El proyecto Tronador II es un prototipo fabricado en el país que será testeado este mes. El «bicho», como identifican los científicos el vehículo experimental, llevará al espacio aparatos que brindarán datos para el agro y la pesca
Fotos Crédito: Natalia Bohdan y Crédito: Adrián Escanda
Malas noticias. Avisan que está lloviendo y «debemos guardar el «bicho»». A la vera de la ruta provincial 36, esa que antes contenía a la familias en su hoja de ruta a la Costa Atlántica asoma un pueblo casi olvidado: Las Pipinas.
Un cartel del «Más Cerca, Más Municipio» es la señal de alerta para bajar la velocidad y girar a la derecha, por la calle 9. Donde termina el pueblo aparece Corcemar, el Centro de Control de Lanzamiento del Tronador II, un ambicioso proyecto encarado por el gobierno nacional.
Si el plan tiene suceso, la Argentina pasará a tener su propia plataforma de lanzamiento de cohetes para transportar satélites al espacio bajo la consigna de «arquitectura segmentada», es decir aparatos por debajo de los 250 kilos en lugar de los de 3000.
Con un presupuesto de 2000 millones de pesos para los próximos tres años, el proyecto de Cohete Tronador II está más cerca de convertir en realidad el sueño de los científicos y permitirá tener a estos satélites «dedicados» para tener información sobre la tierra, salinidad, plagas y clima.
El ministerio de Planificación Federal, a cargo de Julio De Vido, lo explica así: «El disparador permitirá el lanzamiento de satélites que brindarán información aplicable en agricultura, pesca, hidrología, gestión de emergencias y planificación territorial, entre otras» y «ubicará al país entre los 11 del mundo con tecnología para transportar satélites».
Efectivamente «el bicho», como denominan los científicos al Cohete Tronador II, ha sido guardado debido a la lluvia. Los visitantes, entre ellos Infobae, son parte de una caravana por camino de conchilla hasta una inmensa carpa donde reposa el aparato.
«No!…el motor, no!!!», exclama alterado el pacífico doctor Conrado Varotto, director ejecutivo de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE). Y señala con su dedo índice a la parte posterior del cohete.
«Si un fulano quiere información de algo, en tres o cuatro meses se podrá avanzar con el plan», cuenta el doctor en física, nacido en Italia pero «tremendamente enamorado de la Argentina».
Varotto comenta la idea de la «arquitectura segmentada», donde en lugar de tener un satélite de alto desarrollo que permite tener información de varias áreas con el cambio de paneles, la modalidad propuesta por la Argentina será que estos aparatos trabajen de manera «dedicada».
El «VEX1» (Vehículo Experimental) mide 14,5 metros, pesa casi 3 toneladas y alcanzará una velocidad superior a los 800 kilómetros. El artefacto formará parte de un paquete que podría incluir hasta 6, ya que son experimentales y deben llegar a la perfección.
El viento castiga en la zona y los sensores recomiendan no mover el trailer con el proyecto Tronador II.
En los próximas semanas, cuando se realice la prueba, el objetivo será testear el sistema de navegación del aparato, guiado y control. Y después definir si mudarán el cohete y la planta de lanzamiento a Bahía Blanca, donde está la base aeronaval.
«Para nosotros es fundamental, creemos que habrá un antes y un después en nuestro municipio», apuntó el jefe comunal Hernán Yzurieta. El dirigente manifestó que con el centro de control de lanzamiento (incluye oficinas en Corcemar) incentivará a la población para tener más trabajo y que los jóvenes estudien.
Varotto explicó que si bien el lanzamiento -por cuestiones técnicas- se realizará en Bahía Blanca, el emprendimiento «a Punta Indio vino para quedarse». Además garantizó: «Los ambientalistas que se queden tranquilos, que lo hacemos con la mayor responsabilidad».
«No tenemos expectativas altas, los primeros tests siempre son prueba y error», comenta el científico; por tal motivo, los «VEXs» llegarían hasta 6.
Desde el proyecto «Cóndor», de características militares para uso de defensa y que luego fue desmantelado, el país no se había propuesto un plan de desarrollo espacial.
La presidente Cristina Kirchner le dio impulso e incluso se encuentra para su firma el nuevo programa con otros proyectos.
En junio de 2010, la Argentina puso en órbita el satélite desarrollado en la estatal INVAP por más de 200 científicos pero de la mano de la NASA. El «Aquarius» viajó desde California en el cohete Delta II de casi 40 metros de altura y toma información sobre los océanos.
Los motores del vehículo fueron diseñados en la planta CONAE de Córdoba y trasladados hasta esta ciudad que vieron modificada su rutina a partir de la llegada del emprendimiento.
Lucía, en la estación de servicio del pueblo, alienta expectativas para su negocio: «Espero que ahora venga más gente y que haya más trabajo».
La pequeña empresaria aún tiene fresco el recuerdo de las familias que colmaban las Estancieras o Ford Falcon familiar camino a la Costa Atlántica. Y «Pipinas» era un punto obligado en la hoja de ruta para detenerse; la Autovía 2 redujo la afluencia de viajeros.
«¿Vamos a llegar a los diarios?», pregunta un vendedor de artículos y fiambres regionales. Los habitantes están entusiasmados, tanto como los encargados del proyecto que prometen ser noticia nacional y ganarse la confianza internacional.
Se trata del rafaelino Sebastián Lequi, dibujante del diario La Opinión, quien fue premiado en el concurso internacional de humor gráfico de Barakaldo sobre nuevas tecnologías en España, obteniendo el 4° premio consistente en 700 euros.
Lequi concursó en la XII Bienal de humor gráfico de Barakaldo sobre nuevas tecnologías, premios Hermes del 2013, en la categoría «mejores dibujos animados».
Los ganadores del premio Hermes de Barakaldo 2013 fueron los siguientes: 1) Fernando Cuevas, Madrid, España; 2) Silvano Mello Mello, Brasil; 3) Ana Barrado, Cáceres, España; 4) Sebastián Lequi, Rafaela, Argentina; 5) Géza Halász, Hungría.
En las bases establecía la dotación del premio Hermes de Barakaldo que se eleva a 4.500 euros y cuenta con cinco premios: 1º premio: 1.500 euros, 2do. premio: 1.000 euros, 3er. premio: 800 euros, 4º premio: 700 euros, 5º premio: 500 euros.
Los premios se concedieron conforme a los siguientes criterios: a) calidad y relevancia artística de la obra: 50 puntos, b) ajuste a la temática del concurso y al lenguaje humorístico inherentes al mismo: 30 puntos, c) impacto social y cultural de la viñeta en referencia a la temática planteada sobre las nuevas tecnologías y su implicación en la vida cotidiana: 20 puntos.
Para el análisis y evaluación de los trabajos presentados se constituyó un Tribunal Calificador o Jurado, integrado por D. Carlos Fernández Martínez, concejal-delegado de Cultura, Educación, Euskera y Deportes, que ostentó la condición de presidente del mismo; D. Alex Orbe, Dña. Aurora Solano Pérez, D. Joseba Larretxe Berazadi, en calidad de personas de reconocido prestigio en el mundo de la ilustración y el humor gráfico; y D. Juan Manuel de Los Santos Aranaz, Técnico del Area de Cultura, que intervino en calidad de secretario.
Nuestro país está en camino de construir la primera central atómica de diseño íntegramente nacional. Se trata de un reactor de características novedosas, más simple y más seguro que cualquier otro de los que actualmente funcionan en el mundo. Se llama CAREM y colocará a la Argentina a la vanguardia tecnológica en el mercado internacional de generación nucleoeléctrica.
Primer elemento combustible del CAREM25. Foto: gentileza CNEA.
Si bien puede resultar inverosímil, es estrictamente cierto. Pero, ¿cómo puede ser que un proyecto ideado en los albores de la década del 80, que se retomó luego de más de un cuarto de siglo de abandono, pueda constituirse en uno de los mayores desafíos tecnológicos nacionales y pueda transformar a nuestro país en uno de los líderes mundiales en reactores nucleares de baja y mediana potencia? “Es que cuando se generó el concepto CAREM presentaba una serie de características muy novedosas que lo hacían único en el mundo. Con los años, otros diseños empezaron a adoptar soluciones parecidas y algunos directamente lo copiaron. Pero todavía llevamos la delantera”, explica Osvaldo Calzetta Larrieu, gerente del proyecto CAREM en la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA). El proyecto CAREM (acrónimo de Central Argentina de Elementos Modulares) consiste en el desarrollo, construcción y operación de la primera central nuclear de potencia que cuenta con un diseño ciento por ciento nacional. “Aunque no tuviera particularidades distintivas demasiado grandes, que la Argentina diseñe y construya una central nuclear es un desafío muy grande. No hay muchos países que lo puedan hacer. Pero, además, el CAREM tiene características muy novedosas”, se entusiasma Calzetta. El CAREM es un PWR, Pressured Water Reactor, es decir que se refrigera con un circuito primario de agua liviana. Pero se trata de un modelo de tercera generación plus, el primero en construirse a nivel mundial. La diferencia con los PWR clásicos (como Atucha I y II) es que el CAREM cuenta con un “sistema de seguridad inherente básicamente pasivo”, lo que significa que para ejecutarse no requiere de la intervención humana ni de sistemas activos que requieran alimentación y mantenimiento adicionales. Así, por ejemplo, el agua circula enfriando su núcleo por convección, sin necesidad de bombeo; las válvulas se accionan por diferencia de presión; de ser necesario, el agua inunda el reactor producto de la gravedad. “Son soluciones intrínsecamente seguras porque están basadas en leyes de la naturaleza. Y esas leyes no fallan”, describe el funcionario, y agrega, “ningún sistema de seguridad es único. Siempre hay un segundo de respaldo”. Eliminadas las bombas, también desaparece la necesidad del abastecimiento eléctrico necesario para que funcionen, que suele ser lo primero que falla cuando se produce cualquier tipo de desastre natural. Pero, además, otro de los conceptos innovadores que propone el CAREM es el de la “integración”, por el cual, el circuito primario, los mecanismos de control y parte del circuito secundario (los generadores de vapor) se encuentran contenidos en un único recipiente de presión (una olla de presión de acero forjado de once metros de alto, con paredes de entre 13 y 20 centímetros de espesor), lo que reduce significativamente el número de caños y otras conexiones hacia el exterior del recipiente, por lo que prácticamente elimina la posibilidad de que ocurra el peor accidente que puede sufrir un PWR: la pérdida de líquido refrigerante debido a la rotura de cañerías. Este conjunto de innovaciones hace posible que, frente a un accidente grave, el CAREM pueda soportar por sí mismo, sin alimentación externa, sin motores diesel y sin presencia humana, hasta 36 horas. Todo es historia El concepto CAREM nació a principios de la década de 1980, cuando la CNEA decidió avanzar por primera vez sobre el diseño propio de un reactor nuclear de potencia. En 1984 se presentó oficialmente el proyecto en una conferencia que se llevó a cabo en Lima, Perú. Posteriormente y hasta 1999 el diseño pasó a manos de INVAP, siempre supervisado por la CNEA. Claro que, a lo largo de la década del 90, en el marco del desmantelamiento del sistema científico tecnológico nacional, sobre la base del ahogo presupuestario y la falta de renovación de los recursos humanos, el proyecto sólo se mantuvo vivo por la porfía de un grupo de ingenieros y científicos que le siguieron aportando miles de horas de labor. A partir del año 2000, el ritmo de trabajo en el proyecto disminuyó y, con la crisis del 2001, fue prácticamente abandonado, salvo por un pequeño grupo de personas que lo mantuvo con vida. El escenario cambió drásticamente a partir del año 2006 cuando se relanza el programa nuclear argentino con la firma del decreto 1107/06 que declaró de interés nacional “la construcción y puesta en marcha del Prototipo de Reactor CAREM”. A partir de ese momento, se fueron dando sucesivos pasos para darle solidez institucional a la iniciativa. Entre ellos, se destaca la creación de la Gerencia CAREM en la CNEA. Así, el equipo de trabajo que en 2008 reunía apenas once especialistas, pasó a tener 150 personas a las que se suman otras 150 de otras áreas. El prototipo del reactor CAREM tendrá 25 megavatios de potencia, lo suficiente como para iluminar una ciudad de 100 mil habitantes. Estará emplazado en la localidad bonaerense de Lima, junto a las centrales Atucha I y Atucha II, muy cerca de la ribera del Paraná de las Palmas. Actualmente, ya empezaron las obras de preparación del terreno y, en breve, se dará comienzo a la obra civil. De acuerdo con el cronograma establecido, el inicio de las pruebas está previsto para el primer semestre de 2016, mientras que la primera carga de combustible nuclear tendría que efectuarse durante la segunda parte del año 2017. Una vez finalizadas las pruebas con el CAREM25, comenzará la construcción de otro módulo CAREM, más grande, de 150 MWe de potencia, apto para abastecer a una población de 400 mil personas. Ya se firmó un convenio con la provincia de Formosa para avanzar en la instalación del reactor en su territorio. Otro hecho fundamental es que, además de ser un diseño ciento por ciento nacional, el 75 por ciento –aproximadamente- de los componentes del CAREM25 van a ser provistos por empresas locales públicas y privadas y, en total, alrededor del 65 por ciento de sus piezas serán fabricadas en el país. “Lo que se decidió es que todo lo que fuera estratégico se va a diseñar y hacer en el país –detalla Calzetta-. Por ejemplo: el sistema de control operativo no tiene ningún sentido que lo desarrolle la Argentina porque, al haber muchos proveedores, no existe dependencia ya que uno puede elegir a la empresa que quiera en el momento que quiera. Pero el sistema de seguridad se hará localmente y el recipiente de presión, que es otro componente esencial, también se va a fabricar en Argentina”. De Argentina hacia el mundo Las mismas características que hacen del CAREM un reactor de última generación, sencillo, ultraseguro y de bajo costo, también le imponen ciertas restricciones respecto de su tamaño. Sus desarrolladores proyectan que hasta los 150 MWe podrá funcionar con la misma configuración que el prototipo de 25 MWe. En tanto que, para los módulos de 300 MWe, habrá que incorporar bombas en el circuito primario para su funcionamiento. Ese es el tope de potencia para el que fue pensado el CAREM. Ahora bien, ese límite en su diseño, ¿constituye una desventaja frente a las megacentrales nucleares capaces generar 1.000 o 1.500 MWe? Si bien es cierto que a partir de la década del 80 y apelando al paradigma de las economías de escala, se tendió a construir centrales cada vez más grandes, lo concreto es que debido a la mayor complejidad que implica su construcción y a la necesidad de más y mejores sistemas activos de seguridad, en lugar de descender, su costo pasó de 1.500 a 6.000 dólares por kilovatio instalado. Por otro lado, no son muchos los países cuya grilla eléctrica pueda soportar una central de mil o más megavatios eléctricos porque, si ante cualquier inconveniente deja de funcionar, puede provocar el colapso todo el sistema. Además, la energía que producen las grandes centrales no suele consumirse localmente sino que ingresa en los circuitos interconectados nacionales para ser llevada a través de líneas de alta tensión hasta lugares muy lejanos, a un costo de 2,5 millones de dólares por kilómetro. “Es carísimo –subraya Calzetta-. Y además se desperdicia mucha energía. Argentina pierde en transmisión un 13 por ciento de lo que produce; Brasil, el 16 por ciento. Instalar una central cerca del sitio que va a alimentar implica un ahorro enorme”. El CAREM, por sus características, resulta ideal para el abastecimiento eléctrico de zonas aisladas, abastecer polos fabriles o emprendimientos mineros con alto consumo energético, darle potencia a plantas desalinizadoras de agua o proveer de vapor a un proyecto industrial. En la actualidad, existe un número importante de países interesados en sumar reactores nucleares a su grilla eléctrica. Para ellos, empezar con una megacentral constituye una complicación enorme. Por un lado, porque es muy distinto para una nación periférica conseguir financiamiento para un gasto de 500 millones de dólares que de 6 mil u 8 mil millones, que es el costo de una megacentral. Y, por otro, porque resulta muy difícil manejar y controlar una central tan grande sin experiencia previa. En este escenario los módulos de 150 y 300 MWe del CAREM parecen una solución ideal, tanto desde el punto de vista técnico como económico, para estados en vías de desarrollo con aspiraciones nucleoeléctricas. “Incluso el prototipo del CAREM puede ser un producto muy vendible para países que quieren dar el primer paso en la industria nuclear. Si bien es un poco más grande que los reactores experimentales, tiene la ventaja de que cuenta con el ciclo completo. Y, además, genera energía”, ilustra Calzetta. Ahora bien, ¿existen indicios concretos que demuestran el interés de otros países en el proyecto CAREM? Calzetta muestra un grueso estudio elaborado por una consultora internacional acerca de la demanda que este tipo de reactores puede tener en el mercado mundial. El informe ubica al CAREM entre los diez proyectos más avanzados en esa línea. El funcionario, también señala que Estados Unidos acaba de invertir 500 millones de dólares en una empresa para que se haga del licenciamiento de un reactor de estas características. Por último, relata las reiteradas consultas que recibe en los distintos encuentros internacionales a los asiste y cuenta una anécdota que vivió durante la última reunión de la Internacional Atomic Energy Agency (IAEA). “Los representantes de Argelia nos decían que querían empezar a instalar reactores nucleares medianos y chicos en su país y que necesitarían una flota de CAREM”. Yo, medio en broma, medio en serio, les contesté: “No se hagan problema. Les reservamos los primeros cincuenta”, recuerda con una sonrisa. Pero en seguida remarca: “lo que es muy importante y eso lo sabemos nosotros, el gobierno y todos los que están en esta industria, es que ser los primeros en llegar al mercado, resulta clave. Hoy llevamos la delantera y no debemos perderla”. Salto al desarrollo
Osvaldo Calzetta Larrieu. Foto: Juan Pablo Vittori. CePro-EXACTAS
Es claro que, si bien puede ser de utilidad en algunas regiones de nuestro país, el objetivo central del proyecto CAREM no apunta a resolver ningún déficit energético local. Su finalidad esencial será ubicar a la Argentina en la élite de la industria nuclear mundial y posibilitar la exportación de conocimiento y tecnología nacional. Desde hace casi dos décadas Argentina le ha vendido reactores experimentales a Perú, Argelia, Egipto y Australia, ganándole en las licitaciones a la competencia canadiense, francesa, japonesa, coreana, rusa y estadounidense. “Con esas exportaciones hemos obtenido reconocimiento internacional”, señala Calzetta y agrega, “si ahora logramos fabricar y vender nuestra propia central nuclear no me cabe duda de que va significar un salto de visibilidad y prestigio a nivel global”. Si el país logra concretar este proyecto, la consecuencia, en el mediano plazo, será que la industria nacional alcanzará un nuevo estadio en su desarrollo; que se crearán numerosas empresas proveedoras de tecnología; que se requerirán miles de puestos de trabajo calificado, que se necesitarán muchísimos ingenieros, físicos, químicos, computadores, matemáticos; y que, el CAREM, se convertirá en la plataforma que facilitará la exportación de otros productos de altísimo valor agregado. Alguna vez, un experto en energía dijo durante una conferencia: “el negocio nuclear no pasa por encender lamparitas, sino empresas y cerebros”.
Lo dirige el chef Lucas Bustos en Ruca Malén y ganó un concurso en EE.UU.
Foto: eelgourmet.com
Por Sebastián A. Ríos | LA NACION
Ni en el californiano Valle de Napa, ni en la trasandina Valparaíso, ni en la francesa Burdeos. El mejor restaurante de bodega del mundo está en la provincia de Mendoza. Más precisamente en el kilómetro 1059 de la ruta N° 7, que atraviesa Agrelo, en Luján de Cuyo. Allí se levanta la bodega Ruca Malén, cuyo restaurante obtuvo esta semana en California la Medalla de Oro del Global Best of Wine Tourism en la categoría Mejor experiencia en restaurante de bodega del mundo.
«Esta distinción nos pone en el mapa para todo aquel que desde otro país esté pensando en visitar algunas de las capitales del vino, y nos proyecta hacia adelante, no sólo a Ruca Malén, sino a todos los que en Mendoza trabajamos el turismo vitivinícola», dijo a LA NACION el chef de la bodega Ruca Malén, Lucas Bustos, de 34 años, en comunicación telefónica desde Mendoza.
Desde su apertura en 2004, el restaurante de la bodega Ruca Malén ha sido uno de los pioneros en ofrecer un menú degustación. Hoy Bustos ofrece un menú fijo de cinco tiempos maridado con los vinos de la bodega, que cambia con cada nueva estación. «Nuestra cocina se basa en tres pilares: el vino, ya que diseñamos los platos en función de los vinos que mejor se expresan en cada temporada; los productos regionales, pues todos los que cocinamos son mendocinos e incluso algunos los producimos en nuestra propia huerta, y por último, las técnicas locales, ya que tratamos de rescatar las recetas de la época precolombina, la colonia, la inmigración y la cocina actual mendocina», cuenta Bustos.
El concurso Global Best of Wine Tourism es una de las actividades de la Red de Grandes Capitales del Vino, que en la actualidad está integrada por las diez regiones vitivinícolas más relevantes del mundo. Además de Mendoza, la red incluye a Burdeos (Francia), Bilbao-La Rioja (España), Florencia (Italia), Porto (Portugal), Ciudad del Cabo (Sudáfrica), Mainz (Alemania), Christchurch (Nueva Zelanda), San Francisco-Napa (Estados Unidos) y Valparaíso-Casablanca (Chile).
En ediciones anteriores, otras bodegas y empresas argentinas vinculadas con el enoturismo, ganadoras de medallas de oro mundiales, otorgadas por Global Best of Wine Tourism, han sido el hotel y spa Entre Cielos y la bodega Atamisque, premiados en la categoría Experiencias innovadoras en el turismo del vino; las bodegas Diamandes y Salentein, en la categoría Arquitectura y Paisajes; el Museo Killka, en la categoría Arte y Cultura, y Algodon Wine Estates, en la categoría Alojamiento.
EL MENÚ GALARDONADO
El del restaurante Ruca Malén es de cinco pasos
Degustar el terruño A través de sus platos, el chef Lucas Bustos combina antiguas y modernas técnicas de cocción que son propias de Mendoza Primero los vinos Los pasos del menú se elaboran en función de aquellos vinos de la bodega que sobresalen en cada nueva añada Coordenadas La bodega se encuentra en Agrelo, en el N° 1059 de la ruta nacional 7. El costo del menú degustación ronda los 400 pesos (vinos incluidos)
YPF descubrió un nuevo yacimiento de petróleo convencional con 15 millones de barriles en uno de los campos operados por la compañía. El caudal inicial de producción surgente sería de 535 barriles diarios.
Según ensayos realizados en diferentes profundidades, el caudal inicial de producción surgente sería de 535 barriles diarios de petróleo, indicó YPF en un comunicado emitido este domingo.
La compañía determinó que «el modelo exploratorio y la productividad de petróleo en distintos niveles de reservorios» permitirán «continuar con la exploración de la cuenca Neuquina en la provincia de Mendoza».
El hallazgo se produjo en el bloque El Manzano, ubicado al suroeste de la provincia de Mendoza, en el pozo denominad Mirador del Valle x-1, que alcanzó una profundidad final de 1789 metros.
«Este nuevo descubrimiento, sumado a otros recientemente realizados en los bloques de Vizcacheras y Chachahuen, es un hito de esta nueva gestión de YPF, ya que permitirá desarrollar un nuevo yacimiento, aumentar la producción de petróleo convencional, y generar mayor crecimiento y desarrollo para la provincia», afirmó Carlos Colo, gerente ejecutivo de Exploración.
Las producciones aumentaron y ya se comercializan en el exterior
Foto: www.infobae.com
Por Florencia Trucco | LA NACION
Unos muñecos de un metegol que cobran vida para ayudar a su dueño. Hablan y gesticulan como seres humanos pero no lo son. Recrear un mundo de fantasía cuyo único límite es la imaginación es posible gracias a la animación. Se trata de una industria que ya está consolidada en Hollywood, el gran productor, y que en la última década experimentó su mayor crecimiento en el país y en la región.
«Hace siete años era impensado que con veinte millones de dólares se pudiera hacer una película como Metegol , que ahora incluso inquieta a Hollywood», dice Rosanna Manfredi, directora de Expotoons, un festival internacional de animación que comienza este miércoles en el Centro Cultural San Martín. Se trata de un encuentro de tres días que tiene como objetivo difundir y colaborar con el crecimiento de esta industria, ya sea con competencias, conferencias, ruedas de negocios de la Fundación ExportAR y capacitaciones. Es la séptima vez que se organiza en Buenos Aires y el contexto de cuando se hizo por primera vez distaba mucho del actual, a pesar de los pocos años de diferencia. «Cuando fui a buscar apoyo a los organismos me preguntaban si me dedicaba a animar fiestas de cumpleaños. El concepto de animación no estaba instalado y consolidado como ahora», recuerda Manfredi.
Los números lo demuestran. Según la Encuesta al Sector Animación de la Ciudad de Buenos Aires, un estudio elaborado por el Observatorio de Industrias Creativas (OIC), en 2011, se identificaron unas cincuenta empresas que tienen a la producción de animación como actividad principal en Buenos Aires. De esas compañías, un 80% se conformó en los últimos ocho años y casi el 40% tiene menos de tres.
A pesar de los pocos años que tienen a partir de su constitución, ya demuestran un cierto grado de formalidad, ya que el 60% de las empresas es de sociedad anónima o responsabilidad limitada. En cuanto al origen de sus capitales, el 96% es de capital nacional y el 4% restante corresponde a un caso de capitales extranjeros.
Además, según los datos relevados por Expotoons, en cien años de animación argentina, el 80% de largometrajes se hicieron en los últimos diez. Hablando en términos contemporáneos, por ejemplo, entre 2002 y 2006 se estrenaron seis largometrajes animados mientras que a partir de 2007 ya se estrenaron poco más de quince películas animadas argentinas, entre ellas, el éxito de taquilla Metegol , que ya fue vista por dos millones de espectadores.
En referencia a la generación de oportunidades de ventas, la gran mayoría de estas organizaciones ha concretado exportaciones. Según el informe del OIC, un 84% colocó parte de su producción en el exterior y los principales destinos, por orden de importancia, son América latina, Europa, Estados Unidos y Canadá.
«En estos últimos años, las empresas crecieron no sólo en cantidad sino también en volumen exportado», dice Manfredi. Y agrega: «Venden servicios, como, por ejemplo, personajes, música, storyboards o partes de animación».
La facturación de estas industrias es otro indicador que explica, en parte, su expansión. Según el OIC, la mitad de las empresas facturaron hasta 500.000 pesos anuales. Un 40% de ellas facturó de medio millón a 5 millones de pesos por año, mientras que 5% superó la brecha y alcanzó desde los cinco hasta los diez millones. El 5% restante no entró en la categoría porque no facturó en el período analizado.
«Son sectores de alto valor agregado que generan empleo de calidad y son naturalmente exportables. Sin duda, éste es uno de lo más pujantes, y apuntamos a que Buenos Aires pueda mostrar un sello propio en esta materia», afirma Francisco Cabrera, ministro de Desarrollo Económico de la ciudad de Buenos Aires.
En este sentido, la ley de la ciudad 3876 sobre régimen de promoción de la actividad audiovisual, sancionada en 2011, declaró la actividad audiovisual como asimilable a la industrial. Esto implica que todas las empresas del sector tienen en la ciudad los mismos beneficios impositivos locales que la industria.
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