24 enero 2009

Virginia Echavarría: una Argentina que lucha contra el tráfico de carbón y la deforestación?

Desde hace dos años esta joven argentina trabaja en la República Democrática del Congo, donde impulsa la fabricación y el uso de briquetas combustibles de material orgánico, una opción económica y sustentable que, además, resguarda a la población más pobre del cruento comercio ilegal de carbón
 
 Virginia Echavarría: una alternativa al tráfico de carbón y la deforestación 
Foto:Rodrigo Néspolo
Hace dos años, difícilmente podía imaginar la argentina Virginia Echavarría que su lugar en el mundo estaría en la República Democrática del Congo (R.D. Congo), un país que apenas ubicaba en el corazón de África. Uno de los más ricos del continente negro, hoy sumergido en el terror.
Mientras trabajaba para la ONG Wild Life Direct, en la que realizó un trabajo logístico como voluntaria, conoció las bondades de una máquina prensadora cuyo costo no supera los US$ 170 dólares y que sirve para elaborar briquetas combustibles. Las briquetas son un compactado de hojas secas de árboles, aserrín, papel y desechos orgánicos, con el que se sustituye el carbón, mineral cuyo tráfico hacia los vecinos países de Ruanda y Uganda se cobra vidas hora tras hora.
El carbón está provocando la deforestación de los parques nacionales del Congo. Sólo el Parque Virunga, con sus 800.000 hectáreas, es uno de los pulmones verdes del planeta, junto con el Amazonas. En la región de Goma, la ciudad congoleña más próxima a Ginseyi, en Ruanda -que ha recibido en los últimos 14 años la diáspora de ese país-, el tráfico de carbón mueve un comercio ilegal de unos US$ 30 millones.
Audaz, decidida, esta argentina graduada en Comercio Exterior y Desarrollo en Londres, se mudó a Bukavu, capital de Sud Kivu, y se lanzó a la construcción de las máquinas de briquetas combustibles.
Esta semana, Echavarría regresó al Congo, ya incorporada al African Conservation Fund, para continuar con la labor emprendida: construirá 120 máquinas de briquetas y trabajará con el belga Emmanuel de Merode, reconocido conservacionista y actual director del Parque Nacional Virunga, donde se preserva una especie en grave peligro de extinción: el gorila de montaña. La deforestación en este parque está provocando su desaparición sin pausa. Sólo quedan 720 ejemplares de esa especie herbívora en la triple frontera de la R.D. Congo, Ruanda y Uganda. En 2007 fueron fusilados siete gorilas, a manos de rebeldes tutsis huidos de Ruanda y que se aposentaron en el Parque Virunga.
Con las máquinas de briquetas combustibles, Echavarría además brinda trabajo a quienes las construyen. Y ofrece una mano a mujeres víctimas de violaciones, alojadas en centros de acogida en los que procuran sobrevivir. La violación es, en la R.D. Congo, una herramienta de sojuzgamiento y humillación.
«Cada máquina da trabajo a seis u ocho personas. La briqueta se cuela utilizando papel, pero también descomponiendo materia verde -hojas, material agrícola- con lo cual se obtiene una mezcla que es como una sopa. Eso se pone en un cilindro que prensa la materia, dándole la consistencia de una roca. Se deja secar tres días y se quita el cilindro y ya está listo el combustible», explica la joven.
La máquina construida por la emprendedora argentina posibilita además un menor gasto en el carbón que se utiliza para cocinar. «Es una tecnología sustentable y accesible para un pueblo pobrísimo», subraya Virginia, a quien LA NACION entrevistó poco antes de su partida. Un sueldo promedio para un congolés es de un dólar por día. Tres briquetas de combustible, el mínimo para cocinar un plato para una familia, se compra por 50 francos congoleses. Un dólar equivale a 600 francos congoleses y una bolsa de carbón cuesta 30 dólares.
La R.D. Congo atraviesa una situación desesperada. Hambre, miseria, una violencia sin fin, el horror de la guerra que deja, sobre todo, asesinatos, niños mutilados y mujeres violadas con reiteración, embarazadas de sus raptores y contagiadas de sida. En sus parques se produce también el mineral que tiñe de sangre la vida de los congoleños: el coltán, imprescindible en la telefonía celular y de computadoras, que está provocando un grave problema ecológico y social.
Virginia conoce bien la situación: «El tráfico del coltán es diez mil veces más redituable que el de los diamantes. Sólo el uno por ciento de ese mineral se comercializa legalmente en el mercado. Por eso nadie quiere la paz en el Congo», dice la conservacionista argentina, perteneciente a una familia de diplomáticos y en pareja con un congolés que trabaja para otra ONG africana.
De la nada al milagro La primera máquina que construyó con sus manos -sin conocer en absoluto la técnica, pero ayudada por los manuales que consiguió por Internet (la máquina ya había sido probada por la ONG Legacy Foundation)- fue donada a Ifrade, una institución a cargo de Solange Ngobobo, que cobija a 40 mujeres violadas por militares o rebeldes ruandeses, que además son portadoras de sida.
Pero hubo un imprevisto: la lengua. En el Congo, la mayor parte de la población es analfabeta, especialmente las mujeres, que tienen menor acceso a la educación que los hombres. No hablan ni francés ni inglés. Hace seis meses, cuando Echavarría puso a andar la primera máquina de briquetas, ella tampoco hablaba swahili, la lengua nativa. Pese a la aceptación de las mujeres y el entusiasmo de la argentina, la iniciativa no pudo avanzar.
Antes de que la ganara el desaliento, Virginia conoció a la monja Elena Albarracín, también argentina, de la Congregación Dorotee di Cemmo, que dirige un Centro Nutricional en el Hospital General de Bukavu, adonde llegan las madres con sus hijos desnutridos. La religiosa argentina se arremangó y echó a andar el proyecto.
Para mejorar el rendimiento de su creación, la joven emprendedora inventó «una especie de horno con un tacho de metal y un martillo. Con una cámara más cerrada para contener el aire, la máquina mejoró sustancialmente. Con ella, la hermana Albarracín cocina los platos típicos congoleños -boga, fufú, bugali y lenga lenga- para sacar a los niños de la desnutrición». Fue la segunda en funcionamiento. «Es un desafío impresionante para mí. Siempre estoy buscando nuevas iniciativas. A mi novio le llevo una máquina semiindustrial de pastas caseras, para comenzar otro emprendimiento», dice entusiasmada, y su ancha sonrisa ilumina su mirada celeste.
Enterados de la iniciativa de Virginia, merced a su blog ( http://soulens.wordpress.com ), GTZ -la ONG de Cooperación Técnica Alemana- le encargó la construcción de otras seis máquinas de briquetas. GTZ trabaja con el ICCN (Instituto Congoleño para la Conservación de la Naturaleza) en el corazón del Parque Kahuzi Biega, declarado por la Unesco patrimonio mundial.
El belga de Merode la llamó para que lleve el invento a Rumangabo, la estación central del Parque Virunga. Pero desde hace cuatro meses también la convoca el sector privado. Como una imprenta que quiere abaratar costos. «Esta es una tarea de concientización lenta. La población local tiene mucho interés. Hay que convencerlos de que dejen el carbón y usen las briquetas», dice Virginia.
Cada vez que capacita a estudiantes que trabajan en desarrollo comunitario, a mujeres y hombres que buscan un trabajo, la emprendedora argentina tiene un auditorio nutrido. «Se autoconvocan. A veces, por chismosos. Muchos tienen muy poco para hacer», dice.
Empapada de la problemática que asfixia a la R.D. Congo, Virginia afirma que en la guerra se mezclan muchos intereses económicos: «El Congo tiene riquísimos recursos naturales, y el 80% del coltán está en su territorio. En el caso del carbón, pasa a Ruanda en forma ilegal, porque allí está prohibida su producción».
Como suele ocurrir con el efecto dominó de los conflictos en Africa, el genocidio de Ruanda cayó sobre las espaldas de la R.D. Congo. En la frontera, donde la ciudad congoleña de Goma está separada por una calle de Ginsenyi, en Ruanda, hay más de 250.000 desplazados y un incesante comercio ilegal. Como dice Virginia, «a nadie le conviene la paz, porque los intereses son multimillonarios».
 
Susana Reinoso
LA NACION
© LA NACION


 

Quién es ,Nombre y apellido: Virginia Echavarría  Edad:  36 años

De Londres al Congo:
Argentina, hizo un posgrado en el Natural Resources Institutey hace dos años se fue a trabajar en el área logística del Parque Nacional Virunga, en la República Democrática del Congo.
Tráfico y deforestación:
Ahora trabaja para el African Conservation Fund, en Goma, y será mano derecha del belga Emmanuel de Merode en el Parque Virunga, donde el tráfico de carbón y la deforestación hacen estragos.
 
http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1088651&high=virginia
 

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