Investigadores del INTA desarrollaron una técnica para fabricar suero antiofídico a partir de la yema de huevo. La alternativa sustituye el suero equino y aumenta hasta 10 veces la producción actual del medicamento.

En la extracción de anticuerpos, la yema se diluye en agua

Suero antiofídico a partir de la yema de huevo
Investigadores de INTA junto con la Administración Nacional de Laboratorios e Institutos de Salud aplicarán una tecnología, desarrollada por el instituto, para producir suero antiofídico a partir de la yema de huevo, el único tratamiento existente para la mordedura de serpientes, escorpiones y artrópodos venenosos. A la vanguardia mundial, esta biotecnología sustituye el uso de sueros equinos, tiene menor costo de producción y aumenta hasta 10 veces la existencia actual de dosis de antiveneno.
“La producción de anticuerpos de yema de huevo fue introducida en el INTA hace más de 10 años gracias a un convenio de cooperación realizado con Alemania y, desde aquel momento hasta la actualidad, la hemos aplicado en distintas temáticas”, observó Pablo Chacana, especialista del Instituto de Patobiología del INTA.
Según explicó Mariano Fernández Miyakawa, investigador de la misma unidad, “la tecnología IgY (Inmunoglobulina de Yema de Huevo) consiste en inmunizar a las gallinas ponedoras con algún antígeno para luego extraer los anticuerpos de la yema de los huevos que éstas producen”.
En esa línea, señaló que, históricamente, la producción de anticuerpos policlonales se realizó a partir del suero de los mamíferos y cuya extracción requería la sangría del animal. En este caso, la tecnología IgY resulta menos invasiva, ya que las gallinas reciben un plan de inmunización y las inmunoglobulinas séricas son transferidas a los huevos, que sólo deben recolectarse.
Entre otras ventajas, se destacan el bajo costo de producción respecto del mantenimiento de los equinos y la posibilidad de ampliar la producción con sólo incrementar el plantel de aves. Asimismo, con relación a los caballos que se crían a campo abierto, el confinamiento en jaulas mejora el control sanitario, factor que aporta a la calidad del antisuero.
“La realidad es que la producción de antisueros tuvo muy poca innovación desde sus comienzos hace más de un siglo y, al tratarse de un medicamento estratégico y cuya fabricación no siempre es rentable, el Estado debe hacerse cargo de su producción”, aseguró Chacana.
De acuerdo con los datos de la Organización Mundial de la Salud, anualmente, cerca de 5 M de personas sufren mordeduras de serpiente y otras 2,4 M padecen intoxicaciones por envenenamiento. Además, se registran entre 94.000 y 125.000 defunciones y 400.000 amputaciones. Las principales zonas afectadas son poblaciones rurales de escasos recursos que viven en África y Asia Sudoriental.
A partir de un convenio reciente celebrado por el INTA junto con la Administración Nacional de Laboratorios e Institutos de Salud (ANLIS) y el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, se prevé la construcción de un bioterio con capacidad para alojar entre 700 y 1000 gallinas, lo cual permitiría obtener una producción de 300.000 dosis de antiveneno por año, frente a las 30.000 y 50.000 que se obtienen en la actualidad, en referencia a estimaciones de la ANLIS.
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En la extracción de anticuerpos, la yema se diluye en agua.
El procedimiento bajo la lupa
Según explicaron los investigadores, la tecnología IgY utiliza gallinas ponedoras de cualquier línea, a las cuales se las inmuniza con un determinado antígeno. En general, este tratamiento está compuesto por cuatro inmunizaciones, suministradas en forma intramuscular en la zona pectoral o subcutánea en la parte trasera del cuello del animal, y demora entre dos y tres meses.
“En el caso del suero antiofídico, se han estudiado los venenos de varias especies de serpientes que habitan distintas zonas geográficas del país y, sobre la base de esas muestras, se pueden diseñar antígenos que cubren una gran parte de la variabilidad existente”, analizó Fernández Miyakawa.
Además, dijo que si bien el sistema inmunológico de las gallinas es menos evolucionado que el de los mamíferos, se conoce que la maduración de la respuesta inmune resulta más rápida en las aves y que, por distancia filogenética, su organismo reconoce algunos antígenos para los cuales el sistema inmune de los mamíferos no puede elaborar una respuesta.
“La IgY de las aves puede reconocer proteínas mamíferas altamente conservadas o péptidos que serían indetectables al utilizar conejos hiperinmunizados, dado que, por ejemplo, existe una mayor similitud entre las secuencias de proteínas humanas y las de los conejos que la existente entre estos mamíferos y las gallinas”, describe el informe de la investigación.
En referencia a la extracción de anticuerpos, el documento señala que la yema se diluye en agua, se congela durante 24 horas o más y se descongela lentamente a 4°C. Este proceso facilita la separación de las fases acuosa y lipídica y, a través de una filtración simple o centrifugación, permite obtener un extracto acuoso de yema de huevo con hasta un 95 por ciento de anticuerpos.
En términos cuantitativos, el especialista detalló que una gallina produce 300 huevos por año y que se calcula extraer una dosis de antiveneno por huevo. En el caso de los equinos, de acuerdo con el proceso de inmunización y el estado general del caballo, cada animal permite obtener el mismo número de dosis que las producidas por 20 gallinas.
Posteriormente, continuó, la fabricación del suero antiofídico está dirigida por la ANLIS. Durante la etapa de procesamiento, es fundamental estimar la potencia del medicamento, en tanto establecer en qué medida esa formulación del suero puede neutralizar la acción del veneno.
“Según algunas pruebas realizadas bajo los protocolos previstos por la OMS y a los que la Argentina adhiere, se determinó que la potencia de los antisueros generados con la tecnología IgY sería equivalente o mejor que la conseguida en los sueros tradicionales”, observó Fernández Miyakawa.
Respecto de la conservación, señaló que el suero puede guardarse en la heladera durante un año o someterlo a un proceso de liofilización –una alternativa de desecado en frío– y sucesivo envasado al vacío. “Esta opción permite conservarlo por mucho más tiempo y trasladarlo a los centros de atención más alejados sin alterar su calidad”, concluyó.
Fuente : INTA
http://ria.inta.gov.ar/?p=5644




