Miguel Gil es de Luján y trabaja en Disney pintando la escenografía de films de animación. Entrevista con Perfil.com.

Miguel Gil, de 52 años, que lleva consigo una larga trayectoria en famosos largometrajes de animación. | Foto: Gentileza The Walt Disney Company
– ¿Cómo llegaste a trabajar a Walt Disney Company?
– Surgió casi accidentalmente. Yo había estudiado en Bellas Artes en Buenos Aires, pero nunca había tenido contacto ni con la animación ni con el comic. Yo hacía publicidad. Cuando tenía 28 años me fui a vivir a España y conseguí trabajo en un estudio gracias a una amiga que trabajaba ahí. Fue como una prueba, porque no tenía ni idea de animación. Empecé pintando los decorados, los fondos de las películas, lo que antes era la escenografía y ahora, con el 3D, es desarrollo visual. Hice varios largometrajes ahí, como Asterix, y algunas series de televisión. En el 95 me llamaron de Disney. Habían visto mi porfolio y estaban muy interesados. Así que me fui a Estados Unidos, a trabajar en Disney, donde sigo aún hoy.
– ¿Cómo viviste el paso del dibujo manual al de computadora?
– Me costó. Hasta que comenzó la era digital toda la escenografía se hacía con pincel. Y yo fui el último pintor de Disney que pasó a trabajar en la computadora… Me habían dado la opción de subirme al nuevo barco cuando quisiera, así que aproveché hasta el último: Fantasía 2000, Las locuras del emperador, Vacas vaqueras… todas esas seguí trabajando con el modo tradicional, aunque ya había empezado el trabajo digital.
– ¿En qué pensás cuando hay que darle un toque especial a la escenografía de la animación?
– En buscar un estímulo de acuerdo a la historia que se está por contar. Primero se decide el tratamiento de esa historia, de cada escena, algo que decide el director. A veces se busca darle un escenario realista, otras veces menos realista. El estilo de Campanita se busca básicamente describir la naturaleza, pero con un toque más de fantasía, algo que se logra exagerando los colores, por ejemplo. Todo depende no sólo de la historia, el decorado acompaña a las escenas y varían la luz, las sombras y los colores dependiendo si la escena es dramática o cómica. Lo que hago y busco hacer es en función de lo que pasa en cada momento con los personajes.
– Imagino lo que provoca entre tus allegados el hecho de saber que tu mano está detrás de esas mágicas animaciones que ven en el cine…
– Sí (risas). Uno piensa que lo niños son los primeros en fascinarse y querer saberlo todo. Pero los grandes también se fascinan. Mis amigos de Luján, cada vez que se enteran que está por salir una de las películas, quieren saber todo, están pendientes, me preguntan, me piden cositas… La animación crea cierta expectativa.




