Una singular experiencia gastronómica exclusiva para osados
Video: un almuerzo en el aire
La invitación era tan tentadora como inquietante. Un almuerzo en Puerto Madero, alta gastronomía, la promesa de una vista inigualable de la ciudad… Sin embargo, la comida que ayer aguardaba a este cronista y a casi una veintena de comensales no se serviría en un restaurante panorámico en una de esas torres desde donde la costa uruguaya parece casi al alcance de la mano. La cita sí era en una lujosa mesa con vista a los cuatro puntos cardinales… pero pendiente de una grúa ¡a 50 metros de altura!
Comer sin los pies en la tierra se ha convertido en una de las formas de cumplir ese mandato del universo gourmet que determina que la experiencia en sí es tan importante como lo que se degusta. Y la firma Latitud 33°, autora de la iniciativa, decidió que un grupo de periodistas y clientes de la bodega tuvieran el privilegio de ser parte de ese fenómeno. De un modo extremo, por cierto.
El punto de encuentro fue en un terreno aún desocupado frente al hotel Faena. Una enorme grúa traída de Bélgica, no muy diferente de las que se levantan en esa zona en pleno apogeo inmobiliario, nos aguardaba. A su pies, una estructura de unos 20 metros cuadrados, con sillas similares a las de una montaña rusa adosadas a su alrededor, estaba lista para elevarse. Una ambulancia permanecía estacionada recordándonos que comer en un puesto callejero de panchos puede tener sus riesgos, pero no tantos como el que estábamos por encarar.
Video: un almuerzo en el aire
Antes de ¿abordar? tan extraña mesa, fue necesario firmar un papel donde quedaba asentado que nos entregaríamos a la experiencia por voluntad propia. Una promotora se llevó ese «documento» que sellaba nuestra suerte y, a cambio, nos entregó, sonriendo, una copa de vino.
Algunos chistes nerviosos y unos tragos apurados de Malbec acompañaron el comienzo de la aventura, mientras nuestra mesa se elevaba sobre Puerto Madero. El operador de la grúa ahora era Dios para nosotros. Estábamos en sus manos.
Evitar mirar abajo era una misión que internamente todos nos habíamos propuesto cumplir. Pero mientras el viento hacía girar la estructura en la que nos proponíamos almorzar el sonido de bocinas nos obligó a prestar atención a lo que ocurría en la cada vez más lejana calle. Atónitos, vecinos y empleados de la zona nos observaban y tomaban fotos con sus celulares.
El chef Marcos Zabaleta, de bodega Chandon, nos explicó el exquisito menú (chivo caramelizado con verduras grilladas y chutney) y la conversación ayudó a olvidar por un instante que nuestros pies colgaban en el vacío.
La trepada se detuvo a los 50 metros y, aunque el viento incomodaba, la espectacular vista justificaba con creces la experiencia. La única inquietud ahora era que una repentina ráfaga volcara nuestra copa, algo que ocurrió un par de veces. Cuando ya iniciábamos el descenso, advertimos un cartel dirigido a nosotros en una ventana de un edificio cercano. ¿Qué dice?, nos preguntamos. Alguien logró leerlo a la distancia: » Están locos «.
http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1310091





octubre 7th, 2010 at 9:04 pm
Es una publicidad o promoción? O se implementará para el común de la gente?
Me gustaría probar esa adrenalítica experiencia.
Ana
noviembre 23rd, 2010 at 2:31 pm
quiero saber donde se puede pedir reservaciones para este lugar
enero 21st, 2013 at 1:52 am
me gustaria saber los detalles del almuerzo o cena en altura..