Claudio Tamburrini, filósofo y ex futbolista argentino, fue nombrado Académico del Año en Roma. Tamburrini, quien fue secuestrado en el 77 por la Dictadura, polemiza sobre el doping, la medicina, y recuerda la madrugada de su fuga

Claudio Tamburrini, galardonado como Académico del Año por la Asociación Internacional de Filósofos del Deporte.Anterior1/1.Siguiente…Fotos..El nombre era perfecto: Seré. Justo una casa que abolía todos los futuros se enorgullecía en llamarse, irónica y tétrica, Seré. La lluviosa y valiente madrugada del 24 de marzo del 78, Claudio Tamburrini eligió saltar de una ventana para escaparse de esa imposibilidad, justamente para ser, vivir, continuar. Corriendo asustado en un barro que no se veía, Tamburrini cometía la osadía de fugarse hacia su futuro.
“Muchas veces me han preguntado si logré dejar atrás todo lo que viví aquella noche, y la verdad es que no, pero no, justamente, porque yo elegí que fuera así. Una cosa es escaparse y no volver más, y otra, muy distinta, es lo que hice yo: regresar sobre mis pasos para reivindicar mi pasado, para que ese pasado fuera justamente mi futuro. Yo volví a la Mansión en mayo del 79, antes de irme a Suecia. Los militares ya la habían destruido, pero yo volví. Entonces no sabía por qué puta lo estaba haciendo, pero ahora sí. Nunca les di a los militares la posibilidad de que la casa fuera mi pasado, una noche horrible, cerrada, no: yo quería que la Mansión fuera mi futuro. La Mansión Seré no es ni fue de los militares: la Mansión es irreversiblemente mía”.
Radicado en Suecia, el filósofo Claudio Tamburrini fue galardonado como Académico del Año por la Asociación Internacional de Filósofos del Deporte. El autor de los libros Pase libre y La mano de Dios, cerró la conferencia anual, en Roma, explotando otra vez su presente, o sea, su futuro, amplificando la certeza de que abriendo aquella ventana abrió también unas cuantas vidas más.
“La Asociación plantea dos líneas de investigación -le cuenta Claudio, desde Italia, a Olé -. La primera, netamente teórica, intenta determinar qué tipo de experiencia es la experiencia deportiva, cómo se alcanza la armonía total entre el cuerpo y la cabeza, de qué manera funcionan las habilidades no conscientes, nuestra memoria corporal. Y la segunda, que es la que yo encabezo, invita a refundar la ética social en el deporte. Como la Asociación suele atender la primera línea, que me premien es un orgullo, un enorme avance para acelerar el tratamiento de los problemas concretos del deporte”.
-¿Por ejemplo? -Por ejemplo: ¿es correcto permitir los controles de dopaje? ¿En serio el doping ensucia un deporte inmerso en una sociedad que, para sus ciudadanos, muchas veces lo acepta? Este tipo de temas no se discuten. ¿Por qué a un profesional no se le concede el mismo albedrío que a cualquier persona, quien sabe los riesgos a los que se somete cada vez que toma una decisión? -¿Porque el deporte es sinónimo de salud? -Mentira. Una hipocresía. El deporte profesional no es sano, no es limpio y, como todo trabajo, estropea el cuerpo, la salud. Y aquí, permitime, me encuentro con otra de mis teorías, la de la ética medicinal: ¿por qué la medicina deportiva tiene postulados distintos que la medicina civil, la general? ¿Por qué ningún médico cuestionaría la decisión de un paciente, o un cliente, de mejorar su aptitud física, psíquica, con cirugías, distintas clases de operaciones, y en el deporte, en cambio, sí? ¿Por qué lo prohibimos? Pensemos de acá a 100 años: ¿cómo será una sociedad cuyos miembros civiles mejorarán genéticamente con el imparable avance de la medicina, mientras que el deporte, con sus propias leyes, no? ¿Quiénes serán los minusválidos físicos, entonces? ¿Justo los que mejor dotados están? -Suena a Bradbury.
-Suena, sí, pero nada más lejano a la ciencia ficción: 50 ó 100 años no es mucho tiempo cuando se quiere replantear una realidad.
-¿La Asociación discute también el papel sociológico del deporte? -Hay ensayos, trabajos, sí, claro que sí. La importancia del nacionalismo deportivo para los países emergentes, cómo una victoria aleja a la gente de la solución de sus problemas reales, hay, sí, sí.
-Hablando del papel del deporte: ¿charlaste alguna vez con los campeones del 78? ¿Les creías o les creés cuando dicen que no sabían nada de lo que pasaba? -Sí, porque yo tampoco lo sabía. Yo militaba en la Federación Juvenil Comunista, atajaba en Almagro, estudiaba Filosofía, y tampoco conocía la existencia de ese submundo, esa oscuridad donde la gente desaparecía, no estaba más. En serio lo digo. Además, algunos jugadores que luego supieron o entendieron la magnitud de aquel genocidio han estado en actos, conmemoraciones, queriendo ayudar.
Fuente: Olé
http://www.argentina.ar/_es/deporte/C4806-filosofo-del-deporte-argentino-distinguido-en-roma.php




