La industria del vino registró una importante reconversión tras la salida de la convertibilidad, que se tradujo en un fuerte crecimiento del empleo en el sector, especialmente desde 2003, según un trabajo de investigación
A pesar de los efectos de la crisis, «la vitivinicultura pudo continuar expandiéndose y acrecentar el empleo en el período post-devaluación», resaltó el trabajo «Reconversión y empleo en la industria del vino. Estructura productiva y dinámica del empleo en el complejo vitivinícola: un análisis del sector bodeguero nacional».
Mientras que entre 1996 y 2002 el empleo en el sector vitivinícola argentino sólo creció 5%, «entre 2003 y 2006 aumentó 31%», destacan los investigadores Adriana Bocco (CONICET), Daniela Dubbini (Becaria FONCyT), Sebastián Rotondo (Ministerio de Trabajo), Gabriel Yoguel (Investigador de la Universidad Nacional de General Sarmiento).
Según el estudio, que se enmarca en un proyecto sobre «Tramas productivas, innovación y empleo», financiado por el FONCyT, esta expansión de la actividad industrial se vio favorecida la por la salida de la Convertibilidad que tuvo un efecto positivo sobre el mercado de exportación.
Asimismo, los cambios en los modelos productivos y la tendencia a la mayor integración han repercutido positivamente en la creación de empleo en la última década, remarca el trabajo distribuido por el Fondo Vitivinícola Mendoza.
Una conclusión importante del estudio es que el sector vitivinícola «está todavía compuesto por una alta proporción de pymes ligadas al modelo tradicional de producción y sin alcanzar aún los niveles de integración que han desarrollado las firmas de mediana y gran escala».
Por ello, uno de los programas más ambiciosos del sector busca integrar a productores primarios a esquemas asociativos que les permitan no sólo incorporarse en mejores condiciones al negocio, sino además ganar en previsivibilidad, obtener mejores condiciones para la compra de insumos, y contar con asistencia técnica, entre muchos otros beneficios.
Para lograr este objetivo, el sector cuenta con una línea especial de financiamiento del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), tomado por la Nación y traspasado a la Corporación Vitivinícola Argentina como Aportes No Reembolsables.
Así la Corporación es la responsable de evaluar –bajo la estricta vigilancia del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca y los técnicos del BID- los proyectos que son financiados con estos fondos.
Este programa «permitirá, gracias a la organización, la capacitación, la modernización y la tecnificación, salir de un acuciante estado de vulnerabilidad a cientos de viñateros que de otro modo serían inviables», destaca el trabajo.
Según los investigadores, «la numerosa cantidad de empresas pequeñas y medianas-pequeñas aseguran una cierta desconcentración en lo que respecta a la elaboración de vinos a nivel del país».
En el sector, hay un amplio predominio de pymes; del total, 85% son pequeñas o pequeñas bodegas y el 15% restante son medianas tendiendo a grandes y de gran escala.
Con relación a su grado de integración vertical, sólo 12% de las bodegas fraccionaron sin elaborar y el 88% restante se divide en dos grupos casi de iguales dimensiones: el 43% sólo elaboró vinos y el 45% elaboró y fraccionó.
A nivel de fraccionamiento, la falta de integración en el segmento de las pymes «favorece la mayor concentración de los volúmenes fraccionados en las empresas de gran escala, donde predomina un tipo de bodega fuertemente integrada».
Una conclusión fuerte del trabajo de Bocco, Dubbini, Rotondo y Yoguel es que «las empresas integradas verticalmente no sólo concentran mayor cantidad de volúmenes de vino elaborados y fraccionados sino que también son la que concentran mayor cantidad de empleo».
Ello es así «porque fueron las más dinámicas, incrementando la ocupación registrada un 55% entre 1996 y 2006, siendo el único grupo que no perdió empleo durante la recesión».
Asimismo este dinamismo en la creación de empleo ha caracterizado a las empresas que adhieren al nuevo modelo productivo, las que mostraron un incremento de 100% en una década al contrario de las firmas cercanas al modelo tradicional «que fueron las que presentaron el crecimiento más moderado en 1996-2006 (29%) en el mismo período de tiempo».
Del total de asalariados registrados sólo en el sector industrial, 44% de estos ocupados se desempeñaba en empresas grandes o medianas-grandes, las cuáles sólo representan el 15% del stock de firmas del sector, lo que pondría de manifiesto un alto grado de concentración en términos de empleo por estos estratos de empresas.
No obstante, el empleo en las firmas medianas-pequeñas significa algo más de un tercio de la ocupación del conjunto de empresas; y, junto a las pequeñas, casi 20%, responden por el 55% del empleo; algo que no sucede en otras cadenas agroalimentarias.
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