
Hilarión Larguía desciende de un monje español de apellido Aguilar que llegó a estas tierras en 1583 y que, al casarse con una diaguita, cambió el orden de las letras de su nombre y pasó a llamarse Larguía. La historia marcó a este piloto de profesión que buscó la vuelta a las aventuras tecnológicas. En 2003 y cuando la multi Diebold se batió en retirada del país y dejó el negocio de los cajeros automáticos, se le ocurrió fabricarlos en Córdoba. Así nació Mediterránea Técnológica, que unió varias puntas entre los que diseñan un cerebro cada vez más sofisticado y la industria metalmecánica para el caparazón. El Banco de Córdoba fue el primer cliente y, en lo que parece una batalla de David contra Goliat, da pelea a los gigantes del rubro, NCR y Winkor, el cual comercializa IBM en el país. Para competir, buscó diferenciarse en función de equipos a medida y con “tecnología suficiente”, es decir justo la que se va a utilizar, de manera de reducir costos. Sus máquinas se ofrecen en torno a US$12.000. Ultimamente se focalizó en terminales de autoservicio para bancos, empresas de servicios públicos y municipalidades. Ya tiene unas 3.000 colocadas en el país y acaba de cerrar generosos contratos de exportación hacia Uruguay y Paraguay.
Fuente: Ieco Clarin
http://www.ieco.clarin.com/economia/cajerito-argentino-da-pelea_0_569343294.html




