Jorge Casal, investigador superior del Consejo en el Instituto de Investigaciones Fisiológicas y Ecológicas Vinculadas con la Agricultura (IFEVA, CONICET-UBA) fue premiado por la Fundación Alexander von Humboldt, de Alemania, por su trayectoria en el campo de la biología vegetal.
Reconocido por la institución como “un líder mundial en su campo de investigación”, el científico fue galardonado con uno de los ocho premios George Forster por su trabajo y trayectoria en esta área. Una de sus más recientes investigaciones fue publicada en la prestigiosa revista New Phytologist en donde quedó demostrado por primera vez que las plantas “ven” y distinguen si las vecinas son “parientes” o no a través de receptores de luz, llamados fitocromos.
“Me siento agradecido no sólo a la Fundación Humboldt sino a los colegas, los estudiantes e instituciones de Argentina que han ayudado a mi carrera como investigador”, dijo Casal.
La Fundación Von Humboldt mantiene una red de 26.000 científicos en más de 140 países, incluidos 51 ganadores del Premio Nobel.
En un futuro estos descubrimientos permitirán diseñar nuevas estrategias para el control de la enfermedad
En el Laboratorio de Interacciones Plantas-Microorganismos del Instituto de Biología Molecular y Celular de Rosario (IBR, Conicet-UNR) se obtuvieron nuevos avances en el estudio de los mecanismos de las interacciones planta-patógeno.
Este grupo posee una vasta trayectoria en el estudio de la enfermedad conocida como cancrosis de los cítricos, causada por la bacteria Xanthomonas citri subsp. Citri, que actualmente es uno de los principales problemas fitosanitarios con los que se encuentran los citricultores argentinos.
Hasta el momento, no existen plantas resistentes a esta enfermedad. Por ello todos los cítricos, entre ellos limones, naranjas, mandarinas, quinotos y pomelos, son afectados por esta patología.
En un trabajo reciente, publicado en Journal of Experimental Botany, con la colaboración de investigadores de los Institutos Max Planck de Alemania y KAUST de Arabia Saudita, este equipo de trabajo desveló un nuevo mecanismo que utiliza Xanthomonas para sobrevivir sobre la superficie de la hoja.
“La infección comienza cuando la bacteria ingresa en las plantas a través de los estomas, que son pequeños poros presentes en la superficie de las hojas que permiten el intercambio de gases con el medio ambiente, o también a través de heridas de la planta”, describe Natalia Gottig, investigadora adjunta del Conicet, y líder del proyecto.
Una vez que la bacteria ingresa al tejido vegetal, se multiplica en el espacio intercelular del tejido y finalmente produce la lesión eruptiva característica de color marrón, que se denomina “cancro”.
La bacteria queda por encima de la hoja en esa protuberancia y cuando llueve o hay viento fuerte, emerge y se traslada, continuando la infección y contagiando toda la planta o inclusive a otras plantas cítricas.
Cuando la infección es muy severa se puede producir una defoliación masiva, lo cual debilita la planta y disminuye su capacidad de producir frutos. No afecta el sabor, pero como se rompe el tejido de la cáscara se favorece la colonización por otros patógenos y que el fruto se pudra más rápido.
La fruta infectada se puede comercializar en el mercado interno, pero presenta restricciones para ser comercializada en el mercado externo, limitando las exportaciones.
El grupo realiza estudios con el propósito de conocer no sólo un poco más los mecanismos que usa la bacteria para infectar la planta, sino además cómo puede defenderse del patógeno.
La investigadora destacó que uno de los ejes de estudio más importantes en los que el grupo se focalizó es la adherencia de la bacteria a la planta, etapa fundamental para el desarrollo futuro de la enfermedad y en la capacidad de asociarse con otras células de la misma bacteria y formar una comunidad denominada biofilm.
“Este crecimiento en forma de biofilm le permite a la bacteria sobrevivir mejor a las condiciones adversas ambientales y mantenerse por más tiempo sobre la superficie vegetal, lo cual aumenta su capacidad infectiva y prolonga la infección”, destaca Gottig.
El equipo del IBR demostró que este patógeno produce un azúcar, llamado trealosa, que es una sustancia osmoprotectora e importante para el desarrollo de la cancrosis de los cítricos, ya que permite que las bacterias sobrevivan a las situaciones de estrés ambiental a las que se exponen en la superficie vegetal.
Además, a través de estudios metabólicos y de proteómica, se demostró que la trealosa producida por la bacteria modifica la fisiología del tejido vegetal, de manera tal de favorecer el crecimiento del patógeno y de esta manera asegurar el desarrollo de la enfermedad.
Sin embargo, este azúcar es un arma de doble filo ya que las plantas cítricas evolucionaron y son capaces de detectar esta molécula y gatillar respuestas de defensa con el objetivo de contrarrestar el ataque del patógeno y así limitar el establecimiento de la enfermedad.
En este trabajo por primera vez se ha caracterizado el rol dual de la trealosa en la interacción planta-patógeno. “El descubrimiento de que esta molécula es capaz de despertar las respuestas de defensa de las plantas cítricas, permite pensar en nuevas estrategias que utilicen este azúcar para el control de la cancrosis y otras enfermedades de los cítricos”, concluye la investigadora.
Un dispositivo hecho en el país con nanotecnología demostró ser capaz de proteger datos en ambientes hostiles como puede ser un satélite
Foto del satélite “Tita” integrado días antes del despegue que tuvo lugar el 19 de junio de 2014 por. En su interior se colocó MeMOSat01, un dispositivo que almacena datos en ambientes hostiles.
Por Bruno Geller-. Un dispositivo hecho íntegramente en Argentina demostró ser eficaz para almacenar información y resistir dentro de un satélite a las vibraciones del despegue, los mayores niveles de energía solar y la radiación cósmica. Así lo aseguró uno de los investigadores que lideró el desarrollo, quien reveló que la memoria resistiva, MeMOSat01, sigue mandando información casi diez meses después del despegue del satélite.
“Nos sentimos muy optimistas (respecto al funcionamiento y las perspectivas del dispositivo)”, señaló a la Agencia CyTA el doctor Federico Golmar, investigador del CONICET en el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI). Golmar, quién también es profesor adjunto en la Escuela de Ciencia y Tecnología de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), presentó resultados actualizados de la experiencia en el FAPESP Week, un encuentro de científicos de Argentina y de Brasil que tuvo lugar del 7 al 10 de abril en Buenos Aires y que fue organizada por el CONICET y la Fundación de Apoyo a la Investigación Científica del Estado de São Paulo (FAPESP).
Golmar y sus colegas, que integran el proyecto LaboSat, orientado al diseño y desarrollo de plataformas de estudio de dispositivos para la ingeniería espacial, enviaron al MeMOSat01 a 500 kilómetros de altura dentro del satélite “Tita” (en honor a Tita Merello), que fue puesto en órbita el 19 de junio de 2014 por la empresa argentina Satellogic.
Las memorias están compuestas de una tricapa de metal-óxido-metal, esto es, un material aislante entre dos electrodos metálicos. “En total la plataforma de medición con las memorias pesa 55 gramos comparados con los 25 kilos del satélite”, destacó Golmar.
Para lograr ese tamaño, los investigadores manipulan la materia a escala nanométrica, es decir, con dimensiones del orden de una cien millonésima parte de un metro. “Trabajar con estas dimensiones permite lograr mucho ahorro: enviar un kilogramo al espacio a través de un lanzador es muy caro“, dijo Golmar.
Una vez que las memorias en desarrollo pasen todas las pruebas, podrían utilizarse en diferentes entornos hostiles: no sólo para guardar datos en satélites, sino también en pozos petroleros, centrales nucleares o exploración de volcanes, entre otras aplicaciones.
Imagen de las memorias de MeMOSat01 creadas con su correspondiente encapsulado y una moneda para tener noción del tamaño.
El avance servirá para el tratamiento de desórdenes alimenticios, ya que descubrieron cómo funcionan las neuronas del hipotálamo que envían la señal de saciedad que nos hace dejar de comer.
Marcelo Rubinstein, profesor de la facultad de Ciencias Exactas de la UBA e investigador del Conicet, publicará el descubrimiento en Estados Unidos.
Un equipo de científicos de la Universidad de Buenos Aires (UBA) identificó un gen maestro en el circuito de la saciedad al ingerir comidas, descubrimiento que permitirá avanzar en el diagnóstico de los desórdenes alimenticios, informó ayer esa casa de altos estudios pública.
El trabajo del equipo conducido por Marcelo Rubinstein, profesor de la facultad de Ciencias Exactas de la UBA e investigador del Conicet, que será publicado esta semana en Procedimientos de la Academia de Ciencias Naturales (PNAS) de Estados Unidos, sostuvo que la alteración del gen “impide que las neuronas envíen la señal que nos hace dejar de comer y puede predisponer al sobrepeso”.
“Tanto los ratones como los seres humanos que presentan mutaciones en el gen Pomc padecen de hiperfagia y de obesidad severa”, manifestó el estudio argentino, y destacó que el gen maestro descubierto “regula a Pomc, sin el cual el circuito saciatorio no funciona”.
Rubinstein explicó que “se trata de un factor de transcripción, una proteína fundamental para que se pueda iniciar la transcripción de Pomc en las neuronas que la expresan normalmente para formar parte de este circuito saciatorio”. “Se sabía que Pomc se expresa en esas neuronas del hipotálamo, lo que no se sabía es quién activa esa transcripción de manera tan selectiva y por qué sólo en esas neuronas y no en otras”, dijo el docente e investigador.
“Nosotros, durante muchos años, nos concentramos en identificar las secuencias de ADN necesarias para que Pomc se exprese en ese lugar, y ahora pudimos descubrir quién utiliza esas secuencias para permitir la expresión del gen en esas neuronas”, explicó.
La investigación universitaria fundamentó que “por lo general, luego de haber ingerido una comida abundante y sabrosa, llega la señal de saciedad y paramos de comer, pero a veces la señal llega tarde, cuando ya nos pasamos del límite” y remarcó que también “hay casos en que no llega, es cuando comemos de manera insaciable”.
“Que esa señal llegue en el momento y duración adecuados es un factor clave para evitar el sobrepeso y, por ende, la obesidad”, postuló el estudio, y se preguntó “¿dónde se produce esa señal?”.
“Las neuronas encargadas de decir ‘coma’ o ‘pare de comer’ están ubicadas en el hipotálamo, región del cerebro que regula la temperatura corporal, la liberación de hormonas de la hipófisis y también conductas como la alimentación”, señaló la investigación, para destacar que “algunas de esas neuronas promueven la ingesta y otras la saciedad”.
Estas últimas expresan un gen conocido como Pomc (propiomelanocortina), que contiene la información para producir melanocortina, “la hormona que avisa que hay que detener la ingesta”.
El trabajo, cuyos primeros autores son Sofía Nasif y Flavio de Souza, investigadores del Instituto de Investigaciones en Ingeniería Genética y Biología Molecular del Conicet, será publicado esta semana en Proceedings of the Natural Academy of Sciences (PNAS) ◗
Investigadores del Conicet, bajo la dirección de Osvaldo Podhajcer, lograron a través de terapia génica curar el cancer en ratones.
El avance científico bajo este nuevo tratamiento ya está patentado (AV25CDC) aunque aún falta probar su eficacia en seres humanos.
Osvaldo Podhajcer, jefe del equipo que fue capaz de curar el cáncer de páncreas en ratones, fue entrevistado por Página/12, y explicó que el tratamiento consiste en «ingeniería genética de un virus que, además de estimular el sistema inmunitario, destruye selectivamente las células cancerosas».
El grupo decidió llegar hasta el final y comprobar su verdadera eficacia para combatir el cáncer de páncreas en humanos. La solución más rápida hubiera sido que vendieran la patente y que un laboratorio con mayores recursos siguiera con la experimentación pero los científicos prefirieron seguir con su trabajo.
Los resultados de la investigación fueron publicados en la revista Clinical Cancer Research donde se subraya que “el cáncer de páncreas presenta una alta mortalidad: más de 200.000 personas mueren anualmente en el mundo por esta enfermedad, que, según datos obtenidos en Estados Unidos, es la cuarta causa de muerte por cáncer. Actualmente no hay disponible una terapia efectiva. La gemcitabina sigue siendo el estándar de tratamiento, y el tiempo medio de sobrevida no excede los 6,5 meses”.
“Los ratones tratados con este virus (de la misma familia que causa el resfrío común) en combinación con gemcitabina presentaron más del 80 por ciento de reducción en el tamaño del tumor, y después del tratamiento mostraron un regreso a los niveles normales de toxicidad hepática. Estos hallazgos ofrecen una prueba conceptual para el uso combinado de AV25CDC y gemcitabina como una poderosa modalidad terapéutica en cáncer de páncreas”, destaca el informe.
El virus infecta selectivamente las células cancerosas y las destruye; y por otro lado, estimula el sistema inmune. Si bien la primera acción puede demostrarse en ratones de laboratorio, la estimulación del sistema inmune sólo puede demostrarse en ensayos clínicos con humanos.
GRAMAX es una pastura subtropical mejorada molecularmente para aumentar su calidad nutricional. Este desarrollo argentino sirve para la producción ganadera que se desarrolla en de las zonas marginales, subtropicales y tropicales.
¿Es solo una cuestión de actitud? Este es un caso, porque lo que resulta innovador de esta innovación argentina que acaba de ganar los Israel Innovation Awards, además que el mejoramiento es realizado aplicando técnicas de biotecnología, es la propuesta. Mejorar una característica –calidad nutricional- que tiene un doble impacto. Por un lado aumenta la productividad en forma directa (al hacer más eficiente la alimentación) y por otro lado, al ser más eficiente la alimentación, los animales generan menos desechos (Gases de Efecto Invernadero) por kilogramo de carne producido.
A nivel regional no hay desarrollos de eventos de pasturas mejoradas molecularmente para una mejor calidad nutricional; particularmente digestibilidad y contenido de azúcares.
A GRAMAX lo llevó adelante el equipo de Neogram, que está compuesto por Camila Petignat (Fundadora y CEO), Anabella Fassiano (Fundadora y CTO) y Pedro Duarte (Apoyo Técnico). Se desarrolla en la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires, gracias al apoyo de la facultad y su la incubadora de empresas INCUBAGRO.
“Fue el resultado de un trabajo para una materia de la facultad de ciencias exactas y naturales (Agrobiotecnología), cuando estábamos concluyendo con la carrera como biólogas allá por 2010. Luego, buscamos inversión privada con un inversor ángel y comenzamos a desarrollar el proyecto a mitad del 2011”, comenta Petignat en diálogo con EL OTRO MATE.
En los próximos 10 años se espera que el consumo de carne bovina en los países asiáticos se incremente en un 20%. El MERCOSUR es, hoy, el proveedor del 43% de la carne a nivel mundial y, en vistas de la creciente demanda asiática, se espera que su participación en el mercado continúe aumentando. La producción ganadera a nivel regional se concentra en las zonas tropicales y subtropicales, que no compiten con los suelos agrícolas. En estos sistemas, la alimentación de los animales es casi íntegramente a base pastoril (pastizales naturales y pasturas cultivadas) y debido a su baja calidad nutricional, la productividad de estas zonas es baja. Además, como la alimentación a pasto es ineficiente, se generan grandes cantidades de desechos por kilo de carne producido, convirtiendo a la ganadería en la segunda actividad de mayor emisión de gases de efecto invernadero (GEI). Puntualmente, en Argentina se manifestó el corrimiento de la frontera ganadera hacia zonas marginales y de altas temperaturas, donde actualmente faltan recursos forrajeros de buena calidad hacen que la actividad de desarrolle en forma muy ineficiente.
¿Cómo funciona?
GRAMAX surge del mejoramiento molecular de la pastura Grama Rhodes logrando aumentar su calidad forrajera. Sus atributos principales son una mayor digestibilidad y mayor contenido de azúcares. Esto permite aumentar la eficiencia de alimentación de los animales, impactando positivamente en la productividad y al mismo tiempo reduciendo las emisiones de GEI por kilo de carne/leche producido, obteniéndose así un doble beneficio para el sistema producción. Concretamente, GRAMAX logra una mayor productividad y un menor impacto ambiental de la siguiente manera: Una mayor digestibilidad posibilita un mayor aprovechamiento de los nutrientes contenidos en el pasto que consume el animal y por lo tanto una mayor eficiencia de conversión de pasto a carne/leche (Más tasa de conversión de pasto por kilogramo producido). Un mayor contenido de azúcares permite tener más nutrientes y energía disponible para asimilar por al animal, lo que lleva a aumentar la carga ganadera por hectárea (mayor número de animales que se alimentan por hectárea).
El resultado final es el incremento de la productividad del planteo ganadero. Si consideramos sólo el aumento de la digestibilidad se puede estimar un porcentaje de aumento en la productividad ganadera, entendido como peso por día que gana el animal.
“El evento GRAMAX que hemos obtenido en Neogram presenta como mínimo un 6% más de digestibilidad. Esto implica un incremento mínimo del 20% en aumento de peso por día del animal (la relación entre digestibilidad y ganancia en peso/día está dada por un factor de 3,2)”, especifica Petignat.
Tanto una mayor digestibilidad como como un mayor contenido de azúcares reduce las emisiones de metano que produce el animal como resultado de su alimentación. Por año, en el mundo se liberan 534 millones de toneladas de metano como resultado de la actividad ganadera. Y cuyo poder de calentamiento global es mucho mayor que el del dióxido de carbono (dependiendo el indicador, desde 7 hasta 70 veces más dañino). La mayor tasa de liberación de metano se registra en regiones tropicales, justamente debido a la baja calidad nutricional de las pasturas consumidas y la baja eficiencia alimentaria de estas zonas.
Por lo tanto, GRAMAX, al permitir un mayor aprovechamiento y una mayor disponibilidad de nutrientes por unidad de consumo de pasto, logra disminuir el impacto de la actividad ganadera por unidad de kilogramo de carne/litro de leche producido, convirtiéndose en una alternativa de producción sustentable y amigable con el ambiente.
GRAMAX fue reconocido por la Fundación Empretec y ganó los Israel Innovation Awards, organizados por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva en Conjunto con la Cámara de Comercio Argentino-Israelí.
Por ahora están en vías de iniciar la fase de prueba a campo de los eventos seleccionados a nivel de laboratorio. Una vez superada esta fase, se realiza la transferencia de la tecnología (en forma de semilla) a una empresa semillera de la industria de pasturas y forrajeras.
“En vistas de la gravedad de la problemática ambiental y el cambio climático, resulta imperativo, urgente y clave repensar los esquemas de producción en todos los niveles. La producción de alimento no es una excepción; es por eso que GRAMAX es una alternativa para continuar produciendo, sin perder rendimiento y sobretodo sin continuar comprometiendo la sustentabilidad de los sistemas.”, pronostica Petignat.
Nota: Alejandro Mellincovsky / EL OTRO MATE Foto: Camila Petignat
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