El proyecto apunta a crear textiles capaces de registrar la salud cardíaca del paciente y enviar los datos por un sistema inalámbrico de comunicación a centros médicos
Por Bruno Geller – Científicos argentinos identificaron cuatro electrodos incorporables en prendas de vestir que servirían para registrar parámetros biomédicos relacionados con la frecuencia cardíaca.
“Las diferentes piezas de vestuario podrían procesar esa información y por un sistema inalámbrico de comunicación, tipo Bluetooth o Zigbee, enviarla a centros médicos para monitorear la salud del paciente”, indicó a la Agencia CyTA Carla Belén Goy, ingeniera biomédica de la Facultad de Ciencias Exactas y Tecnología de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT).
Goy y su equipo evaluaron cinco tipos de electrodos basados en textiles conductores capaces de registrar la fisiología venosa del usuario. “Cuatro resultaron ser útiles, pero uno demostró ser el más efectivo a la hora de medir los parámetros biológicos de interés”, puntualizó Goy, quien trabaja en el Laboratorio de Investigaciones Cardiovasculares Multidisciplinario de esa casa de estudios.
“Las telas que se utilicen para el desarrollo de este tipo de electrodos deben ser delgadas, livianas, lavables, confortables y buenas conductoras de la electricidad”, agregó.
Goy y su equipo evaluaron los materiales en experimentos de laboratorio para afinar los resultados. Según dijeron, esperan en el corto plazo concluir la investigación y transferir los resultados al mercado. “Los pacientes insuficientes cardiacos y el sistema de salud se podrían beneficiar con un sistema capaz de monitorear el avance de la enfermedad de manera no invasiva y en la comodidad del hogar”, indicó la autora principal del estudio publicado en The Journal of Medical Engineering & Technology.
Paralelamente, equipos de trabajo multidisciplinarios de todo el mundo están pensando en otros sistemas inteligentes como relojes, anillos, auriculares, guantes o remeras con que registren signos vitales como impulsos neurológicos, la frecuencia cardíaca y la respiratoria. “Incluso se hacen estudios para diseñar prendas de vestir que monitoreen la postura y los movimientos de pacientes que están en rehabilitación; almohadas con sensores capaces de registrar el sueño; o muñequeras y cinturones equipados con acelerómetros capaces de detectar la caída del paciente y alertar al personal de salud”, explicó la bioingeniera y becaria del CONICET.
Los investigadores argentinos pretenden crear textiles capaces de registrar la salud cardíaca del paciente y enviar los datos por un sistema inalámbrico de comunicación a centros médicos. En la foto telas de nylon bañadas en plata que pueden servir para ese propósito.
Un grupo de paleontólogos argentinos descubrieron un esfenodonte enano del Cretácico en la provincia de Chubut. Se trata de una nueve especie, que se destaca por su característica enana. El dinosaurio es un ejemplar adulto que ronda los veinte centímetros.
Apesteguía y otros paleontólogos argentinos descubrieron un esfenodonte enano en la provincia de Chubut El paleontólogo Sebastián Apesteguía, autor principal del estudio publicado en la revista científica Journal of Vertebrate Paleontology, comentó a la Agencia CTyS que “los esfenodontes herbívoros conocidos hasta ahora superaban el metro de longitud, y uno de los desafíos de este estudio fue demostrar que se trataba de una nueva especie enana, es decir, que no era un ejemplar juvenil de alguno de los esfenodontes ya identificados”.
Una de las claves para determinar que este ejemplar correspondía a un esfenodonte adulto radicó en sus dientes. “Pudimos ver que estos ejemplares hallados tienen un desgaste muy grande en la dentición, lo que hace pensar que no eran jóvenes y habían alcanzado el tamaño de su adultez”, explicó el investigador de la Fundación Azara (Universidad Maimónides, CEBBAD-CONICET).
El doctor Apesteguía observó que otro de los factores que pudo haber generado un desgaste tan notorio en sus dientes fue que dicho esfenodonte vivió en un ambiente volcánico, en el que los alimentos pudieron estar cubiertos parcialmente por cenizas. Los fósiles hallados están en muy buen estado de conservación.
El paleontólogo José Luis Carballido, investigador del Museo Egidio Feruglio especializado en el estudio de los dinosaurios saurópodos -los mayores vertebrados que hayan caminado sobre la Tierra-, lideró la campaña en la que se produjo el descubrimiento de un cráneo con la mandíbula articulada, que se sumó a otros pedazos de maxilares y mandíbulas sueltas colectados en años previos por el equipo del paleontólogo alemán Oliver Rauhut. “Realizamos esta campaña en 2007, buscando nuevos yacimientos de dinosaurios en el centro geográfico de la provincia de Chubut”, contó el doctor Carballido a la Agencia CTyS.
Y agregó: “Extrajimos estos pequeños materiales, con un cráneo que apenas supera los dos centímetros, y me puse en contacto con el doctor Apesteguía, que ya había estudiado esfenodontes en la provincia de Río Negro y se especializa en esos reptiles del Cretácico”.
Al respecto, Apesteguía comentó que “la nueva especie enana está emparentada con los esfenodontes de Río Negro, que también son del Cretácico, con la diferencia de que éstos medían más de un metro y sus cráneos superaban los 15 centímetros”. Ello conlleva a desarrollar ciertas hipótesis para tratar de explicar esta diferencia de tamaño tan llamativa. “Una de las teorías es que este esfenodonte enano de Chubut, por vivir 400 kilómetros al sur de los de Río Negro, debía enfrentarse a climas más fríos, y tener un cuerpo pequeño permitía que su organismo se calentara rápidamente al tomar algo de contacto con el sol”, comentó el investigador de la Fundación Azara.
Cecilia Bouzat fue galardonada por el programa internacional L´Oréal – Unesco “For Women in Science” por su trayectoria científica.
La investigadora galardonada Cecilia Bouzat. Foto: CONICET fotografía.
El premio que se entrega anualmente distingue la excelencia científica de 5 investigadoras mujeres de todo el mundo y Bouzat fue destacada por su labor en Latinoamérica.
La científica trabaja desde el año 1997 en el Instituto de Investigaciones Bioquímicas de Bahía Blanca, (INIBIBB, CONICET-UNS) en el estudio de unos receptores llamados Cys-loop que se encuentran en el sistema nervioso, músculos y células neuronales.
¿Qué sintió al recibir la distinción a su trayectoria?
Recibir el premio L´Oréal – Unesco es una increíble alegría y un honor. Es la distinción más importante en toda mi carrera y es una prolongación al galardón que me otorgaron en 2007 L´Oréal – CONICET Argentina. Cómo todo premio, se disfruta pero genera una nueva responsabilidad y un compromiso para seguir trabajando y haciendo buena ciencia.
¿Cuándo comenzó su interés por la ciencia?
Mi interés por la ciencia empezó en el colegio. Siempre me gustó la biología y todo lo relacionado a ciencias naturales y biomédicas pero me di cuenta que era mi vocación en el segundo o tercer año de la universidad. Como estudiante me interesaban los procesos moleculares. Justamente ahora me dedico a encontrar las bases de los mecanismos del funcionamiento de las proteínas que forman las células.
¿Cuál es su línea de investigación?
En nuestro laboratorio trabajamos para conocer como funcionan unos receptores, los Cys-loop, que son proteínas de membrana con roles claves en el sistema nervioso, particularmente porque participan en la sinapsis y permiten comunicaciones rápidas entre neuronas o entre neuronas y el músculo. Entonces, estudiamos cómo drogas y compuestos pueden modificar su funcionamiento.
¿Por qué es trascendente conocer a estos receptores Cys-loop?
Es importante porque en muchas enfermedades están alterados, funcionan mal o están mutados. Conocerlos va a servir para pensar en el futuro terapias mucho más efectivas en una gran cantidad de desordenes neurológicos y para generar un desarrollo racional de fármacos que revierta ese funcionamiento anormal. Por ejemplo, nosotros estudiamos receptores nicotínicos neuronales en los cuales su alteración está asociada a enfermedades como Alzheimer, Parkinson y Esquizofrenia.
En su opinión, ¿cuál es el rol de la mujer en la ciencia?
La ciencia las necesita tanto como necesita hombres. Según las estadísticas hay más mujeres en las categorías más bajas y menos en posiciones estratégicas. Si bien fue cambiando, aún hay mucho trabajo por hacer. A nosotras nos cuesta la carrera científica cuando formamos una familia, ahí las mujeres hacemos un esfuerzo extra para darle a los hijos el tiempo que necesitan y cumplir con las demandantes tareas de investigación por eso es importante que siempre existan planes y proyectos para apoyar a la mujer.
¿Cómo ve el desarrollo científico en el país?
En la Argentina de los últimos años hubo una apertura hacia la sociedad al mismo tiempo que hubo un fuerte apoyo a la investigación. Tenemos muy buenos científicos y gente comprometida. Trabajar en ciencia en Argentina fue inestable a lo largo de la historia. Actualmente se observa una jerarquización con la creación del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, además hubo un mayor ingreso de investigadores y becarios y más subsidios. De todos modos, cuando se trabaja en ciencia siempre vemos que los recursos económicos y humanos son limitados y es necesario nuevo equipamiento, generar nuevas metodologías y estrategias. Lo importante es que se tenga en cuenta esa necesidad.
Cecilia Bouzat es investigadora principal del CONICET y Vicedirectora del Instituto de Investigaciones Bioquímicas de Bahía Blanca (INIBIBB) en Argentina. Es Profesora de la Universidad Nacional del Sur de Bahía Blanca, en la cual estudió y se recibió de Licenciada y Doctora en Ciencias Bioquímicas.
En 1993 hizo un posdoctorado en la Clínica Mayo, de Rochester, Estados Unidos.
En 2007 ganó una Beca de Investigación L’Oréal- UNESCO For Women in Science en Argentina.
Andrés De la Rossa recibió el prestigioso premio Pfizer a la mejor investigación en neurociencia por sus estudios sobre reprogramación neuronal
La reprogramación celular consiste en la inserción de genes creados sintéticamente en el laboratorio para decirle a esa célula en que tipo se desea que se transforme. Foto: Revista Nature Neuroscience
Enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer, el Parkinson o la Esclerosis Múltiple, podrían comenzar a ver avances significativos en la búsqueda de su cura gracias a la reprogramación de células neuronales, lo que representa un cambio de paradigma en estudios científicos de su clase.
El científico argentino Andrés De la Rossa recibió el prestigioso premio Pfizer a la mejor investigación en neurociencia por sus estudios sobre reprogramación neuronal, que fueron publicados por la revista Nature Neuroscience .
Contrario a la técnica in vitro, que se desarrolla fuera de organismos vivos (como tubos de ensayo o campanas), De la Rossa explica que «se experimentó con las neuronas corticales de animales vivos (técnica in vivo), para encontrar que este tipo de células pueden ser modificadas una vez están diferenciadas».
«La reprogramación celular in vivo constituye un cambio de paradigma, debido a que antes se creía, por ejemplo, que una célula de piel iba a ser una célula de piel para siempre, o que una célula muscular era una célula muscular para siempre; es decir, que no podían ser modificadas. Lo que demostramos es que con las herramientas adecuadas se las puede reprogramar, introduciendo genes para decirle a esa célula en qué tipo de célula quieres que se transforme», indica.
Tras cuatro años de trabajo, que hicieron parte de su tesis de doctorado, la reprogramación de células neuronales «puede ir abriendo puertas en el futuro para enfrentar diversos tipos de enfermedad en donde haya células que estén muriendo o que estén deterioradas», adelanta De la Rossa.
Imagínate que tienes un auto rojo, convencional, y le pones algo (genes) dentro para que este se transforme y pase a ser un auto convertible y de color verde. Cambia totalmente todos sus atributos Es el caso de enfermedades como el Alzheimer, una enfermedad neurodegenerativa que se manifiesta como deterioro cognitivo y trastornos de la conducta causados por la muerte de las neuronas, provocando que diferentes zonas del cerebro se atrofien; o el Parkinson, un trastorno degenerativo del sistema nervioso central.
«Por supuesto, son todas cosas que pensamos que se van a ir abriendo de a poco, nosotros mostramos en nuestro estudio el potencial que tiene la reprogramación celular. Nuestros estudios fueron hechos en animales de laboratorio, y no deberíamos precipitarnos en pensar que en el corto plazo se aplique a pacientes», aclara el científico.
Si bien «el trabajo de reprogramación celular fue aplicado en neuronas de la corteza cerebral, no está restringido solo a este tipo de células y puede ser aplicado en células de otras partes del cuerpo. Si funciona bien en neuronas, es muy probable que funcione en otros tipos de células», de lo que se infiere que otras enfermedades en diferentes partes del cuerpo pueden ser tratadas de acuerdo a este hallazgo.
EL PROCESO
«Las células se comunican entre sí, pero si quieres reprogramar una de ellas, tienes que introducir los genes a cada célula que quieres reprogramar. Pero hay técnicas especiales hoy en día que te permiten hacer cientos de miles de esos procesos en pocas horas», cuenta De la Rossa.
De acuerdo a su artículo, publicado en la revista Nature Neuroscience, esto se logró «desarrollando un método de entrega electroquímico In Vivo, que manipula rápidamente las expresiones genéticas específicas en neuronas postmitóticas».
«Los genes se pueden generar de manera sintética en el laboratorio. Una vez que tienes los genes deseados, los introduces en el animal, dentro de la célula. Y son esos genes los que obligan a la célula a cambiar su identidad.»
«Cada célula tiene una identidad propia, y esa identidad está definida por una multitud de parámetros que van desde la morfología de la célula, hasta los marcadores moleculares, o las características fisiológicas de la misma», explica.
«Imagínate que tienes un auto rojo, convencional, y le pones algo (genes) dentro para que este se transforme y pase a ser un auto convertible y de color verde. Cambia totalmente todos sus atributos», simplifica el investigador.
«Eso es lo que mostramos que se puede hacer, y que se llama reprogramación celular».
EL PERFIL
La investigación del científico cordobés, Andrés De la Rossa, fue premiada por Pfizer como la mejor en neurociencia. Foto: Archivo.
Andrés De la Rossa es un cordobés de 32 años, Licenciado en Genética por la Universidad Nacional de Misiones.
Luego de recibirse obtuvo una beca para hacer un Máster en Biología Molecular en la Universidad de Ginebra, Suiza. Cuenta que el Máster tuvo bastante éxito y le sirvió para continuar con el Doctorado en Ciencia, en la misma universidad, y su investigación es producto de la tesis para el mismo.
Trabajó con un equipo de ocho personas, que fue comandado desde el laboratorio de neurociencia básica de la Universidad de Ginebra con intervención de otras instituciones como la Universidad de Lausanne, también en Suiza.
Luego de cuatro años de trabajo su investigación fue premiada por Pfizer como la mejor en neurociencia, un reconocimiento importante en el país europeo y a nivel internacional.
El trabajo fue publicado en un artículo de la revista mensual Nature Neuroscience, dedicada a divulgar trabajos de investigación originales relacionados específicamente con la neurociencia.
El Centro de Investigación de Plagas e Insecticidas (CIPEIN-CONICET) y el INTI se unieron para desarrollar una ovitrampa que contiene un larvicida en el plástico. En ensayos de laboratorio, el dispositivo tuvo una altísima efectividad y alcanzó una durabilidad de por lo menos dos años.
Emanuel Pujol (Agencia CTyS) – La durabilidad de las ovitrampas sería un factor clave para facilitar la lucha casa por casa contra el dengue, porque estos dispositivos son muy fáciles de utilizar y no implican toxicidad para humanos ni animales.
El investigador Eduardo Zerba, director del CIPEIN-CONICET, comentó a la Agencia CTyS que “el objetivo de este proyecto es la liberación lenta de un larvicida desde el material de la ovitrampa al agua donde los mosquitos ponen sus huevos, para de esa manera detener el crecimiento de las larvas y disminuir la población de mosquitos adultos”.
Para lograr la liberación lenta del larvicida y, de esa manera, prolongar la vida útil de la ovitrampa, el CIPEIN se unió con INTI-Plásticos, donde poseen experiencia en incorporar determinados aditivos a los plásticos para que éstos adquieran cierta actividad y puedan convertirse en antimocrobianos o antioxidantes, por ejemplo.
La doctora Patricia Eisenberg, a cargo de este proyecto en INTI-Plásticos, comentó que “en este caso, se incorporó un aditivo que interfiere en el crecimiento de la larva del mosquito, para que no se transforme en adulto, y los resultados en los laboratorios CIPEIN mostraron que las ovitrampas siguen activas hasta después de dos años”.
Zerba destacó que “es una estrategia novedosa, puesto que nunca se había pensado en ubicar el larvicida dentro del plástico, para crear una trampa letal para el mosquito, y podría impulsar la lucha contra el dengue casa por casa, puesto que, con mínimos cuidados, la ovitrampa se mantiene operativa durante un tiempo prolongado y con una alta efectividad para detener el desarrollo del mosquito vector del dengue”.
Desde diciembre pasado y hasta el mes de mayo, se están evaluando 1500 ovitrampas en distintos hogares de la localidad de Caimancito, ubicada en Jujuy, donde el 90 por ciento de los mosquitos son de la especie Aedes Aegypti.
La licenciada Cecilia Lorenzo, quien también se desempeña en INTI-Plásticos, explicó que es necesario ver cómo se comportan las ovitrampas en condiciones reales, puesto que el plástico reacciona de distintas maneras según el ambiente y también será determinante la participación de la gente.
“Aun no podemos anticipar resultados, porque el ensayo recién comienza”, comentó el director del CIPEIN. Y agregó: “En marzo, podríamos tener una primera tendencia y, desde luego, esperamos aportar una innovación positiva en el control del mosquito, porque la intención es que lo invertido en investigación vuelva a la sociedad en mejoras a la calidad de vida”.
El cuidado que requiere la ovitrampa es mínimo: con que las personas se aseguren que contenga agua, continúa siendo operativa. Otra gran ventaja es que se puede beber del agua que está en contacto con el larvicida sin riesgo a intoxicarse, algo que está corroborado por la Organización Mundial de la Salud.
Ovitrampas en los hogares y tanques de agua En INTI-Plásticos desarrollaron las ovitrampas activas en dos formatos con el mismo larvicida: una de ellas tiene una forma semejante a una maceta y es recomendable ubicarla en zonas oscuras y húmedas, donde suelen acumularse los mosquitos.
Paralelamente, diseñaron dispositivos plásticos con forma semejante a pequeños huesos planos, para poder ubicarlos dentro de contenedores o tanques de agua. La doctora Patricia Eisenberg explicó que se pueden colocar “en de tanques que operan para consumo y esto es muy importante, porque en muchas ocasiones se puede volar la tapa de los tanques y allí los mosquitos pueden ir a poner huevos”.
Lorenzo destacó que “la ventaja de haber incorporado el larvicida en el plástico es que mientras el dispositivo contenga agua se va a liberar el principio activo con una efectividad muy alta; así, ganamos en que es una liberación controlada y que perdura en el tiempo”.
En tanto, los expertos del CIPEIN-CONICET, quienes idearon el desarrollo de trampas de liberación lenta de un larvicida, poseen la experiencia para estudiar el impacto de estas ovitrampas en la población de los mosquitos, tanto en laboratorio, como ya se ha hecho durante un plazo de dos años, como en esta nueva etapa de testeo en 1500 hogares de Caimancito.
Para concretar este ensayo casa por casa, el CIPEIN cuenta con el apoyo del Ministerio de Salud de la Nación y de la provincia de Jujuy, como así también de los agentes de salud primarios del Caimancito y de dicha comunidad, con la que trabajan hace años en estudios de control del mosquito vector del dengue.
Burlar la hormona de crecimiento de los moquitos Las ovitrampas poseen como producto activo larvicida al pyriproxyfen, una molécula que se mimetiza con una hormona de crecimiento de la larva e impide su crecimiento, con lo que evita que surja el mosquito adulto. Como esta hormona de crecimiento no está presente en personas ni animales, el larvicida puede estar en contacto con el agua potable.
El doctor Zerba observó que “el pyriproxyfen fue desarrollado hace tiempo por los japonenes, pero la idea nuestra fue utilizar dicha molécula de una manera novedosa: adentro del plástico y con el objetivo de que se libere al agua presente en la ovitrampa de manera lenta”.
En consecuencia, el CIPEIN se asoció con el INTI para desarrollar esta tecnología. De acuerdo a los ensayos de envejecimiento acelerado en laboratorio, estos dispositivos llegaron a mantenerse activos hasta dos años después.
Actualmente, se está tramitando la patente de las ovitrampas, cuya titularidad pertenece a las instituciones participantes. La investigadora Patricia Eisenberg mencionó que el INTI produce en planta piloto y que, más adelante, habrá que ver si es requerido transferir esta tecnología a la industria para que se pueda producir a una escala más masiva.
La antigua librería Galignani, en la tradicional Rue de Rivoli, tiene sus vidrieras colmadas de libros de autores argentinos y fotos de Jorge Luis Borges y Victoria Ocampo, anticipando la presencia de Argentina como país invitado de honor en el Salón del Libro de París, que se inaugura mañana.
A unas cuadras de allí, cerca del Louvre, la foto de otra argentina brilla en un cartel electrónico de publicidad callejera. Es Cecilia Bouzat (52), una bioquímica bahiense que recibirá hoy en esta ciudad uno de los premios más prestigiosos del mundo científico por explicar cómo se comunican las neuronas.
Esta noche, en La Sorbona, le entregarán el Premio L’Oreal-Unesco para la Mujer en la Ciencia por América Latina, dotado de 100.000 dólares y en el que eligen a cinco científicas, una por cada región. Bouzat es la tercera argentina en recibir este reconocimiento al aporte femenino a la investigación desde que se creó, hace 16 años, y también ganó la primera edición nacional, en 2007.
Bouzat dice que esta distinción es el aval a «un trabajo en equipo», en referencia a sus compañeros del Instituto de Investigaciones Bioquímicas de Bahía Blanca. A cada uno de ellos -7 mujeres y 3 varones- nombró emocionada ayer, cuando presentó su trabajo en la Academia de Ciencias de Francia.
También allí explicó que la Argentina es un país «conocido por el tango, el fútbol, el asado y el mate. Me gustaría agregar, por la buena ciencia». Desde su instituto, con la colaboración internacional de la Clínica Mayo, lograron comprender las bases de la sinapsis química, el principal proceso de comunicación celular en el sistema nervioso. «Una neurona libera un neurotransmisor, que se une a un receptor muy específico.
Ese receptor genera una respuesta en otra neurona o en un músculo. Si el receptor que se une al neurotransmisor funciona mal porque tiene una mutación, falla toda la comunicación neuronal», describe Bouzat. La clave está en los «canales iónicos», que se abren en la membrana de la célula para que ingrese la información en ella. «Entender esto sirve para saber qué fármaco tendrías que usar para hacer que funcione bien».
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