17 enero 2009

Solidaridad y futuro tras las rejas

Gracias al programa Segunda Posibilidad de la Asociación Civil María de las Cárceles, presos reacondicionan computadoras para luego donarlas

Dos de los actuales colaboradores de la asociación ayudan a cargar las computadoras para llevar al penal Foto: Ricardo Pristupluk

 

«Empecé a trabajar en las cárceles bonaerenses hace 15 años porque pensaba que allí había demasiado ocio y violencia y que había que tener ocupado al hombre preso para que mientras estuviera privado de su libertad pudiera utilizar ese tiempo en forma productiva. Entonces empecé a generar medios de educación y trabajo», afirmó Adriana von Kaull, presidenta de la Asociación Civil María de las Cárceles, que desde 1998 lleva adelante el programa Segunda Posibilidad.

La idea es simple, aunque llevarla a cabo sea trabajosa: solicitan computadoras en desuso a las empresas para que los presos las reacondicionen y así donarlas a escuelas carenciadas de todo el país.

Esta práctica recibió una mención especial en la entrega del Premio Comunidad a la Educación 2008, que entregó la Fundación LA NACION.

Von Kaull comenzó como catequista en los penales y en poco más de 10 años logró cambiar el paradigma que asocia a las cárceles con universidades del delito. Han pasado más de 700 personas por su programa, de las cuales sólo seis han vuelto a delinquir. El resto está trabajando.

El resto está trabajando. «Pudimos crear un puente entre la sociedad y la cárcel. Hemos logrado que las empresas que nos donan materiales de computación, vengan a la cárcel con nosotros a entregarle a las escuelas las computadoras que ellos dieron de baja», afirmó.

En la última entrega que se realizó en noviembre, se dieron 110 computadoras a 22 escuelas de Formosa que no tenían posibilidades de conseguirlas. En marzo, van a realizar la próxima donación con un cargamento de 100 computadoras.

Actualmente, el programa se desarrolla en las Unidades Penales (UP) 24 y 32 de Florencio Varela, provincia de Buenos Aires. «Tenemos una estructura organizada: primero tienen que pasar por la escuela de informática, la bibliotequita (donde arman cajas de disquetes con libros digitalizados), la oficina de judiciales que brinda asesoramiento legal a los internos y un taller de clips y videos. Una vez terminados esos talleres, pueden seguir como instructores en la escuela de informática y en el taller de reparación de PC», explicó mientras camina por los pasillos de la UP 32, donde todos los internos y personal del penal la saludan con un cariño y confianza que denota familiaridad.

«Al principio todos vienen acá con curiosidad y como una excusa para salir del pabellón hasta que terminan interesándose en el tema», afirmó Hernán, uno de los internos, en la pequeña aula que mira al patio del pabellón donde está alojado y desde donde puede verse a algunos internos haciendo ejercicio y a otros jugando al tejo a la sombra del paredón perimetral. «Yo empecé copiando libros en disquetes para después traducirlos a Braille. Luego fui ayudante en la escuela, dando los cursos, y se nos ocurrió hacer un video clip con todo lo que hacíamos acá para que la gente que tiene acceso a Internet pueda enterarse de lo que hacemos», relata orgulloso.

Pero Hernán fue más allá y junto a otro compañero crearon un curso de guitarra en CD ROM donde enseñan nociones básicas para tocar el instrumento. La idea original era regalárselo a su hijo, pero cuando les mostraron el trabajo terminado a otros compañeros decidieron donarlo a las escuelas que reciben las computadoras.

A Hernán le faltan pocos meses para salir en libertad y reunirse con su familia. «Los días se me hacen interminables, pero de las ganas que tengo de empezar con todo esto cuando salga. Voy a seguir con la computación, pero quiero más. Voy a terminar el secundario -me faltan dos años- y ver si puedo hacer alguna carrera corta, como analista de sistemas. Creo que ése es mi futuro y quiero ser un buen ejemplo para mis hijos. Yo tuve muchos errores, pero ahora eso se revierte porque ayudo a chicos que lo necesitan. Y cada vez que veo a las maestras que vienen a buscar las computadoras me emociono».

 

Apoyo a la libertad
Cuando los internos terminan el curso, desde la asociación les proponen trabajar adentro de la cárcel y al salir en libertad, continuar en la sede de manera rentada por un período de entre seis meses y un año. «Vienen a fortalecerse porque salen con mucho miedo de enfrentarse a la gente y de estar en un espacio que no tenga muros. No es tan simple reintegrarse a la sociedad», sostuvo Von Kaull desde su escritorio, que está rodeado de miles de computadoras.

Julio César tiene 34 años y hoy trabaja en la sede de María de las Cárceles reparando computadoras, aun que ya estuvo casi dos años haciendo lo mismo en la Unidad Penal 32. «Me servía para pensar en la libertad y no tanto en estar adentro. Era una salida, te distendía», recordó.

«Hoy reparo e instalo computadoras. Pero además quiero anotarme en un curso de diseño gráfico», dijo, y agregó: «Esto además de trabajo es un aliento moral día a día. Yo no puedo creer que hoy, después de todo, pueda arreglar una computadora».

Más allá de la posibilidad de aprender y de trabajar, todos reconocen el amor y el compromiso de Von Kaull para con ellos. «Adriana nos mostró otras oportunidades. Nos enseñó a pensar que se podía cambiar y cambiamos», explicó Julio César, mientras que Hernán recordó la reunión que organizó para que se conocieran las familias de todos los participantes.

«A mí me vino a ver mi mamá y mi hermano, que hacía un año que no veía. Pero ella nos sorprendió cuando nos dijo que cada una de nuestras familias se iba a llevar una de las computadoras armadas por los chicos liberados que habían estado presos con nosotros. Fue una sorpresa gratificante saber que pensaron en nosotros», finalizó.

Iván Pérez Sarmenti
Para LA NACION

La cárcel desde adentro
LA NACION estuvo en la sede de Retiro de María de las Cárceles y viajó hasta la Unidad Penal 32 de Florencio Varela para conocer su escuela de informática. Allí, los internos que participan del programa hablaron de su trabajo y, sobre todo, de cómo el programa les permitió elevar su mirada y pensar en un futuro mejor. La producción del video se realizó con el apoyo y asesoramiento de la Asociación Civil Voces y Ecos.

Contactos

María de las Cárceles: 155-475-2523, www.mariadelascarceles.org.ar

http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1090628&high=solidaridad%20tras%20rejas

 

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