Romina Gyorgyevich es una joven de 24 años que con sacrificio dejó en el camino una infancia dura y llena de malos recuerdos, con la mente y el cuerpo puestos exclusivamente al servicio de su sueño: ser abogada. Para poder lograr su meta, trabajó vendiendo café en la Estación de Trenes local por las madrugadas durante 9 años. Gracias a ese esfuerzo y a las ganas de aprender que siempre tuvo, se recibió. Un verdadero ejemplo

Romina es una joven alegre y muy vivaz. Aùn está conmocionada por la repercusión que tuvo su historia de vida, tan llena de coraje y de esfuerzo y que hoy merece ser contada. Fue la misma sensación que tuvo cuando aprobò el último final de la carrera. “Cuando me recibí no caía. Sinceramente no tiene explicación”.
Ese camino que terminaba ahí, el día de su graduación, se había iniciado años antes en Berazategui, su ciudad natal, cuando un padre golpeador la llevó, junto a su mamá y sus tres hermanos, a salir de un entorno conflictivo, para vivir una vida repleta de penurias. “Estuve en dos o tres hogares, siempre con mi mamá y mis hermanos. Incluso estuvimos en una casa de admisión: ahí hasta estuve, por muy poquito tiempo, sola”.
En ese entorno, pudo ver situaciones crudas vividas por chicos iguales a ella. Esas imágenes fueron el disparador de una decisión que le cambiaría la vida: estudiar abogacìa.
«Desde muy chica tuve carácter, siempre fui muy defensora en los lugares en donde estaba. Desde los 12 años que vengo sosteniendo que iba a dedicarme a temas como menores o familia porque era un tema que me gustaba mucho y además porque lo viví. También vi muchas injusticias y muchas cosas que no me gustaron. Esto buscar cambiar de alguna manera las cosas y tener una realidad más linda para todos» le contó a diariohoy.net en su pequeño departamento, frente a su lugar de trabajo. “ya de chica sabía que quería estudiar esa carrera” insistió.
A partir de ahí, las cosas cambiaron en la mente de Romina. Ella trabajaba con su madre vendiendo en puestos callejeros y un día, a los 16, decidió emprender su camino sola. Y se vino a La Plata. “Por distintos motivos empecé a esa edad a vender café en la Estación de Trenes, a la madrugada. A modo de relato de su cotidianeidad comenta: “me levanto a las cuatro, preparo los termos en una mochila y los pongo en la bici, porque son muchos y tienen mucho peso. Hago una cuadra en bici hasta la entrada a la Estación sobre calle 1 y trabajo hasta las nueve. Antes vivía en pensiones y después de varios años pude vivir en un pequeño departamento enfrente de la Estación».
Lentamente el sueño de Romi comenzaba a tomar forma. Su llegada a la facultad fue el próximo paso. “A veces en la Estación, mientras no tenía clientes aprovechaba el tiempo y estudiaba. Por eso también pude terminar en cinco años la carrera” cuenta orgullosa. Romina considera que la Abogacía, “siempre me pareció una buena herramienta para defender los derechos del niño y los derechos humanos”. Dice que algunas veces sufrió los comentarios de algunos clientes que no entendían como una chica que vendía café podía estudiar a la vez. “A veces me molestaron. Me hacía la tonta, y me daban ganas de decirles de todo. Pero seguía en la mía”. Decididamente insistió en que a pesar de ello “nunca tuve flaquezas. Siempre fui para adelante, con gente que me apoyó y gente que no, como les pasa a todos”.
Desde el día en que se graduó, Romina vive pensando en su próxima meta: lograr insertarse laboralmente y crecer como profesional. “Desde lo personal, me gustaría formar una familia. Pero jamás permitiría que mis hijos vivan lo que viví yo. Y desde lo profesional me encantaría poder tener un buen trabajo. Eso da seguridad psicológica y emocional”.
Por último dio un mensaje de esperanza para quienes tienen o tuvieron historias de vida similares. “Siempre digo que cada uno es lo que es, somos irrepetibles. No todos reaccionamos de la misma manera ante las adversidades que se nos presentan en la vida. Pero lo que sé es que, si uno tiene las metas claras, va a lograr seguro lo que se propone. La felicidad no te la da el dinero, hay otros valores que te dan felicidad: estar bien con una persona, tener amigos y amigas, tener bien a tu familia, tener un trabajo digno. Y que luchen porque cuando uno quiere lograr las cosas se puede”.
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