Son uno de los 28 destinos seleccionados para continuar en la última etapa del concurso; ahora, se renovó la votación pública a través de Internet para llegar a la lista definitiva en 2011
El grupo de expertos del concurso de las Siete Maravillas del Mundo Natural eligió a las Cataratas del Iguazú como unas de las 28 finalistas que continúan en la etapa final de este certamen.
Las cataratas se clasificaron junto a otros cuatro atractivos de América latina: la Selva Amazónica, el Salto del Ángel, El Yunque y las Islas Galápagos.
Así lo decidió hoy un grupo de seis especialistas presididos por el ex director general de la UNESCO Federico Mayor Zaragoza, que eligieron entre 77 candidatos preseleccionados por millones de internautas.
Los enclaves latinoamericanos abarcan 11 países, algunos de los cuales se repiten dado que la Selva Amazónica forma parte de Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Guayana, Guayana Francesa, Perú, Surinam, y Venezuela; El Salto del Ángel está en Venezuela; El Yunque en Puerto Rico; las Islas Galápagos en Ecuador; y Foz de Iguazú en Brasil y Argentina.
Entre los candidatos no se encuentran como finalistas ni el lago Titicaca (Bolivia/ Perú) ni tampoco las Cataratas del Niágara (Canadá), destinos que precedieron a las Cataratas del Iguazú en último ranking por cantidad de votos. Tampoco está como finalista el archipiélago Fernando Noronha de Brasil, que fue uno de los atractivos más votados anteriormente.
Los que siguen en carrera de América Latina son: el Amazonas, el salto del Ángel de Venezuela, las islas Galápagos de Ecuador y nuestras Cataratas del Iguazú.
Ahora, se reanuda el proceso de votación pública a través de Internet, para llegar a la lista definitiva en 2011. La campaña empezó en 2007, con 440 emplazamientos en 220 países. Los criterios que tendrán en cuenta los expertos para la selección son belleza, diversidad, importancia ecológica, legado histórico y localización geográfica.
Los finalistas. Además de los latinoamericanos, otros de los atractivos seleccionados fueron la Bahía del Fundy en Canadá; la Selva Negra en Alemania; Bu Tinah Shoals en los Emiratos Árabes Unidos; los Acantilados de Moher en Irlanda; y el Mar Muerto en Palestina, Jordania e Israel.
Además, el Vesubio (Italia); la bahía de Ha Long (Vietnam) el monte Kilimanjaro (Tanzania); la gran barrera de coral (Australia y Papua Nueva Guinea); el Gran Cañón (Estados Unidos); Jeita Grotto (Líbano); y Jeju Island (Corea del Sur).
La lista se completa con Komodo en Indonesia; las Islas Maldivas; el Lago Masurian en Polonia; el Monte Cervino en Suiza e Italia; Milford Sound en Nueva Zelanda; los volcanes de barro en Azerbaiyán; el Río Subterráneo de Puerto Princesa en Filipinas; la Montaña Mesa de Sudáfrica; el Uluru en Australia; y el Yushan en Taiwán.
La revista internacional de viajes Travel + Leisure eligió al Palacio Duhau-Park Hyatt Buenos Aires el mejor hotel de ciudad de América latina, en su tradicional ranking World´s Best Awards. Además, se ubicó en el puesto 11° en The Top 100 Hotels Overall, que clasifica a los mejores hoteles del mundo.
«Nos provoca mucha alegría poder celebrar nuestro tercer aniversario habiendo alcanzado posiciones tan relevantes en América latina y el mundo, pero a la vez sentimos un compromiso mayor con nuestros huéspedes», dijo Antonio Alvarez Campillo, gerente general del hotel, ubicado en la avenida Alvear.
Es el entorno del Puente Avellaneda. Se ampliará el sector peatonal, habrá nuevas bicisendas y tendrá más arbolado.
EL TRANSBORDADOR NICOLÁS AVELLANEDA FUE INAUGURADO EN 1914.
El proyecto de mejorar la zona que rodea al puente Nicolás Avellaneda, en los barrios de La Boca y Barracas, ya cuenta con un nuevo diseño arquitectónico. Ayer, el Gobierno porteño y la Sociedad Central de Arquitectos eligieron una propuesta para mejorar el circuito de la avenida Pedro de Mendoza, entre las calles Necochea y Vieytes.
En esta zona, que abarca la cabecera norte del Transbordador Nicolás Avellaneda, se ampliará el sector peatonal, se construirán nuevas bicisendas, se incorporarán bancos y lugares de recreación y contará con más árboles y espacios verdes.
Entre las iniciativas para cambiar este circuito alrededor del Riachuelo y que se presentaron en el Concurso Nacional de Ideas y Croquis Preliminares Ribera del Riachuelo y Cabecera Norte del Transbordador Nicolás Avellaneda, se eligió el proyecto del estudio de los arquitectos Federico Azubel, Ignacio Trabucchi y Walter Viggiano.
El objetivo de este concurso fue calificar una propuesta que, desde la visión profesional en arquitectura y diseño urbano, desarrolle una alternativa integradora de otros proyectos de intervención en el Sur de Buenos Aires y aporte al enriquecimiento del espacio público ribereño de La Boca. Para elegir el mejor proyecto, un jurado de expertos tuvo en cuenta el desafío contemporáneo del área, calificando la identidad, el valor patrimonial del barrio y reconociendo su activa dinámica social.
Con más de 200 especies de aves provenientes de todo el mundo, el bioparque Temaikèn inauguró un espacio de tres hectáreas denominado Lugar de Aves, en el que se recrean sus hábitats naturales. Se trata del más grande de América del Sur y, aseguran, es el más moderno del mundo.
Flamencos, guacamayos, tucanes, cacatúas y más. En total, hay 2500 aves divididas en cinco aviarios, que están clasificados de acuerdo con su procedencia.
Un paseo al aire libre y didáctico, porque el espacio cuenta con un Centro de Interpretación para que los chicos aprendan sobre los animales de forma interactiva y divertida.
Un dato importante es que el parque tomó medidas preventivas contra la gripe A: se suspendieron las funciones del cine 360°; colocaron alcohol en gel a lo largo del recorrido; hay más espacio entre mesas en los puestos gastronómicos; el ingreso al acuario es por grupo familiar y limitaron la cantidad de visitantes.
Más datos: Bioparque Temaikèn, Ruta provincial 25, km 1, Escobar. Horario: de 10 a 18. Entradas: mayores, 48 pesos; chicos de 3 a 10 años, $35; menores de 3 años, gratis; jubilados, $35. Promociones con pases anuales.
El Parque Nacional Sierra de las Quijadas, a 120 km de la capital provincial, invita a deslumbrarse con uno de los paisajes más impactantes del país.
——————————————————————————– Claudia Dubkin ESPECIAL PARA CLARIN.
Es fácil pasarse y seguir de largo, porque el cartel que indica que llegamos a Hualtarán es casi imperceptible, medio oculto a la vera de una ruta desolada y en medio de un silencio que parece venir del comienzo de los tiempos.
El guía sólo pregunta si llevamos agua y cámara de fotos, y pronto se sabrá por qué. Esta es la puerta de entrada al Parque Nacional Sierra de las Quijadas, en el noroeste de la provincia de San Luis, un gran desierto rojo de 150 mil hectáreas, con formaciones rocosas extraordinarias talladas por la erosión del viento y el agua durante millones de años. Todo es rojo: la tierra, las quebradas y los riscos, el cielo del atardecer. Parece una imagen de Marte y, a la vez, un paisaje que ha quedado intacto desde los confines del pasado más remoto, porque hay allí restos fósiles de animales prehistóricos y numerosas huellas de dinosaurios y raíces petrificadas.
El sol pega fuerte sobre las pieles y la tierra. No hay electricidad, agua corriente ni señal para el teléfono celular, y hay que administrar muy bien el agua porque la caminata es larga y luego aumentará la sed.
Sin embargo, todo esto que puede entenderse como una suma de dificultades desaparece frente a la belleza extraña e inquietante del paisaje, con cornisas y paredes verticales de cientos de metros en ese tinte bermellón, y las rocas de formas sorprendentes, cortadas y talladas a mano por la naturaleza.
Una imagen como nunca se ha visto antes.
Sierra de las Quijadas está ubicada a 120 kilómetros de la ciudad de San Luis. Por la Ruta Nacional 147 se llega al pequeño caserío de Hualtarán, donde se encuentra la oficina de Parques Nacionales, un área de acampe, un par de casas y una escuela rural, lo que constituye la principal infraestructura de la zona. Allí un guardaparque o un guía de turismo pedirán los datos de procedencia y ofrecerán toda la información necesaria para aventurarse en lo que algunos llaman «una hermana del Gran Cañón del Colorado», el gigante de los Estados Unidos.
Desde ese lugar, siguen seis kilómetros de tierra y ripio que se van internando en el Parque. Al costado del camino, y antes de llegar a los riscos, se puede visitar un conjunto de hornillos para la producción de cerámicas que pertenece a la cultura de los indios huarpes, un sitio arqueológico bien interesante como para ir entrando en clima.
Poco más allá arranca el primero de los recorridos posibles, y acaso el más impactante: «Los Miradores», una caminata de entre 45 minutos y una hora que permite apreciar una panorámica de las sierras y que culmina con una vista increíble del Potrero de la Aguada, un gigantesco valle de 4.000 hectáreas rodeado por una muralla de rojos farallones verticales, como un anfiteatro natural tallado durante milenios y con las capas de tierra superpuestas como un pastel de hojaldre.
Para no perderse: la puesta del sol en los miradores, cuando el sol parece desangrarse en un fuego que cubre el cielo, la tierra y las rocas. La sensación es de completa soledad y, sin embargo, cada tanto se puede vislumbrar una pareja de halcones volando en círculos o el paso a lo lejos de algún zorrito que se les anima un poco a los turistas.
Dinosaurios y rocas milenarias
En las Quijadas viven varias especies en peligro de extinción, como el gato moro y la vizcacha colorada, además de una riquísima fauna que incluye pumas, guanacos, burros salvajes, ñandúes, cisnes de cuello negro, águilas coloradas, cardenales amarillos y tortugas terrestres.
El de «Los Miradores» es el único circuito que se puede hacer sin guía; el resto se realiza en grupos organizados. En general se pueden contratar en el momento, aunque conviene averiguar con anticipación, sobre todo en verano, cuando hay varias franjas horarias en las que no se permite la salida de excursiones ya que la temperatura puede llegar a los 45 grados.
«La Huella» es una travesía de alrededor de unas tres horas que lleva hasta donde quedó grabada una huella casi intacta de un saurópodo de cola larga, el dinosaurio de mayor tamaño que vivió en la zona. Es muy impactante: las tres pezuñas perfectas, a pesar de que fueron impresas hace millones de años. Igual de impactante es el camino para llegar a ellas, un descenso por el acantilado, tomándose de rocas, plantas y raíces, y tratando de controlar el vértigo frente a tanta inmensidad.
El «Sendero de los guanacos» es otra excursión de tres horas que recorre la senda que utilizan actualmente los guanacos y permite conocer la geografía, fauna y flora de la región. Finalmente, el circuito «Los Farallones» demanda aproximadamente cuatro horas. En la mitad del sendero de «La Huella» hay que desviarse para seguir descendiendo hasta el fondo
del Potrero de la Aguada. Sólo apta para los que tienen buen estado físico, es una travesía espectacular, bajando por una quebrada con paredones verticales de más de 200 metros de altura. A cada paso aparecen cuevas y rincones extraños, además de unas rocas increíbles, que por la erosión han adquirido formas reconocibles y que así se ganaron sus nombres: «la cabeza del toro», «el puma», «el botellón».
Otras historias
En algún rincón de la sierra, el viajero también puede tener la suerte de encontrarse con don Pilar, uno de los baqueanos de la zona, que viste de gaucho y sostiene la conversación sin desmontar de su caballo. Esa cara curtida por el sol y los años contará, entre otras historias, que en el siglo XIX y principios del XX, esta zona era refugio de algunos grupos de bandidos que asaltaban las carretas que cubrían el tramo Buenos Aires-San Juan. Luego de los atracos, se ocultaban en el Potrero de la Aguada.
Se dice que festejaban sus andanzas faenando vacunos para sus asados y, por alguna razón, comían primero las quijadas y dejaban los esqueletos tirados en el valle. Las autoridades ofrecieron entonces importantes recompensas por la captura de los «gauchos de las quijadas». Nunca imaginaron que de esa manera estaban bautizando uno de los lugares más maravillosos del planeta.
Melincué, en Santa Fe, recobró vida turística a partir de la apertura de un elegante hotel a orillas de la laguna.
A 120 KILOMETROS DE ROSARIO, MELINCUE ES IDEAL PARA LA PRACTICA DE ACTIVIDADES NAUTICAS Y PASEOS ALREDEDOR DEL PUEBLO.
.Aún no está el monumento al cacique Melín, pero las aguas se han tranquilizado. Desde el puente que se interna en la laguna, el casino y resort de Melincué, en el sur de la provincia de Santa Fe, parece una postal de Las Vegas surgiendo de las aguas, entre el cielo gris y su reflejo, que desdibuja el horizonte.
A 120 kilómetros de Rosario, el elegante casino y hotel es un paraíso de confort y buena gastronomía, que atrae a aficionados del juego desde varios kilómetros a la redonda.
El casino hierve de jugadores el sábado a la nochecita, mientras en la sala de video algunos huéspedes siguen en un enorme plasma las alternativas del partido de la fecha, otros contemplan las primeras estrellas alrededor de la piscina, y no faltan quienes se animan al ping pong o el metegol en el gimnasio.
La madrugada será la hora del balance, y seguramente la de planear una nueva y próxima visita, combinada quizás con unos vermouths en el antiguo bar Pelayo, en el centro de Melincué, o un recorrido por sus tranquilas calles, de la iglesia a la avenida San Martín.
El paseo turístico es una de las excursiones que se ofrecen aquí, junto con cabalgatas o un día de spa en Firmat.
la historia de melin
Melincué fue fundado en 1775 como fortín de protección de la ruta comercial entre Buenos Aires y Córdoba, y de esa historia hoy dan cuenta el mangrullo y el museo histórico del pueblo.
Luego es el turno de rumbear hacia la laguna, desde donde asoman los restos del hotel que se alza en la isla. Inaugurado en 1935, supo vivir épocas de gloria pero sucesivos desbordes de las aguas terminaron por doblegarlo, dejando una enorme estructura que parece flotar en medio del agua.
Es que sobre el lugar pendía la maldición que lanzó la mujer del cacique Melín, cuando aseguró que hasta que no se levantara un monumento al jefe ranquel, la zona se inundaría. La instalación de bombas de desagote acabó con el problema, y la inauguración del casino le devolvió vida al pueblo. Sin embargo, el proyecto para el monumento a Melín está en marcha.
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