“El Carnaval es, en la provincia de Corrientes, un hecho artístico que genera la entusiasta adhesión de la comunidad. Tuvo así, dos etapas claramente diferenciadas en sus características y modos de expresión popular: el Carnaval de los Barrios -del que hay constancias fotográficas desde la década del 20 y registros de crónicas periodísticas desde el siglo XIX- que comenzó a decaer hacia fines de la década del cincuenta, y el Carnaval de las comparsas, cuyas primeras manifestaciones se produjeron en 1961, y es al que llaman ‘Carnaval Correntino‘. “Los correntinos tienen otra vez su fiesta mayor que los convoca a vivar a sus comparsas, en una fervorosa competencia que no enturbia su natural calma y pacífica manera de convivir, más allá de la anécdota intranscendente a que puede llevar el entusiasmo de las tribunas rivales y que, las más de las veces no hace más que agregar sabor a la competencia. La sangre nunca ha llegado al río, pero el antagonismo es fuerte, expresivo, impetuoso. El espíritu comparsero del correntino es irreductible. No puede sustraerse al llamado de los tambores. Las condiciones que hacen posible este Carnaval Correntino son una responsabilidad compartida de los dirigentes de comparsas, el Estado y la comunidad, que no admite renuncias si se quiere de veras que esta hermosa fiesta siga creciendo. Los correntinos anhelan que su ‘milagro cultural‘ se concrete en breve, en la obtención del espacio propio, en el que pueda capitalizarse en infraestructura y equipamiento adecuado al mega-evento que es su Carnaval, toda su esforzada y tenaz trayectoria”, señala Rodolfo Tur, ex dirigente de la comparsa “Ará Berá”, en una extensa reseña histórica de lo que fue, es y será la fiesta carnestolenda. Plumas y lentejuelas Si bien no habrá papel picado ni serpentina, ni máscaras sueltas ni flores para saludar el paso de las reinas en carrozas y coches de lujo, como ocurriera en un principio, allá por el 1900, el carnaval se lleva en la sangre y la pasión se contagia cuando el estandarte anuncia el ingreso al “ruedo” de la comparsa favorita. La evasión dura unas horas, las suficientes para disfrutar y convertir la noche en un recuerdo placentero. Para los turistas que por primera vez visitan la ciudad y para aquellos que gustan de refrescar la memoria con anécdotas del pasado, habrá que sacar de la galera los bocetos de aquel corso familiar que se desarrollaba por calle 9 de Julio, por calle San Juan, en el Paseo Mitre y en la Plaza 25 de Mayo, desfile callejero y gratuito que se aguardaba con las luces de las casas encendidas y las puertas abiertas sin temor a ocasionales descuidos. Las niñas competían por el reinado y sus padres adornaban los coches con profusión de fantasías. Pasarían casi 50 años para que las carrozas de gran porte surjan como parte de la gala a Momo, se reconozca como primera comparsa a las “Hawaianas” debutantes en el Teatro Oficial “Juan de Vera” y se reciba, con bombos y platillos, a las precursoras Ará Berá y Copacabana, artífices de una popularidad que consagrara a Corrientes como única en la década del 70’, cuando el Carnaval era una fiesta y se vivía a pleno en esta capital. De toda aquella fiesta para el Rey de la Burla, hace ya 40 años y las calles se ensancharon igual que las aspiraciones humanas, aunque el gérmen inicial sigue dando frutos auténticos, cuando en defensa de esta reunión, se alzan los apasionados gestores. Con una entrada en la mano, uno puede participar de las noches de corso y si el bolsillo aprieta y las ganas sobrepasan el interés por ver de qué se trata y cómo se siente el carnaval, basta con concurrir a los Corsos Barriales, munido de una silleta y muchas ganas de aplaudir, mañana domingo 25 en el Barrio Pío X (por calle Mendoza a la altura del 1500-1900). Total que las lentejuelas brillan en idéntica noche y con el mismo objetivo: pasar los “cuatro días locos” que dice la canción, munidos de gran diversión, haciéndole pito catalán a la realidad, apostando a una fantástica y saludable inversión. http://www.el-litoral.com.ar/leer_noticia.asp?idnoticia=102854 |