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Estudiantes Argentinos diseñan nueva máquina autónoma para pintar terrenos

Posted on 18 mayo 2016 by hj

Border surgió en las aulas de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la UBA (Universidad de Buenos Aires), la tan sentida facultad de arquitectura, diseño y urbanismo que sus alumnos suelen idolatrar en las juntadas con sus pares. La idea tomó forma cuando la cátedra de Tecnología IV dictó la consigna de integrar todos los conocimientos teóricos adquiridos para crear un producto industrial.

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Poniendo manos a la obra, estos cinco chicos de entre 24 y 30 años lograron articular una máquina que es única en el mercado. Si bien en Argentina existen artefactos que pueden marcar superficies mediante rodillo o aspersión, estos son muy rudimentarios y siempre se necesitó de la tracción humana para ejecutarlas. Además, la capacidad de pintura es reducida. Las de otros países, donde sí hay modelos autómatas, son demasiado pesadas y eso dificulta su traslado.

MÁQUINA AUTÓMATA

Con estas dos premisas a revertir y la ayuda de un programador se propuso Border, una máquina autómata y liviana que, mediante dos motores eléctricos que traccionan las ruedas delanteras y regulan la velocidad cuando requiere un giro en el terreno, delimita campos deportivos pre-seteados. La apertura y el cierre de la aspersión responde a los circuitos cargados previamente en una plaqueta arduino y así se le suministrará determinadas órdenes a los motores y al sistema de aspersión.

Con este sistema no se requerirá una marca previa en el terreno para poder pintarlo. El usuario solo se ocupará de encender y apagar la máquina, y de recargar el tanque de pintura. La automatización garantiza el ahorro de tiempo y recursos; la precisión en los movimientos refleja la prolijidad de la línea y esto hace que el desperdicio de pintura sea casi nulo. Además, la rapidez de la tarea (puede pintar una cancha de fútbol con un recorrido de 800 metros en 30 minutos), brinda la posibilidad de ocuparse de otros asuntos mientras la máquina completa su trabajo.

PROTOTIPO

Por el momento, el proyecto solo llegó a instancias de prototipo realizado en el marco de la materia Tecnología IV de la carrera de Diseño Industrial. Al terminar este primer modelo del Border y luego de probarlo, pudieron detectar varias falencias en las que están trabajando para resolverlas y así estar en condiciones de presentarse en diversos concursos.

La idea es empezar a comercializarlo una vez que, con el aval de un concurso ganado, se abran puertas que les permitan entrar en el nicho de mercado más acabadamente. Con esto definido, estarán preparados para precisar cuál será su forma de venta y su canal de comunicación.

Fuente: 30 Dias de Noticias

http://www.30diasdenoticias.com.ar/nota/1907-estudiantes-disenan-maquina-autonoma-para-pintar-terrenos

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Desarrollan en Cordoba un micro satélite de bajo costo

Posted on 16 abril 2016 by hj

µSAT-3 contará con dos cámaras fotográficas y posee un novedoso sistema de propulsión a partir de un motor de plasma, producido enteramente en el país. Su órbita permitirá capturar imágenes de un mismo lugar con una diferencia de cuatro días.

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Un grupo de ingenieros en computación, en aeronáutica, en electrónica y en mecánica desarrolla actualmente el µSAT-3, un micro satélite de bajo costo que realizará tareas de vigilancia y observación del territorio nacional.

El trabajo se realiza por pedido del Ministerio de Defensa de la Nación y es llevado adelante por el Centro de Investigaciones Aplicadas (CIA), dependiente de la Dirección General de Investigación y Desarrollo de la Fuerza Aérea Argentina.

La construcción del µSAT-3 comenzó hace cuatro años y sigue la línea iniciada en 1992 con el µSAT-1, bautizado con el nombre “Víctor”, que fue lanzado desde Rusia en 1996 y se mantuvo operativo durante tres años. Posteriormente le siguió el µSAT-2, que nunca llegó a ser puesto en órbita: en plena crisis de 2001, el proyecto fue discontinuado por falta de financiamiento. Actualmente, personal del CIA junto a un grupo de jóvenes ingenieros egresados de la Universidad Nacional de Córdoba avanza en las últimas etapas del µSAT-3.

Para ser catalogado como micro satélite, el aparato debe pesar entre 10 kg. y 60 kg. El µSAT-3 pesará 30 kg. y contará con dos cámaras fotográficas, una monocromática de cinco megapíxeles y otra de alta definición de 16 megapíxeles. Las imágenes obtenidas por esta última permitirán observar con una resolución de 10 metros por pixel. De esta forma, el aparato ayudará a ampliar la capacidad estratégica de vigilancia del territorio nacional.

Luis Murgio, codirector y supervisor de la parte electrónica del µSAT-3, lo detalla: “Nuestro país carece todavía de capacidad para poner un satélite en órbita por cuenta propia, por lo que se debe contratar a una empresa para que lo haga. Un lanzamiento sólo para nuestro satélite sería carísimo, muchos millones de dólares. Por eso, la opción es llevarlo como carga secundaria de un satélite principal, que se hace cargo del 80% del costo de lanzamiento (el resto se divide entre los tres o cuatro satélites que viajan como carga secundaria). Hoy el costo de lanzamiento para un satélite como el nuestro es de aproximadamente 30 mil dólares por kilogramo puesto en órbita”.

Otro de los adelantos del µSAT-3, en relación a su antecesor “Víctor”, radica en su capacidad de maniobra gracias a un control de actitud en tres ejes mediante ruedas de inercia y bobinas de reacción magnética. Esto le permitirá eventualmente integrarse a una constelación de satélites que pueden funcionar de manera sincronizada. Una vez en el espacio, el µSAT-3 estará a una altura de entre 600 y 750 kilómetros de la Tierra.

Se desplazará a una velocidad de 25.200 kilómetros por hora. La estación terrena, esto es, el sitio encargado de bajar la información tomada por el satélite y enviarle las órdenes específicas, estará dentro del predio del CIA y tendrá contacto por lo menos dos veces por día con el satélite, cuya vida útil está programada para diez años.

Un dato distintivo es que actualmente ningún satélite argentino tiene la capacidad de sacar fotografías con la calidad que aportará el µSAT-3.

Los plazos que manejan los ingenieros para concluir el proyecto µSAT-3 es de aproximadamente 18 meses. No obstante, este tiempo está supeditado a la disponibilidad de los fondos necesarios para su conclusión. A partir de ese momento, quedará la tarea de contratar un lanzador que lo ponga en órbita, para que una vez en el espacio pueda escribirse un nuevo capítulo en la rica historia aeroespacial argentina y cordobesa.

Fuente: El federal

http://elfederal.com.ar/nota/revista/28795/cordoba-desarrolla-un-micro-satelite-de-bajo-costo

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Perfeccionan el mecanismo para mejorar el suministro de bombas de insulina para diabéticos

Posted on 01 marzo 2016 by hj

EL MECANISMO INTERNO QUE REGULA LA ADMINISTRACIÓN DE LAS DOSIS EN LAS BOMBAS DE INSULINA QUE UTILIZAN LOS PACIENTES CON DIABETES FUE PERFECCIONADO POR INVESTIGADORES DE LA UNIVERSIDAD NACIONAL DE LA PLATA A PARTIR DE UN NUEVO ALGORITMO QUE TOMA EN CUENTA LA EVOLUCIÓN DE LA INSULINA RESIDUAL EN EL PACIENTE.

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El beneficio del descubrimiento radica en que hasta ahora “la insulina residual no era un dato tenido en cuenta” y esto promete “mejorar la calidad de vida en las personas que tienen esa enfermedad”, aseguró la UNLP.

El nuevo método, que es un programa de computadora para la dosificación de insulina, fue desarrollado íntegramente por el equipo de investigadores Instituto de Electrónica, Control y Procesamiento de Señales (LEICI), de la Facultad de Ingeniería y el Conicet, con investigadores de la Universidad de Girona de España.

Dada la importancia del descubrimiento, la casa de estudios platense ya inició el proceso de patentamiento tanto en nuestro país como en Europa.

El profesional médico carga en la bomba un conjunto reducido de datos del paciente obtenidos de su evaluación clínica para que luego, mediante cálculos internos, la bomba determine la dosis de insulina adecuada en cada instante de tiempo.

El nuevo mecanismo y programa de computación para la dosificación de insulina, que fue recientemente desarrollado por el equipo de investigadores de la UNLP que dirigen los ingenieros Fabricio Garelli y Hernán De Battista, incorpora la evolución de la insulina residual del paciente en el cálculo de las cantidades a administrar, evitando la sub- o sobre-dosificación en que incurren las bombas actuales cuando se suceden varios bolos de insulina en el lapso de pocas horas y de esta manera se reducen los eventos de hiperglucemia o hipoglucemia causados por dosis incorrectas de insulina.

De Battista explicó que “la aplicación de esta tecnología se ha extendido al control automático de la glucemia que incorpora, además de la bomba, un monitor continuo de glucosa cuya lectura es continuamente comunicada a la bomba para, mediante un algoritmo, corregir automáticamente la inyección de insulina”.

El especialista dijo que “este dispositivo automático, conocido como páncreas artificial, está en fase de investigación por lo que no está aún disponible en el mercado” y adelantó que ya se inició el proceso de patententamiento del descubrimiento.

Los ensayos clínicos, realizados en hospitales españoles, de estos dispositivos automáticos han demostrado que la incorporación de la tecnología desarrollada por el Grupo de Control Aplicado de la UNLP reduce significativamente el número y gravedad de los eventos de hipoglucemia a la vez que ofrece mayor previsibilidad en la concentración de la glucemia.

El investigador Fabricio Garelli destacó que la nueva tecnología “está en condiciones de ser incorporada a las bombas actuales más modernas por lo que la UNLP y el CONICET han decidido solicitar su protección intelectual tanto en nuestro país como en Europa”.

Garelli y Hernán De Battista son profesores de la UNLP e investigadores del CONICET. Desarrollan sus actividades de investigación en el Grupo de Control Aplicado del Instituto de Electrónica, Control y Procesamiento de Señales (LEICI: UNLP-CONICET) de la Facultad de Ingeniería de la UNLP.

Fuente: Telam

http://www.telam.com.ar/notas/201602/137833-diabetes-bombas-insulina-conicet-unlp.html

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Estudiantes de la UTN crearon una “remera inteligente” que mide datos biométricos

Posted on 23 febrero 2016 by hj

La estudiante de la carrera de Ingeniería en Sistemas de la UTN, Chiara Cianni fue entrevistada en la Radio Pública para hablar sobre el proyecto final que presentaron junto a un sus compañeros, “la remera deportiva inteligente”.

En diálogo con Mónica Beltrán, la estudiante de la UTN señaló que el prototipo mide “datos del cuerpo en las actividades físicas para generar concientización mientras se hacen deportes”, que “mide ritmo cardíaco, temperatura, la aceleración y en base a esos parámetros se puede calcular calorías quemadas y las alertas sobre el ritmo cardíaco”.

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Estudiantes de Ingeniería en Sistemas de la UTN crearon “La remera inteligente”

“Los sensores de la remera son similares a los del electrocardiograma, están dentro la remera y son lavables a mano”, y destacó que la remera, “tiene una aplicación para cualquier dispositivo móvil en el que se va informando lo que va a sucediendo en el cuerpo”

Sobre la posibilidad de comercializar el producto afirmó: “Queremos mejorar el prototipo y para eso necesitamos inversores porque hasta ahora se hizo todo a pulmón entre nosotros”.

En los costos del primer prototipo se utilizaron alrededor de $1.500 y afirmó “si se genera en escalas y mejorando los materiales va a ser mucho menos”.

Los estudiantes de la carrera de Ingenieros en Sistema de la UTN que trabajaron con Chiara son Ariel Rénola, Florencia Gómez, Agustín Olivar y Hernán Cardozo.

Fuente: Radio Nacional

Estudiantes de la UTN crearon una “remera inteligente” que mide datos biométricos

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Investigadores Argentinos desarrollaron un dispositivo para la rehabilitación de pacientes con ACV

Posted on 18 febrero 2016 by hj

Tecnología para volver a caminar

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Investigadores de la Facultad de Ingeniería de la UBA desarrollaron un dispositivo para la rehabilitación de la marcha de pacientes con ACV. Es sencillo de usar y tiene bajo costo, lo que posibilita que sea utlizado por hospitales de bajos recursos.

Agencia TSS – Las personas que sufren un accidente cerebrovascular (ACV) pueden tener secuelas motoras, sensoriales y cognitivas. Una de ellas es la dificultad para apoyar el talón, ya que tienden a descargar el peso del cuerpo solo sobre la punta del pie y esto dificulta significativamente la marcha. De esta manera, uno de los objetivos de los médicos y kinesiólogos durante la rehabilitación es lograr que el paciente apoye el talón.

Es el caso, por ejemplo, de los profesionales de salud del Hospital de Rehabilitación Manuel Rocca, de la ciudad de Buenos Aires. Hasta hace algunos años, tenían un problema puntual: cuando el paciente se ponía un calzado e intentaba caminar, ellos no podían ver si, efectivamente, estaba apoyando el talón. Por eso, se contactaron con el Instituto de Ingeniería Biomédica de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires (FIUBA) para preguntar si allí podían desarrollar un sensor que indicase si el paciente estaba apoyando el talón.

Un equipo de investigadores tomó el desafío y comenzó a trabajar en un dispositivo para la rehabilitación de la marcha de pacientes con ACV. Para esto, los especialistas pensaron lo siguiente: si una persona tiene afectada su capacidad motora y sensorial, y no logra sentir si está descargando su peso en uno o ambos miembros inferiores, lo que hay que hacer es generar un estímulo externo que le indique cuándo lo está haciendo. Entonces, decidieron aplicar una técnica conocida como biofeedback que, en este caso, consiste en generar ese estímulo artificial a través de un sonido.

“Lo que hace el dispositivo es sensar la presión con que la persona está pisando, procesar la información electrónicamente y generar un sonido para que la persona perciba el grado de descarga de su peso en función de cómo ese sonido va variando”, cuenta a TSS el ingeniero Jorge Mazzeo, investigador de la FIUBA y director del proyecto. Cuando tuvieron listo el primer prototipo, lo probaron en pacientes del Hospital Rocca. “Los médicos quedaron sorprendidos por el cambio que producía este tipo de estímulo auditivo. Además, el primer trabajo que publicamos, en 2007, fue uno de los primeros a nivel mundial en los que se aplicaba la técnica de biofeedback al caso de un ACV”, destaca.

Ese trabajo estudiaba el caso de una paciente que estuvo varios meses internada en el Hospital sin presentar mejoría. Los médicos no querían darle el alta porque no podía valerse por sí misma, pero ya no sabían qué tratamiento probar. Fue, entonces, que se contactaron con los investigadores de la FIUBA y decidieron probar el dispositivo de biofeedback. “En la segunda sesión, se notó una diferencia importante. Y, a los tres meses, la persona se fue caminando”, enfatiza.

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“Lo que hace el dispositivo es sensar la presión con que la persona está pisando, procesar la información y generar
un sonido”, explica Jorge Mazzeo, investigador de la FIUBA y director del proyecto.
Mazzeo explica que se enfocaron en esta línea de investigación porque el ACV es la segunda causa de muerte en la región y en el mundo, y aporta un detalle clave: “El 80 % de los ACV ocurre en países en vías de desarrollo. Por eso, queremos avanzar hacia una técnica mejor, pero también nos parece fundamental hacerlo desde la región en la que hay mayor incidencia”. Además, indica que, durante la semana posterior al episodio clínico, el 67 % de las personas no posee capacidad de locomoción. El resto, en cambio, pueden moverse, pero con una velocidad reducida, lo que afecta la calidad de vida de la persona, así como la de su entorno familiar y social.

“Queremos aportar al ámbito de la salud un dispositivo con capacidad para acortar el tiempo de tratamiento y de aumentar su efectividad”, sostiene el ingeniero. “Lo interesante para remarcar es que es una tecnología que no tiene grandes costos de fabricación. Está pensada para que pueda ser utilizada también en hospitales de bajos recursos, que quizás no pueden afrontar el costo de un tomógrafo, pero sí el de un dispositivo de este tipo”, agrega.

Además del equipo de la FIUBA, la investigación tiene otras dos patas fundamentales: la fisiológica, desarrollada por un equipo del Laboratorio de Fisiología de la Acción, de la Facultad de Medicina de la UBA y dirigido por la doctora en Psicología Experimental y Neurociencias Valeria Della Maggiore; y la médica, llevada a cabo por profesionales del Hospital Israelita Albert Einstein, de San Pablo, Brasil.

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“Es una tecnología que no tiene grandes costos de fabricación. Está pensada para que pueda ser utilizada también
en hospitales de bajos recursos”, dice Mazzeo.
Dispositivo en marcha

El dispositivo es un aparato similar a un reproductor MP3 con auriculares. Es fácil de transportar, ya que mide cinco por siete centímetros y se puede colgar de un cinturón. De un extremo, sale un cable que termina en los sensores ubicados en los pies. El dispositivo se comunica de manera inalámbrica con una computadora estándar, que recibe la información del paciente mientras este realiza los ejercicios de rehabilitación.

Una vez que recolecta los datos, el sistema le indica al paciente –que tiene los auriculares puestos– qué partes del pie apoya en cada momento y con qué grado de apoyo, a través de los diferentes sonidos. Se retroalimenta de esta manera la comunicación entre paciente, dispositivo y computadora, pero que también incluye a dos componentes esenciales del circuito: el médico que supervisa y el investigador que estudia permanentemente el funcionamiento del aparato, para corregirlo y mejorarlo.

“El proyecto requirió el desarrollo de los sensores y de la parte electrónica, que comprende el software que corre dentro del dispositivo y el que se instala en la computadora. A veces, es necesario adaptarlo a lo que uno pretende del estudio y a las particularidades del paciente. Por ejemplo, si tiene afectado el hemicuerpo derecho o el izquierdo”, dice Mazzeo. Además de brindar información en tiempo real, los datos de cada paso que da el paciente quedan archivados en la memoria del sistema, tanto para que el médico pueda llevar un seguimiento del progreso de paciente, como para que los investigadores puedan realizar análisis matemáticos de las curvas de presión de pisada y mejorar el desempeño del sistema.

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Además de brindar información en tiempo real, los datos de cada paso que da el paciente quedan archivados en la
memoria del sistema.
El ingeniero dice que el principal desafío del proyecto fue el desarrollo de los sensores. “Pasamos por varias versiones y todavía estamos trabajando en ellos. Lo que sucede es que no se ofrecen comercialmente. Si bien existen plantillas de este tipo, son muy sofisticadas y costosas porque miden la distribución de la descarga del peso en cada punto del pie con numerosos sensores. Nosotros no necesitamos tanta información porque apuntamos a que sea el paciente el que reciba el estímulo, por lo que tiene que ser una información simple”.

Por ahora, el dispositivo está pensado para ser usado dentro del ámbito hospitalario porque aún está en etapa de prueba. Sin embargo, una vez realizadas las mejoras necesarias, los investigadores planean volcarse al desarrollo de una versión para uso domiciliario. “En un futuro, pensamos tener un dispositivo de uso comercial, para lo cual tenemos la idea de contactarnos con una empresa fabricante a través de la universidad”, sostiene Mazzeo.

Los investigadores continúan evaluando las mejoras funcionales en la marcha de quienes se recuperan de un ACV a través de la aplicación del dispositivo. Una vez obtenidos los resultados de las pruebas con los pacientes, los investigadores pretenden realizar un estudio cuantitativo que mida diversos parámetros objetivos y que complemente la visión del médico experto.

Por: Nadia Luna

Fuente: UNSAM

http://www.unsam.edu.ar/tss/tecnologia-para-volver-a-caminar/

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Técnica forense argentina llega a la serie CSI

Posted on 17 febrero 2016 by hj

La técnica que desarrolló para la causa Teresa Rodriguez se utilizó, luego, en un capítulo de la ficción estadounidense.

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Pregliasco durante las pericias por la masacre de Trelew. Foto: gentileza del investigador.

Tiempo después del 12 de abril de 1997, fecha en la que Teresa Rodríguez fue asesinada durante el desalojo de un piquete en el puente de acceso a Plaza Huincul en Neuquén, la jueza de la causa solicitó a un grupo de científicos del Centro Atómico de Bariloche un estudio sobre el video y las fotos de la represión. Entre ellos, el físico forense del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) Rodolfo “Willy” Pregliasco entró en escena: dentro del equipo de trabajo del físico Ernesto Martinez, analizó los audios recogidos en el lugar intentando dilucidar de dónde provenían los diecisiete disparos que mataron a Rodríguez. Para eso, diseñó un método artesanal: a una caña le ataron un petardo que colgaba a mitad de altura de un piolín; el pedal de un triciclo funcionó como plomada; sobre una cruz ubicada en el piso dispararon la pirotecnia. Hizo estallar petardos en diferentes puntos ubicados a lo largo del puente donde se había producido la muerte y grabó los sonidos. Así, logró determinar el origen de ocho disparos; y en particular, el que hirió de muerte a Rodríguez.

La técnica fue tan novedosa que el grupo de trabajo decidió publicar su método en una revista internacional de ciencia forense. Al tiempo, llegó un email inesperado a la casilla del grupo: la producción de la mítica serie policial “CSI Miami” (Crime Scene Investigation) quería saber más detalles sobre cómo trabajaron para incluir la técnica argentina en uno de sus episodios. “Fue muy sorpresivo. Y gracioso: lo que a nosotros nos llevó un año de trabajo, en la serie se mostró en tres minutos”, recuerda Willy entre risas. Fue la primera y única vez que un desarrollo argentino semejante llegó a la TV internacional. Claro que lo de tirar petardos en el lugar para ver la acústica sosteniéndolos con una caña fue representado de otra manera. “No daba para mostrarla así tal cual. Nuestra técnica era, por así decirlo, demasiado criolla”.

Vocación fortuita

Willy no siempre se dedicó a la física forense. A principios de los ´90 se había doctorado como físico en la Universidad de Buenos Aires (UBA), estudiando colisiones atómicas –los procesos que ocurren cuando los átomos, iones, electrones o aún la luz chocan con la materia-, y trabajaba en el Centro Atómico Bariloche. Era un científico de laboratorio, hecho y derecho. Pero cuando todas sus elecciones lo llevaban a desarrollarse en el campo teórico de la investigación, los hechos hicieron que terminara dedicándose a lo opuesto: a una aplicación práctica dentro del campo científico.

Como físico forense del CONICET, en un día cualquiera hoy a Willy se lo puede encontrar estudiando acústica de disparos, otro día balística de postas de plomo, y otro, haciendo una reconstrucción de los hechos a partir de fotos y videos. Willy es uno de los investigadores que asesora a la Justicia, ahora como miembro del flamante Programa Ciencia y Justicia que recientemente lanzó el Consejo.

La vocación por asesorar a la ciencia le llegó de manera inesperada: a través de un colega. Mientras daba sus primeros pasos en la profesión, al reconocido físico Ernesto Martinez lo convocó un Juez de la provincia con la loca idea de consultarle para resolver un accidente vehicular. Martinez se dedicó, entonces, a hacer algo que hoy es normal, pero en esa época aún no existía: la reconstrucción de los hechos desde sus conocimientos científicos. Estudió cómo habían chocado los autos, a qué velocidades iban y demás detalles, y sacó sus conclusiones sobre el accidente: en síntesis, aplicó física básica para resolver un conflicto judicial. Y le resultó tan estimulante que lo adoptó como hobbie. Willy, que hasta entonces de eso nada, miraba desde afuera cómo su colega se apasionaba cada vez más por resolver pericias vehiculares y le parecía de lo más descabellado. Hasta que al poco tiempo, la Justicia tocó a su puerta, o mejor dicho, a su laboratorio. “Cayó una causa muy grande –recuerda Willy- y Ernesto me propuso que lo ayude”.

De un día para otro, se encontró trabajando en equipo durante diez días en el Laboratorio de Propiedades Ópticas de Materiales, dirigido por Alex Fainstein, todos rodeados por gente de saco y corbata –un perito calígrafo, abogados- y un preso con las manos esposadas –porque es derecho de los presos implicados en una causa estar presente durante las pericias-. Todos ellos observaron cómo el equipo de científicos, valiéndose de un espectómetro, una cámara, linternas y celofán – el laboratorio a oscuras para facilitar la visión- intentaban dilucidar qué decía una página de un cuaderno que habían llevado los cuerpos periciales de La Plata para analizar.

En esos diez días de trabajo, el equipo descubrió rastros de tinta en el cuaderno y después –para no condicionarlos no les dijeron a qué causa correspondía- sabrían que aquel no era cualquier cuaderno, sino uno con tres letras sobrescritas: los caracteres “BRU”. La que tenían entre manos era la evidencia de la causa por la desaparición del estudiante universitario de La Plata Miguel Bru. Gracias al trabajo del equipo que integró Pregliasco se supo que ese cuaderno había registrado el ingreso de Bru a la comisaría donde se lo vio por última vez. “Fue un giro a mi profesión. Me di cuenta que eso era lo que me gustaba hacer. Me partió la cabeza”. Después llegarían los otros casos: la muerte de Teresa Rodriguez en Neuquén, y también el caso Kosteki Santillán en Avelaneda, los accidentes en el Cerro Catedral de 2000, 2004 y 2007, así como en la Masacre de Trelew de 1972.

Pero para eso faltaba: tras participar en el caso Bru, Willy tuvo dos años de transición en los que se dio cuenta que quería abandonar la ciencia básica para dedicarse de lleno a asesorar como científico a la Justicia. “Con el tiempo supe que mi decisión fue de lo más acertada: me encontré cambiando de tema de estudio para cada causa, investigando cosas distintas todo el tiempo, y me di cuenta que eso era mucho más afín para mi espíritu curioso”.

Justicia con ciencia

Para Willy, “hay muchas dificultades para hablar y comunicarse entre científicos y abogados o jueces. Con los años yo fui descubriendo que una pericia es un acto de divulgación científica –asegura-, donde uno se comunica con alguien que es juez o abogado. Y lo bueno del Programa Ciencia y Justicia es que nos ofrece institucionalmente un soporte para hacer ese puente de comunicación. Permite que investigadores que no tienen experiencia en el sistema judicial puedan apoyarse en otros para hacer ese asesoramiento lo mejor posible”.

A su modo de ver, la ciencia y la justicia tienen distintos modos de resolver un problema, y en el complemento está la riqueza: mientras en la ciencia “la verdad” se va descubriendo paulatinamente, la Justicia suele privilegiar la resolución por sobre la búsqueda. “La Justicia en algún momento corta y toma una decisión para cerrar un conflicto. Eso es un desafío para el científico”. La clave está, dice, en encontrar el equilibrio. “A mí en muchas causas no me fue bien comunicándome, el juez tomó decisiones que no tenían nada que ver con las pericias con las que lo asesoré. Uno puede pensar que es mala fe, pero también pudo hacer sido una mala comunicación mía”.

En su derrotero como físico asesor de la Justicia, Willy participó también en la emblemática reconstrucción de la Masacre de Trelew de 1972. “Fue una causa rara –recuerda-, habían pasado 35 años del hecho cuando nos llamaron”. El lugar, donde hubo 16 homicidios y tres tentativas, era una base militar con sus paredes prácticamente demolidas. “La escena del crimen estaba más que alterada, pero el juez nos pidió encontrar algún dato que lo vincule con ese día, alguna información física para no enjuiciar solo desde los libros de historia”. Se les ocurrió, entonces, estudiar la pintura de la pared: y encontraron que tenía siete capas por encima de la original.

Con esa pista, Pregliasco y equipo “rascaron” la pared en cuarenta lugares distintos. “Un trabajo demente”. Cuando llegaron a la última pared -la del fond- notaron que “estaba picada hasta el ladrillo en la zona en la que supuestamente habían sido los balazos, con lo cual no estaban sus marcas. Pero la zona reformada era mucho más chica de lo que esperábamos, de 1,60 metros para abajo. Hacia arriba no había un solo daño de esa época en la pared: eso hablaba mucho del hecho, porque las versiones militares decían que se les habían disparado las armas automáticamente. Y eso no cerraba si todos los disparos habían caído de 1,60 metros para abajo”. Gracias a ese trabajo, se pudo hacer una reconstrucción de la secuencia de modificaciones que sufrió el lugar desde que se construyó el edificio, y delinear un plano a escala del edificio tal como estaba en el año ’72. Todo eso comprobó la falsedad de las versiones con las que la dictadura de Alejandro Agustín Lanusse pretendió encubrir el fusilamiento de los presos políticos 43 años atrás.

Detallismo y obsesión -como se vio en la causa por la Masacre de Trelew-, y también creatividad: Willy dice que esas tres cosas son los aportes más grandes que un científico puede hacer en una causa judicial. Y como contraparte, el investigador encontrará “estímulo e inspiración: después de cada pericia han surgido para nosotros temas de investigación impensados. Ahora por ejemplo, tengo alumnos estudiando teóricamente sobre acústica y locación del espacio, ahora tengo alumnos trabajando en eso desde el punto de vista teórico –dice-. Es fabuloso”.

Pero atención: asesorar a la Justicia puede ser apasionante, pero tiene su contracara: “En todas las causas donde hay un muerto en un momento se te pincha la cabeza y tenés que parar, distraerte”, dice Willy, que para esos momentos, encontró en la música su cable a tierra. Toca la tuba y el eufonio. Instrumentos de viento que le refrescan las ideas.

Fuente: Conicet

http://www.conicet.gov.ar/2015/12/01/rodolfo-willy-pregliasco-el-fisico-forense-del-conicet-que-llego-a-la-serie-csi/

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