08 marzo 2009

En diez días se estrena la versión argentina del Fantasma de la Opera

La obra se presentó en Londres hace 23 años y se hizo en 127 ciudades del mundo. Clarín. estuvo en los preparativos y asistió a la puesta en Broadway.

Por: Eduardo Slusarczuk

A diez días del estreno del musical al que muchos señalan como el más importante de todos los tiempos, la actividad en el Teatro Opera no se detiene ni por un instante. En la sala, un grupo de los 69 técnicos que trabajan en el monta je y ajuste de la puesta, ultima detalles antes del primer ensayo general, que reunirá por vez primera, después de varios meses de trabajo, a los cantantes y la orquesta, en ese teatro de fines del siglo XIX en que se ha convertido el proscenio del Opera.

Mientras, en el subsuelo, vestuaristas, peinadoras y asistentes, trabajan contra reloj. En medio del silencioso ir y venir, en un pequeño salón, Carlos Víttori y Claudia Cota posan en sus roles del Fantasma y Christine, mientras Andy Cherniavsky dispara su cámara sin parar.
A un par de metros, el director asociado de la puesta, Arthur Masella, supervisa cada toma, corrige, sugiere y opina. «Vamos de nuevo», propone la fotógrafa. Y los cantantes vuelvan a posar.

Masella trabaja en El Fantasma de la Opera desde su estreno, el 27 de septiembre de 1986, en el Teatro de Su Majestad, en Londres, con Sarah Brightman y Michael Crawford como protagonistas. Sin embargo, asegura que, a pesar de haber pasado dos décadas, cada puesta es un desafío. «Cada nueva producción, cada nueva ciudad, con su elenco, me da la posibilidad de atravesar nuevas situaciones y de enfrentar nuevos problemas. Por eso, cada nueva realización requiere que pongamos todo de nosotros para que resulte cómo la obra fue concebida», explica.

En su experiencia argentina, el director asociado confiesa que se encontró con un elenco que lo maravilló. En ese equipo que suma, entre cantantes, actores y bailarines, casi 40 personas, Carlos Víttori y Juan Pablo Skrt comparten el rol principal. Y, aunque, antes de someterse a los pedidos de la fotógrafa, Skrt se encarga de establecer un escalafón -«Carlos hace el primer Fantasma. Yo tomé menos funciones», aclara-, ambos coinciden en la indiscutible calidad de la obra que encabezan.

Sin embargo, hay quienes consideran el musical como un género menor, frente a la ópera clásica

Víttori: Es cierto. Pero cada estilo musical, cada tipo de obra, vibra por un lugar distinto. Y en cada género hay maravillas. Pero también cosas horribles.

Skrt: Yo estoy convencido de que este musical es una obra maestra de la música, con una riqueza en su partitura que impacta.

En ese sentido, ambos cantantes destacan la exigencia que les plantea su personaje. «Este rol es de una enorme dificultad. Vocal, dramática, escénica y física», detalla Víttori, quien acumula en su currículum una importante cantidad de protagónicos en clásicos de la ópera.

«Además, el musical tiene una demanda, desde el concepto de la actuación, de la interpretación y desde la búsqueda del personaje que, a veces, en la ópera queda a mitad de camino, pues se prioriza específicamente el canto».

A dos pasillos de distancia del improvisado atelier de fotografía, entre monitores y parte de la maquinaria escénica, que incluye diez máquinas de humo que consumirán 250 kilos de hielo seco por función, se escuchan fragmentos musicales de la obra, que la orquesta aborda a repetición.

Enfrente, la mexicana Claudia Cota, quien ya fue Christine en la puesta mexicana, una década atrás, acaba de cambiar de vestido y, antes de regresar para una nueva sesión, suma su opinión. «Mi rol tiene una exigencia vocal muy fuerte, que va creciendo hacia lo lírico a medida que transcurre la historia. Pero no sólo requiere de un enorme domino técnico, sino que debe incorporar la emoción, además de estar preparada para un gran despliegue físico. De modo que si no le das un 110 por ciento, no funciona».

A diferencia de los fantasmas, que alternarán sus actuaciones, Cota deberá vérselas sola con su personaje. «Debo confesarte que la idea me aterraba, pero tenemos la ventaja de estar a nivel del mar, y eso es como si te restaran dos funciones», compara la única extranjera del elenco. «Seríamos afortunados si encontráramos una Christine en cada ciudad a la que vamos, pero es muy difícil», justifica Masella la elección.

Nuevamente en la sala, el segundo acto transcurre entre indicaciones de Denny Berry, coreógrafa de la puesta de la obra basada en el libro de Gaston Leroux, que lleva más de 65 mil representaciones y registra cinco versiones cinematográficas. Apenas termina la escena, la araña ensaya una nueva caída sin aviso, que aterra a varios de los músicos. Entonces, de una enorme escultura que desciende desde lo más alto, emerge la figura del fantasma, entre sombras y risas de película de terror.

A un par de butacas de distancia, Masella asiente y elogia al elenco local. «Creo que no sólo son grandes cantantes, sino que son notables actores», apunta, y apuesta: «Cuando llegué aquí, les dije a todos que pensaba que, si trabajábamos duro, lograríamos hacer una de las mejores producciones de la obra. Ahora, después de jornadas de más de diez horas de trabajo, estoy seguro que lo será».

http://www.clarin.com/diario/2009/03/08/um/m-01872043.htm

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