19 marzo 2009

El sueño de la viña propia

Desarrolladores y fondos extranjeros avanzan con una nueva forma de comercializar tierras en las regiones argentinas productoras de vino.

Golf, polo, spa, hotel, y casa con viñedo . La fórmula se inició en Mendoza, con más de una docena de proyectos en dos años.

Por Isabel Stratta | [email protected]
En otras partes del mundo no se consigue. Desarrolladores y fondos extranjeros avanzan en la Argentina con una nueva forma de comercializar tierras vinícolas: lotes de una a cinco hectáreas con viña plantada, en complejos que, además de la bodega para que cada quién elabore su vino de autor, comparten espacios deportivos, restaurantes , spa y hotel; todo a cambio de cien mil a medio millón de dólares. No importa si el comprador no sabe nada de terroirs, caldos y fermentaciones ­y apenas juega al «gaucho bodeguero», como resumió el año pasado una nota de una revista estadounidense­: asesores locales, entre los que se cuentan apellidos ilustres de la industria, se encargan del vino.

La crisis mundial, aun cuando enfría el desfile de clientes europeos y norteamericanos, no ha detenido las obras en esos «private vine estates», dijeron a iEco desarrolladores y CEOS de fondos. El modelo, por el contrario, se expande: por estos días, un empresario salteño y un socio de EE.UU. aclimatan en Cafayate el concepto nacido y criado en Mendoza. Publicaciones como Fortune y The Wall Street Journal han dedicado páginas a estas mecas para extranjeros fanáticos del vino en el último año; pero todo indica que en 2009 los comercializadores pondrán la mira en clientes locales, mientras esperan que los candidatos del exterior recuperen la confianza para invertir.

Michael Evans era empresario de tecnología en California y asesor de campañas presidenciales demócratas. Su última campaña fue con Kerry en el 2004; después de eso vino de vacaciones a la Argentina y recaló en Mendoza. Junto con otro ex Silicon Valley y a un socio local, Pablo Giménez Riili, compraron las 500 hectáreas de Vines of Mendoza, en Tunuyán, Valle de Uco. Llevan vendida la mitad de los cien lotes, a razón de 130.000 dólares la hectárea de alta gama de donde salen «hasta 6.000 botellas».

El ritmo de ventas se aplanó en los últimos meses, admiten. «Mientras, seguimos mejorando el vino. Nuestro foco no es tanto el estilo de vida como la alta calidad; buscamos estar al nivel de nuestros vecinos como Michel Rolland o Salentein», dice Riili. El enólogo es Santiago Achával, de la familia de los vinos de culto Achával Ferrer. El master plan incluye restaurantes y un hotel.

En Altos de Agrelo, el Fiducia Capital Group, que también posee «polo estates» en Buenos Aires, tiene su Santa María de los Andes, de 850 hectáreas y 120 lotes, definido como un «pueblo de viñas» en el que interviene el estudio Pablo Sanchez Elía. Cerca de San Rafael, con seis lotes, está el Calitina Vineyard Country Club , de una argenti- na radicada en EE.UU. y su marido norteamericano, cuatro de cuyas seis viñas se vendieron a inversores del norte. Entre los emprendimientos más grandes y los más chicos median una media docena de nombres como Finca Dolce Vita (17 viñas), de Filippo Invernizzi, Los Andes Private Vineyard (22 viñas), de Damon Johnson y Finca Los Amigos, de un grupo suizo dirigido por Peter Meuli.

Una combinación de precios relativos de la tierra en la Argentina y de espacios ganados al desierto está en la base de esos nuevos negocios, explica Osvaldo Chudnobsky, de la consultora internacional Horwath, que realizó un estudio de mercado.

En el Napa Valley de California y en España existe desde hace algún tiempo para fans del vino ls posibilidad de comprar hileras de viña.

«Con lo que allá compran una fila, acá compran cuatro hectáreas en un lugar al que, además, pueden traer a sus amigos», compara Chudnobsky. El rápido avance del riego por goteo en el Valle de Uco es otro factor, señala el consultor.

Tupungato Winelands, del grupo belga Burco (que se especializó en negocios vacacionales de lujo en la Patagonia argentina y chilena, entre ellos Arelauquen en Bariloche) proyecta un hotel de 40 habitaciones y canchas de golf y polo en sus 800 hectáreas. Vendieron 36 de las 150 fincas a un mix de «argentinos residentes en el exterior, locales y un 40% de extranjeros». Nicolás Rodriguez Otaño, director de Burco América, asegura que la crisis no ha detenido ninguna obra porque se hacen «con capital propio» .

Y también enfatiza que su proyecto contempló desde el diseño a una clientela local de mendocinos que aunque no produzcan vino quieran tener casas de descanso en ese entorno y «estilo de vida». El manejo enológico lo confiaron a Rodrigo Reina Rutini.

Scott Mathis dirige en Nueva York DPEC, un fondo de prívate equity. Desde que declinó el boom de la informática, sus inversiones se concentraron en la biotecnología, pero hace tres años decidió diversificarse hacia un nuevo negocio: propiedades en la Argentina.

Está terminando un hotel en Recoleta, con molduras, bañeras de mármol y sólo diez depatamentos inspirados en los aires belle époque del barrio. Y en San Rafael, Mendoza, viene acumulando tierras para uno de los más ambiciosos proyectos de vine estates: Mathis eligió la marca Algodon para los vinos, que ya se exportan en pequeñas cantidades, y para el hotel de Recoleta (con spa de vino) que espera inagurar en septiembre.

En su complejo de San Rafael está ampliando un campo de golf existente y construyendo canchas de polo y tenis, donde José Luis Clerc dará clínicas.

¿Cómo afecta la crisis financieraal fondo DPEC, que según declara su CEO maneja 380 millones de dólares de individuos acaudalados? Mathis dice que, pese a que la venta de fincas será por un tiempo lenta, sus inversores están satisfechos: «su dinero se habría pulverizado si hubieran seguido en EE.UU. y en acciones», dice. Considera que el mercado inmobiliario argentino no sufrirá demasiado el golpe internacional: «Acá no hubo apalancamiento; la gente no tiene que salir corriendo a vender sus inmuebles para pagar préstamos», razona.

Mathis dice que estudia otros negocios en la Argentina, especialmente si hacen «sinergia». ¿Por qué acá? «Este país fue una potencia hasta los años 30; de todo eso queda un particular esplendor a la europea que no es fácil de encontrar en otras partes del mundo y que encierra muchas posibilidades», dice Mathis señalando hacia el exterior del hotel de la Avenida Alvear donde concedió la entrevista el lunes.

Categorizado | Construcción argentina

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