Los autos antiguos que rugieron junto a los glaciares
Mariela Arias


EL CALAFATE.- Algunos motores, por momentos, rugieron, y a otros sólo se les oía un suave ronroneo. Los 60 autos antiguos, de distintas épocas, unieron ayer los 80 km que separan esta ciudad con el glaciar Perito Moreno en una prueba que tuvo mucho más de camaradería que de competencia en el V Rally de los Glaciares.
Todo aquí estuvo dispuesto para el disfrute. Los pilotos que escuchaban el sonido de los autos mezclados con el viento y los turistas que se sorprendían ante el paso de los Ford T, A, Cabriolet, Morgan, los Mercedes-Benz 220 y un paisaje que engalanaba cada fotografía. Con celulares, simples cámaras digitales o las de gran tecnología, los turistas retrataban el lento paso de los autos que parecían robados de la mejor postal del pasado.
«La condición de este rally de regularidad es que participen autos anteriores a 1985», explicó Nelson Rosales, encargado de bajar la banderilla en la puerta del Hotel Posada Los Alamos a los 60 autos que se apuntaron en la peculiar carrera.
«Es diferente, uno corre contra el reloj tratando de ir regulando, buscando el promedio justo y disfrutándolo», comentó a LA NACION Guillermo Ortelli-campeón 2008 del Turismo Carretera- a poco de descender de un impecable Chevrolet 400, modelo 1966, color bordó. Su copiloto fue su esposa y atrás viajaba cómodo su hijito.
Ortelli llegó hasta aquí gracias a la gestión del inquieto Juan José Damonte y su esposa Ana María, miembros de «Amigos del Ford T de Salto» y una de las personas que le contagiaron al corredor su pasión por los autos de carrera.
Los Damonte hicieron el recorrido en un Ford T modelo 1919 color negro sin velocímetro, ya que muchos de los autos se guían sólo por cronómetros y por «el ruido del motor».
Todo era sorpresa aquí. Los pilotos se sorprendían del paisaje. Los turistas, de los autos. Sólo el inmenso Lago Argentino parecía no conmoverse ante el paso de los autos. Mabel y Héctor De la Rosa, de General Pacheco, a bordo de un Ford T 1915 conocido como el modelo «Doctor Car» color rojo despertaban pasiones.
«Mi esposo hace restauración de autos de colección y lo fue armando durante seis años», relataba la mujer debajo de un gorro de lana y mucho abrigo para protegerse del frío.
Los modelos más antiguos llegaron en dos camiones bateas que transportaban las joyas de la historia automotriz. El traslado lo financió el municipio; al rally lo organizó la Asociación de Amigos de Autos Antiguos El Calafate y contó con el apoyo de la cooperativa telefónica, y operadores turísticos.
Los coches integraban dos categorías, la de 40 km/h y la de 60 km/h uniendo los 80 km con un tramo de enlace. El almuerzo de campo fue en el restorán La Usina, situado a pocos km antes del glaciar.
Con empanadas de trucha, salmón y cordero, los pilotos tuvieron aquí su momento de camaradería.
Algunos recorrieron miles de kilómetros para poder estar, otros cruzaron la frontera como fue el caso de los Mini Cooper del «Club Mini de Punta Arenas», de Chile.
«Es una hermosa ruta, sencilla y creo que hay que tener buen cálculo matemático, y un buen cronómetro», comentó Francisco Perrier.
Quizás el auto más elegante y el que se llevó unos cuantos suspiros fue el piloteado por Miguel Luis Rivas, que corrió en un Ford 1937. Tardó 16 años para restaurarlo.
«Esto es una pasión, un sentimiento, es el auto que vimos de niños, en el que aprendimos a manejar y en el que nos llevaron a la escuela de chicos», rememoró Rivas.
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