




Son las siete de la mañana y miles de adolescentes se dirigen a sus escuelas. La mayoría cruza el umbral, pero otros tantos no lo hacen, sino que simplemente siguen caminando y van a tirarse en alguna esquina.
Esta era la realidad de Macarena Franco, quien con el delantal puesto, pasaba por la puerta de la Escuela N° 30 en la localidad bonaerense de Berazategui, pero seguía andando unas cuadras más, hasta llegar a la esquina en la que la esperaban otras de sus compañeras. Macarena trata de recordar qué es lo que hacían en aquel entonces pero no está segura, sólo consigue vislumbrar algunas charlas y las risas de otras jóvenes que tampoco tenían mayores aspiraciones que las de zafarse de un día de clase.
El de Macarena es uno de los tantos casos de chicos que abandonan sus estudios, en un país en el que las estadísticas nacionales reflejan que casi un 20% de los adolescentes deja la escuela media. Sin embargo, hoy Macarena no forma parte de ese porcentaje, porque gracias a la ayuda de la Fundación Cimientos no sólo volvió a la escuela sino que además, lleva sus estudios al día.
Ella es uno de los 140 becados que participa del Programa de Retención y Reingreso Escolar de Cimientos. El objetivo del proyecto es fomentar la inclusión educativa, por lo que ofrece a los becados acompañamiento personalizado, talleres de expresión y 110 pesos mensuales durante los diez meses que dura el ciclo lectivo. «La plata me vino bien porque ya no tengo que molestar a mi mamá pidiéndole que me compre ropa o útiles. Incluso puedo ayudarla a comprar unas garrafas y, de vez en cuando, a comprar comida», explica Macarena con la seguridad de una chica que parece haber vivido mucho más de lo que delatan sus tan sólo 15 años.
Además de la ayuda económica, el taller de expresión que propone Cimientos es, para los becados, un gran incentivo para volver a la escuela. Este consiste en una banda musical en la que Macarena canta y a la que los mismos alumnos llamaron Es lo que hay. Y lo que hay, es el deseo de salir adelante; la fuerza de voluntad de un grupo de chicos que busca superarse día a día y que, gracias a la ayuda de la fundación, ahora puede hacerlo.
«El taller me sirvió porque me daban ganas de ir a cantar, pero el profesor no nos dejaba participar de la banda si no íbamos a clase», cuenta Macarena y en su rostro se dibuja la sonrisa de una adolescente llena de proyectos, entre los que se destaca el deseo de convertirse, algún día, en una famosa cantante. Por eso, Macarena tuvo que respetar las pautas que había fijado Ramón Galeán, quien es, actualmente, su profesor de música. Después de todo, tal como afirmó Galeán, «en la vida siempre hay que negociar». Sólo que, en este caso, todos negocian a favor de los chicos.
Los problemas se repiten. Los casos abundan. Y tampoco faltan ejemplos de quienes apuestan a la educación. Este es el caso de la Fundación de Organización Comunitaria (FOC), ubicada en la localidad bonaerense de Lomas de Zamora. En 2002, esta ONG impulsó el programa Desafío que promueve la inclusión socioeducativa de quienes están en situación de pobreza. Hoy, Desafío tiene alcance nacional y ha logrado que 7500 chicos vuelvan a la escuela.
Uno de estos adolescentes era Ramón Lezcano, que actualmente tiene 28 años y es el líder de la Red de Jóvenes Unidos. La red está formada por un grupo de coordinadores que eran antes los destinatarios de las actividades que realizaba FOC y que ahora ayudan a que otros adolescentes puedan reinsertarse en el sistema.
Según Ramón, la fundación fue el motor que le permitió terminar el secundario: «Cuando tenía 14 años yo estaba en la esquina, el lugar de reunión de cada barrio donde los más grandes les enseñan a los más chicos cosas que tienen que saber para sobrevivir en la calle: cómo robar, cómo usar un arma o qué hacer en situaciones de riesgo». El era entonces todavía un adolescente, cuando un miembro de la fundación lo invitó a participar de las reuniones que ellos organizaban. Allí, los coordinadores juntaban cientos de chicos para realizar diversas actividades y, mientras tanto, los incentivaban para que terminasen el colegio.
En aquella época, Ramón vivía con sus padres y sus tres hermanos en el barrio Juan Manuel de Rosas en el municipio de Lomas de Zamora y, todos los días, esperaba el tren para poder participar de los encuentros que FOC organizaba. Todavía hoy lo recuerda agradecido: «Empecé a ir a las reuniones y nunca las dejé. Cuando terminé de cursar pasaron dos años hasta que pude egresarme de la escuela. Y lo hice por la fundación, porque los coordinadores se acordaban de cuándo tenía que rendir y se preocupaban porque me fuera bien. En parte, me sentía obligado a cumplir con ellos», comenta.
Su caso es tan alentador como alarmante, pues no hace más que reforzar el hecho de que muchos chicos que podrían ir a la escuela no lo hacen y probablemente sea porque les haga falta una mano detrás que los sostenga.
Las causas de abandono escolar son, no obstante, muy diversas: carencias económicas; falta de apoyo en el hogar; droga o embarazo, en el caso de las mujeres. Según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) la tasa de escolarización en la provincia de Buenos Aires es del 86% y sólo del 81,5% en la totalidad del país. Es decir, que el 18,5% de los chicos quedan fuera del sistema.
Ramón Lezcano cuenta con orgullo que, dentro de poco, la Red de Jóvenes Unidos empezará a desempeñarse como una ONG autónoma,
en la que él tendrá el cargo de presidente. Parece increíble si se tiene en cuenta que siete años atrás, este chico trabajaba juntando cartones: «conocía bien el negocio y hacía buena plata porque retiraba papeles de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE) y del Ministerio de Salud», afirma Ramón antes de explicar que, poco tiempo después, empezaría a tener nuevas aspiraciones y podría darse cuenta de que sin un título secundario no iba a poder conseguir trabajo.
Por eso, busca diariamente devolver el cariño que recibió y se muestra satisfecho con lo que ha alcanzado. No es para menos, pues Ramón es un chico que salió de la calle y que ahora puede narrar su viaje a Estados Unidos, experiencia que tuvo gracias a una beca y que le permitió participar de un curso de liderazgo y, así capacitarse para continuar su labor. Según este joven su función es mostrarles a los chicos un camino alternativo, un abanico de posibilidades. Por eso, explica: «Cuando me preguntan de qué trabajo, yo contesto: ayudo a la gente». Y, sin duda, eso es lo que hace.
Belén Aliberti
De la Fundación LA NACION
Contactos
- Cimientos: www.cimientos.org.ar
- Fonbec: www.fonbec.org.ar
http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1090622&high=existen%20posibilidades




