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Laboratorio argentino estudia microorganismos que tienen la sorprendente capacidad de elaborar plásticos biodegradables

Posted on 22 enero 2015 by hj

En un laboratorio argentino estudian microorganismos que tienen la sorprendente capacidad de elaborar plásticos. Este material se puede producir en forma industrial y tiene la ventaja de ser 100 por ciento biodegradable.

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Las bacterias podrían convertirse en una fuente alternativa y ecológica de los plásticos convencionales derivados del petróleo, aunque, por ahora, los costos de producción son muy altos. Así lo señaló Leloir un científico argentino de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), quien investiga uno de estos microorganismos desde 2002.

“Con el correr de los años su uso va a ser masivo, pero hoy resultan caros a la hora de producir envases plásticos”, aseguró el doctor Juan Ignacio Quelas, biólogo que investiga bioplásticos en el Instituto de Biotecnología y Biología Molecular de la Facultad de Ciencias Exactas de esa casa de estudios.

Estos bioplásticos, los polihidroxialcanoatos (PHA), “son polímeros naturales formados por unidades repetitivas de monómeros lipídicos que tienen carbono, oxígeno e hidrógeno”, explicó el también investigador del CONICET [Los polímeros son moléculas formadas por una sucesión de otras más pequeñas e iguales entre sí, monómeros, que se unen como las cuentas de un collar]. Las bacteria los produce como reserva de carbono y energía, y los almacena en forma de gránulos dentro de su citoplasma (interior celular).

Los PHA fueron descubiertos en 1926 por el microbiólogo francés Maurice Lemoigne mientras trabajaba con la bacteria Bacillum megaterium. Pero fue durante los años ‘70, cuando el alza de los precios de los hidrocarburos obligó a las empresas a pensar en sustitutos a los plásticos tradicionales derivados del petróleo, que las investigaciones sobre estos materiales realmente florecieron. En los ‘80, la compañía británica Imperial Chemical Industries Ltd. desarrolló un bioplástico, Biopol, que aún hoy se comercializa.

Quelas investiga a Bradyrhyzobium diazoefficiens, una bacteria que forma nódulos en las raíces de las leguminosas para fijar el nitrógeno atmosférico. En particular, el científico estudia la influencia de los PHA que fabrica el microorganismo sobre distintos parámetros metabólicos y fisiológicos, así como su interacción con leguminosas. Sería factible, según Quelas, utilizar estas plantas para producir PHA en sus nódulos y después purificarlos, una técnica que ya se utilizado aunque con escaso rendimiento.

Otra alternativa, que podría favorecer una producción más económica, sería insertar mediante ingeniería genética los genes responsables de la síntesis de PHA en organismos que naturalmente no lo fabrican, como Escherichia coli. Los beneficios son varios: la producción de E. coli tiene bajo costo y alta densidad de cultivo. Y resulta fácil su manipulación genética.

Los bioplásticos son no tóxicos y biodegradables, pero, insistió Quelas, todavía no están dadas las condiciones para su producción industrial a gran escala. “Mientras haya petróleo y no haya políticas sustentables, esto no va a cambiar”, deslizó.

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Ignacio Quelas

Nota: Francis Weed

Fuente: Agencia CyTA-Instituto Leloir

http://www.elotromate.com/ciencia/escherichia-coli-de-la-amenaza-a-los-bioplasticos/

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Investigadores Argentinos despejan dudas sobre la medición de la presión arterial

Posted on 21 enero 2015 by hj

Un equipo liderado por médicos y enfermeras de La Plata cuestiona las recomendaciones de una guía canadiense de hipertensión y apoya la realización de tres registros durante la consulta clínica

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Un estudio de investigadores de La Plata esclarece una controversia muy fuerte en el ámbito de los cardiólogos.

La guía de las Sociedades Europeas de Hipertensión y Cardiología de 2013 proponen tomar la presión arterial y sumar un tercer registro “si los primeros difieren significativamente”; en tanto, ese mismo año, las respetadas recomendaciones del Programa Canadiense de Educación en Hipertensión (CHEP) habían planteado medirla en tres ocasiones sólo si el primer registro era elevado y descartar el primer valor suponiendo que este será inadecuadamente alto por la reacción de alarma.

¿Cuál es la propuesta correcta? Un trabajo liderado por el doctor Martín Salazar, jefe de Servicio en Clínica Médica del Hospital Universitario San Martín de La Plata y docente en la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de La Plata, reunió datos que no sustentan las recomendaciones canadienses.

Para llegar a esa conclusión, los investigadores analizaron tres muestras independientes: una aleatoria poblacional de 1525 habitantes de la ciudad de Rauch, en la Provincia de Buenos Aires; otra de 942 pacientes de consultorios de clínica general; y una tercera de 462 pacientes derivados a un consultorio especializado en hipertensión arterial para la realización de un monitoreo ambulatorio del Hospital Universitario San Martín de La Plata.

En la investigación, publicada en “The Journal of Human Hypertension”, se compararon las recomendaciones europeas y las canadienses en las tres muestras y las mediciones del consultorio con las realizadas durante las actividades de la vida cotidiana con el objetivo de ver cuál de las recomendaciones brindaba más información sobre las presiones arteriales fuera del consultorio.

“Descartar la primera medición no mejora nuestro conocimiento sobre los valores de presión de los pacientes fuera del consultorio, tal como las guías canadienses sugerían, y potencialmente podríamos perder información sobre la variabilidad de la presión arterial, aunque la importancia de esto último es aún tema de debate”, subrayó Salazar a la Agencia CyTA-Leloir.

Salazar resaltó asimismo que otro dato “interesante y sorprendente” de la investigación fue que la primera toma de la presión arterial no resultó ser sistemáticamente la más alta, como suelen creer los médicos. “Si bien en el promedio de las muestras la presión arterial disminuye en tomas sucesivas, aproximadamente en una cuarta parte de los individuos aumentó en las tomas ulteriores”, explicó.

El hecho de que la primera medición no sea indefectiblemente la más alta sugiere que la presión arterial debe ser tomada al menos tres veces en cada visita al consultorio, independientemente de que el primer registro sea normal, añadió Salazar.

Además de la pérdida de información sobre la variabilidad de la presión que generaría descartar la primera medición, “un paciente puede tener presión normal en el primer registro”, dijo Salazar. “Si no le tomamos la presión en varias oportunidades, podemos perder la oportunidad de detectar valores de presión altos y el consiguiente aumento del riesgo cardiovascular”.

El estudio en Rauch fue efectuado por el doctor Marcelo Aizpurúa, con la participación de las enfermeras del Hospital Municipal de Rauch. En el Hospital San Martín fue crucial la participación de la enfermera Susana Cor. El equipo médico que coordinó el trabajo estuvo compuesto por los doctores Walter Espeche, Carlos Leiva Sisnieguez, Betty Leiva Sisnieguez, Carlos Dulbecco, Carlos March, Rodolfo Stavile, Eliseo Ferrari, Marcos Correa, Pablo Maciel, Eduardo Balbín y Horacio Carbajal.

La realización de tres registros de la presión arterial durante la consulta clínica aportaría datos más precisos. Así lo sugiere un estudio de investigadores de La Plata.

Fuente: Agencia CyTA-Instituto Leloir

http://www.agenciacyta.org.ar/2015/01/despejan-dudas-sobre-la-medicion-de-la-presion-arterial/

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Diseñan y fabrican en el CENPAT los instrumentos que necesitan los investigadores Argentinos

Posted on 19 enero 2015 by hj

El servicio de electrónica fabrica y diseña los instrumentos que necesitan los investigadores a la hora de realizar tareas de lo más diversas.

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Jorge Dignani y Ricardo Kolln del Servicio Centralizado de Electrónica . Foto: CENPAT fotografía.

Transmisores para monitoreo de aves, registradores de datos que se colocan en elefantes marinos, monitores de frecuencia cardíaca, medición y control de temperatura e iluminación en cámaras de cultivo, computadora para la adquisición de datos de GPS y sistemas de información meteorológica son sólo algunos de los desarrollos que han sido diseñados por especialistas en el Centro Nacional Patagónico (CENPAT-CONICET)

En la oficina de Jorge Dignani, profesional principal del CONICET, hay placas, plaquetas, pilas y baterías; transmisores; controles remotos; termómetros y sensores. Junto a su grupo son los encargados del Servicio Centralizado de Electrónica (SECELEC) del Centro. “Realizamos el mantenimiento de algunos instrumentales científicos y desarrollo de equipos a pedido y al servicio de la investigación”, explica.

Si bien el SECELEC ha diseñado instrumentos para diferentes usos, su especialidad son los registradores de datos.

“¿Cómo hace el investigador para estudiar el comportamiento de un elefante marino cuándo está debajo del agua y fuera de su vista?”, pregunta Dignani y responde, “fabricamos instrumentos que registran entre otras cosas el movimiento del animal, la temperatura del agua y la bioluminiscencia”.

Detalla además que en el Servicio que dirige se diseñan dos tipos de registradores: de tiempo y de evento. El primero recoge datos de forma intermitente. Por ejemplo, cada 15 segundos mide la temperatura del agua. Los segundos se activan a partir de determinado suceso. “Hicimos un aparato que se encendía y medía cada vez que un ave llegaba a su nido”, agrega.

Dignani trabaja en el CENPAT desde hace más de treinta años. Ingresó para instalar la primera computadora en el centro de cómputos en el año 1983. Luego se abrió el servicio de electrónica, donde no solamente se encargaba del mantenimiento sino que empezaron a realizar proyectos para el desarrollo de instrumentos al servicio de la investigación. Puede además dar cuenta de los cambios tecnológicos que se han sucedido a lo largo del tiempo.

“La forma de medir era diferente. Los registros quedaban grabados en papel y alguien los tenía que cargar luego a una computadora. Los primeros instrumentos para medición eran mecánicos. No existían ni las memorias, ni los microcontroladores. Ahora todo puede guardarse en un chip”, explica.

El avance científico y tecnológico permite a los integrantes del SECELEC desarrollar instrumentos adaptados a las necesidades del investigador y de menor tamaño y costo.

Fernando Dellatorre es investigador asistente del CONICET en el CENPAT y forma parte de un equipo de investigación que actualmente estudia la dinámica costera mediante el análisis de las variaciones de temperatura de la columna de agua asociado a las principales forzantes de la corriente: el viento y la marea.

“Buscamos tener un registro a largo plazo y uno de los instrumentos que utilizamos fue construido en el SECELEC. Nos permite medir la temperatura del agua con precisión y guardar la información en una memoria interna. En nuestro caso configuramos los equipos para que registren cada 10 minutos. Con estos parámetros se pueden almacenar datos en la memoria durante unos 6 meses y al finalizar el período de muestreo, se descargan a una computadora, se borran de la memoria interna y el equipo está listo para seguir midiendo”, explica Dellatorre.

La Oficina de Vinculación Tecnológica del CENPAT nuclea diferentes desarrollos multidisciplinarios, denominados Servicio Tecnológico de Alto Nivel (STAN) y tienen como objetivo colaborar e interactuar con los diferentes actores sociales en el apoyo y la resolución de problemas a través del conocimiento científico. En el SECELEC se diseñan prototipos electrónicos basados en equipos computarizados para la adquisición y registro de datos biológicos, meteorológicos y oceanográficos.

Fuente: Conicet

http://www.conicet.gov.ar/hecho-en-el-cenpat/

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Desarrollaron en Córdoba un innovador software para hacer simulaciones científicas

Posted on 16 enero 2015 by hj

Desarrollaron en Córdoba un conjunto de software para hacer “química en la nube”, es decir, permitir a investigadores y tecnólogos hacer simulaciones y extraer de ellas propiedades fisicoquímicas, directamente en internet y con una interfaz amigable con el usuario. “Una web app como Google Docs, pero de la simulación computacional para uso científico”, dicen sus creadores. Se especializará en cálculos de propiedades ópticas de moléculas orgánicas, pero el proyecto involucra el desarrollo de otras herramientas también.

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Llegó una innovación que al implementar estas nuevas herramientas en la nube, se posibilita su acceso a todo aquel que no cuente con recursos de cómputo propio, abriendo la posibilidad de hacer cálculos a muchos que antes no podían o les resultaba muy complicado. Por otro lado, la posibilidad de utilizar cantidades masivas de recursos a demanda permitirá a los investigadores el atacar nuevas escalas de problemas a las que antes no podían por limitaciones en sus recursos de cómputo. Y desarrollar nueva ciencia en escalas mucho más grandes.

Este nuevo proyecto posee dos características novedosas. La primera, es la implementación en la nube de software científico, algo que recién está comenzando en el mundo y que traerá mayores posibilidades a la comunidad científica, sobre todo la de países emergentes, para hacer sus propias simulaciones. Hasta ahora un conjunto limitado de grupos que cuentan con recursos de cómputo de alto desempeño (HPC, por sus siglas en inglés) puede hacerlo. Lo que se plantea acá es una forma de democratizar el acceso a recursos de cómputo. Las barreras para la utilización de recursos en “la nube” están dadas hasta el momento por la dificultad técnica de la reimplementación del software de simulación y la performance que se logra. Con este desarrollo se podrá maximizar la performance.

La segunda, es la implementación de un software para el cálculo de propiedades ópticas (que rutinariamente se obtienen de forma experimental) de moléculas orgánicas, en muy poco tiempo y con alta confiabilidad. Esto permitirá acelerar el descubrimiento de nuevos materiales orgánicos para aplicaciones en energía y tecnología, tales como celdas solares orgánicas y pantallas OLED, ya que les permite hallar computacionalmente y “de antemano” información que actualmente obtienen por la vía experimental, que es más lenta y costosa.

Si bien las simulaciones no reemplazan a los experimentos, son un complemento muy importante en proyectos de investigación y desarrollo, una herramienta más a disposición del investigador para el avance del conocimiento. Esta herramienta no se usa masivamente debido a dificultades técnicas que nuestro proyecto pretende resolver.

Quienes llevan a cabo este desarrollo son los miembros del Grupo de Dinámica Cuántica del Departamento de Matemática y Física de la Facultad de Ciencias Químicas de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), trabajando en doble dependencia con el Instituto de Investigaciones Fisicoquímicas de Córdoba, CONICET. El director del proyecto es el investigador responsable del grupo, Dr. Cristián Sánchez, y sus tesistas (Franco Bonafé, Candela Wettstein, Charly Medrano, los tres licenciados en Química por la Facultad de Ciencias. Químicas UNC) son el equipo emprendedor.

Todo el equipo se presentó a la convocatoria “Tecnoemprendedores” de la Incubadora de Empresas UNC, perteneciente al Parque Científico-Tecnológico, y luego de un período de pre-incubación de 3 meses y medio entregaron un plan de negocios y dieron una presentación oral del proyecto ante un jurado. Ahora fueron seleccionados para formar parte de las Empresas de Base Tecnológica incubadas en la Incubadora de Empresas de la UNC.

“El desarrollo e implementación de nuevos métodos de simulación ha sido el objetivo principal de nuestro grupo de investigación desde su creación. La idea que podían transferirse a otros sectores como un desarrollo tecnológico surgió a partir de un comentario de un extesista doctoral del grupo, que se encuentra trabajando en Estados Unidos. Le ofrecieron trabajar en una empresa de displays para hacer cálculos de propiedades ópticas de compuestos orgánicos para desarrollar nuevos materiales. Se nos ocurrió entonces que podíamos transformar las herramientas que usamos internamente e implementarlas en una plataforma web para que ese tipo de empresas y la comunidad científica en general”, comenta en diálogo con EL OTRO MATE Franco Bonafé.

Para publicar casi cualquier trabajo científico en química hoy en día es necesario contar con simulaciones o cálculos teóricos que apoyen y expliquen los resultados experimentales, en especial si es un resultado no esperado o muy novedoso. La complejidad del trabajo experimental hace que sean necesarios modelos adecuados para complementar los resultados experimentales los cuales se implementan como simulaciones o cálculos teóricos.

Para realizar estos cálculos muchas veces son necesarias computadoras potentes (o supercomputadoras). En Argentina, por ejemplo, existen algunas de ellas pero no alcanzan a abastecer toda la demanda. Por otra parte, es necesario cierto conocimiento (a veces bastante) de computación científica para instalar, compilar o a veces correr de alguna manera específica (en paralelo por ejemplo) este tipo de software.

Para bajar estas barreras (tecnológica y técnica) se propusieron desarrollar software científico para correrlo en la nube (lo que se conoce como “cloud computing”), que no son más que grandes servidores ubicados en distintos lugares del mundo, a los cuales uno puede acceder pagando por hora de cálculo. La razón por la que no se ha hecho esto todavía es porque el software existente no está listo para correr en estas “máquinas virtuales”, sino que hay que adaptarlo para una óptima performance.

“Por otra parte, nos damos cuenta que la carrera por la búsqueda de nuevos materiales para energía y tecnología es un problema que están enfrentando las industrias y los institutos de investigación en todo el mundo. Si se pudiera acelerar su desarrollo podríamos tener en meses lo que hoy tardaría años en llegar al mercado. Nosotros proponemos utilizar herramientas de cómputo para reemplazar ciertos experimentos que demoran más tiempo en realizarse, y poder conocer antes de ir a la mesada lo que vamos a obtener, para una serie de compuestos. Esto permite filtrarlos antes de siquiera tocar un tubo de ensayo, y explorar un conjunto de compuestos más pequeño en el laboratorio”, asegura Bonafé.

¿Cómo funciona?

Una página web permite al usuario registrarse y elegir el plan que desee, en función de las horas de cálculo que demandará. Un “diseñador molecular” le permite crear las estructuras químicas que quiera estudiar, y una interfaz gráfica amigable lo orienta a seleccionar el tipo de cálculo y sus parámetros. Cuando se da la orden de correr el cálculo, un administrador de trabajos que corre en la nube distribuye los cálculos en servidores que se contratan para tal fin, a un dado costo por hora. Cuando el trabajo finaliza, se recolectan los resultados y se le informa por una aplicación al usuario que ya puede entrar y descargarlos, o seguir calculando en base a lo obtenido.

La implementación consistirá en encontrar la forma óptima en la que los cálculos pueden correr en la nube. Para ello se deberán crear entornos virtuales en computadoras locales y probar de qué forma es más eficiente correr cálculos (lo que se conoce como benchmarking). Luego se comenzará lentamente a implementar en la nube tanto software científico de código abierto existente como desarrollo propio del equipo. Desarrolladores y diseñadores que incorporarán el año próximo se encargarán de hacer la gráfica web y la administración de trabajos para que funcione con la mayor performance posible.

“Esperamos cambiar la forma de hacer cálculos y permitirle a más científicos y tecnólogos contar con recursos a los que hoy sólo tienen acceso unos pocos. Confiamos que con estas facilidades se potenciará y acelerará el desarrollo de nuevos materiales y métodos para mejorar la calidad de vida de la gente”, augura Bonafé.

Nota: Alejandro Mellincovsky

Fuente : EL OTRO MATE

http://www.elotromate.com/tecnologia/el-gran-simulador/

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El INTA sumó cuatro laboratorios para el análisis de suelos y agua

Posted on 16 enero 2015 by hj

Fueron inaugurados en Mendoza, Chaco, Chubut y La Pampa. Se suman a los 30, distribuidos en todo el país, que nuclea la Red de Laboratorios de Suelos, Agua y Vegetales (Rilsav) del INTA.

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El INTA sumó cuatro laboratorios para el análisis de suelos y agua

Con el objetivo de funcionar como un único laboratorio institucional y garantizar la calidad de la información obtenida la Red de Laboratorios de Suelos, Agua y Vegetales (Rilsav) anunció la incorporación de cuatro nuevos laboratorios ubicados en Junín –Mendoza–, Las Breñas –Chaco–, Esquel –Chubut– y Colonia 25 de Mayo –La Pampa–. Estos se suman a los 30 que funcionan en todo el país.
Daniel Carreira, coordinador de la Rilsav, señaló que esta incorporación busca “complementar la oferta analítica de la red” e hizo referencia al significado del trabajo por “la integración y coordinación de capacidades y funcionalidades, a través de la participación en actividades comunes”.
Para Miriam Ostinelli, profesional del Instituto de Suelos del INTA Castelar, la incorporación de estos nuevos laboratorios a la red “amplía la capacidad del INTA para dar respuesta a la demanda, tanto interna como externa, originada por proyectos de investigación y productores de las distintas regiones del país, además de beneficiar la interacción con otras instituciones y organizaciones del sector público y privado”.
Con el objetivo de ayudar a los pequeños productores y con una inversión aproximada de 1,5 millones de pesos, el laboratorio de Junín –Mendoza– fue creado por el municipio. El INTA suma capacidades en recursos humanos, metodología y control de equipos. Allí, los cuatro profesionales que trabajan en el laboratorio se enfocan en el análisis de suelos, agua y material vegetal.
“El 93 % de la superficie de Junín está cultivada por pequeños productores y había una clara necesidad de asistirlos de alguna forma”, dijo Rubén Mallea, uno de los profesionales del laboratorio, quien además explicó que “antes enviaban las muestras a Luján, a Mendoza o a laboratorios privados de la zona, lo que les resultaba más caro”.
Su equipamiento está conformado por un espectrofotómetro de absorción atómica, espectrofotómetro de absorción molecular con potencialidad para leer en el rango de luz ultravioleta y visible, digestor, batería de destilación, agitadores, determinador de humedad, balanzas, centrífuga, lupa y microscopio, estufas. “Es lo básico, pero completo”, resaltó el especialista, quien aseguró que “estar en la Red nos va a ayudar muchísimo para homogeneizar procesos, trabajar bajo norma y mantener bajo control nuestros resultados”.

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Ostinelli: “La incorporación de estos laboratorios amplía la capacidad del INTA para dar respuesta a la demanda originada por proyectos de investigación y productores de las distintas regiones del país”.
Ejemplos de articulación
En el caso de los laboratorios de Las Breñas y Esquel se suman recursos de otras instituciones y de empresas privadas. “Los incluimos en la RILSAV porque estos laboratorios cubrirán la demanda analítica en sus respectivos territorios y buscamos garantizar la emisión de resultados equivalentes y de calidad, además de aportar para lograr la capacitación continua de sus recursos humanos”, expresó Ostinelli.
Creado mediante la articulación entre el INTA Las Breñas y el Instituto de Educación Superior Miguel Neme, “este laboratorio es uno de los que cuenta con el equipamiento más completo”, indicó Ostinelli, quien detalló: Cuentan con espectrofotómetro de absorción molecular con potencialidad para leer en el rango de luz ultravioleta y visible, fotómetro de llama, cámara de flujo laminar, centrífugas, balanzas (analítica y de precisión), microdispensador, refractómetros, baños termostatizados, agitadores magnéticos, equipo buth y cámara de crecimiento, entre otros. “Esto permite ampliar el espectro analítico y abordar ensayos para caracterizar otras matrices, como alimentos”, señaló.
Mariana Sauer, especialista del laboratorio, señaló que el origen de las inversiones en equipamiento proviene de proyectos del Instituto Nacional de Educación Técnica (INET). “Hasta el momento ganamos cuatro proyectos, que durante los tres primeros años son permiten hacer una inversión de $100.000 por año y $190.000 en el último”, destacó.
Por su parte, Alejandra Andreo, técnica del laboratorio de Las Breñas, expresó que “además de los recursos humanos, el INTA suma inversión en los reactivos que permiten la operatividad del laboratorio, metodología y la asistencia técnica en el funcionamiento y control de equipos”.

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Según Carreira: “Esta incorporación busca complementar la oferta analítica de la Rilsav”.
Por otro lado, el Laboratorio de Estudios Ambientales Integrados (LEAI) de Esquel se creó gracias a la articulación del INTA con la Sede Esquel de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco (UNPSJB), con dependencia en la Facultad de Ingeniería. Su equipamiento incluye estufa, mufla, balanza analítica, peachímetro digital, conductímetro digital, destilador de agua, equipo para determinación de constantes hídricas, equipo para determinación de Nitrógeno Kjeldahl, agitador de vaivén, espectrofotómetro y determinación de textura por densimetría.
Actualmente, su personal está compuesto por tres profesionales y cuatro pasantes, quienes enfocan su actividad básicamente en análisis de suelo y agua, pero, planifican incorporar ensayos en otras matrices en respuesta a su demanda.
Carlos Buduba, director del nuevo laboratorio de Esquel, explicó que “aún falta adquirir algunos equipos para lo cual se cuenta con aportes de la Unidad para el Cambio Rural, del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca y de proyectos de equipamiento e investigación de la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica del MinCyT”. Y agregó que “en estos proyectos, de índole interdisciplinaria e interinstitucional, participan investigadores del LEAI en colaboración con investigadores de otras facultades de la UNPSJB y del Centro Nacional Patagónico (CENPAT), dependiente del CONICET”.
Por su parte, la instalación del laboratorio ubicado en Colonia 25 de Mayo –La Pampa– fue financiado por el Ente Provincial del Río Colorado (EPRC) con el objetivo de cubrir la demanda analítica básica en agua y suelo.
Micaela Pérez, una de las investigadoras del INTA Colonia 25 de Mayo, destacó la importancia que tendrá este laboratorio para los productores de la zona debido a que “antes las muestras se enviaban al laboratorio de Anguil, a 400 kilómetros de distancia”.
El anuncio sobre la incorporación de nuevos laboratorios a la red se realizó durante la 8° Reunión Anual Plenaria de la RILSAV.

Fuente: INTA

http://intainforma.inta.gov.ar/?p=25381

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Investigadores Argentinos desarrollan un vendaje de rápida cicatrización

Posted on 14 enero 2015 by hj

A diferencia de los apósitos tradicionales, el vendaje mantiene la humedad en la zona dañada evitando el ingreso de microbios y permitiendo la regeneración del tejido. Además, al tener propiedades elásticas similares a la piel, su tamaño varía según la profundidad de la herida.

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Imagen del microscopio electrónico de los poros del hidrogel de polivinilalcohol

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Imagen de microscopío electrónico de los nanohilos de celulosa en el hidrogel

Guillermo Meliseo (Agencia CTyS) – Para lograr cicatrizar quemaduras de tercer grado, los médicos requieren de telas especiales para cubrir las zonas afectadas y evitar el ingreso de microorganismos que puedan infectar la herida. Sin embargo, cuando se aplican estos vendajes, las heridas quedan selladas y la cicatrización es más lenta por falta de oxígeno y agua.

Pensando en resolver este problema, el Instituto de investigaciones en Ciencia y Tecnología de Materiales (INTEMA) de la Facultad de Ingeniería de la UNMdP desarrolló un apósito de hidrogel que permite cicatrizar más rápido las heridas profundas. “Así, cualquier paciente que haya sufrido quemaduras graves podrá recuperar sus tejidos en cuestión de días”, contó Jimena Gonzalez, doctora en Ciencia de Materiales a la Agencia CTyS.

“Cuando alguien escucha telas o apósitos, lo primero que se le viene a la mente es la curita tradicional, pero la idea es que estos apósitos sirvan para heridas muy complejas”, expresó la experta, tras agregar que “buscando información sobre hidrogeles y observando las falencias de los apósitos convencionales, nos pusimos a pensar cómo hacer para mejorar su función”.

El agua y el oxígeno son dos elementos necesarios para que los tejidos se regeneren, ya que ambos ayudan a que las células viajen hacia la herida y formen el tejido cicatrizante. “Por ejemplo, con una curita lo que uno hace es tapar la herida para que no se infecte, pero no le da oxígeno ni hidrata la zona, entonces lo que hacemos desde INTEMA es mejorar ese ambiente para que puedan migrar todas las células y crear tejido nuevo”, sostuvo Gonzalez.

El material fue elaborado mediante nanohilos de celulosa, lo que le otorgó propiedades mecánicas y de barrera. “Una de las ventajas que tiene este apósito es que mantiene la herida hidratada y húmeda, evitando el ingreso de agentes bacteriólogos”, expresó la experta y agregó que, “al tener una elasticidad muy similar a la piel, su tamaño varía de acuerdo a la herida”.

Los hidrogeles son polímeros que cuentan con una estructura blanda y elástica y, al formar redes que no se pueden diluir, son sólidos y están permanentemente hidratados. Muchos de los lentes de contacto actuales están hechos de este material, a demás, los hidrogeles pueden hacerse de diferentes materiales, como siliconas, para utilizarse en máscaras para la cara.

Si bien el trabajo todavía está en una etapa inicial, la experta sostiene que no descarta la posibilidad de probarlo en pacientes. “Por el momento, estamos trabajando con un grupo del hospital de Mar del Plata para que colabore con el proyecto y, al mismo tiempo, estamos buscando inversores para que puedan financiar el trabajo”.

El proyecto se desprende de la tesis doctoral de la Dra. Gonzalez sobre “hidrogeles compuestos para aplicaciones biomédicas”, sugerido por la Dra. Vera Alvarez, directora del grupo de investigación del INTEMA.

Fuente: Agencia CTyS

http://www.ctys.com.ar/index.php?idPage=20&idArticulo=3021

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