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Investigadores Argentinos y de la Universidad de Illinois encontraron el punto débil del insecto que es plaga‏ en los EE.UU.

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Investigadores Argentinos y de la Universidad de Illinois encontraron el punto débil del insecto que es plaga‏ en los EE.UU.

Posted on 30 agosto 2012 by hj

Investigadores Argentinos de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) , financiados por el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA), realizaron un hallazgo científico en conjunto con la Universidad de Illinois, que permitiría avanzar en la búsqueda de tecnologías para controlar la mayor plaga de EE.UU., que ya cruzó a Europa y podría instalarse en la Argentina.

Foto: Pedro Sardoy
Financiados por el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA), investigadores de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) participaron de un hallazgo científico junto con la Universidad de Illinois, que permitiría avanzar en el control de la mayor plaga que afecta a la agricultura de Estados Unidos, la Diabrótica virgifera, un gusano que se alimenta del maíz y que en cada campaña provoca pérdidas por mil millones de dólares. En los últimos años, el problema también involucró a la soja y se extendió hasta Europa, con la posibilidad de llegar a la Argentina.

“Encontramos el punto débil del insecto”, se enorgulleció Jorge Zavala, investigador de la Cátedra de Bioquímica de la FAUBA, quien inició los estudios sobre esta plaga mientras hacía su posdoctorado en la Universidad de Illinois, junto a científicos estadounidenses y argentinos. El descubrimiento revela la causa de un extraño comportamiento del gusano que intrigó a los investigadores durante años, por su capacidad de cambiar la conducta alimenticia en breves períodos de tiempo, y permitiría comenzar a desarrollar nuevas tecnologías para encontrar soluciones a un problema de gravedad.

Diabrótica virgifera es la plaga más importante de Estados Unidos y cada año genera pérdidas millonarias en el principal cultivo de ese país, el maíz. Según el USDA, afecta a unas 15 millones de hectáreas, sobre una superficie total de 40 millones de ha sembradas con el cultivo, con mermas de rendimiento equivalentes a 800 millones de dólares y otros 200 millones, que se pierden por costos de aplicación de agroquímicos. En la Argentina, si bien no se encuentra esta especie (sí la Diabrótica speciosa, pero que no es una plaga), existe una luz amarilla al respecto, puesto que en los últimos años logró cruzar el océano y llegar a Europa.

En EE.UU., originalmente este insecto se alimentaba de zapallos, pero hace mucho tiempo comenzó a nutrirse del maíz (las larvas se alimentan de sus raíces y producen el vuelco del cultivo) y, favorecido por el monocultivo, se hizo plaga. Los agricultores del Corn Belt (el cinturón maicero estadounidense) encontraron en la rotación con soja una estrategia eficiente para controlar la plaga, hasta hace 15 años, cuando los insectos volvieron a esquivar los intentos del hombre por mantenerlos a raya de la producción y sumaron a la soja como parte de su dieta. Con esto, provocaron un problema mayor, pues este cultivo se siembra sobre otras 29 millones de hectáreas en el país del norte.

Según explicó Zavala: “Hubo una selección muy extraña, porque una parte de los insectos comenzó a poner sus huevos en soja (que no es su alimento normal), en los mismos campos que al año siguiente se cultivaban con maíz. Así se fue generando una nueva población que saltó la rotación. Llama la atención cómo un insecto puede depositar sus huevos en una planta (la soja) que no es adecuada para su progenie, ya que las raíces de soja no son un alimento adecuado para las larvas de Diabrótica. Sobre todo porque la soja tiene una serie de compuestos antidigestivos (llamados inhibidores de proteasa) que actúan como defensas contra sus predadores”.

Durante su estadía post doctoral en la Universidad de Illinois (EE.UU.), Zavala encontró las diferencias que existen entre la Diabrótica virgifera de tipo salvaje y la variedad resistente a la rotación para tolerar las defensas de la soja, una capacidad que hasta ahora no había podido ser explicada por la ciencia. “Recolecté los insectos adultos en el campo, medí la actividad de las enzimas en sus intestinos y comprobé que los resistentes a la rotación tienen una mayor actividad que los tradicionales y una mayor supervivencia”, sostuvo el profesor de la FAUBA.

En los últimos tres años, tras regresar a la Argentina, Zavala continuó realizando sus estudios desde la Facultad de Agronomía de la UBA en colaboración con los profesores Manfredo Seufferheld y Joseph Spencer, de la Universidad de Illinois, y Matías Curzi, de la Cátedra de Bioquímica de la FAUBA, quien realizó su maestría en este tema. A partir de entonces, y con el financiamiento del USDA, incorporaron a la investigación una mayor cantidad de poblaciones y de repeticiones, para reforzar su validez científica. “Era algo muy nuevo y con gran impacto en el mercado, por eso queríamos estar seguros antes de publicar”, advirtió.

Estas investigaciones permitieron encontrar una de las principales causas por las cuales el insecto se volvió resistente: “Empezó a expresar una mayor cantidad de enzimas tolerantes a los compuestos antidigestivos. No significa que los adultos puedan comer soja eternamente, pero pueden sobrevivir hasta siete días, tiempo suficiente como para oviponer en la soja y, al año siguiente, las larvas causar daños severos en los cultivos de maíz. La variedad salvaje, no se alimenta de soja y, si come, muere al poco tiempo”.

“Ahora conocemos la importancia de los inhibidores y sabemos que también pueden ser el punto débil del insecto, con lo cual podemos empezar a trabajar en la solución. Desde el punto de vista de la manipulación genética, podríamos sobre expresar estos inhibidores u otras defensas de la soja para que los insectos no las puedan tolerar, por ejemplo”, dijo Zavala, y advirtió: “Hasta ahora, la biotecnología no logró dar respuestas al problema. Si bien hace unos cuatro años se anunció un evento biotecnológico efectivo en maíz contra de Diabrótica, ya se comenzó a encontrar resistencias a la toxina del BT”.

La chinche, un problema local

En la cátedra de Bioquímica de la FAUBA, Zavala cuenta con la colaboración de cuatro estudiantes de doctorado, tres de post doctorado y otros de grado. Además de Diabrótica, el grupo estudia a la chinche verde (Nezara viridula). “Queremos entender por qué la chinche se alimenta de soja, pese a las defensas que tiene el cultivo. Para eso analizamos cómo responde la planta ante el ataque de los insectos, y el efecto de los inhibidores sobre ellos”, explicó.

La chinche es un problema muy grave en la Argentina (para controlarla, en cada campaña se aplican insecticidas sobre 3,5 millones de hectáreas), también en otros países de América Latina y en el sur de Estados Unidos. Se trata de una plaga silenciosa, puesto que causa daños invisibles en el cultivo, que afectan a la calidad de las semillas para germinar y a sus propiedades nutritivas. Además, genera abortos, granos vanos y disminuye el rendimiento. El agricultor recién percibe el problema en la cosecha, cuando obtiene un precio castigo por su producto.

“Este insecto también se está haciendo más importante que otras plagas porque, mientras los lepidópteros pueden ser controlados con cultivos transgénicos, aún no existen eventos biotecnológicos para las chinches”, concluyó Zavala.

Prensa Fauba: Juan Manuel Repetto

http://agro.fauba.info/node/806

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Instalan dos equipos para producir biogás en la UBA

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Instalan dos equipos para producir biogás en la UBA

Posted on 07 agosto 2012 by hj

Se trata de una iniciativa del Grupo IFES y la Fundación Energizar. Buscan avanzar en la investigación y en el desarrollo de tecnologías para familias rurales y actividades industriales

Instalan dos equipos para producir biogás en la UBA)

Biocombustibles, Biogas, UBA, Facultad, Agronomía, IFES

La Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) comenzará a utilizar dos nuevos biodigestores instalados en su predio para avanzar en la investigación aplicada de energías renovables. La iniciativa es impulsada por el Grupo IFES (empresa incubada en la FAUBA) y la Fundación Energizar, y apunta a satisfacer necesidades industriales y sociales, mediante la trasformación de residuos orgánicos en biogás.

El primero de los biodigestores instalados en la facultad tiene como objetivo asistir a familias y escuelas rurales, mediante una tecnología que les permitiría transformar sus residuos domésticos en biogás para cocinar, y en fertilizantes para usar en sus producciones agropecuarias. Se trata de una experiencia que se viene repitiendo con éxito en varios países de América latina y el Caribe, con fines sociales.

Actualmente, el grupo, ayudado por diferentes voluntarios que se acercaron a través de Energizar, está armando otro digestor en la FAUBA, pero orientado a la actividad industrial, que puede servir para obtener biogás con una alta eficiencia a partir de los efluentes generados en tambos, feedlots o granjas de cerdos, por ejemplo. También pude ser utilizado en el mismo sistema productivo en forma pura (gaseosa) o transformarlo en energía térmica y eléctrica.

La idea es que la FAUBA disponga de estos dos biodigestores que satisfacen necesidades diferentes, para avanzar en materia de investigación aplicada y realizar ensayos continuos desde la Cátedra de Química Analítica, donde se formó el grupo Grupo IFES (Innovaciones para un Futuro Energético Sustentable) en 2009, a partir del trabajo de los ingenieros agrónomos de la FAUBA, Fernando Reymundo, Francisco Della Vecchia y Guido Casanovas, y el estudiante de abogacía de la UBA, Juan Roca.

Según Casanovas, “existe un mercado con gran potencial para el desarrollo de energías renovables, y una necesidad de encontrar soluciones tecnológicas a problemas ambientales, energéticos y económicos. Para ello, creemos que la formación académica y científica no sólo es una herramienta fundamental para crear nuevas tecnologías, sino también un compromiso para transferirlas a pequeñas y grandes empresas y a toda la sociedad”.

Desde su creación, el Grupo IFES diseñó y construyó plantas de biodiesel y biogás y biodigestores en diferentes localidades de las provincias de Buenos Aires y Entre Ríos, y en el exterior, en Perú y en Ecuador.

“IncUBAgro nos ayudó a transformar una idea en una empresa, vincularnos con otros proyectos similares y participar en eventos importantes como Clean Energy Congress, en Buenos Aires, y Expoagro 2012, en la localidad de Junín”, dijo Casanovas.

“Hay una gran brecha entre tener una buena idea y poder realizarla. Es clave que desde las universidades exista una figura de apoyo que logre crear el puente necesario. En nuestro caso, además de IncUBAgro, contamos con el apoyo la Cátedra de Química Analítica, cuyos docentes también nos dieron el empuje necesario para llevar adelante una idea. Con la incubadora de la FAUBA pudimos encontrar otro respaldo donde apoyarnos”, sostuvo.

Actualmente, el Grupo IFES está presente en el stand de Biocombustibles de Tecnópolis con una planta de biodiesel, en tanto que a partir de este jueves 9 de agosto va a llevar una máquina al espacio que posee el Programa UBA Emprende en la exposición. Se trata de un reactor U.A.S.B, que permite generar biogás a partir de efluentes, con altos volúmenes de agua y de carga orgánica, y que además se usa para el tratamiento de aguas sucias.

Fuente: Infocampo

http://infocampo.com.ar/nota/campo/34718/instalan-dos-equipos-para-producir-biogas-en-la-uba

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