Cuando la tecnología se convierte en sinónimo de mejor calidad de vida
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Luisina Novella y María Laura Menghi son dos bioingenieras, egresadas de la Universidad Nacional de Entre Ríos, que idearon un dispositivo de descanso y una silla de ducha para personas con movilidad reducida o nula. Actualmente están organizándose como emprendedoras y evaluando la posibilidad de fabricación masiva de estos productos.
Mónica Borgogno
Los bioingenieros son esos profesionales sensibles a los problemas de la salud y el sistema sanitario público o privado, capaces de crear e idear soluciones para una mejor calidad de vida. Definición poco académica pero no menos cierta. Son creativos, sin dudas. En la actualidad son muy demandados y, en efecto, la mayoría de los egresados de esta carrera que se dicta aquí nomás, en la Facultad de Ingeniería, de la Universidad Nacional de Entre Ríos (UNER), de Oro Verde, están trabajando en el sistema público de salud o empresas dedicadas a la fabricación y venta de instrumentos y aparatología médica. También están siendo cada vez más, los bioingenieros que buscan independizarse, formarse en materia de negocios y constitución de empresas de base tecnológica, para comercializar sus propios inventos.
En ese camino están Luisina Novella y María Laura Menghi. Ellas desarrollaron un sillón ergonómicamente diseñado para mejorar la situación de aquellas personas con movilidad reducida o nula. Su interés radica en poder hacer aportes para la población con algún tipo de discapacidad. Empezaron, con adultos mayores con pocas posibilidades de movimiento.
“Todo aporte que se realice en el campo del cuidado de personas, redunda en una mejor calidad de vida tanto para la persona cuidada —mayor confort y seguridad— como para la que la cuida ya que implica una forma de trabajo más ágil y saludable”, aseguran las profesionales. Asimismo, ampliar la oferta de productos relacionados con la salud y la discapacidad abre un mayor abanico de posibles soluciones a distintas problemáticas no contempladas y/o no satisfechas, agregan.
Esos son los temas que más las motivan y en los que quieren seguir trabajando e investigando. Aunque no les resulta sencillo, abrieron y siguen abriendo mil y una puertas, para hacer lo que les gusta y saben: “Nos hemos presentado en varios llamados a concursos provinciales y nacionales de ideas-proyecto, sin respuestas satisfactorias. Siempre estuvimos en busca de instituciones de apoyo y así fue como nos contactamos con el Centro de Tecnologías para la Salud y la Discapacidad dependiente del INTI, con el Programa Emprendedores de la Universidad Nacional del Litoral (UNL), en el cual a partir de 2009 estamos como pre-incubadoras con la Fundación Empretec. Recientemente por medio del INTI entramos en contacto con el Centro Iberoamericano de Autonomía Personal y Ayudas Técnicas (Ciapat) que es un centro de referencia de nivel regional que se inauguró hace poco. Nuestro desafío es el de muchos: conseguir mantenernos haciendo lo que nos gusta”, confían estas mujeres.
INVENTIVA. Ahora en qué consiste el diseño tecnológico que hicieron: se trata de un sistema constituido por un dispositivo de descanso, los accesorios de movilización y el instructivo de uso y cuidado de pacientes que actualmente se está probando y una silla de ducha para personas con inestabilidad en el tronco, en etapa de prototipo de prueba. Al contar la experiencia, las profesionales no dejan de agradecer la buena predisposición del doctor Mario Vivas y todo el equipo de trabajo de su Residencia Gerontológica que les facilitó el trabajo de campo y comunicación con la población mayor.
En forma paralela, siguen recolectando y estudiando nuevas necesidades y demandas que van surgiendo del contacto directo con las personas con pocas posibilidades de movimiento y de la retroalimentación que se va estableciendo a partir de la interacción con distintas áreas de la salud.
Tanto Menghi como Novella saben que la problemática de la discapacidad motriz, que las ocupa, requiere prestar atención a tres factores en particular. A saber, el producto, su uso y el entorno. “El producto diseñado debe pensarse centrándose en el tipo de usuario, los cuales tienen determinadas características psicofísicas que hay que tener en cuenta. Por ejemplo, en el caso del sillón de descanso, consideramos a dos usuarios, la persona con dependencia sentada en él y a la persona que la cuida, que puede ser un familiar, un cuidador formal o informal. Uno y otro usuario tienen expectativas distintas del producto, también difiere la forma en que lo van a emplear”, explican las bioingenieras.
Por otra parte, el uso del sillón condiciona su efectividad, por ello “lo ideal es lograr que el producto se pueda usar de forma fácil e intuitiva”. No obstante, no descartan la elaboración de manuales de uso que puedan incluir recomendaciones para el cuidado de personas y una secuencia de pasos para llevar adelante determinada actividad.
“Muchas veces es necesario encarar modificaciones del espacio para facilitar accesos, alcances o quizá despejar un lugar para ubicar el producto que diseñamos. La modificación puede ser simplemente eso, despejar un lugar, mantener las cosas ordenadas, y/o reformar un espacio. Lo importante es determinar un criterio que contemple todas las actividades a realizar en ese lugar”, detalla María Laura Menghi para enseguida ilustrar: “La adaptación a realizar en el baño de una persona con silla de ruedas será bien distinta de la que es preciso plantear en el baño de una institución geriátrica”.
Para destacar
Emprendedoras. “Sabemos que todo tiene su tiempo y que quizá haya que probar otros rumbos, pero emprender tiene el vértigo de la incertidumbre y el gusto de la libertad. Las facetas son múltiples y van desde las cuestiones legales hasta las impositivas, financieras, que son las que nos restan definir. Pero además, las ideas tienen que ser lo más cerradas posibles y materializables, y sobre esto, se aprende fallando. Surgen demoras, se pone a prueba la paciencia y el tesón. Todo lo que hemos realizado hasta el momento se ha financiado con recursos propios y por partes iguales”, explica Luisina Novella.
Antecedentes. “El emprendimiento comenzó a gestarse durante el desarrollo de la tesis de grado de Bioingeniería (UNER), hacia 2007, bajo la denominación de dispositivo de descanso para adultos mayores, donde Menghi y Novella, establecieron los “Criterios de diseño de dispositivo de descanso para adultos mayores con demencia en fase media y avanzada”, bajo la dirección del doctor Mario Vivas y la codirección de la ergónoma Gabriela Cuenca. Luego, en 2009, firmaron un acuerdo de asesoramiento y colaboración junto al Centro de Tecnologías para la Salud y la Discapacidad, dependiente del INTI, y hoy el emprendimiento forma parte del Gabinete de Emprendedores de la Facultad e Ingeniería y Ciencias Hídricas de la UNL. Ahora, el prototipo de dispositivo de descanso y los accesorios de movilización se encuentran en el salón de exposición del Ciapat.
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