La presencia de publicaciones locales en el exterior se expande por la exportación directa del remanente de ejemplares de nuestro país o por el desarrollo de ediciones de marcas exitosas.
Maestras de Polonia que ilustran su clase con láminas producidas en Bahía Blanca, mujeres de Angola que hojean la revista Caras, canillitas colombianos que exhiben la tapa de Gente con sus faranduleros locales, chicas rusas que miran las fotos de un vestido que salió en la revista Look, mujeres de Panamá que encontraron una salida laboral en los cursos de manualidades que salen en fascículos. En todos estos casos hay una revista argentina como protagonista. Varias decenas de títulos argentinos tienen ediciones propias en diferentes países: Caras en Uruguay, Brasil, Portugal y Angola; Gente en Colombia y México; Look en Rusia, y siguen las firmas.
Quizá el caso más emblemático y exótico de la exportación de revistas sea el de Ediba, una editorial que desde Bahía Blanca produce diversos títulos dirigidos a maestras, con servicios y aplicaciones para el aula (Maestra Jardinera, Maestra de Primer Ciclo, Teacher’s Magazine, entre otras). Adrián Balajovsky –su fundador– era un profesor de educación física que incursionó en el mundillo editorial a través de un negocio familiar que hacía moldes de muñecos de peluche. Sobre eso hizo una revista. Le fue bien. Ahora –quince años después– exporta a 22 países, en muchos de los cuales se producen ediciones locales de sus revistas. “Al principio, lo que exportábamos eran las devoluciones de los ejemplares que no se vendían aquí a Uruguay, Chile, Venezuela y México, pero luego vimos que el mercado respondía bastante bien, y comenzamos a armar equipos locales en los diferentes países”. Luego de la crisis de 2001, la balanza comercial invirtió los platillos: si en los 90 la importación de revistas y fascículos puso en jaque a casi todas las editoriales, a partir de la devaluación se abrieron posibilidades para exportar.
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