Con buenas chances de ser designado patrimonio cultural de la humanidad por UNESCO, el tango tiene su historia desperdigada en formatos obsoletos. Sólo el 20% se digitalizó. Una iniciativa privada quiere recuperar ese material. Andrés Casak
¿Cómo recuperar la historia? El coleccionista se transformó en un eslabón decisivo, más por desdén que por búsqueda personal. Cuenta la leyenda que Ricardo Mejía, ex gerente de RCA Victor, destruyó los masters de tango.
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¿Cómo recuperar la historia? El coleccionista se transformó en un eslabón decisivo, más por desdén que por búsqueda personal. Cuenta la leyenda que Ricardo Mejía, ex gerente de RCA Victor, destruyó los masters de tango.
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Cuenta la leyenda que un grupo de fervorosos seguidores de Agustín Magaldi cumplía incansable un rito: se reunía con el fin de escuchar un disco de muestra –es decir, una impresión no comercial que se solía entregar al artista para su aprobación– con la voz del ídolo santafesino cantando “Su última noche”. Las cosas funcionaron así hasta que fatalmente se rompió el disco y ya no hubo más motivos para el encuentro. Nadie había tomado la precaución de hacer una copia de la grabación única.
Historias como ésta –aunque con un aura menos romántica– se multiplican geométricamente en la historia del tango. Registros que se pierden, archivos privados que se dispersan, matrices que se tiran a la basura. Podría pensarse que no es extraño que sucedan este tipo de cosas en un país con muy poca tendencia a la memoria y a resguardar su patrimonio. Tampoco sonaría exagerado ponerlo en un contexto de políticas culturales inexistentes al respecto.
Los números son concretos: en el tango hay más de 100 mil grabaciones realizadas entre 1902 y 1995 en formato analógico (que comprende cintas, discos de pasta, vinilos y casetes), de las cuales sólo el 20% alcanzó el formato digital del CD y otro 3% ya se perdió, entre el misterio y la incertidumbre. Si se ubican estas cifras en relación a los artistas, alrededor de 1.700 intérpretes grabaron tangos, pero en compacto sólo hay registros de no más de 300 de ellos. El resto del material está disperso y con riesgo grave de desaparecer.





