto de extensión de profesores de Educación Física de la UNLP. Todos los sábados los chicos dan rienda suelta a su alegría participando de diferentes juegos: tradicionales, indígenas y deportivos. También fabrican sus propios entretenimientos

“Será esta pieza… o aquella”. El interrogante da vueltas en la cabecita de Kevin. Con sus 4 años de edad encontró en los rompecabezas un juego que lo entretiene y, además, alimenta su imaginación. El niño es uno de los tantos chicos del barrio Altos de San Lorenzo que todos los sábados asisten al establecimiento educativo ubicado en 131 entre 77 y 78. Allí, un grupo de profesores de Educación Física de la UNLP lleva adelante un proyecto a partir del cual ese ámbito destinado al aprendizaje escolar se transformó en un espacio para la diversión y los juegos.
La propuesta se enmarca en un proyecto de extensión de la Facultad de Humanidades y se denomina La escuela en juego. La misma es desarrollada por docentes, estudiantes y graduados de la carrera de Educación Física de esa unidad académica. El objetivo es crear espacios adecuados para que los chicos puedan jugar.
“Nosotros pensamos en la práctica del juego como un saber de la cultura, un saber corporal que tiene que ser transmitido. Queremos que los chicos aprendan nuevos tipos de juegos y buscamos garantizar un espacio para ello”, explicó a Hoy el profesor de Educación Física Nicolás Viñes, codirector del proyecto.
Desde que se puso en marcha esta iniciativa (hace dos años) cientos de niños y adolescentes de entre 3 y 17 años han aprovechado esta oportunidad que se les ofrece desde la Universidad.
En el patio y en algunas aulas que comparten la EGB nº 62 y la ESB nº 14 los chicos participan de talleres de juegos tradicionales, fabricación de juguetes, juegos indígenas y juegos deportivos alternativos.
Viñes mencionó que en ese barrio los menores y los adolescentes no tienen acceso a lugares físicos adecuados, como plazas, parques o playones para poder jugar. Y, si bien en la zona hay clubes de fútbol infantil, la gran mayoría de las familias no pueden pagar las cuotas para que sus hijos concurran.
Además, el profesor indicó que la propuesta de la Facultad es ofrecer otras opciones de juego para potenciar el bagaje lúdico de los niños, ya que vieron que la práctica que predomina en el barrio es la del fútbol.
Desde que comenzó el proyecto jugaron con pelotas de rugby, fútbol, handball, básquet y vóley, entre otras. También con aros, bastones, sogas y redes. Además experimentaron con materiales alternativos y trabajaron con elementos como botellas de lavandina. Incluso, los chicos inventaron juegos nuevos, como uno al que llaman el “pica y pasa” y del que participan varones y mujeres.
“Muchas veces los chicos se apropian de los juegos y los van modificando. Por ejemplo, uno con pelotas terminó combinándose además con aros y bastones”, comentó Francisco Toledo, uno de los estudiantes de la UNLP que participa del proyecto.
El joven mencionó que también se desarrollan juegos de mesa, rompecabezas, dominó, jenga y juegos de construcción, entre otros. El espacio está destinado a todos los chicos del barrio y las puertas están abiertas para que ellos entren y salgan libremente cuando quieran
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