Entre 2003 y 2010, las ventas al exterior crecieron 14,2 por ciento anual, superando el promedio de la convertibilidad. Existe una relación positiva entre la expansión del mercado interno y el crecimiento de las exportaciones

Producción: Tomás Lukin [email protected]
El motor interno Por M. Alejandro Peirano *
Las exportaciones argentinas en el año 2010 mostraron una fuerte recuperación, luego de que la crisis financiera global que comenzó en octubre de 2008 generara una marcada caída en el volumen de las exportaciones mundiales. De acuerdo con cifras del BID, las exportaciones de nuestro país en 2010 crecieron un 24 por ciento, superando los 69.000 millones de dólares, monto levemente por debajo del record exportador del 2008. Así, culminan siete años donde las exportaciones generaron un ingreso genuino de divisas por 400.000 millones de dólares. En otras palabras, entre 2003 y 2010, las ventas de Argentina al exterior crecieron a razón del 14,2 por ciento anual, superando por varios puntos la tasa promedio del período de la convertibilidad.
Lejos de las posturas reduccionistas que buscan explicar este desempeño exportador puntualizando la gran suba de los commodities (principalmente la soja), el empuje del sector automotriz o la tracción que genera Brasil sobre nuestra economía, existen distintos elementos internos que indican que las razones no pueden resumirse a un simple “viento de cola” del exterior.
En primer lugar, se debe señalar que en los últimos siete años existe una relación positiva entre la expansión del mercado interno y el crecimiento de las exportaciones. Esta vinculación es diametralmente opuesta a la estrategia de la década del noventa, cuando se buscaba incrementar las ventas al exterior mediante el deterioro del poder de compra interno generando saldos exportables. La complementación entre el mercado interno y el externo fue posible gracias al conjunto de políticas económicas implementadas a partir del 2003.
En estos siete años, las exitosas políticas de empleo e ingreso, junto con políticas sociales como ser la Asignación Universal por Hijo, que incorporó a casi dos millones de hogares, permitieron constituir un mercado interno que ha dinamizado parte del crecimiento de las exportaciones.
La incorporación de sectores sociales relegados durante los noventa permitió generar un gran poder de compra interno, el cual fue y es utilizado por las empresas nacionales como plataforma hacia la inserción exterior. Gracias a la dinámica del mercado interno, las empresas locales crecen, amplían sus plantas, incrementan escalas de producción e innovan en productos y procesos. En otras palabras, las firmas logran consolidar sus posiciones en el ámbito nacional para luego poder consolidarse en mercados en los que ya actuaban, o bien explorar nuevos destinos.
Estas medidas fueron acompañadas de otras políticas que favorecieron este proceso en las firmas. Entre ellas, pueden mencionarse: un tipo de cambio competitivo para la producción nacional; políticas industriales específicas como aquellas dirigidas a las industrias del software y vitivinícola; la implementación de un cambio de estrategia con respecto a los noventa en los ámbitos de negociación internacional enriqueciendo el debate dentro del Mercosur y la utilización (moderada y sin exagerar) de instrumentos de política comercial en función de la producción nacional. De esta manera, el sector industrial recuperó el dinamismo de décadas anteriores, aportando a la economía producción con mayor valor agregado, creando numerosos puestos de trabajo, logrando reducir el flagelo de la de-socupación e incorporando a miles de familias al consumo.
En este sentido, los cambios también se manifestaron en la composición de las exportaciones. Mientras que en 2003, de cada 100 pesos exportados, 22 correspondían a productos primarios y 26 a productos industriales, en 2010, las cifras alcanzadas muestran que dicha relación se modificó notablemente: las ventas de productos industriales representan el 36 por ciento de las exportaciones totales, mientras que la comercialización de commodities mantiene su participación. A su vez, surgieron y se consolidaron nuevos sectores exportadores de alto valor agregado. Los casos más salientes son los de maquinaria agrícola, software y servicios empresariales.
Las políticas implementadas también dieron sus frutos en lo que respecta a los destinos de exportación. En los últimos siete años, además de incrementar volúmenes exportados a la Unión Europea y el Nafta, se intensificó el comercio con el Mercosur, Colombia, Venezuela, Ecuador y se logró ingresar en nuevos e interesantes mercados: Túnez, Argelia, Marruecos y Egipto son algunos de los ejemplos más exóticos.
Sin lugar a dudas, las cifras aún distan de describir una estructura productiva correspondiente a un país desarrollado, cuya matriz exportadora posea un mayor grado de diversificación en productos y destino y asegure un flujo de divisas independiente de la volatilidad de los mercados de commodities o de las bondades del clima. Sin embargo, los actuales desafíos a superar no deben ocultarnos que la estrategia de ampliación del mercado interno e incremento de exportaciones con valor agregado resultan, a diferencia de lo que se pregonaba en los noventa, un camino viable y provechoso para el país.
* Economista UBA y miembro de AEDA.
Fuente: Pagina 12
http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-162311-2011-02-14.html




